Caía la tarde del domingo… - Por Graciela Azcárate

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Historia de vida

Por Graciela Azcárate

Caía la tarde del domingo…

 

“Caía la tarde del domingo en el cuartel de la CIA, en Virginia, cuando Panetta y su equipo recibieron la confirmación de que Bin Laden estaba muerto. Barack Obama y sus asesores de seguridad seguían los detalles de la operación desde la Casa Blanca. Ningún estadounidense había terminado herido. El resultado del operativo no podía ser mejor. Los aplausos estallaron en la sala.”

The Washington Post.

 

Parecía el inicio lírico de un texto  que narra un paisaje bucólico, en un atardecer de pájaros,  rumor de aguas y la suave brisa entre las hojas de los árboles…pero no.  Es la crónica del Washington Post sobre una más, de las andanzas de “ese simpático muchacho negro”  el primer presidente afroamericano de los EEUU.

Las fotos que comenzaron a circular del despacho de la Casa Blanca, de Hilary Clinton y sus secuaces, de los ciudadanos norteamericanos festejando en la zona de las Torres Gemelas  dejan perplejo. Porque es nada más y nada menos que la apología de la estupidez de una sociedad y sus elites dirigentes.  Es que una se pregunta  ¿hay dos clases de violencia?

Verlos saltando de alegría a mí me recuerda esas escenas tan comunes de linchamientos en el Sur profundo en la década de los años veinte o treinta. Porque sin dudarlo un momento parece un cónclave del Ku Klux Klan, la supremacía blanca haciendo limpieza étnica y sus renegados mirando con indiferencia como cuelgan a uno de los suyos.

Obama-perfil.jpgComo si estuvieran en un bucólico paisaje de la Luisiana, una cálida tarde de verano, con olor a carne quemada y los cuerpos meciéndose, pudriéndose al sol… “el simpático muchacho negro” mira para donde están los amos y se anota un tanto de buen sirviente que ejerció la justicia de los blancos.

El negro, testaferro de la supremacía blanca ha llegado al gobierno y observa indiferente como linchan a uno de los suyos en ese paisaje tan habitual de segregación, genocidio y linchamientos que es, no diría el sur norteamericano sino el país en general,  adentro con los suyos y afuera como ese gendarme arrogante que se arroga el derecho de decirnos a todos nosotros los que estamos fuera de sus fronteras imperiales que es lo que está bien y que está mal.

Me quedé perpleja cuando vi el anuncio de la muerte de Osama Bin Laden, la foto de Barak Obama  a las doce de la noche, teatral para anunciar un asesinato más  y ese arrogante: “Se hizo justicia”.

Estupor, perplejidad. Mirar la cara de Barak Obama,   de Hilary Clinton y leer el comentario del Washington Post genera un  sentimiento de desprecio y de condena por el gobierno norteamericano y las hordas que lo celebran.

“Produce una indudable sensación de estupidez y sin sentido cuando está la conciencia despierta” dice  un periodista en la red que se apresuró a escribir y publicar en Espacinsular.

Son estúpidos, imbéciles, ciegos, triviales. “Estallaron en aplausos”  sigue la crónica. Aplaudirán su hipocresía congénita, su capacidad para asesinar, depredar, invadir y conspirar en nombre de unos ideales espurios y devaluados. Empezaron a llorisquear, se hacen los perseguidos de Al Qaeda, las embajadas de todo el mundo están en alerta  y protegen a la abuela  del “simpático muchacho negro” en Kenia. Han destapado el horror con sus técnicas de mafiosos de la CIA,  han despertado al diablo ese que ellos llevan dentro.

El horror son ellos, no los otros.

4001359-americky-prezident-barrack-obama-a-dalsi-vysoci-pre.jpgEsa foto del grupo de la Casa Blanca mirando el ataque y muerte por internet, es el icono de la estupidez americana.  Parece esas escenas de linchamientos del KuKlux Klan y como la comunidad observa indiferente como si fuera una riña de gallos.  

