Benedicto, tu ídolo Hitler no era ateo

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Para recordar las mentiras que la Iglesia Católica y este Papa en concreto utilizan para perseguir, estigmatizar y promocionar el odio a los ateos y laicos, basta con acudir al valioso blog Su nombre en vano y leer la transcripción de la respuesta que ese faro de la honestidad que es Richard Dawkins le dio al Papa Benedicto XVI en su visita a Reino Unido, después de que el actual Papa hubiese equiparado ateísmo con nazismo y se hubiese atrevido a decir que Hitler era ateo. Estas declaraciones son especialmente osadas viniendo de un miembro declarado de las juventudes hitlerianas (ya apuntaba maneras, siempre junto a los verdugos), por lo tanto su ídolo era Hitler. Pero Dawkins le recordó, en un brillante discurso, que Hitler siempre fue católico y de hecho persiguió a los ateos. Aquí el video con subtítulos y debajo la transcripción de Su nombre en vano.

 

CR_222306_foto_comprometida.jpgAl comienzo estaba tan indignado como cualquier otra persona debido a las palabras del Papa apenas llegó a Inglaterra, culpando a los ateos de las atrocidades de Hitler y otras en el siglo XX

Pero luego me alegré por eso, pues me pareció que de alguna forma, lo habíamos hecho tambalear tanto, que se estaba viendo forzado a cometer la ignominia de atacarnos para distraer la atención de los verdaderos crímenes que se cometen en el nombre de la iglesia católica.

Tan solo puedo imaginarme… tan solo puedo imaginarme las discusiones en los corredores del Vaticano “¿Cómo los vamos a distraer de los abusos sexuales a niños?”

Y vino la respuesta: “Por qué no atacamos a los secularistas, por qué no atacamos a los ateos? ¿Por qué no los culpamos por Hitler?”

Hitler, Adolf Hitler era católico

Fue bautizado, nunca renunció a su bautizo. El número de 5 millones de católicos británicos aparentemente viene del número de bautizados. Yo no me lo creo, ni una palabra, no creo que haya 5 millones de católicos. Quizás 5 millones que hayan sido bautizados. Pero si la iglesia quiere contarlos como católicos, entonces tiene que contar a Hitler como católico.

Al menos, Hitler creía en una providencia personificada, varias veces habló de ella, y es presumiblemente la misma providencia que fue invocada por el arzobispo de Munich en 1939 cuando Hitler escapó de un intento de asesinato, y el cardenal ordenó un Te Deum especial en la catedral de Munich, y cito, “para agradecer a la divina providencia, en el nombre de la arquidiócesis, por el afortunado escape del Fuhrer”

Voy a leer un discurso, dado en Munich, el corazón la Bavaria católica en 1922, y les dejo que adivinen quién la dio:

Mi sentimiento como cristiano me dirige a mi Señor y salvador, como un luchador. Me dirige como al hombre que una vez en soledad, rodeado por unos cuantos seguidores, reconoció a estos judíos por lo que eran y convocó a muchos para luchar contra ellos y, por Dios, fue el más grande, no como alguien que sufría, sino como un luchador.

En mi amor sin límites como cristiano y como hombre, he leído los pasajes que nos narran como el Señor al final se dirigió con todo su poder y empuño el látigo para echar del Templo a ese grupo de víboras y estafadores.

Cuan grande fue su pelea por el mundo en contra del veneno judío.

Hoy, luego de 2000 años, con profunda emoción reconozco más profundamente que nunca el hecho del por qué tuvo que ser Él quien derramara Su sangre en la cruz.

Esta fue uno de tantos discursos de Adolf Hitler, además de pasajes en Mein Kampf, donde Adolf Hitler invocaba su propio cristianismo católico. No es de extrañar que recibiera u cálido apoyo de parte de la iglesia católica en Alemania.

Incluso si Hitler hubiese sido un ateo, cómo se atreve Ratzinger a sugerir que el ateísmo tiene alguna conexión con sus horribles acciones. Sin importar la falta de creencia de Hitler y Stalin en duendes y unicornios, sin importar si tienen un bigote, como Franco o Saddam Hussein, no hay ninguna relación lógica entre su ateísmo y su maldad.

A menos, claro, a menos, que estés sumergido en la vil obscenidad en el corazón de la teología católica. Me refiero a la doctrina del pecado original.

