Breve respuesta de un haitiano ante actitudes que indignan

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Henry-Boisrolin.jpgSin duda, uno de los aspectos más complicados al analizar la crisis haitiana en sus múltiples facetas, es la posición incorrecta asumida acerca de la misma por diversos gobiernos latinoamericanos, dirigentes e intelectuales que se reclaman de la izquierda. Esto se nota claramente al leer las declaraciones, por ejemplo, del actual ministro de Defensa de Brasil, Celso Amorim; del Secretario de Cultura de Argentina, Jorge Coscia; o del ministro de Interior del Uruguay, Eleuterio Fernández Huidobro, entre otros. Teniendo en cuenta su fuerte impacto negativo en el desarrollo de los acontecimientos en nuestra región y sobre todo en Haití, creemos que es indispensable demostrar la falsedad de sus argumentos y los efectos nocivos de algunas de sus prácticas. Se trata de una temática de suma importancia a la hora de aprehender la crisis haitiana y actuar en consecuencia.
El primer elemento que causa sorpresa, es el no reconocimiento por parte de varios de ellos que Haití se encuentra bajo ocupación extranjera. Asimismo, la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH) es percibida como una supuesta fuerza de paz y de ayuda humanitaria tal como la definen sus verdaderos promotores: las potencias imperialistas como los EE.UU., Francia, Canadá, etc. Por ende, es lógico el envío de tropas militares para integrar la MINUSTAH.

En segundo lugar, existe otro sector que si bien reconoce que la ocupación es real y concreta, pero considera que por la composición misma de la MINUSTAH (comandancia militar bajo el liderazgo de Brasil y el rol activo de varios países latinoamericanos en la misma, etc.) es, en definitiva, algo positivo para el pueblo haitiano, ya que en caso contrario serían los soldados yanquis que estarían allí o que los haitianos nos mataríamos en una guerra civil cruenta. Esta postura es tan o más incorrecta que la primera por distintos motivos:

a) de hecho, al aceptar que se trata de una ocupación, este sector avala, entonces, la violación de la soberanía y el principio de autodeterminación del pueblo haitiano. Inclusive, algunos de sus representantes alegan que ante los cambios ocurridos en los últimos años en las relaciones internacionales, la soberanía no ha de ser analizada de manera rígida tal como durante la guerra fría sino con cierta flexibilidad ya que la época actual denominada de globalización y de desaparición del llamado socialismo real así lo exigen en algunos casos. Se sobreentiende, entonces, que el caso haitiano lo amerita.

Posición perversa, ya que no tiene en cuenta la dignidad de un pueblo, las verdaderas causas de su empobrecimiento y sufrimiento, desconoce sus exigencias y se (auto) atribuye el rol colonialista o imperialista de decidir para un pueblo lo que es bueno para él sin su consentimiento y sin consultarlo. También la consideramos perversa, porque después de 7 largos años (2004-2011) de presencia de la MINUSTAH nadie desconoce el balance aterrador de dicha Misión: represión sistemática de movilizaciones populares y en las barriadas populares; defensa de los sectores dominantes haitianos; imposición de elecciones netamente vergonzosas, escandalosas y antidemocráticas -según los propios criterios adoptados en nuestra región en la materia-; complicidad y/o pasividad de la MINUSTAH ante el retorno del dictador Jean-Claude Duvalier; su indiferencia ante los padecimientos de la inmensa mayoría -sobre todo luego del terremoto del 12 de enero de 2010-; su demagogia para engañar a la población más vulnerable (organización de partidos de fútbol- hasta hicieron jugar en Haití a la selección de Brasil con sus estrellas-); su manipulación de la crisis para perpetuar el statu quo; el comportamiento mercenario de sus miembros; el despilfarro cada año de un dineral para el mantenimiento de la MINUSTAH; su clara responsabilidad en la introducción del cólera en el país; su manipulación de la inseguridad para justificar su presencia; su responsabilidad por la violación de mujeres haitianas y jóvenes haitianos, etc., etc.

