Atentado en Monterrey: entramos a una fase superior del proceso de control social mediante el miedo

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Fragmento de Astillero de Julio Hernández (La Jornada)


Decenas de muertos (a la hora de cerrar esta columna se informaba oficialmente de más de cincuenta) en un casino de Monterrey al que voces conocedoras ligan con familiares y gente cercana a un ex presidente municipal de la capital neoleonesa, panista, es cierto, pero distanciado del poder calderonista e incluso objeto de rechazo en cuanto a él se le atribuye culpa en el proceso de divisiones internas que dificultó al calderonismo imponer a quien quería como gobernador de la emblemática entidad norteña. Probable cobro insatisfecho de deudas, o problemas de elite entre capos de cuello no tan blanco, o simple episodio sin mayor intencionalidad dentro del esquema de descomposición nacional que prohija barbaridades con o sin destinatario y mensaje políticos, pero lo cierto es que lo sucedido ayer en ese centro de juegos agrava la situación del  deplorable mandatario priísta, Rodrigo Medina, permanentemente rebasado por la lucha entre cárteles que se da en su entidad, vecina de la exportadora Tamaulipas, y que tendrá como consecuencias inmediatas el incremento del rechazo social a la instancia gobernante priísta y el fortalecimiento oportuno de las voces que exigen más mano dura, en particular la aprobación de las reformas a la ley de seguridad nacional que abrirían la puerta, sin cierto resquemor jurídico actual, a la imposición de virtuales estados de sitio (afectación a la seguridad interior, es el eufemismo) en las zonas que a juicio de Los Pinos requirieran de intervención militar y federal directa.

La nueva marca nacional en cuanto a muertos en un mismo incidente relacionado con el crimen organizado consolida la noción social de que se está frente a actos de terrorismo, así no sea académicamente precisa la aplicación del término. Pero es el propio calderonismo el que se apresura a impedir que detalles conceptuales menores impidan a los mexicanos saber que ya han entrado a una fase superior del proceso de control social mediante el miedo. Terror dice con todas sus letras el vehemente vocero federal Alejandro Poiré a la hora de cumplir con la muy conocida rutina de expresar condolencias y condenas, prometer investigaciones a fondo y castigos justicieros, exigir con tono de civismo indignado que la sociedad participe más en el combate de la delictividad desbordada y, bueno, aprovechando la oportunidad, demandar que sean aprobadas las reformas propuestas por Calderón, quien también consideró oportuno pronunciar las palabras que podrían constituir el titulo de la siguiente tanda de Felipe en busca de no entregar el poder: Terror. Que nadie dude ni tenga confusión: el gobierno federal declara oficialmente instalada la temporada del terror, justamente cuando se angosta el callejón electoral, devaluando aún más las opciones de lo político y arrojando a los segmentos sociales de menor conciencia política y mayor domesticación televisiva a pedir y apoyar acciones autoritarias de mayor calado.

El tema de los casinos que se multiplican por el país pone de relieve, además, la sostenida desatención del calderonismo al flanco del lavado de dinero, concentrado en los hechos bélicos pero desentendido de lo que los especialistas internacionales consideran fundamental, como es el ataque a los instrumentos empresariales usados por los narcotraficantes para insertar al flujo económico legal sus ganancias y operaciones. No ha de olvidarse, además, que durante el foxismo, específicamente bajo la responsabilidad de Santiago Creel, entonces secretario de Gobernación, se realizaron las operaciones legales y políticas adecuadas para dar permisos y reactivar otros relacionados con juegos y sorteos.

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“Los dejaron morir” dice sobreviviente de Casino Royale

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Los dejaron morir allí, dice Patricia Sáenz llorando. Está sentada en la acera, a escasos metros del casino Royale de Monterrey. Ella pudo salvarse; su esposo, Eduardo Martínez Cavazos, quién sabe. Ambos jugaban en las maquinitas cuando escucharon los gritos: Ahora si cabrones, ya se los llevó la chingada a todos. Tiros y estampida: “Empezamos a correr. Íbamos agarrados de la mano, pero se me soltó –dice sin poder contener el llanto–; luego pude comunicarme con él por teléfono y me dijo: ‘Ya no puedo, mi reina; ya no puedo respirar’”.

Un hombre a su lado la interrumpe: Echaron gasolina y luego empezaron a disparar para que prendiera. Otra mujer grita desesperada: Mi mamá, mi mamá está dentro. Se acerca a los policías y les pide una lista de muertos y heridos. Silencio como respuesta.

