Argentina: Cristina renueva mandato con amplio margen de votos.

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Argentina: Cristina Fernández es electa con casi el 54% de los votos. El trotskismo pelea una banca en el Congreso
Mientras militantes de distintas agrupaciones políticas, sociales y sindicales afines al Gobierno se concentran frente a la Casa Rosada para festejar la reelección de la presidenta Cristina Kirchner.
Kaos. Argentina | 24-10-2011

Por otra parte el trotskismo espera poder obtener una banca en el Congreso Nacional en las mejores elecciones en décadas por parte de una fuerza de izquierda.

Según los primeros datos oficiales, con el 20,8 por ciento de las mesas escrutadas, la presidenta CFK fue reelecta por el 52,8 por ciento de los votos y, junto con su candidato a vicepresidente, Amado Boudou, gobernará el país durante cuatro años más, hasta diciembre de 2015.

La fórmula encabezada por el actual gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, obtiene el 17,02 por ciento, y Ricardo Alfonsín, el 13. Alberto Rodríguez Saá, el 7,3; Eduardo Duhalde, 5,7; Jorge Altamira, el candidato trotskista el 2,1, y Carrió el 1,7 por ciento. Es la primera vez que una presidenta mujer es reelecta en el país y por el mayor margen de diferencia entre el primer candidato y el segundo desde el regreso de la democracia, en 1983.

Declaraciones de Jorge Altamira del Frente de Izquierda

El candidato a presidente Jorge Altamira (Frente de Izquierda) afirmó que "estamos a un paso de obtener diputados en la Ciudad".  

"Quiero reivindicar en el Frente de Izquierda la recuperación  de las mejores tradiciones socialistas", destacó.

Ahora tenemos  700 mil votos para presidente y Estamos a un paso de obtener diputados por la Ciudad de Buenos Aires".

El candidato del Frente de Izquierda  obtiene el sexto lugar.

Además, remarcó que "hemos renovado las bancas en Salta, conseguido por primera vez una en Neuquén, hemos renovado en Córdoba".


Chávez celebra "contundente apoyo" de los argentinos a Cristina Kirchner

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, saludó el "contundente apoyo" de los argentinos a la presidenta Cristina Kirchner en los comicios de este domingo, en los que los primeros cómputos oficiales le otorgan la reelección, señaló un comunicado de la cancillería venezolana.

Chávez "celebra el contundente apoyo brindado por el pueblo argentino a la compañera Cristina Fernández de Kirchner, lo cual es demostración del sólido respaldo de las grandes mayorías a la continuidad de su efectiva obra de gobierno", señaló la nota.

El comunicado destacó además que el resultado electoral es "una nueva victoria del proyecto de Unión Suramericana, que encuentra en la compañera Cristina a una de sus principales abanderadas, como en su momento lo fue el recordado compañero Néstor Kirchner", ex marido de la presidenta y su antecesor en el gobierno, fallecido hace casi un año.

Chávez ha construido estrechas relaciones políticas con Argentina en los últimos años. Es un fuerte aliado de la presidenta y también lo era de su esposo.

"En este día de júbilo popular, el Comandante Presidente Hugo Chávez reitera la voluntad y compromiso de la Revolución Bolivariana de continuar trabajando junto a la Argentina", ratificó el comunicado.

Kirchner obtenía el 53,04% de los votos contra el 16,98% del socialista Hermes Binner, escrutadas el 15,5% de las mesas, según los primeros cómputos oficiales difundidos por el ministro del Interior.



Cristina Kirchner: "Siento la responsabilidad de construir un país distinto al de nuestros primeros 200 años de historia"

(Pagina 12) La reelecta Presidenta de la Nación, que obtuvo más del 50 por ciento de los votos, estableciendo una diferencia histórica con su seguidor, agradeció a los 40 millones de argentinos y los llamados de sus colegas latinoamericanos Dilma Rousseff, Hugo Chávez, Pepe Mujica, Sebastián Piñera, Juan Manuel Santos y Lugo; y afirmó que "en la victoria hay que ser generosos". Dedicó un párrafo especial a su compañero de militancia y expresidente, Néstor Kirchner, al aclarar que no hablaba "como viuda sino como compañera política: sin él este triunfo hubiera sido imposible. Mantuvo sus convicciones hasta el último aliento". Reivindicó la reforma política que permitió consolidar "los partidos, el sustento de la democracia. (...) Una reforma que ha abierto las puertas de los partidos a la sociedad". Aclaró que no la movían "ambiciones ni intereses personales sino el sueño de una Argentina que tenga un proyecto político sustentable". Más adelante, reconoció: "Sola no puedo, necesito la colaboración de todos los argentinos. Por comprensión histórica, por voluntad, y decisión política cuenten conmigo par mejorar la vida de todos los argentinos". Con el 45 por ciento de las mesas escrutadas, la presidenta CFK obtiene el 53,21 por ciento de los votos, seguida por el actual gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, con el 17,07 por ciento, y Ricardo Alfonsín, el 12,38. Alberto Rodríguez Saá, el 7,52; Eduardo Duhalde, 5,7; Jorge Altamira el 2,27, y Carrió el 1,85 por ciento.

"Lo único que quiero es seguir agrandando la Argentina, seguir generando más puestos de trabajo, más industrialización, más ciencia y tecnología, más escuelas, más caminos, más hospitales", agregó Cristina al afirmar que esa no es una tarea "para una sola persona". La Presidenta añadió, citando a Néstor Kirchner, que "por comprensión histórica, por voluntad popular y por decisión política cuenten conmigo para seguir profundizando este proyecto de país. Para eso nos necesitamos unidos. No significa pegoteados. Pero significa reconocer que cuando una sociedad se expresa y decide en elecciones populares, libres y democráticas, esa decisión debe ser respetada".