Esta gente cree, y le enseñan a niños pequeños, al mismo tiempo que les enseñan el terrorífico concepto del infierno, que todo bebé nace en pecado.

Ese es el pecado de Adán, por cierto, Adán, quien ellos mismos admiten ahora que nunca existió.

El pecado original significa que desde el momento que nacemos somos malvados, corruptos, maldecidos, a menos que creamos en su Dios, o a menos que caigamos en el premio del paraíso y el castigo del infierno.

Eso, señoras y señores, es la despreciable teoría que los lleva a asumir que fue la falta de creencia lo que hizo de Hitler y Stalin los monstruos que eran. Todos somos monstruos a menos que Jesús nos salve.

Qué asquerosa, depravada e inhumana teoría como para basar nuestra vida en ella.

Joseph Ratzinger es un enemigo de la humanidad. Es un enemigo de los niños cuyos cuerpos ha permitido sean violados y sus mentes sean llenadas con culpabilidad.

Es vergonzosamente claro que la iglesia está menos preocupada por salvar los cuerpos de los niños de los violadores, que por salvar las almas de los sacerdotes del infierno. Y más preocupada por la reputación a largo plazo de la iglesia misma.

Es un enemigo de los gays, dirigiendo hacia ellos el mismo tipo de intolerancia que su iglesia usaba en contra de los judíos antes de 1962.

Es un enemigo de las mujeres al no permitirles el sacerdocio, como si un pene fuese una herramienta esencial para las tareas pastorales.

Es un enemigo de la verdad, promoviendo mentiras sobre que los condones no protegen contra el SIDA, especialmente en Africa.

Es un enemigo de la gente más pobre de la Tierra, condenándolos a tener grandes familias que no pueden sostener y de esa forma mantenerlos bajo el yugo de la pobreza perpetua. Una pobreza que mira de lejos la obscena riqueza del Vaticano.

Es un enemigo de la ciencia, obstruyendo investigaciones vitales sobre células madre arguyendo no con moral, sino con supersticiones pre-científica.

Ratzinger es incluso un enemigo de la iglesia de la Reina, faltándole el respeto arrogantemente a las ordenaciones anglicanas como, cito, “absolutamente nulas y sin valor”, mientras que al mismo tiempo tratando desvergonzadamente de reclutar vicarios anglicanos para cubrir su patético descenso en ordenaciones sacerdotales.

Finalmente, quizás la preocupación más importante para mí, Ratzinger es un enemigo de la educación. Fuera del daño psicológico de por vida causado por el miedo y culpa que ha hecho infame a la educación católica alrededor del mundo, él y su iglesia han impuesto la perniciosa doctrina educativa que la evidencia es menos confiable para creer, que lo es la fe, la tradición, la revelación y la autoridad.

Su autoridad.

Creo que basta con leer esa lúcida denuncia para entender hasta qué punto la Iglesia y los gobiernos cómplices distorsionan y manipulan la verdad. Lo estamos viendo estos días en Madrid donde se está persiguiendo cruelmente a los ateos y laicos mientras se dice que estamos persiguiendo a los pobre católicos que han invadido la ciudad y van a provocar  a barrios como Chueca en el que se atreven a llamarle la atención a las lesbianas por ir de la mano (testimonio de  amigas).

Me gustaría saber cómo justifican agresiones como la que un cura y sus pregrinos me hicieron en Sol a mí o esta brutalidad policial que es, como mínimo, violencia de género. La policía obviamente ha recibido instrucciones y autorización del Gobierno del PSOE para buscar a los que no sean peregrinos con su mochila y agredirles. Este puñetazo a una chica sin previa provocación es un asalto a la democracia, a la libertad y a toda la ciudadanía:

Y el periodista Daniel Nuevo al que, por el mero hecho de ser testigo de esa agresión a una chica por parte de un chulo vestido de policía, agreden a continuación brutalmente como se ve en el video y ha contado en su blog.

Si a esto le sumamos el navajazo recibido por Martín Sagrera sólo por usar su libertad de expresión en su ciudad y que Interlobotomía quiere manipular para darle la vuelta: Martín Sagrera agredió a un pobre católico lanzándose violentamente sobre su navaja repetidas veces. ¡Qué malos somos los laicos!

Ya tenemos lo perseguidos que están los católicos después de este repugnante Desfile de la Victoria particular que han organizado para enseñarnos los dientes a los laicos que a Benedicto XVI tanto le molestan en sus paseos de estrellona decadente.

