Argentina: Indignación frente a la indiferencia

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Los medios invisibilizaron la convocatoria del 15-0 en Buenos Aires y, a pesar de ese terco silencio, un millar de argentinos salieron a la calle. Una crónica de periodismo ciudadano desde el interior de la marcha para romper el cerco del silencio.

“La revolución no va a ser televisada”, decía una de las pancartas que se leían en Buenos Aires el 15-O. Y nunca fue tan cierto, al menos, en Argentina.

Un cambio global se demandaba el sábado 15 de octubre en casi mil ciudades del mundo. El 15-O esperaba la movilización del planeta para expresar el descontento con un modelo ineficaz, injusto e insostenible; con un sistema hecho añicos que no se recompone con los parches que, dirigidos por los mercados todopoderosos, los gobiernos van aplicando por sumisión más que por convicción.

Con más de 900 ciudades convocadas, los medios de comunicación tradicionales parecieron rendirse a la evidencia: El 15-O no era pecata minuta. Pero Argentina fue distinta. A pesar de existir una convocatoria para la tarde del 15 de octubre, no hubo ni una sola mención [mediática]. El día anterior sí se podía leer, ver o escuchar, en diferentes cabeceras, noticieros o emisoras, cómo los indignados del mundo saldrían a la calle en casi mil ciudades, pero todos eludían la marcha de Buenos Aires. Tampoco en la mañana del mismo15.

Esto hacía prever que los convocantes de la marcha contarían solo con el apoyo del boca a boca, de las redes sociales en Internet y con quienes se topasen con ella y decidieran incorporarse a la misma.

Buenos Aires es una ciudad que conoce la calle, que ha inventado eslóganes, que ha diseñado pancartas y que ha compuesto consignas que se corean al paso de las marchas. La sociedad argentina, y especialmente la porteña, no parece apática, al menos, si se echa un vistazo a la historia. Pero el mutismo mediático y, por tanto, el desconocimiento para la mayoría, hacía sospechar que, al contrario que en otros lugares, los indignados porteños pasarían desapercibidos.

Cabe preguntarse por qué el silencio de los medios argentinos. Si bien el impacto de la crisis en este país no tiene las dimensiones de Europa o Estados Unidos, la situación es global, como el sistema, y desde las organizaciones que promueven el cambio se quiere hacer una reflexión al margen de lo coyuntural. Lo que se está postulando es una nueva fórmula que propicie una participación activa de los ciudadanos, además de plantear una mudanza en el paradigma.

DE 50 A MIL

La marcha de Buenos Aires, el 15 de octubre, estaba programada para las 15 horas de ese sábado frente al Congreso Nacional. A las 14:45, el número de personas congregadas no llegaban a cincuenta. El presagio se cumplía y el panorama era un tanto desolador para los que se iban acercando. Muchos comentaban la nula cobertura mediática; algunos de los que estaban compartían que se habían enterado por amigos residentes en España.

Antes de las 16 horas se anunciaba que la manifestación daba comienzo. De no ser más de 50, una hora después, cuando la marcha dio comienzo, caminaban por la avenida Callao unas mil personas. Pancartas, cánticos y un furgón comandado por un grupo de clowns a la cabeza exigían en Buenos Aires un cambio global. No había atisbo de pesimismo. El grito porteño del 15-O también se estaba escuchando.

“No estamos aquí porque queremos cosas sino porque tenemos necesidad de ser”.

En la confluencia de la 9 de Julio con Avenida de Mayo, la marcha ponía su fin en un encuentro con campesinos de Jujuy, que están acampando en esta conocida arteria bonaerense para reclamar que se les devuelvan las tierras que les han expropiado.

LA NECESIDAD DE SER

Después llegó la asamblea. Las palabras. Los deseos. Las propuestas. Las quejas. Varias personas compartieron sus reflexiones. Desde reconocer la pérdida del valor de las palabras y pedir el compromiso que exige esta lucha incipiente, hasta la petición de apagar los televisores y prender las conciencias.

La lucha por la tierra en Jujuy fue protagonista en la asamblea porteña. Una de las campesinas acampadas inició el turno de palabra para contar que su presencia en Buenos Aires es la denuncia de la indiferencia que reciben del gobierno de la provincia y del gobierno nacional, que tampoco interviene en el conflicto. “Queremos un pedazo de tierra para trabajarla”.

“No estamos aquí porque queremos cosas sino porque tenemos necesidad de ser”, comentaba un representante de las comunas de Buenos Aires. “Argentina también nota la crisis”, denunciaba una joven, y recordaba que este país ya demostró (aludiendo al año 2001 y al conocido “que se vayan todos”) que las manifestaciones sí sirven. También se ofrecieron cifras para la reflexión: Argentina produce comida para 400 millones de personas, hay 40 millones de habitantes en el país y hay gente que pasa hambre. La crítica al capitalismo, definido como un sistema depredador, fue común en todos los que intervinieron y asentida, con aplausos, por los que escuchaban.

“Nada se mueve si vos no empujás”, se pintaba en un cartón dentro de la manifestación porteña.

Una manifestación sin incidentes y una asamblea que se alargó cerca de dos horas pusieron fin a una jornada reivindicativa en Buenos Aires. Las escasas crónicas que se publicaron en la prensa no contaron demasiado y un periodista decía en televisión, el domingo siguiente, que en Argentina no hay indignados, al contrario que en el vecino Chile, porque aquí no se aplican políticas neoliberales. A pesar de esas lecturas sesgadas y de dudosa certeza, que parecen sostenerse en la aparente estabilidad con la anuencia mediática, Buenos Aires también se sumó al cambio.

“Nada se mueve si vos no empujás”, se pintaba en un cartón dentro de la manifestación porteña. Por eso, un millar de personas salieron en Buenos Aires a estimular el movimiento, porque, como podía leerse en la espalda de un indignado, en palabras de Luther King Jr, “nuestra vida comienza a terminar el día que empezamos a callarnos cosas que importan”.

Por Henar Riegas

Otramerica

El Ciudadano

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