Durante el acto de cierre de campaña, realizado el miércoles pasado en el Teatro Coliseo, CFK había convocado a “la unidad nacional” y a los dirigentes opositores a dejar de lado las “diferencias menores”. Cuando todos los pronósticos indicaban que sería reelecta, había afirmado que "no le guardo rencor a nadie, las cosas que han pasado me obligan a abrirme cada vez más, a tender la mano, a superar las diferencias”, y había pedido a los distintos sectores que conforman la sociedad que colaboraran durante los próximos cuatro años para aprovechar lo que calificó como “una oportunidad histórica” para la Argentina. “Por primera vez podemos pensar a mediano y largo plazo”, destacó al pedir “gestos de grandeza” para “articular los intereses de 40 millones de argentinos”.

Si se repitiera el resultado que el kirchnerismo consiguió en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del 14 de agosto, el oficialismo retomaría el control del Congreso. El Frente para la Victoria pasaría a contar con un bloque de 115 diputados, que sumado a sus aliados más fieles –Frente Cívico Santiagueño (7), Nuevo Encuentro (5) y los neuquinos del MPN (2)– alcanzaría las 129 bancas necesarias para contar con quórum propio en la Cámara baja, a los que también podría sumar otros dos monobloques que habitualmente acompañan las iniciativas del Gobierno.

Algo impensado antes del arranque del disperso calendario electoral que se inició en marzo y mucho menos hace dos años, cuando tras la derrota de las legislativas de 2009 el Grupo A, que juntó a todo el abanico opositor, le arrebató al oficialismo la mayoría en todas las comisiones de Diputados y el Senado. La Cámara alta, que renueva en ocho provincias un tercio de sus bancas, no tendría mayores modificaciones, lo que le permitiría al kirchnerismo y sus aliados mantener un delicado equilibrio de fuerzas.

 

MARTES 25 de octubre de 2011  
Primeras conclusiones de las elecciones en Argentina  
Para Guillermo Almeyra, autor de este artículo, en el voto a Cristina Fernández de Kirchner “mucho más que una esperanza en un mejor futuro, hay un poderoso y masivo elemento de conservación de lo logrado en estos años y de exorcismo de la posibilidad de retroceder hacia el neoliberalismo más crudo”. Asimismo sostiene que “no triunfó el peronismo, a pesar de la retórica cansada de CFK y de los que aún cantan la marcha” y señala que “CFK manda sobre un aparato que depende de ella pero que no le es fiel a ella ni a nadie, se apoya sobre una mayoría enorme que le da fuerza, pero que es irrepetible. Es la expresión de una enorme y reluciente burbuja resultante de dos vacíos sumados: la carencia de una izquierda apoyada en una conciencia de clase de la mayoría de los trabajadores y explotados, y la fragmentación y esterilidad de una oposición que ni puede decir lo que piensa porque quedaría aún más reducida y hecha añicos”.
 Por ANRed - L (redaccion@anred.org)

Cristina Fernández de Kirchner (CFK) sacó casi el 54 por ciento de los votos en unas elecciones generales (para nombrar presidente, vicepresidente, senadores y diputados nacionales y provinciales, gobernadores de las provincias y alcaldes). Es así la primera mujer que resulta reelegida presidenta. En la historia de las elecciones presidenciales argentinas es también quien logró el mayor número de votos y la mayor diferencia con respecto al segundo (más de un 35 por ciento de los sufragios). CFK obtuvo también en ambas Cámaras, con los aliados de su partido, el Frente para la Victoria (RFPV), quorum propio, la dirección de las comisiones que desee y mayoría, lo cual le permitirá presentar y hacer aprobar sin tropiezo las leyes que considere necesarias (hasta ahora no podía ni hacer aprobar el presupuesto). Ganó igualmente ocho de las nuevas gobernaciones en juego, el control de las legislaturas provinciales y de casi todas las alcaldías donde presentó candidatos.

Aunque obtuvo todo eso gracias al apoyo directo de los barones y notables del FPV, que son de derecha, y a la incapacidad y fragmentación de la oposición apoyada por la mayoría de las clases dominantes y el capital financiero internacional y sus medios “informativos”, el triunfo electoral es sobre todo suyo. Por lo tanto, tendrá manos libres en su gobierno y en el aparato partidario del mismo modo que éstos -sometidos ahora a su arbitrio- tendrán el campo libre en las instituciones. CFK somete por lo tanto al partido, al gobierno y a las instituciones a su voluntad y el FPV manda a su vez sobre el aparato estatal; Argentina formalmente parece así una Cuba o Venezuela particular, sin declaraciones “socialistas” y con una política internacional muy moderada en todos los terrenos, pero latinoamericanista y unionista, integracionista.

Para entender mejor los resultados sin precedentes de estas elecciones conviene tener en cuenta que el país experimenta desde hace ocho años un crecimiento económico rápido (del ocho por ciento desde el 2010) que sólo es inferior al de China y al de la India, el cual ha permitido reducir la desocupación, el trabajo “en negro”, la miseria, subsidiar los consumos y servicios, invertir y construir obras públicas.

