American Curios

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Tinieblas

David Brooks
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Reportes de organizaciones que observan a extremistas alertan sobre la proliferación de grupos de odio en Estados Unidos. En la imagen, una enfermera de Carolina del Norte durante un mitin, celebrado en abril, en apoyo a una prohibición constitucional del estado al matrimonio entre homosexualesFoto Ap

Aveces la luz se opaca en este país y brotan rayos oscuros, como si surgieran de un hoyo negro en el universo, esos que se tragan la luz, y hay vistazos de un país anulado, sofocado de miedo e ignorancia, o simplemente profundamente desencantado entre tanta promesa incumplida de cambio y, por ser superpotencia, las consecuencias de esto se extienden por el universo.

Una gama demasiado amplia de políticos, religiosos y otros niega el fenómeno del cambio climático; otra rechaza la teoría de la evolución documentada por Darwin; otros se sienten amenazados por mexicanos, centroamericanos, musulmanes, judíos, africanos, gays, lesbianas, ciertos libros, ciertas ideas, etcétera.

Parte del temor proviene de la sensación de vivir en un país donde todo lo que pensaban que era suyo y permanente se deshace frente a ellos por fuerzas que no entienden, sobre las cuales no tienen ningún poder, sean empresas trasnacionales, bancos, políticas económicas hechas por y para otros, que de repente les hace perder sus viviendas, sus empleos, sus granjas. Nadie les explica cómo fue que, jugando con las reglas, quedaron sin nada, como si todo hubiera sido una trampa.

Se arman –más de 200 millones de armas de fuego en manos privadas– con la justificación de que tienen derecho a defenderse ante fuerzas que amenazan sus vidas. La televisión y otros medios no cesan de hablar de las amenazas que provienen del extranjero, como las que nacen aquí adentro del país.

De ahí surgen las milicias armadas de ultraderecha, los millones que integran los movimientos cristianos fundamentalistas y la proliferación de agrupaciones de odio. Según el Southern Poverty Law Center, que se dedica a observar la derecha extrema, hoy día hay 1001 grupos de odio que operan en el país, incluyendo neonazis, integrantes del Klan, nacionalistas blancos y vigilantes fronterizos, entre otros. Reporta que desde el año 2000 el número de grupos de odio se ha incrementado 69 por ciento, nutrido por ira y temor sobre condiciones económicas, el flujo de migrantes y la disminución de la población blanca (que, según el censo, en unos 30 o 40 años pasará a ser una minoría más en este país). El número de milicias se ha incrementado 755 por ciento en los primeros años del gobierno de Barack Obama (en parte en respuesta a la elección del primer afroestadunidense en la Casa Blanca) y ahora suman mil 274, reporta el centro (uno de estos grupos fue involucrado en el atentado terrorista contra el edificio federal en Oklahoma City).

Este crecimiento del extremismo ha sido ayudado por figuras de los medios masivos de comunicación y políticos que han usado sus plataformas para legitimizar propaganda falsa sobre inmigrantes y otras minorías y difundir las teorías de conspiración paranoicas que nutren a estos grupos de milicia, informa el centro.

Otras expresiones de todo esto se exhiben en la ola antimigrante que ha abrumado a la política en estados como Arizona, Alabama y Carolina del Norte. También se expresa en ataques contra la educación, como en Arizona, donde el gobierno estatal ha buscado anular los estudios latinos, o sea, el estudio de la historia de los latinos (mexicano-estadunidenses en ese estado), sus contribuciones, su literatura y sus vínculos y raíces en el hemisferio. El año pasado, el procurador general del estado declaró que un programa de estudios mexicano-estadunidense en Tucson era ilegal conforme a una nueva ley promovida por él cuando era jefe de educación pública del estado, con el argumento de que sólo promueve una identidad separada en lugar de fundirla con la historia oficial (anglo), y que tiene efectos peligrosos. Entre los libros señalados como peligrosos está Pedagogía de los oprimidos, de Paulo Freire. El nuevo jefe de educación pública quiere promover la prohibición de estos estudios en las universidades estatales.

Otros gobiernos estatales han prohibido ciertos libros peligrosos y han obligado a las escuelas a ofrecer, junto con la teoría de la evolución, la versión bíblica de la creación del mundo. En Texas se desarrolla un esfuerzo no sólo para dar una visión cristiana a las ciencias, sino a los textos de historia también, resaltando las figuras ortodoxas cristianas y omitiendo la palabra esclavitud, entre otras revisiones.

Por otro lado, continúan los esfuerzos estatales contra el derecho de las mujeres a optar por el aborto, incluida más violencia (se investigan incendios en dos consultorios de médicos que ofrecen servicios de aborto en Georgia), mientras grupos de defensa de este derecho emitieron alertas a clínicas en todo el país, reportó el Atlanta Journal-Constitution.

A la vez, continúa la ofensiva contra la comunidad gay, con estados que aprueban medidas para prohibir toda unión o matrimonio homosexual, mientras no faltan las expresiones homofóbicas, como la del reverendo Charles Worley en Carolina del Norte, que apenas la semana pasada comentó a sus fieles que las lesbianas y los gays deberían ser confinados en campos rodeados de barreras electrificadas hasta que mueran, ya que no pueden reproducirse.

Hasta hay ecos del macartismo. El mes pasado el representante federal Allen West, republicano de Florida, declaró en un foro público: yo creo que hay de 78 a 81 miembros (del Congreso federal) del Partido Demócrata que son miembros del Partido Comunista. Su jefe de campaña indicó, como evidencia, que algunos habían viajado a Cuba y han elogiado a Fidel Castro, y subrayó que el representante defiende sus comentarios, ya que esa gente se opone al capitalismo y al mercado libre y la libertad económica individual.

Estas son sólo algunas de las fuerzas oscuras que padece este país, junto con las expresiones de luz que también han surgido en rebeliones cívicas en lugares como Wisconsin, o el fenómeno de Ocupa Wall Street. Como en toda crisis, brota lo peor junto con lo mejor. Nunca se sabe quién ganará. Pero bienvenida cualquier luz en medio de las tinieblas estadunidenses.

 

La Jornada

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