A un año del desastre de Fukushima, refugiados viven en la incertidumbre

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Foto de Archivo

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Un año después de verse obligados a abandonar sus domicilios tras la catástrofe nuclear de Fukushima, decenas de miles de refugiados siguen enfrentados a un futuro de incertidumbre, sin saber cuando o si podrán volver a casa.

Algunos que huyeron de las nubes radioactivas expelidas por los corazones de los reactores en fusión tras el paso del tsunami el 11 de marzo de 2011, podrían ser autorizados a regresar dentro de unos años, una vez descontaminadas las localidades.

Pero otros corren el riesgo de esperar decenios porque ciertas ciudades se han vuelto demasiado peligrosas e inhabitables.

Un año después del desastre, pocos refugiados han recibido las indemnizaciones esperadas de la compañía Tokyo Electric Power (Tepco), que gestiona la central Fukushima Daiichi.

Confrontados a la omnipotencia de este grupo tentacular, se sienten a menudo como “hormigas atacando a un elefante”.

“Seguimos vivos. Todavía no estamos muertos”, afirma un cultivador de arroz septuagenario, cuyos arrozales estaban situados a solo 4 km de la central.

“Algunos dicen que podremos regresar dentro de 30 a 40 años, pero ¿cómo vamos a vivir hasta entonces?”, añade el anciano, que prefirió no declinar su identidad.

Cerca de dos millones de personas deberían recibir indemnizaciones de Tepco, entre ellas los refugiados expulsados de una zona de 20 km de radio alrededor de la central accidentada.

Los abogados de las víctimas acusan a Tepco de remolonear a la hora de compensar los bienes -terrenos y viviendas- ahora invendibles en el interior de la zona de exclusión.

Además de la devolución de los gastos ocasionados por la evacuación forzosa, el operador ha ofrecido un subsidio por “sufrimientos mentales” de 120.000 yenes mensuales (1.200 euros) pero exige que los beneficiarios renueven su demanda cada tres meses mediante un procedimiento largo y complejo.

Tsutomu Aoki, uno de los abogalos que ayudan a los refugiados originarios de Futaba, aglomeración donde fue construida la central, echa pestes contra la lentitud de los pagos.

“Las personas evacuadas necesitan dinero para vivir”, dice. “Su problema es saber durante cuanto tiempo recibirán ese dinero. Tepco no ha mostrado ninguna consideración por sus condiciones de vida”.

Para el millón y medio de personas fuera de la zona de exclusión que han visto contaminadas sus tierras agrícolas y cerrados sus comercios, el operador ofrece una indemnización de 400.000 yenes (4.000 euros) para las mujeres embarazadas y los niños, suma a la que se agregan 200.000 yenes (2.000 euros) si huyeron voluntariamente, y solo 80.000 yenes (800 euros) para todos los demás.

Este pago único se supone que cubre el periodo que iba desde la catástrofe hasta el 31 de diciembre del año pasado.

La sociedad no ha previsto nada para la continuación, pero exige de quienes acepten estas sumas que se comprometan a no reclamar más compensaciones por ese periodo.

El abogado Izutaro Managi estima injusto que Tepco intente cerrar estos casos cuando los efectos de las radiaciones pueden aparecer al cabo de años.

“El accidente no está terminado y las víctimas no evalúan todavía con claridad los daños sufridos”, explica.

Una portavoz de Tepco indicó que el grupo intentaba solucionar los expedientes en espera y para eso había aumentado el número de personas encargadas de su tratamiento de 3.000 a 10.000.

Para el cultivador Mamoru Narita, que vive en Koriyama, a unos 60 km al oeste de la central, los 80.000 yenes a los que tiene derecho son solo una ínfima parte de lo que estima haber perdido en la catástrofe.

“Cultivaba arroz sin abonos ni pesticidas para garantizar una seguridad alimentaria y proteger el medio ambiente”, recuerda Narita, de 61 años.

“¿Todo el entorno está hoy contaminado y no recibimos esta suma? ¿Nosotros, los agricultores, tenemos que quedarnos cruzados de brazos?”

Mia Isogai, de 31 años, que huyó con su marido y su hijo de 2 años a la ciudad de Yokohama (sur de Tokio), afirma que su familia está al borde de la ruina.

“Comemos con mi sueldo a tiempo parcial, pero no podemos pagar el alquiler”, dice, y añade que su marido todavía no ha encontrado trabajo.

La familia debe recibir un total de 760.000 yenes de Tepco, tres meses de sueldo medio en Japón.

“Nuestro propietario ha dicho que no pedía hasta el verano, pero va a llegar enseguida y no sé lo que haremos después”.

(con información de AFP)

Cubadebate

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