También hay que considerar que todos los habitantes del país ven con preocupación la crisis capitalista mundial y temen su posible propagación en el país mediante una crisis en Brasil y en el Mercosur, que dan por descontadas. Por consiguiente en el voto, mucho más que una esperanza en un mejor futuro, hay un poderoso y masivo elemento de conservación de lo logrado en estos años y de exorcismo de la posibilidad de retroceder hacia el neoliberalismo más crudo. Además, el voto de CFK es interclasista y tiene motivaciones opuestas.

Los industriales y los grandes capitalistas, muy favorecidos por las políticas gubernamentales que les aseguran apoyos de todo tipo, jugosos subsidios a los servicios y los alimentos y paz social (mediante el control burocrático-corporativo de los sindicatos, que son masivos)votaron, por ejemplo, por la continuidad y dejaron en el aire a los partidos de oposición porque el gobierno plantea desarrollar, por ejemplo, un ambicioso plan industrialista que incluye la fabricación de un auto popular muy barato (el AIPA), hecho con mayoría de componentes argentinos y con diseño nacional y que podría ser eléctrico. Por su parte, las clases medias urbanas, contentas con el boom de la construcción y de los consumos, se unieron en un mismo voto cristinista a las clases medias rurales, que jamás ganaron tanto y que por eso abandonaron su oposición de antaño, cuando estaban dirigidas por los sojeros en la lucha contra las retenciones a las exportaciones de granos. CFK ganó por supuesto en los sectores obreros, que lograron mejores salarios, mejor nivel de vida, más trabajo y que temen perder lo adquirido y ganó también en la mayoría de las clases medias del país, lo cual explica el 54 por ciento de votos. Todos los partidos de la oposición, sumados, tuvieron por eso un 10 por ciento menos que la presidente reelegida.

CFK no es Perón: no tiene un proyecto y, sobre todo, no se apoya sobre los trabajadores organizados controlando un aparato sindical corporativo y haciendo concesiones salariales y de poder en las empresas. Ese peronismo murió ya en 1952, antes de la huída de Perón. El justicialismo, que lo reemplazó, desde hace décadas no pasa del 30-33 por ciento del electorado. Ahora bien, CFK logró el 54 por ciento. Casi la mitad de sus votos no son tradicionalmente peronistas: son kirchneristas, cristinistas y los controla ella, no la derecha que controla los aparatos estatal y partidario. Por eso impondrá su voluntad sobre estos aparatos tratando de modificarlos o sustituirlos por un grupo ad hoc de jóvenes burócratas fieles.

Los votos “extra” provienen del descalabro de la Unión Cívica Radical, por su política gorila rabiosa y su alianza con el capital financiero, los sojeros y la derecha delincuencial peronista, o del hundimiento del grupo de “Pino” Solanas, de los sectores más pobres del movimiento conservador que apoya a Mauricio Macri en la capital, del sector “progresista” que seguía a socialistas y comunistas (estos últimos se hicieron kirchneristas-cristinistas sin recato alguno).

Insistimos: no triunfó el peronismo, a pesar de la retórica cansada de CFK y de los que aún cantan la marcha que dice “¡Perón Perón, qué grande sos...! ¡Vos combatís al capital!”. CFK manda sobre un aparato que depende de ella pero que no le es fiel a ella ni a nadie, se apoya sobre una mayoría enorme que le da fuerza, pero que es irrepetible. No puede ni intentar presentar una mística ni un remedo de doctrina (la llamada “tercera posición” peronista que daba origen a tantos chistes). Es la expresión de una enorme y reluciente burbuja resultante, por así decirlo, de dos vacíos sumados: la carencia de una izquierda apoyada en una conciencia de clase de la mayoría de los trabajadores y explotados, y la fragmentación y esterilidad de una oposición que ni puede decir lo que piensa porque quedaría aún más reducida y hecha añicos. El cristinismo es un peronismo light y su hegemonía ideológica es, en realidad, la de la versión criolla de ese engendro llamado “progresismo” latinoamericano que consiste en una mezcla del extractivismo y el neodesarrollismo con las políticas neoliberales pero aplicadas por el aparato estatal como gran actor en el mercado nacional y mundial.

CFK asumirá ahora y más que antes el papel de la Gran Decisionista, concentrando en sus manos hasta el nombramiento de un bedel en una escuela. Por consiguiente, encontrará las resistencias de quienes desplace y las presiones de las diversas camarillas y “familias” en el gobierno y en el FPV. Habrá que ver pues a quiénes nombra en la jefatura de Gabinete y, sobre todo, en Economía, para ver si ese papel por sobre las partes lo tiene también por sobre los sectores y las clases dominantes (UIA, Coordinadora Rural, sector financiero) y si su nuevo poder le permite establecer un control de cambios para evitar la fuga de capitales o hacer votar el monopolio (o al menos el control) del comercio exterior, y qué hace en el plano internacional para conseguir fondos para mantener el crecimiento, crear nueva infraestructura (sobre todo energética) e invertir para mantener el empleo sin endeudar al país.

La derecha peronista (Rodríguez Sáa, Duhalde, Narváez) es heterogénea, tiene demasiados caudillos enfrentados entre sí y se fragmentará. Algunos de sus restos irán al FPV y otros vegetarán. La Unión Cívica Radical perdió las gobernaciones, es apenas, de lejos, el tercer partido y conserva aún apenas algunas alcaldías en las capitales provinciales y algunos diputados, senadores y concejales pero se está marchitando a ojos vistas. Hermes Binner, con su heterogéneo bloque (el Frente Amplio Progresista), aunque no es de la derecha sino un hombre de centro o centroderecha, será el candidato de la derecha tradicional neoliberal para la reconstrucción de la misma. Muchos “progresistas” izquierdizantes e intelectuales que acompañan a CFK serán rechazados cuando ésta, para mantener su mayoría, refuerce su autoritarismo y gire hacia un acuerdo más explícito con los industriales y con las finanzas y, si la situación económica provocase tensiones, recurra a la represión antiobrera. Hay amplio margen, pues, para la izquierda.