“Ese simpático muchacho negro” mira ensimismado, sumiso y  todos celebran la muerte.  Parece el ¡Viva la muerte!  del general franquista Millán de Astray  en 1936, en la Universidad de Salamanca. Celebran la muerte los norteamericanos de la elite,  del gobierno,  de la calle, sacuden banderitas, celebran la muerte de Bin Laden en el terreno vacio de los torres gemelas. Recuerdo a Susan Sontag cuando reflexionaba en voz baja acerca de cuanto odia la humanidad a los norteamericanos, cuanto odio hay en el mundo entero contra EEUU generado por esa violencia que ellos segregan como una lluvia ácida, supuran un sudor tóxico que huele a muerte.

En el diario "The Independent”  el abogado  británico Geoffrey Robertson  especialista en derechos humanos  califica de "absurda" la afirmación del presidente de EEUU, Barack Obama, de que con la "ejecución sumaria" del terrorista Osama bin Laden se "ha hecho justicia". Y agrega: "Como ex profesor de Derecho, sabe lo absurdo que es esa declaración”.

 La operación contra bin Laden consistió en la "invasión ilegítima" de la soberanía de Pakistán y explica que era necesario capturar de tal forma a este "criminal internacional", dado que el país que lo acogía se mostraba inoperante.

(…) "Matar así a bin Laden le ha convertido en un mártir, más peligroso en ese rol póstumo que mientras permanecía oculto, y su leyenda y las teorías de conspiración en torno a los atentados terroristas del 11 de septiembre seguirán vivas sin que puedan disputarlas ninguna de las pruebas que hubiesen podido aportarse en el juicio”

(…) "bin Laden podría haber sido en un tribunal especial en La Haya con jueces internacionales, incluidos juristas musulmanes, encargados de que el juicio fuese justo". "Habría sido la mejor forma de desmitificar a este hombre y desmontar su causa. Entre rejas habría perdido parte de su leyenda y ya no sería recordado como ese hombre alto y espiritual de la montaña, sino como un viejo lleno de odio", dice el abogado.

 

El júbilo que ha estallado en Estados Unidos a raíz de su muerte refleja "la creencia de ese país en la pena capital", escribe también Robertson, según el cual "no fue siempre así". Creo que refleja más cosas del pueblo norteamericano.

Robeston recordó que el presidente Truman  enfrentado a la disyuntiva de qué hacer  con los criminales de guerra nazi  y cómo proceder con ellos insistió en que fueran juzgados en los tribunales de Núremberg".

 Hugo Rodríguez Ghiara en Espacinsular escribe: “Aunque Estados Unidos presenta la ejecución de Bin Laden como un acto de justicia, aunque miles de personas por un instante creen eso cuando escuchan la noticia, sigo sin justificar la violencia. Aunque esta pequeña nota sea un acto de rebeldía casi insignificante ante tanta manipulación mediática, las personas reprobamos la venganza y la manipulación informativa.”

“Ahora que eufóricos ciudadanos norteamericanos festejan en la zona cero que se haya hecho justicia, que millones de personas en todo el mundo experimentan que algo verdaderamente grande ha pasado al caer el ícono del mal (véase la portada de todos los periódicos del mundo, más lo que dirá la televisión en estos días y lo que correrá por la red), cabe preguntarse algunas cosas…, y ¿ahora qué?

(…)La violencia, es violencia, y la justifiquen como la justifiquen, produce un rechazo visceral en el propio cuerpo, que se va anestesiando según nos vayamos alejando de ella, basta identificarse con quien la padece, basta recordar los momentos en la que la hemos vivido para comprobar esta afirmación, y por el contrario, basta observar cómo se asimila con total naturalidad cuando alejada esta identificación, la vemos en películas, programas de televisión y hasta dibujos animados para nuestros niños. Lo curioso del caso, es que aunque se la justifique y se la presente como la única salida, lo que produce es una indudable sensación de estupidez y sin sentido cuando está la conciencia despierta, y una indudable alteración y descontrol cuando está la conciencia dormida.  New York continúa celebrando asesinato”

Atilio Boron titula su artículo de Pagina 12: “Un Nobel sin escrúpulos”.

