Al buzón de don Ernesto

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

         Arezzo, 14 de junio de 2011


Don Ernesto:


CheGuevarawithCigar.jpgUsted sigue siempre joven en nuestras pupilas pero los años pasan para todos y hoy está cumpliendo-no escribiré "cumpliría" porque eso sería poner una distancia que no nos gusta a los que preferimos vivir a salto de mata en el tiempo- ochenta y tres junios.

En el encabezamiento de estas líneas al galope que le envío desde Italia, hay como un círculo que se cierra.

Ya se habrá dado cuenta. También a su viejo le decían "don Ernesto" allá en las pampas argentinas o en las serranías de Alta Gracia, cuando usted era un mocoso que correteaba por los patios esquivando macetas o tratando de domar un perro en pelo.

Me consta que nunca le gustó la gente engolada. Por eso prefiero que todo esto sea breve, vuelta y vuelta.

Qué lástima que lo "fueran" cuando apenas tenía treinta y nueve años! Claro, la vida es un viaje con boleto de ida y vuelta. El de ida, fechado. El de vuelta, siempre abierto. Cuánta viruta podría haberle sacado al piso todavía si no hubiera habido Bolivia, Quebrada del Yuro y La Higuera!

Estas líneas son apenas una botella al mar. La de un compañero que le dice a la distancia que su muerte no fue en vano. Su vida y su lucha fueron un tajo de luz en la penumbra americana, una tentativa de sacar a nuestros pueblos de la barbarie en la que el imperialismo de afuera y los cipayos de adentro quisieran tenerlos sumidos para siempre. Y vaya si lo logró!

En Cuba, con todos los altibajos y las dificultades que entraña una empresa humana que jamás podrá ser perfecta, no hay niños que mueren de hambre, no hay criaturas que piden limosna en los semáforos, no se ven chiquilines revolviendo en los tachos de basura o drogándose con la pasta base; los jóvenes pueden estudiar, los enfermos tienen una excelente asistencia gratuita en los hospitales públicos y encima, la generosidad de la Revolución Cubana abre las puertas universitarias a los estudiantes del continente. Como si todo ello fuera poco, desde hace algunos años les devuelve gratuitamente la vista a miles de hermanos latinoamericanos que en sus países estarían condenados a tiniebla perpetua.

Cuba es, además, uno de los diez mejores países del mundo para ser madre. 

Nada de esto ocurre en mi país, Uruguay; donde el presidente es un viejo payaso, un indigno renegado, filósofo de boliche y "chanta" perdido -usted sabe muy bien lo que eso significa en nuestros andurriales rioplatenses-que alguna vez trató de ser una mala caricatura suya y ahora es un ladero de la misma mano asesina que acabó con su vida en aquella escuelita perdida y polvorienta.

Ya sé, ya sé-una lacra-diría usted como buen rioplatense que nunca dejó de serlo.

Claro, arrimar su nombre al de Mujica-así se llama esta pulpa con ojos que usted ya habrá conocido a través de los cuentos fogoneros de don Alberto Granado que viajó hace poco para ahí- es como tratar de medir la altura del Himalaya con un centímetro de bolsillo.

Por todo esto y mucho más, puede dormir tranquilo, don Ernesto. Muy cerquita de su querida patria argentina, en un país que es mi país, Uruguay, hay niños que mueren de hambre y frío, que piden limosna en los semáforos en lugar de ir a la escuela, gente pobre que no tiene acceso a la asistencia médica más elemental, menores que se drogan con la pasta base, compatriotas que duermen tirados en las calles y una clase política infame y podrida que quisiera bajar la edad de imputabilidad de los menores delincuentes, víctimas por excelencia de esta enorme cloaca nauseabunda que es el "sistema republicano y representativo" -la democracia burguesa- cuyos frutos son impunidad, pobreza, corrupción, atraso, extranjerización de la tierra y analfabetismo.

No van a faltar los contras que me largarán los perros. Allá ellos. La única manera en la que me podrían tapar la boca sería demostrándome que nada de esto ocurre en Uruguay y que en cambio sí ocurre en Cuba. No les da la tela. Saben que, sin vuelta y sin remedio, la verdad de la milanesa es al revés aunque sea triste admitirlo.

Sin el generoso aporte de su lucha y el peaje ingrato su muerte, nada de esto habría sido posible, Comandante.

Apio verde tuyú!

Un abrazo y hasta la victoria siempre!


Gonzalo Solari 

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Serie Gonzalo Solari, " Lo Sguardo" 1999 del fotógrafo Jacopo Santini (Florencia).

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Roberto Lehn Fortuny 06/17/2011 04:34



Bien compa, te felicito desde México.