Si el FIT, dejada atrás la campaña electoral que le dio acceso a grandes capas de trabajadores, entendiese que todavía no es el real Frente de Izquierda que hace falta porque la izquierda va mucho más allá de los que son o se dicen trotskistas, si reforzase los elementos que unen a sus integrantes sin caer por eso en un doctrinarismo sectario, podría dar un gran salto adelante. Para ello debería abrirse al mismo tiempo a la acción común con otros sectores no trotskistas (como el Frente Darío Santillán, las diversas agrupaciones estudiantiles de izquierda, los sectores de la Juventud Sindical o que votaron por CFK) planteando la lucha por objetivos concretos. Y debería presentar un programa de acción que parta de las necesidades concretas de los trabajadores y explotados, de propuestas posibles y creíbles, para crear una cultura de masas anticapitalista y para ayudar a todos a unir la lucha por la liberación nacional con el internacionalismo y el socialismo. Si el FIT se orientase en ese sentido, dando un salto teórico y organizativo, el casi medio millón de votos que lo escuchó o apoyó podría será una semilla fértil y fructificar con creces en el campo que se ha abierto para los próximos meses y años.

Guillermo Almeyra
24-10-2011

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Frente de Izquierda: "CFK fue apoyada por la mayoría de la clase trabajadora"

 

Análisis de las jornadas de ayer de Christian Castillo y José Montes, del PTS.

En pts.org.ar I El gobierno obtuvo una importante victoria electoral con casi el 54% de los votos para la fórmula encabezada por Cristina Fernández de Kirchner. Fue un voto de sectores sociales heterogéneos, que logró el apoyo de la mayoría de la clase trabajadora detrás de la ilusión de preservar, en condiciones de crisis capitalista internacional, la recuperación de ciertas condiciones del nivel de vida respecto de la crisis del 2001 logradas en estos años de crecimiento económico excepcional. Expresó una tendencia conformista a “mantener lo que está”, que se había mostrado también en las distintas elecciones provinciales. Pero a pesar su indiscutible fortaleza táctica el gobierno tendrá que lidiar con una crisis capitalista mundial que ya está afectando la economía local, aunque todavía en forma gradual. El voto que recibió Cristina de los trabajadores no será utilizado para dar salida a sus demandas sino para gerenciar la crisis en beneficio del capital.

La oposición patronal, por su parte, ha salido completamente disgregada del proceso electoral, con las distintas variantes del “peronismo federal”, el radicalismo y Carrió como grandes perdedores. El Frente Amplio Progresista de Binner, que salió relativamente bien de la elección, expresa un rejuntado que hay que ver cuánto es capaz de mantenerse, ya que el gobernador santafesino ha expresado su voluntad de recrear la alianza con el radicalismo.

El Frente de Izquierda y de los Trabajadores, que desde el PTS integramos junto al PO e Izquierda Socialista, ha realizado una muy buena elección, con medio millón de votos a la fórmula presidencial y casi 600 mil votos a la categoría diputados nacionales. Aunque resta ver los resultados del escrutinio definitivo, quedamos al borde de obtener un diputado nacional en la Ciudad de Buenos y tuvimos muy buenas elecciones en Provincia de Buenos Aires y Córdoba entre otros distritos. Nos constituimos en un polo de referencia política nacional de independencia de clase, recibiendo el voto de una franja significativa de los trabajadores y de la juventud, y nos han escuchado con atención y respeto muchos otros que no nos votaron. La repetición de los 500 mil votos obtenidos en la elección primaria deja sin sustento las explicaciones superficiales que atribuían un carácter ocasional de nuestro resultado del 14 de agosto. Volvió a votarnos la gran mayoría de quienes en aquella ocasión lo había hecho en defensa del derecho democrático a estar presentes en la elección general, ahora en apoyo político a nuestro programa y perspectiva. Este voto expresa el reconocimiento logrado por la izquierda obrera y socialista por su intervención militante en acontecimientos significativos de la lucha de clases en estos años, como en Kraft, en ferroviarios, en el subte, en los 10 años de gestión obrera de Zanon o en las luchas estudiantiles secundarias y universitarias. Y también a haber sostenido una posición de independencia política de clase respecto del gobierno y las distintas variantes patronales, a los cuales se amoldaron otros sectores de la izquierda local.

Tenemos ahora el desafío de utilizar el capital político logrado por el FIT al servicio de las luchas obreras y populares, del desprocesamiento de los 5000 compañeros perseguidos por luchar, de la libertad de Oñate, Olivera y Germano, de seguir recuperando comisiones internas y cuerpos de delegados y, sobre todo, de avanzar en la organización política independiente de la clase obrera.

Saludamos a los compañeros del PO, de Izquierda Socialista, a los militantes y simpatizantes de nuestro partido y a todos los luchadores independientes que hicieron posible esta gran intervención política del Frente de Izquierda y de los Trabajadores.

 

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Elecciones: ¿Sin derecha y todos progres?

