Buenos Aires: Un viaje al corazón del infierno

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Imagen_plastica_frente_a_la_ESMA_-2-.jpgEn una soleada y agradable mañana de octubre vamos a realizar la tantas veces programada visita guiada al Casino de Oficiales de la ex ESMA. Conociéndome y conociendo la historia del lugar, se de antemano que este es un viaje sin regreso.

 

     Temprano nos encontramos con Paula, nuestra guía. Sobre una gigantografía de todo el predio comienza su relato y a desplegar todo su conocimiento y su gracia, porque sinceramente a este lugar hay que ponerle muchas “pilas” para llevarlo adelante. Desde el principio Paula realiza un trabajo interactivo hablando, preguntando, haciéndonos participar. Nos relata que por este campo de detención, tortura y exterminio pasaron alrededor de cinco mil personas de las que sobrevivieron muy pocas.

 

     El presente del lugar es muy diferente, aquí y ahora se respira la vida en todas sus manifestaciones, hay espacio para los organismos de derechos humanos, funciona el centro cultural Haroldo Conti, el Espacio Cultural Nuestros Hijos, el Instituto Espacio para la Memoria, hay muestras de arte, teatro, presentaciones de libros y muchísimas actividades más.

 

Primera Estación: Un poco de historia.

 

     En 1924 la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires le dona a la Marina el terreno de diecisiete hectáreas con la condición de que sea destinado a un polo educativo. El conjunto dentro de la ex ESMA lo conforman treinta y cinco edificios. Inclusive hay una parte del predio, la que da a la avenida Lugones, que se encuentra en litigio con la Armada. Se sospecha que en ese lugar se han quemado los cuerpos de los desaparecidos que no fueron trasladados en los tristemente celebres “Vuelos de la Muerte”.

 

     Durante muchos años funcionó, entre otras cosas, como escuela de cadetes hasta que en 1998 la Marina declara obsoleto el edificio. En el 2004 el presidente Néstor Kirchner y el jefe de gobierno porteño Aníbal Ibarra firman el acuerdo para recuperar el espacio, que recién en el 2007 la Marina desaloja.

 

     En la actualidad el lugar lo maneja un gobierno tripartito compuesto por Nación, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y Secretaria de Derechos Humanos.

 

Segunda Estación: La cara más conocida del espanto.

 

     Proseguimos la marcha y nos detenemos brevemente en el conocido edificio de las cuatro columnas, quizás la cara más visible y conocida de la ex ESMA. Este fue el lugar que eligió la organización Montoneros para atacarlo con explosivos durante el Mundial de 1978. Allí funcionaba la escuela de aspirantes. Por su frente era común que pasaran los autos que traían a los secuestrados. Paula nos recuerda la historia de Daniel Tarnopolsky, que estaba cumpliendo con el servicio militar obligatorio y trabajaba para el “tigre” Acosta, de a poco se ganó su confianza y logro elaborar un informe sobre lo que sucedía en el lugar para luego distribuirlo. La familia Tarnopolsky prácticamente fue diezmada.

 

     Si bien los estudiantes no tenían acceso al área restringida, por muchos testimonios se sabe que hubo estudiantes que oficiaron de guardias, a los que los secuestrados llamaban “Los Verdes”, por el uniforme que utilizaban.        

 

Tercera Estación: Los custodios del horror.

 

     En nuestra marcha llegamos a una garita de vigilancia, a partir de aquí comenzaba el área restringida, en este lugar había una gruesa cadena que cortaba el paso, con el correr del tiempo la cadena dejo su huella sobre el hormigón del pavimento. Ahí el auto que ingresaba era inspeccionado antes de tener acceso al casino de oficiales. Paula nos comenta que los marinos normalmente se utilizaba un lenguaje cifrado, por ejemplo decían “traemos un paquete” “vamos a darle maquina” etc.

 

     Justo enfrente nuestro hay un enorme y moderno edificio, para la época allí funcionaba una fabrica de gillettes, de esa fabrica hay miembros de la comisión interna desaparecidos, lo que nos obliga a pensar en la complicidad de sectores civiles con la dictadura. Otra cosa que no debemos dejar de ver es el perfil de país que diseñó la dictadura: demolió una fábrica para levantar un proyecto inmobiliario.

 

     Nuestra joven guía nos comenta que cuando los secuestrados ingresaban encapuchados, normalmente desarrollaban los otros sentidos y a través de ellos se pudieron reconstruir muchas cosas, por ejemplo algunos sobrevivientes recordaban el ruido de la avenida Libertador, los aviones que se dirigían a aeroparque, el timbre de la escuela Raggio que les permitía distinguir entre el día y la noche o cuando era fin de semana.    

