"Brasiguayos" despiertan ira de los campesinos sin tierra en Paraguay

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Los "brasiguayos", prósperos hacendados de origen brasileño, que tienen las tierras más fértiles en la zona fronteriza de Paraguay con Argentina y Brasil, viven bajo la mirada de cinco mil campesinos "sin tierra" que se dicen dispuestos a invadirlos alegando "soberanía" sobre esos suelos.

 

Campesinos paraguayos sin tierras acampan en una zona de cultivo de soja propiedad de un "brasiguayo", en Ñacunday (Alto Paraná, Paraguay), el 15 de diciembre de 2011 (AFP, norberto duarte)

AFP ÑACUNDAY

 

"Acá puede haber una masacre. No vamos a poder evitar un derramamiento de sangre. Vamos a pelear centímetro a centímetro por esta tierra", afirmó a la AFP en lengua guaraní Rosalino Casco, uno de los líderes de la Asociación de Carperos, que reúne a miles de campesinos "sin tierra".

Casco está instalado desde setiembre en un campamento junto a unos cinco campesinos -en condiciones miserables y ante un sol inclemente- a la vera de un polvoriento camino de tierra que divide a extensas plantaciones de soja, propiedad de hacendados "brasiguayos".

Trabajadores paraguayos del campo se manifiestan en uno de los campos de soja propiedad de un "brasiguayo", el 15 de diciembre en Ñacunday (Alto Paraná, Paraguay) (AFP, norberto duarte)

 

Los "brasiguayos" son poderosos agricultores de origen brasileño que ocupan desde hace unos 40 años las tierras de esta región del Alto Paraná (este), otrora una jungla impenetrable y convertida por ellos en un vergel agrícola.

La zona de conflicto se ubica en Ñacunday, nombre de un río que desemboca en el caudaloso río Paraná, que divide Paraguay de Brasil, al norte, y de Argentina, al sur.

Las plantaciones pertenecen en su mayoría al "rey de la soja", como denominan al agricultor brasileño Tranquilo Favero, uno de los pioneros en la colonización de esas tierras y productor de soja, un grano cada vez más cotizado en el mundo.

Favero cultiva unas 400.000 hectáreas en esa zona, de las cuales 110 mil serían "tierras fiscales que consiguió por favores del ex dictador Alfredo Stroessner", que gobernó en Paraguay entre 1954 y 1989, denunció el líder campesino Casco.

Esas tierras tienen actualmente un valor de 10.000 dólares la hectárea, las más caras del país.

El empresario brasileño de soja, Tranquilo Favero, también conocido como "el rey de la soja", en 2008 en Asunción (AFP, gustavo pineiro)

Los cultivos de soja cubren gran parte de 10 departamentos de los 17 que tiene el país y fue el primer producto de exportación de Paraguay en 2010, con 8.500.000 toneladas. Se estima que la zafra  del 2011, que se cosechará en abril del 2012, producirá unos 10 millones de toneladas.

Paraguay es el cuarto exportador de la oleaginosa en el mundo, por detrás de Brasil, Estados Unidos y Argentina, lo que aumentó más de 14% en su PIB el año pasado, según datos oficiales.

El cultivo de la soja, por su alta rentabilidad, atrajo a miles de agricultores brasileños, cuya población junto a descendientes se estima en 500.000 en Paraguay.

Hijos de los campesinos sin tierra de las zonas de cultivo de soja que pertenecen a "brasiguayos", en el campamento donde viven desde septiembre 5.000 personas en Ñacunday (Alto Paraná, Paraguay) (AFP, norberto duarte)

La penetración masiva de esos agricultores alarmó al gobierno del presidente Fernando Lugo, quien aprobó en el Congreso una ley que prohíbe la venta de tierras a extranjeros hasta 50 km de la frontera.

Las invasiones de los campesinos "sin tierra" sobre las propiedades de estos poderosos agricultores se ha vuelto moneda corriente en los últimos años.

El productor sojero Valter Mesch, de la localidad de Iruña, en la región del Ñacunday, dijo que los conflictos constantes y la inseguridad los desgasta. "No se puede trabajar más así", afirma.

Los hacendados creen que las invasiones de tierras son propiciadas por el propio Gobierno para impedirles su expansión.

El grupo de Casco advirtió que su objetivo próximo es ocupar 61.000 hectáreas que cultiva Favero, el "rey de la soja", alegando que en realidad son tierras fiscales.

"Favero compra todo, hasta la justicia. Ellos mandan todo lo que recaudan a Brasil, después de pelar nuestros bosques", denunció por su lado el dirigente campesino Vidal León.

El presidente del estatal Instituto de la Tierra (Indert), Marciano Barreto, propuso a hacendados y campesinos mensurar las tierras y revisar la legalidad de los títulos de propiedad.

"No sirve que nos muestren solamente los títulos actuales, que datan de hace unos años. Estamos casi seguros que se han vendido en forma fraudulenta tierras que pertenecen al estado", añadió Barreto.

Concepción Rodríguez, intendente (alcalde) de Santa Rita, epicentro de los colonos, propone "que se haga una mensura finca por finca, título por título".

Barreto respondió que no es posible. "Si queremos transparentar tenemos que ir al origen. Nadie les va a sacar la tierra que ocupan. Pero hay excedentes que son del Estado", advirtió el funcionario, admitiendo que muchas de esas tierras fueron "usurpadas por muchos extranjeros".

Una de las extensiones de cultivo de soja propiedad del empresario "brasiguayo" Tranquilo Favero, en Ñacunday (Alto Paraná, Paraguay) (AFP, norberto duarte)

Los hacendados cuestionan a Barreto y al gobernador José Ledesma, a quien señalan como "brazo ejecutor" de las invasiones de los campesinos "sin tierra".

"Favero tiene 3.000.000 de hectáreas en el país y a nadie le calienta eso. Atropella nuestra soberanía, mientras los paraguayos tienen que andar deambulando sin un título de propiedad. Yo soy apenas un intermediario entre la gente necesitada y el presidente", se defendió Ledesma.

Necildo Marini, yerno de Favero, dijo que "hasta el propio presidente Lugo vio nuestros títulos. Estuvo con nosotros hasta el propio embajador del Brasil (en una audiencia en el palacio de Gobierno). Estuvo el canciller (Jorge Lara) y el procurador de la Nación. Todo lo que tenemos es legal, todo es auténtico".

Uno de los hacendados, Elio Cecon, dijo a la AFP que defenderá su propiedad "hasta lo último. Esta propiedad la compró mi papá en 1973. Es el fruto de mucho sacrificio", explicó.

A unos 500 metros del campamento de los campesinos, unos 200 efectivos de la policía antimotines intenta mantener el orden y evitar las ocupaciones de tierras.

"No sabemos la hora ni el día pero vamos a entrar en cualquier momento (a ocupar las plantaciones). Si hay que luchar vamos a luchar. Si no vamos a servir para defender nuestra tierra, mejor que nos conviertan en una provincia de Brasil", concluyó Casco con energía.

 

 

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