Casa Rosada

Por Colectivo editorial Marcha. Contundente triunfo del kirchnerismo y nueva situación en el bloque dominante. El escenario ante la desarticulación de la derecha política. Los desafíos para la izquierda y los sectores populares.

 

 

La participación popular volvió a ser masiva. Un caudal cercano al 80% marca un piso alto en el año donde más convocatorias a las urnas hubo desde 1983. A diferencia de una década atrás, hoy por hoy el pueblo percibe como válido el mecanismo por el cual es convocado a decidir quiénes gobiernan los destinos del país. La voluntad popular de revalidar al Gobierno después de 8 años de gestión parece estar expresando un “estamos mejor” respecto de los peores momentos de la crisis de la década pasada que bien puede ser asumido como un piso de consenso contra el regreso a las políticas de ajuste neoliberal.

Esta adhesión mayoritaria que Cristina supo cosechar habilita un nuevo gobierno que plantea ser algo más que eso: una nueva fase de la hegemonía kirchnerista con particularidades distintas a las que expresó hasta ahora. La presidenta reelecta contará con un renovado apoyo popular pero también con un mayor control de los distintos niveles del Estado: mayoría en ambas cámaras legislativas (mediante alianzas en diputados y con mayoría propia en senadores, con lo que logra revertir la situación desfavorable que arrastraba desde 2009) y ampliación de la cantidad de gobernadores que responden al gobierno central. Ello seguramente supondrá que la parte del bloque de poder económico que lo enfrentó -especialmente en el período 2008/2010-, ahora tendrá que buscar la renovación de sus privilegios intentando aprovechar las tensiones internas del propio gobierno, ya sin aire para enfrentarlo desde afuera. Un panorama que, lejos de desagradar al kirchnerismo, parece resultarle funcional.

¿Qué otra opción tendrán la Sociedad Rural o Biolcatti, Techint, Grobocopatel o el propio grupo Clarín, después de ver el lugar de descarte de la historia que el voto popular le otorgó a los más nítidos defensores de los intereses de la derecha económica, política y cultural, llámense Carrió, Duhalde o Alfonsín? Con un resultado electoral “cantado”, los cruces empezaron semanas atrás cuando el grupo Clarín operó para incidir en la sucesión del ministro de Economía. El editorialista Marcelo Bonelli se preguntaba con insistencia, acompañando notas de tapa de “el gran diario argentino” si después de Boudou, proyectado a la vicepresidencia, el viceministro de Economía Feletti asumirá el ministerio para “estatizar” todo, como en Venezuela, o mejor seguirá en Economía alguien más dispuesto a “buscar líneas externas de crédito para conjurar la crisis”. Por su parte, la propia Cristina condesciende a gestos de cordialidad hacia los grupos económicos que se mostraron más hostiles, invitándolos a la integración, como anticipo de una política inclusiva hacia el conjunto del bloque de poder económico. Esta tendencia ha encontrado expresión tanto en el Plan Estratégico Agroalimentario, hecho a medida de la soja y ejemplo de la consolidación del modelo extractivista exportador, como en la foto, a una semana de las elecciones, con la dirigencia de la hasta no hace tanto acérrima opositora CONINAGRO, a quienes desde los medios oficiales ya no osan ni siquiera criticar.

En el plano político esta derecha sólo tendrá como horizonte recomponer una fuerza de recambio hacia el 2015, con la estación intermedia de las legislativas dentro de 2 años. Visto el panorama actual, sólo el jefe de gobierno porteño Mauricio Macri aparece como la esperanza blanca del espacio conservador, con posibilidades de proponer una polarización que recree las expectativas del núcleo duro del poder económico.

 

A 10 años del 2001: organizaciones populares y representación política 

A esa valoración coyuntural, a ese “estamos mejor” que el pueblo expresó como voluntad mayoritaria en las urnas, es válido sumar una “memoria larga” (un poco más larga, al menos). Es decir, un análisis que exceda la mejoría de coyuntura y mire al futuro mediato, que anhele cambios más de fondo y, por qué no, planifique escenarios y políticas por venir. Que proponga con audacia y convicción la posibilidad de ir por más.

Analizando la jornada, un balance positivo están haciendo por estas horas quienes presentaron su propuesta desde el Frente Amplio Progresista, a partir del acceso a bancas legislativas de referentes populares como Víctor De Genaro en la provincia de Buenos Aires o la renovación de diputados que aportaron a agendas progresistas como Claudio Lozano o Victoria Donda. Harán su experiencia como parte de una fuerza estructurada tras el liderazgo de un referente conservador en lo económico y una construcción de dudosa cohesión integrada por fuerzas con recorridos disímiles y hasta contradictorios.

El FIT, que con el 2,3% en todo el país aún no logra confirmar la incorporación de un diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, tendrá por delante el desafío de seguir ampliando su espacio dentro de la izquierda sabiéndose más fuerte en la conducción de conflictos sectoriales puntuales (universidades o comisiones internas) que en las proyecciones políticas de cara a la sociedad.

Además de estos bloques, mencionados con frecuencia en los análisis políticos, ocupan un espacio aún difuso las organizaciones populares surgidas a partir de la rebelión del 2001. De más sólida raigambre en las construcciones sectoriales y aún con incipientes debates sobre la forma de abordar la participación electoral, reside allí una potencia que podría oxigenar al conjunto de la izquierda y de los sectores populares que insisten en la necesidad de transformaciones de fondo.