Y para terminar me permito recoger el lúcido comentario de macavity en mi entrada anterior:

Creo el punto de vista desde el que hay que tratar este tema es que se estaba celebrando una manifestación perfectamente lícita, con todas las bendiciones del ordenamiento jurídico español.
Y el ordenamiento jurídico español tiene una cuantas disposiciones al respecto, que son de aplicación en este caso. La primera, el artículo 514.4 del Código Penal, que dice así:
“Los que impidieren el legítimo ejercicio de las libertades de reunión o manifestación, o perturbaren gravemente el desarrollo de una reunión o manifestación lícita serán castigados con la pena de prisión de dos a tres años si los hechos se realizaran con violencia, y con la pena de prisión de tres a seis meses o multa de seis a 12 meses si se cometieren mediante vías de hecho o cualquier otro procedimiento ilegítimo”.
El segundo precepto relevante es el artículo 3.2 de la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del Derecho de Reunión, que dice así:
“La autoridad gubernativa protegerá las reuniones y manifestaciones frente a quienes trataren de impedir, perturbar o menoscabar el lícito ejercicio de este derecho”.
Y, de paso, el 408 del Código Penal, que reza (es un decir):
“La autoridad o funcionario que, faltando a la obligación de su cargo, dejare intencionadamente de promover la persecución de los delitos de que tenga noticia o de sus responsables, incurrirá en la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de seis meses a dos años”.
A la vista de todo esto:
Los individuos e individuas que cortaron la manifestación en la Puerta del Sol durante hora y media “perturbaron gravemente el desarrollo de una … manifestación lícita”, con lo que cometieron un delito (Art. 10 del Código Penal: “Son delitos o faltas las acciones y omisiones dolosas o imprudentes penadas por la Ley”).
La policía faltó a su obligación de proteger “las … manifestaciones frente a quienes trataren de impedir, perturbar o menoscabar el lícito ejercicio de este derecho”. Y “faltando a la obligación de su cargo”, dejaron “intencionadamente de promover la persecución de los delitos de que tenga noticia o de sus responsables”. Con lo que los policías y los responsables del despliegue policial también cometieron un delito.
De manera que lo que tenemos aquí es, por una parte, un grupo de ciudadanos ejerciendo su derecho fundamental de manifestación recogido en el artículo 21.1 de la Constitución Española (“Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas.”) de forma perfectamente lícita y legal. Y por otra parte dos grupos de delincuentes, los llamados peregrinos, que “perturbaron gravemente el desarrollo de una reunión o manifestación lícita”, y las fuerzas del orden—y aquí incluyo a los agentes presentes en aquel momento, y a toda su cadena de mando hasta la Delegación del Gobierno y el Ministerio del Interior—, que no sólo dejaron de “proteger las reuniones y manifestaciones frente a quienes trataren de impedir, perturbar o menoscabar el lícito ejercicio de este derecho”, sino que “faltando a la obligación de su cargo, dejaron intencionadamente de promover la persecución de los delitos de que tenga noticia o de sus responsables”.
A partir de este punto se puede matizar todo lo que se quiera. Es cierto que muchos de los delincuentes del primer grupo eran menores, lo que los saca del ámbito del Código Penal y los conduce al de la Ley Orgánica 5/2000, de 12 de enero, reguladora de la responsabilidad penal de los menores. Es cierto que no todos ellos delinquieron en el mismo grado, recurriendo algunos a la violencia y otros a las meras “vías de hecho”. Es posible que el el momento de cortarse la manifestación hubiera pocos agentes presentes y no estuvieran en condiciones de detener de forma inmediata a los delincuentes del primer grupo.
Pero persiste el hecho de que había presentes un grupo de ciudadanos ejerciendo legítimamente un derecho constitucional y dos grupos de delincuentes que lo impidieron.
Y, por cierto, ¿quién se llevó al final los palos? Naturalmente, el grupo de ciudadanos que ejercía legítimamente un derecho constitucional.

Gracias

PD: Un nuevo video de una agresión de un católico a un manifestante que sangra copiosamente el mismo día en que me agredieron a mí. Un Católico agrede a un Laico en la manifestación de SOL.

Y en este video se ve en facebook la chuleria y saña de la policía con los manifestantes.

 

Publicado por Shangay Lily en el blog de Publico.es

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