“Un signo más de los muchos que ilustran la profunda crisis moral de la “civilización occidental y cristiana” que Estados Unidos dice representar lo ofrece la noticia del asesinato de Osama bin Laden. Más allá del rechazo que nos provocaban el personaje y sus métodos de lucha, la naturaleza de la operación que terminó con su muerte es un acto de incalificable barbarie perpetrado bajo las órdenes directas de un personaje que con sus conductas cotidianas deshonra al Nobel de la Paz.

En la truculenta operación escenificada en las afueras de Islamabad hay múltiples interrogantes; la tendencia del gobierno de los Estados Unidos a desinformar a la opinión pública torna aún más sospechoso este operativo. Una Casa Blanca víctima de una enfermiza compulsión a mentir nos obliga a tomar con pinzas cada una de sus afirmaciones. ¿Era Bin Laden o no? ¿Por qué no pensar que la víctima podría haber sido cualquier otro? ¿Dónde están las fotos, las pruebas de que el occiso era el buscado? Si se le practicó un ADN, ¿cómo se obtuvo, dónde están los resultados y quiénes fueron los testigos? ¿Por qué no se lo presentó ante la consideración pública, como se hiciera, sin ir más lejos, con los restos del Comandante Ernesto “Che” Guevara? Si, como se asegura, Osama se ocultaba en una mansión convertida en una verdadera fortaleza, ¿cómo es posible que en un combate que se extendió por espacio de cuarenta minutos los integrantes del comando norteamericano regresaran a su base sin recibir siquiera un rasguño? (…) No deja también de llamar la atención lo oportuna que ha sido la muerte de Bin Laden. Cuando el incendio de la reseca pradera del mundo árabe desestabiliza un área de crucial importancia para la estrategia de dominación imperial, la noticia del asesinato de Bin Laden reinstala a Al Qaida en el centro del escenario. Si hay algo que a estas alturas es una verdad incontrovertible es que esas revueltas no responden a ninguna motivación religiosa.

(…)  El problema es el capitalismo y los devastadores efectos de las políticas neoliberales y los regímenes despóticos que aquél instaló en esos países y no las herejías de los “infieles” de Occidente.

(…) Hay un detalle para nada anecdótico que torna aún más inmoral la bravata norteamericana: pocas horas después de ser abatido, el cadáver del presunto Bin Laden fue arrojado al mar. La mentirosa declaración de la Casa Blanca dice que sus restos recibieron sepultura respetando las tradiciones y los ritos islámicos, pero no es así. Los ritos fúnebres del Islam establecen que se debe lavar el cadáver, vestirlo con una mortaja, proceder a una ceremonia religiosa que incluye oraciones y honras fúnebres para luego recién proceder al entierro del difunto. Además se especifica que el cadáver debe ser depositado directamente en la tierra, recostado sobre su lado derecho y con la cara dirigida hacia La Meca. En realidad, lo que se hizo fue abatir y “desaparecer” a una persona, presuntamente Bin Laden, siguiendo una práctica siniestra utilizada sobre todo por la dictadura genocida que asoló a la Argentina entre 1976 y 1983. Acto inmoral que no sólo ofende las creencias musulmanas sino a una milenaria tradición cultural de Occidente, anterior inclusive al cristianismo. Como lo atestigua magistralmente Sófocles en Antígona, privar a un difunto de su sepultura enciende las más enconadas pasiones.”

Barack Obama dijo que  después de la muerte de Osama Bin Laden el mundo es un lugar más seguro para vivir.  “Ese simpático muchacho negro” nos sigue mintiendo.

 


 Fuentes:

Atilio Boron El inmoral Nobel :http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-167451-2011-05-03.html

Geoffrey Robertson: Es absurdo decir que se hizo justicia: http

Presencia Málaga- Osama Bin laden Ha muerto…y qué? Hugo Rodríguez Ghiara

http://www.espacinsular.org/spip.php?article11962

 

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