Estos debates se volverán más actuales en una etapa por venir signada por, al menos, dos elementos estructurales: en lo económico, la situación global torna probable un escenario de desaceleración y dificultades económicas locales, aún siendo prudentes y evitando pronósticos apurados sobre las alarmas de una crisis que aún no se puede mensurar. Y, por otro lado, en lo político, por la configuración de un escenario local dominado por la hegemonía kirchnerista al absorber en su interior las disputas del conjunto del bloque dominante, clausurando aquella mística que le resultó tan funcional para reordenar el mapa político doméstico en función de la antinomia “nosotros o la derecha”. Paradójicamente, las menores certezas económicas y la más favorable resolución de la disputa política al interior del bloque dominante, podrán abrir nuevos canales de legitimación “por izquierda” en lo discursivo y en la acumulación de fuerzas, si el sector que puede interpelar desde ese espectro del panorama político tiene la madurez y las condiciones de superación de sus limitaciones actuales para hacerlo.

Si de esa forma comienza a esbozarse una nueva etapa por venir, habrá condiciones entonces para políticas que se propongan ampliar y superar el “estamos mejor” que el pueblo votó ayer y que los coletazos de la crisis económica mundial en ciernes y los propios límites y tensiones del modelo pondrán a prueba.

 

Necesitamos un proyecto popular y emancipador

Ante un triunfo del kirchnerismo el próximo 23 de octubre
Las organizaciones que firmamos esta declaración creemos que el importante porcentaje de votos alcanzado por Cristina Fernández en las primarias del 14 de Agosto, así como la muy pobre elección realizada por los representantes de la más rancia derecha argentina abren un nuevo escenario político en el país. El Gobierno Nacional ha logrado mostrar un alto consentimiento respecto de sus principales políticas, así como también la fortaleza relativa del sistema político, tan cuestionado diez años atrás. Los resultados también develan la incapacidad que han tenido los sectores más conservadores para poner en pie un proyecto que exprese sus intereses corporativos y sea respaldado por amplios sectores de nuestra sociedad. Quienes militamos día a día por la construcción de poder popular y soñamos con un país de plena dignidad humana, soberano, justo y sin opresiones de ningún tipo, compartimos las aspiraciones de mucha gente de nuestro pueblo que votó al oficialismo como una manera de rechazar cualquier vuelta al pasado y esperando que se avance en la resolución efectiva de los más acuciantes problemas sociales.
Sin embargo, entendemos que lo que hace falta no es “profundizar el modelo”, sino poner en discusión sus pilares fundamentales. Consideramos imposible avanzar en una sociedad más justa si sostenemos un modelo económico basado en los agronegocios, la primarización de la economía, la dependencia de las materias primas y una industria cuyo fin es la realización de ganancias extraordinarias para algunas multinacionales y las grandes empresas locales. Pensamos que no vamos a alcanzar la vida que queremos sin terminar con el saqueo y la contaminación y sin recuperar nuestros recursos estratégicos. Creemos que es imposible acercarnos a la sociedad que queremos sin modificar la estructura tributaria regresiva que castiga al pueblo y no a los ricos, y que deja sin gravar la renta financiera. Estamos convencidos de que con trabajo precario y flexibilizado, y sin democracia sindical, no construimos el país al que aspiramos. Tampoco podemos avanzar en ese sentido si no refundamos el sistema público de salud, construimos una educación liberadora y desterramos el problema de la vivienda.
Revertir estos aspectos centrales del actual modelo es lo que debería guiar a un gobierno con voluntad de transformación social. No creemos que sea ésta la vocación del gobierno actual, más allá de valorar las medidas que representan avances para los intereses populares y que retoman algunas de sus luchas históricas, como lo fueron la estatización de las AFJP, la Asignación Universal por Hijo o la ley de medios. Desde este lugar reafirmamos que no compartimos el proyecto político kirchnerista y creemos que debe ser superado poniendo en pie una alternativa verdaderamente popular, exigiendo y reivindicando una salida propia de los movimientos populares.
Frente al kirchnerismo, aparte de la oposición netamente de derecha, encontramos también el FAP, cuyo referente y candidato Hermes Binner aparece como la “novedad” de la elección. Sabemos que hay compañeros y compañeras del campo popular que se encuentran aportando a esta experiencia o tienen expectativas en este espacio y reconocemos la honestidad y el recorrido de lucha y militante de muchos de ellos. Sin embargo, creemos que de ninguna manera Binner y el Partido Socialista puedan representar una alternativa popular de gobierno. Por el contrario, son públicas varias de sus posiciones políticas en la que coincide con la derecha y su propia experiencia de gestión en Santa Fe –donde ha demostrado una sintonía evidente con los sectores más beneficiados por los agronegocios- sirve como ejemplo. Consideramos que Binner no pretende llevar adelante un programa de los sectores populares y que no representa una opción frente al gobierno sino que amenaza con reeditar la triste experiencia de la Alianza.
Por otro lado, tras las elecciones del 14 de agosto, Proyecto SUR no superó a nivel nacional la instancia de las primarias, aunque sí presenta candidaturas de compañeros del campo popular para diputados en algunos distritos. El FIT, por su parte, sí podrá presentar candidatos en todos los niveles de la elección. Con estos sectores, con los que compartimos diversos terrenos de militancia, nos separan importantes diferencias y nuestro proyecto político choca muchas veces con sus posiciones. Sin embargo, en estas elecciones apostamos a que el ingreso de luchadores populares al Congreso o a las legislaturas provinciales contribuya a dar la pelea por concretar toda una serie de demandas que nosotros también impulsamos, entre ellas el reclamo por el 82% móvil, el aumento del salario mínimo, el combate contra el trabajo precario y tercerizado, y es por eso que valoramos la posibilidad de que estas fuerzas puedan llegar a expresarse en el poder legislativo.
Las organizaciones que firmamos esta declaración queremos resaltar en este contexto la necesidad de los movimientos populares de elaborar nuestro propio proyecto de país. El kirchnerismo y el FAP comparten la característica de contar entre sus integrantes con movimientos sociales y populares de larga trayectoria jugando un rol secundario. Creemos que estas experiencias demuestran que subordinados a políticos profesionales que responden a distintos sectores dominantes, los movimientos populares siempre estaremos condenados a conformarnos con lo que hay. La tarea de la década es construir un proyecto emancipador propio, con la fuerza de los/as oprimidos/as y con el sueño de la Patria Grande.
Por esto mismo, como parte de los movimientos y organizaciones populares de Argentina que, aún sin presentarnos en estas elecciones, tenemos un proyecto de país y luchamos cotidianamente por su concreción, convocamos a participar del 1º Foro por un Proyecto Emancipador, a realizarse el 19 de noviembre, a pocos días de las elecciones, porque la construcción de un país por y para el pueblo no empieza ni termina el 23 de octubre.
La próximas elecciones significarán el fin del relato del “gobierno débil” frente a la “derecha desestabilizante” o el “monopolio mediático”. Ocho años significan una trayectoria considerable. Sin dejar de respetar a muchas organizaciones y militantes comprometidos que hoy tienen expectativas en el gobierno, sin dejar de estar dispuestos a defender lo conquistado por los sectores populares, debemos decir que no confiamos en la posibilidad que el gobierno tome un curso decididamente transformador. Por eso, los próximos cuatro años no nos encontrarán esperando, sino demandando, exigiendo, luchando y creando poder popular. Para que los derechos no sean un privilegio y para que una Argentina sin opresiones, digna, libre y soberana sea posible.