 

Cuarta Estación: Ultima parada antes del infierno.

 

     En la ESMA funcionaba el grupo de tareas 3.3.2 que estaba dividido en tres áreas: a) Logística, que era la encargada de los autos, las armas, etc. b) Inteligencia que se ocupaba de elaborar informes, investigar a futuros desaparecidos, etc. c) Operativa que era la patota propiamente dicha, los que salían a secuestrar, iban como mínimo en tres autos y fuertemente armados, operaban a toda hora, inclusive a plena luz del día en lugares públicos.

 

     Una vez traspasado el límite de la garita de seguridad, el auto operativo sigue su camino hasta el casino de oficiales, al llegar a él, lo bordea y va hasta el contrafrente, allí el terreno se angosta, justo enfrente hay un campo de deportes, las rejas de ese lugar eran las únicas que tuvieron una lona que impedía la visión hacia el interior del casino de oficiales. Por ese contrafrente eran ingresados los que llegaban secuestrados a la ESMA.

 

     En ese preciso lugar vivía el director de la ESMA,  Jacinto Chamorro, en el primero y segundo piso vivían los oficiales. Chamorro usaba el lugar como casa de fin de semana para estar con su familia. Existe el testimonio de una amiga de la hija de Chamorro que en una oportunidad vio como bajaban a una persona encapuchaba.

 

     El edificio lo fueron modificando con el correr de los años y de acuerdo a las necesidades represivas. En la actualidad y por una decisión de la justicia, el lugar no se puede cambiar ya que es prueba material en las causas que se están tramitando en la Justicia. La construcción es una enorme U de tres plantas y un sótano.

 

     Los secuestrados eran llevados de la playa de estacionamiento directamente al sótano, en donde se encontraban las salas de tortura. Los marinos bautizaron al pasillo que llevaba a la sala de torturas como “Avenida de la felicidad”. Este sótano es un espacio muy amplio que abarca uno de los lados de la enorme U. Una de sus características es el intenso frio que allí se siente, pese a lo agradable del clima reinante, en el sótano el frio te cala los huesos. Otro detalle que se va a reiterar en todo el resto del edificio es su humedad reinante, ese aire pegajoso y viscoso no me va a abandonar hasta que me vaya del lugar. Por ultimo, si tuviera que describir un sentido que se despierta en ese lugar, es el olfato, el olor no se puede describir, pero tengo la sensación que es corpóreo, que es sólido, es imposible no sentir su presencia que me persigue como un fantasma.  

 

Quinta Estación: El Infierno

 

     Ingresamos al edificio del casino de oficiales. En la planta baja la construcción es muy amplia, bastante iluminada y por sus ventanas ingresa abundante luz. En el contrafrente se notan las modificaciones que se hicieron para la fecha en que el lugar fue visitado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979: cerraron la galería y bajaron los techos, tanto que se nota sobre las ventanas porque taparon el arco de medio punto. Pasamos al salón dorado que solía utilizarse para realizar actos, allí también funcionaba logística e inteligencia. Hacia uno de los lados se ve la refacción de cuando clausuraron la escalera que llevaba al sótano.  Como ya dijimos, en el primero y segundo piso están las habitaciones de los oficiales, en el tercero estaba lo que los marinos bautizaron como “La maternidad Sardá por izquierda” allí eran llevadas las cautivas embarazadas después del séptimo mes de gestación. En ese lugar nacieron treinta y tres chicos de los cuales trece recuperaron la identidad. Los doctores Magnasco y Capdevila eran los que dirigían el lugar y con orgullo lo mostraban a los visitantes “ilustres” que ocasionalmente tenían.

 

     En el altillo funcionaba el pañol donde guardaban el “botín de guerra”, desde el principio la represión fue un gran negocio para los marinos. En la ESMA llegaron a funcionar dos inmobiliarias para vender propiedades de los secuestrados. También en ese lugar estaba el sitio denominado “capucha” donde alojaban a los secuestrados que estaban permanentemente con los ojos vendados, esposados y con estricta prohibición de hablar entre ellos, además cada prisionero estaba identificado con un número como una manera de despojo de la identidad. Aquí es donde mi angustia alcanza su clímax, cada paso es un retrato de la barbarie, los carteles con testimonios de sobrevivientes agrandan mi herida, mi desolación intenta buscar una salida, le pregunto una trivialidad a Paula, pese a que es joven, bonita y me contesta con una sonrisa, los fantasmas son mucho más fuertes y siguen aferrados a mi cuerpo y a mi mente. En este lugar se puede sentir el aliento de la muerte y el horror se hace corpóreo como en la más alucinante de las pesadillas.