b) hablar de guerra civil, es simplemente un pretexto. En efecto, saben muy bien que no había una guerra civil a la caída de Aristide en febrero de 2004, y que desde marzo de 2004 hasta junio del mismo año las tropas que ocupaban el país eran norteamericanas, francesas, canadienses y algunas chilenas. Además, en ningún momento, los gobiernos latinoamericanos que tienen actualmente tropas militares en Haití, habían exigido el retiro de las anteriormente mencionadas. La verdad histórica es: se trató de una resolución (la 1542) del Consejo de Seguridad de la ONU que creó la MINUSTAH. Y todos sabemos -salvo mala fe- quienes comandan dicho Consejo. Nadie en su sano juicio, creemos, puede suponer que fueron estos gobiernos latinoamericanos, queriendo proteger al pueblo haitiano, que determinaron la salida de las tropas norteamericanas, etc. mediante una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU.

Hay otra interpretación o explicación que suelen esgrimir: sí es cierto que se trató de una resolución del Consejo de Seguridad elaborada por los EE.UU. que creó la MINUSTAH, pero los gobiernos “progresistas” de la región aprovecharon la misma para ir a proteger al pueblo haitiano ante la posibilidad de una permanencia indefinida de las tropas yanquis. Protección que terminó en violación de los D.HH. en Haití, de la soberanía del país, en la introducción del cólera -que ya mató a más de 7.000 haitianos-, y que no ha sido capaz de impedir el desembarco de más de 20.000 solados norteamericanos luego del terremoto. Un hecho que demostró fehacientemente quienes son los verdaderos comandantes.

Pero en el trasfondo de toda esta parafernalia discursiva y de dominación, no tenemos que engañarnos, sobresale una visión que subestima al pueblo haitiano, sus organizaciones, etc. El origen racista de dicho comportamiento remonta desde muy lejos en la historia, e indigna cuando se manifiesta en las elucubraciones y decisiones políticas de estos gobiernos latinoamericanos y hasta de varios intelectuales que se consideran de la izquierda. Detrás de todo ese comportamiento pro imperialista, se encuentra el afán de algunos de pertenecer al llamado G-20, de Brasil, por ejemplo, tratando de conseguir un puesto permanente en el Consejo de Seguridad, el de obtener fondos para sobornar y tranquilizar un poco a los miembros de sus Fuerzas Armadas, de adquirir mayores experiencias en la represión de los pobres en las barriadas populares para luego aplicarlas con todo el rigor necesario en sus propios países -el caso de Brasil es más que evidente-. Es decir, estos gobiernos latinoamericanos aplican en Haití una política al servicio de los intereses de las potencias imperialistas, y eso revela el carácter mistificador de sus declamaciones oportunistas en defensa de la democracia, de la autodeterminación de los pueblos, de la construcción de la Patria Grande, de la igualdad social, etc.

Pero, afortunadamente, está creciendo en América Latina, sobre todo en los últimos años, un sector que asume sin actitudes engañosas la defensa de la soberanía del pueblo haitiano, rechaza y exige el retiro inmediato de la MINUSTAH. Así se expresaron en diferentes actividades, por ejemplo, la Coordinadora Uruguaya para el retiro de la MINUSTAH, la Coordinadora Continental creada en noviembre último pasado en Sao Paulo (Brasil) para el retiro inmediato de las tropas de ocupación de Haití, etc. Se trata de un sector que valora y pone siempre como modelo de ayuda la asistencia que brindan los gobiernos de Cuba y de Venezuela a Haití, y que entiende que al defender a Haití estamos defendiéndonos todos. Este sector realmente solidario, ya ha obtenido el reconocimiento del pueblo haitiano.

Henry Boisrolin
Coordinador del Comité Democrático Haitiano en Argentina
Diciembre de 2011

 

Comentar este post