Frente Popular Darío Santillán / Juventud Rebelde 20 de Diciembre / Rebelión-Corriente Universitaria / Socialismo Libertario

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POR QUÉ HIJOS La Plata NO APOYA A CFK, ni a ningún CANDIDATO!!!!

La agrupación HIJOS La Plata es el nombre con que durante sus 16 años de existencia como organismo de Derechos Humanos independiente del Estado y de los gobiernos supimos nuclearnos los hijos e hijas de compañeros desaparecidos, fusilados, exiliados, presos políticos y también jóvenes comprometidos con la lucha contra la impunidad en nuestro país. En todo este tiempo trabajamos en la reconstrucción de la memoria histórica de los procesos políticos argentinos, en la búsqueda de juicio y castigo para los responsables de los crímenes de lesa humanidad cometidos por la última dictadura y el período represivo previo, y en la denuncia de la represión policial e institucional en la actualidad.
Estos 16 años nos han hecho madurar como organización y han servido para reafirmar nuestra posición sobre el rol que debe tener un organismo de Derechos Humanos en la contienda social. Ya que entendemos que el único que puede violar los Derechos humanos es el Estado, que ejerce el monopolio de la fuerza legal y administra el andamiaje legal a través de una gestión de gobierno, sabremos que ninguna organización que nace para denunciar esos atropellos puede trabajar ni con un gobierno ni desde el Estado, sin caer en una contradicción fundante sobre sus propios objetivos. Mantener la independencia para poder seguir denunciando la impunidad de la violencia institucional es una premisa básica que no todos parecen aceptar.
El plan criminal que en los ´70 secuestró y desapareció a 30.000 compañeros tiene un nombre preciso, y se denomina Genocidio. La realidad confirma que en la Argentina “democrática”, una vez finalizado el genocidio aplicado por la última dictadura, la represión cambió de forma para adaptarse a las necesidades del modelo. Se ha reformulado el concepto de la doctrina de la “seguridad nacional” por el de políticas de “control social”. Pero estos conceptos son sólo dos caras de la misma moneda, y tienen como fin amedrentar y disciplinar a la clase de cuyo seno nace la resistencia a las políticas de desigualdad y exclusión social.
La continuidad del plan genocida se despliega hoy con políticas de autocracia y corrupción policial, gatillo fácil en aplicación permanente como amedrentamiento social a los desposeídos y judicialización de los que no son útiles a los fines de este modelo de “crecimiento con base en la exclusión”. Esta es la verdadera doble política de Derechos Humanos que el kirchnerismo ha utilizado para darse aires progresistas en su gestión y lograr una aprobación popular semi-duradera en un país que continúa presentando las tensiones propias de un esquema social de desigualdad, pero donde se ha consolidado un sector oficial acrítico en el movimiento de Derechos Humanos, que cumple el rol de convalidar lo poco que se hace en detrimento de lo mucho que queda por exigir en la materia.
Hoy a 8 años de caídas las leyes de impunidad gracias a la lucha popular, el Estado argentino sólo efectivizó 54 juicios orales con sentencia en todo el país. Sólo alrededor del 13 % del total de procesados desde 2003 fue castigado (en la mayoría de los casos con condenas menores al máximo de la pena), y 21 genocidas fueron ABSUELTOS. Pero además, si bien hay otros 388 genocidas detenidos en espera de juicio, la mayoría de esos procesados se encuentra en libertad; además de haber 36 represores prófugos de la justicia y 259 que murieron impunes antes de llegar a una sentencia o condenados pero con procesos pendientes.
Así, estos procesos reproducen la impunidad, porque sólo serán juzgados una serie de casos emblemáticos, mientras el conjunto de miembros de las FFAA, Seguridad e Inteligencia quedará relegado a juzgarse en futuros inciertos.
La continuidad del esquema represivo es palmaria: las fuerzas de “seguridad” de los gobiernos que se sucedieron desde diciembre de 1983 hasta hoy han asesinado con el gatillo fácil a más de 3.139 personas, en su mayoría jóvenes de entre 15 y 25 años. Más de la mitad de los casos corresponden a los gobiernos de los Kirchner.
La justicia selectiva utiliza jueces y fiscales para encarcelar a los que menos tienen o a los que se oponen a este modelo de explotación y saqueo. El aparato judicial al servicio de la judicialización de la protesta y la criminalización de la pobreza. El mismo al que nunca le alcanzan las pruebas contra los genocidas de ayer y los represores de hoy. Los luchadores populares son perseguidos, amenazados y agredidos, como la represión al pueblo Qom en Formosa, la vía libre a las patotas sindicales en el asesinato de Mariano Ferreyra, la arremetida de la Federal en el conflicto social en Villa Soldati, o los casos de los militantes Roberto Martino, Raúl Lescano, y Fernando Esteche, presos y condenados en causas armadas por ser referentes de sus organizaciones.