 

     En otro sector estaba “capuchita” en donde funcionaba la famosa pecera, una construcción de madera y acrílicos donde trabajaba el staff que Massera había reunido para aprovechar los conocimientos de los detenidos en su provecho, allí se elaboraban informes de política nacional e internacional, documentos, investigaciones históricas, etc. Aquí funcionaba una biblioteca muy grande producto de los allanamientos, algún sobreviviente declaró haber visto el último libro de Rodolfo Walsh. Massera quiso implementar este lugar como base de su propio partido político, ya que soñaba con ser el nuevo Perón. A mi me parece que al almirantito el traje le quedaba grande.

 

     El lugar es lo más parecido al infierno que algún ser humano pueda llegar a conocer aquí en la tierra, sórdido, tenebroso, angustiante, es imposible describir el espanto que en ese lugar habita. En la puerta de lo que fue la maternidad Paula responde preguntas y nos agradece la visita. A esa altura lo único que deseo es salir, el lugar me ahoga, me desespera, el recuerdo de tantos amigos, camaradas y compañeros me lacera el alma, la sensación de angustia fue creciendo dentro de mi hasta volverse intolerable. Lentamente volvemos al salón de la planta baja, es muy grande, apenas iluminado, pero con una potente luz que entra por las ventanas, y la puerta asemeja la boca de un túnel que parece decirnos que por ahí podemos escapar de tanta miseria. Salgo y empiezo a sentirme humano, el esfuerzo que tengo que hacer para no quebrarme es imposible de describir, la angustia invade todo mi cuerpo y mi mente y el insulto más feroz me quema la garganta. Luis me habla, acelero el paso y redoblo el esfuerzo para no quebrarme, las lágrimas son difíciles de contener.

 

     El maravilloso día de sol contrasta con la sordidez del mundo que acabo de dejar atrás. En la vida real, pocos, muy pocos tuvieron la fortuna de salir de la misma manera que yo. Acaba de terminar la visita al casino de Oficiales de la ESMA, uno de los tantos centros clandestinos de detención tortura y extermino de los nazis argentinos.

 

     De a poco la vida vuelve y mientras veo a mis compañeros reírse y hacer bromas, me viene a la mente mí querido Mario Benedetti y su: “Cantamos porque el grito no es bastante/y no es bastante el llanto ni la bronca/cantamos porque creemos en la gente/y porque venceremos la derrota”. Porque en definitiva este antro existió porque existieron los compañeros y ellos nunca apelaron a la tragedia o al desencuentro, sino que siempre creyeron en la vida, en una VIDA con mayúsculas, con toda la belleza y la poesía, el amor y la risa franca. Por eso quiero recordar y homenajear a todos aquellos que fueron sus ocupantes obligados, pero a los que ni el exterminio pudo vencer, porque hoy están en cada uno de nosotros que retomamos sus banderas, en cada muchacho o muchacha que vienen al ECuNHi a transformarlo en una escuela de vida. En todos y cada uno de los que creemos que es posible otro tipo de sociedad. 

 

     Con cierta frecuencia he llamado a la ESMA el museo del oprobio, hoy, después de la visita, pienso que el espacio y las visitas tiene que servir para que nos interpelemos, para que cada unos de nosotros reflexione no solo sobre la pesada historia que nos tocó vivir, sino que, lo más importante, no perdamos de vista el tipo de  sociedad en el que deseamos vivir y dejarle a nuestras futuras generaciones.    

 

 

Villa España 19 de octubre de 2011.

Guillermo Berasategui

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Néstor 11/19/2011 14:38


Excelente el texto, bravo por Guillermo, por Roberto y por Ivonne.


Un gran abrazo!!.... de un hermano uruguayo......

Guillermo Berasategui 11/19/2011 02:30


Estimado Dante gracias por tus palabras, sinceramente me calaron hondo. Unn abrazo de militante y vecino. Guillermo 

Roberto Dante 11/18/2011 13:17


roberto dante


lanús - Argentina


El texto de Carlos Berasategui es un acierto; por compromiso militante, por su positiva proyección a futuro y por la capacidad para exponer el horror desde un equilibrio estilístico. No
necesita voces disonantes para construir  las "cinco estaciones", una metáfora de primera, difícil de encontrar frente a lo aborrecible. ¡ Felicitaciones para Berasategui y para
Ivonne!,  por publicarlo para nosotros, los que buscamos el sol aunque lo oculten las nubes.