Han pasado tres horas desde que un comando armado atacó el casino alrededor de las tres y media de la tarde. Los helicópteros sobrevuelan el lugar, el olor a quemado inunda la zona de Fleteros y San Jerónimo. Las columnas de humo aparecen desde lo lejos. Todo quedó acordonado: desde calzada San Pedro hasta Gonzalitos. Hay decenas de patrullas, vehículos del Ejército, camionetas de policía, ambulancias, camiones de bomberos…

Yo les gritaba: sáquenlos. Mi esposo se está asfixiando y me dice que le falta aire, añade Patricia. Su hermana asegura que los policías estaban afuera sin hacer nada, que no actuaron a tiempo, que  la tragedia pudo haberse evitado, que no servía la salida de emergencia. Patricia se repone y continúa: “A mí me sacaron por la azotea. Había mucha gente, más de 200 personas. Fue una estampida. Todo mundo corriendo para atrás. No nos dejaron salir por delante. Los pistoleros se repartieron. De repente escuchamos gritos desde el segundo piso ‘acá también hay’, por eso nos subieron al otro edificio. Unos aplastábamos a otros. Nos quedamos sin zapatos. Había gente ensangrentada”.

Nos salvamos de milagro

Víctor, de 30 años, estaba jugando cuando los encapuchados entraron: Estuvo muy feo. Los vi cuando entraron con armas largas, eran muchos, todos encapuchados. No sé si traían uniforme. El susto no me permitió seguir mirando. Se empezaron a escuchar explosiones, luego balazos. Corrimos y nos subimos por la azotea y nos ayudaron a pasar al estacionamiento de Caracol. Y salimos por este lado. Había como 300 personas.

En el casino los bomberos han controlado el incendio. Hicieron un boquete por la pared y aún están sacando cadáveres y heridos. Primero eran 12, luego 20, después dijeron 28 y finalmente confirmaron: 40 muertos. Hay escombros y cadáveres abajo, como 25 o 30. Sacamos a una viva, dice un policía que se acerca para dar información.

El ambiente en el área es de angustia. Hay llantos de mujeres, una se desmaya. Un hombre de 60 años, quien prefiere no dar su nombre, dice sin dejar de fumar: No hay palabras para describir lo que sucedió. Es una canallada. Mucha gente inocente. Y remata: Jamás volveré a un casino.

Entre la confusión un señor intenta recuperar su camioneta estacionada en el edificio del casino. Hay una caja llena de llaves de los vehículos: La policía me ha dicho que no me la puedo llevar porque hubo detonaciones o granadas. Que se la van a llevar. Su hijo de 18 años, visiblemente angustiado, añade: Fue inexplicable. Horrible. Me asusté mucho. La verdad ni me di cuenta de nada. Me agarró mi papá y empezamos a correr. Nos salvamos de milagro.

Negocios ilegales

En años recientes se han registrado varios ataques a casinos, negocios presuntamente relacionados con la delincuencia organizada. Monterrey es conocida como Las Vegas de México con más de 50 casas de apuestas; la mayoría opera sin los debidos permisos estatales ni municipales. La proliferación de estos negocios se da con opacidad y tráfico de influencias en la venta de permisos federales por millones de dólares.

El auge de casinos contrasta con la falta de afiliados ante la Concanaco, que no tiene ningún registro con este giro, precisamente por las lagunas legales en su operación, ya que los permisos los proporciona la autoridad federal, mientras los estados y los municipios sostienen largas batallas para cerrarlos.

Desde el inicio de la administración del alcalde de Monterrey Fernando Larrazabal, se han instalado en la ciudad nueve casinos, todos ilegales, según informó. El aumento de la inseguridad ha provocado más de mil 200 muertos en el estado en lo que va del año y los casinos parecen estar ligados a la delincuencia organizada que anteriormente ha perpetrado varios atentados.

Entre los beneficiados de la última remesa de casinos autorizada por Santiago Creel Miranda como secretario de Gobernación, están Emilio Azcárraga, Olegario Vázquez Raña, José María Guardia, Arturo Rojas Carmona, Jesús Héctor Gutiérrez Cortés, Juan Eduardo Mounetou Pérez, Carlos Enrique Abraham Mafud, Raúl Santiago Fernández, Pablo Cortina de la Fuente, Fausto Zerón Medina y Greg Sánchez.

Generalmente los casinos no figuran con los nombres de los propietarios, sino con una razón social o sociedad anónima, lo que propicia mayor opacidad y facilita el lavado de dinero procedente del narcotráfico. Según el Estudio Binacional de Bienes Ilícitos México-Estados Unidos en nuestro país son introducidos al año para su blanqueo entre 19 mil y 29 mil millones de dólares producto de la venta de drogas.

Los problemas de ludopatía se han disparado en Monterrey sin que hasta el momento las autoridades sanitarias implementen programas efectivos para atender a los adictos al juego.

Alto a la violencia!

Alto a la militarización!

Corten los flujos de dinero del crimen organizado!

México quiera PAZ Y PROGRESO!

NO + SANGRE!

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La poca madre de los poderosos

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