En nuestra provincia es clara la politica de Derechos Humanos del kirchnerismo a través de las iniciativas retrógradas de la gestión Scioli-Casal como solución policial a los problemas sociales. Con un Código Contravencional que recorta las libertades de todos los que no entran en su esquema de sociedad. Las cárceles y comisarías han eclosionado por el endurecimiento de la legislación penal, y siguen siendo depósitos de personas sin el menor respeto a derechos y garantías. El 70% de los presos bonaerenses no tiene juicio iniciado.
La política económica neoliberal del crecimiento con base en la exclusión y el saqueo continúa. Los servicios, las tierras y los recursos naturales siguen extranjerizados. El 40 % de los trabajadores cobran salarios en negro y la mayoría de los blanqueados perciben parte en iguales condiciones, los aumentos que se dieron por decreto fueron absorbidos por la inflación. Mientras tanto no se democratiza la participación sindical, no se genera trabajo genuino ni se universalizan los planes sociales, y se desfinancian las escuelas, los hospitales y la masa salarial de sus trabajadores.
Gobiernos como el de los Kirchner generan, NO sin saberlo, fracturas que debilitan al campo popular, vía las políticas de doble discurso en materia de derechos humanos y la cooptación política para repartir prebendas. Algunos de los que hace unos años estaban juntos en la calle, que luchaban por juicio y castigo a todos los genocidas y no por juicios recortados, que fueron parte de las gloriosas jornadas del 19 y 20 de diciembre, se ven hoy como si estuvieran a años luz de la lucha.
Los HIJOS somos retoños legítimos de los mejores hijos de este pueblo y la “legalidad” no nos sustenta. Vemos cómo muchos combativos, perseguidos y encarcelados en su tiempo, están hoy en espacios de poder y defienden la “legalidad” tanto como se han olvidado de la legitimidad, así como también otros, que siempre estuvieron en la vereda opuesta, aprovechan estos espacios para defender una legalidad de humanismo reformista.
Así como en estos 16 años no apoyamos a ningún gobierno hambreador y represor del pueblo, reafirmamos la voluntad de exigirle al Estado las mismas cosas que venimos exigiendo durante tanto tiempo, sin importar que se llame Menem, De la Rua, Kirchner, Ibarra, Macri, Solá, Scioli o Cristina Fernández, porque lo que está en juego es la vida y la dignidad de todo un Pueblo.
A quienes se reagruparon en “H.I.J.O.S. Regional La Plata”, y que ven en el actual gobierno una posibilidad de cambio, queremos expresarles que estamos convencidos de que es imposible que esta administración, con su política meramente testimonial, haga florecer en la realidad el país con el que soñamos, con el que soñaban los 30.000 compañeros detenidos desaparecidos y todos los caídos en la lucha. Principalmente porque no creemos que el proyecto K sea la construcción que torcerá los destinos de la historia, ya que hoy mismo continúa vigente en ella la lógica de responder con todo el “peso de la legalidad” a la legitimidad incontestable de los reclamos populares, porque la pugna distributiva continúa inclinando el contrapeso de la balanza hacia los que más tienen, y porque las mayorías estaremos de una u otra manera allí cuando el paso hacia “lo nuevo” se construya genuinamente en serio.
Ante esta coyuntura, los HIJOS seguimos exigiendo la reparación del daño histórico que causó la dictadura y su plan económico. Pero no sólo requerimos el juicio y castigo a los genocidas y sus cómplices políticos, civiles y religiosos, la nulidad de los indultos a los asesinos uniformados, la restitución de nuestros hermanos apropiados, la apertura de todos los archivos de la represión y la preservación de los CCD para la investigación sobre lo que allí ocurrió, sino que también pretendemos que el cúmulo de injusticias sociales al que hoy asistimos sea resuelto. Porque creemos que los Derechos Humanos son cosas de todos los días, y mientras exista impunidad y se sigan violando los derechos políticos, económicos y sociales, seguiremos la lucha. Y si no fuera así, invitamos a aquel que vea que estos factores que analizamos se han modificado, que nos diga acaso con qué lente mágica observa la realidad.

HIJOS La Plata - 16 años de lucha
No olvidamos – No perdonamos – No nos reconciliamos

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