Carta jurídica internacional desagravio a la prensa libertaria, "Caso Joaquin Pérez Gutiérrez"

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

La esperanza, la vida y el sueño de construir una mejor sociedad, es entendernos en la fraternidad y la solidaridad.
Jhon Jairo Salinas / Dirigente Social y Político | Revista "Reflejos de Colombia y Latinoamérica" | 29-4-2011

¡Que no se encadene la prensa libertaria!

“PREFIERO MORIR POR LAS BALAS DE LA VERDAD QUE CALLAR ANTE UN PUEBLO QUE CLAMA JUSTICIA Y LA VERDAD”
(Orlando)

  ¿Será qué en América Latina existe el “delito” de opinión?

Como hace doscientos catorce años, desde la traducción y publicación de los “Derechos del Hombre y del Ciudadano” por Antonio Nariño, en su periódico de ese entonces, “La Bagatela”, que le costo ante la Corona Española acosos, persecución, estigmatización y por último, lo confinó a las mazmorras de poder hispánico, hoy un nuevo atropello vuelve a consumarse.

  No sin antes olvidar que el precursor del periodismo en Colombia, fue el cubano Manuel Socorro Rodríguez. Éste, junto a próceres de la independencia latinoamericana, con sus escritos o ensayos, denunciaron los vejámenes de la Santa Inquisición y del régimen opresor colonial. De esta forma, revelaron ante los pocos ilustrados existentes en aquella época, irregularidades como los altos impuestos, torturas, desapariciones y demás hechos impunes hasta ese momento, entre ellos, la falta absoluta de libertad de conciencia y de opinión.

A finales del Siglo XIX,  el periodista, filósofo, político, pensador cubano, José Martí, plasmó con su hermosa prosa todo el tratado del derecho a la libertad de expresión y de opinión, convirtiéndose sus escritos en los principios rectores del naciente periodismo moderno.

Con éste breve antecedente histórico del periodismo, vemos con perplejo el caso de Joaquín Pérez Gutiérrez, conocido con el seudónimo “Alberto Martínez”, que por el simple hecho de crear medios de comunicación alternativos, en contravía del pensamiento de los MASS – MEDIA de la ultraderecha, se le acusa de “desprestigiar al gobierno y al estado colombiano” (el cual por demás se desprestigia por sí sólo con sus actuaciones dantescas de corrupción, violaciones a los derechos humanos, despojo de tierra a los campesinas, torturas y desapariciones forzosas, como lo denunció la misma Fiscalía General de la Nación).

Quiero dejar en claro, que como defensor de derechos humanos, no estoy defendiendo una postura delictiva, de la cual se le quiere acusar bajo el burdo montaje “terrorista”. Estoy defendiendo el derecho a opinar con libertad y diversidad ideológica.

Cito textualmente violaciones de los siguientes artículos de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, proclamada por las Naciones Unidas, comenzando por su mismo preámbulo:

  “…Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión…”.

  Le sigue a tal razón, el artículo n° 2:

  “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía...”.

El n° 7:

“Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación…”.

  El accionar de Joaquín Pérez Gutierrez, se ampara tambien en el artículo n° 9:

“Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado…”.

La detención del imputado, además, contradice gravemente el artículo n° 10 de esta declaración:

  “Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal…”.

Lo mismo en el parágrafo 2 del artículo n° 11:

  “Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito…”.

Salvo, en cuanto a esto último, que el simple hecho de opinar, para el Estado Colombiano, implique rebelión…

Pero hay más:

Artículo n° 12, parágrafo 1: “Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado...”.

El caso de deportación del imputado fue arbitrario, desconociendo el principio del derecho al refugio político.

  Y ni que hablar de la violación sistemática del artículo 14, con sus respectivos parágrafos 1 y 2:

“1 En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.

2 Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas”.

Con lo dicho, de por sí, queda demostrada la enorme injusticia que se comete no sólo con la detención de Pérez, sino que la misma esta agravada por el hecho de su deportación. Más, cuando no pesan sobre los cargos de delito, de crímenes de lesa humanidad. Apenas se le sindica el delito de rebelión, aunque a raíz de opiniones y no de delitos comunes como asalto, robo, sonada. Mucho menos, secuestro o extorsión, atentando contra otros dos derecho tan fundamentales como el anterior, consignado en la misma Carta Magna Universal:

“Artículo 19. Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión. Artículo 30. Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración”. Es de recordar que la persecución a los periodistas y comunicadores sociales libertarios, ha sido una constante en la Doctrina Nacional de Seguridad, dirigida desde el Pentágono, como son los casos de:

-Holman Morris: Periodista colombiano, a quien se le suspendiera el programa “Contravía”, donde se denunciaba, a través de testimonios documentados, los constantes casos de violaciones más aberrantes del terrorismo de estado.

-Jorge Enrique Botero: Comunicador de la misma nacionalidad, perseguido por dar a conocer sus crónicas periodísticas del cubrimiento del conflicto armado en el país, dando a conocer su realidad.

-William Parra: También colombiano, que por prestar sus servicios en la      cadena Telesur, se le orquestó un burdo montaje de vinculos con la insurgencia colombiana.

-Daniel Coronel: periodista demócrata, el cual como director de noticias de la red independiente “Uno”, fue víctima de estigmatización constante del régimen uribista, que lo obligó a exiliarse del país.

- Jaime Garzón: El caso más resonante y emblemático del asesinato de un periodista auténtico, quien con su humor satírico, en un sketch del programa humorístico “Quack –Sociedad”, desde su personaje “Godofredo Cínico Caspa”, arquetipo del conservador reaccionario, autoritario y camandulero, se anticipó a pronosticar la horrible noche de ocho años de gobierno de Uribe Vélez. Para más detalles, fue alcanzado en un semáforo por dos sicarios que le dispararon desde una motocicleta, hacia mediados de agosto de 1999. Todo por atreverse a decir la verdad. O mejor, para resumir lo que representó y significó para la sociedad éste personaje, citemos la frase con la cual abría su famosísimo programa: “Buenas noches, bienvenidos a la mayor desinformación de Colombia y el mundo, de manera autocrítica y sugestiva”…

Debemos recordarle a todos los periodistas que trabajan en medios de comunicación alternativos o de objeción al régimen, el manifiesto que un gran número significativo de ellos firmaran. Y queremos darlo a conocer en éste pequeño espacio de reflexión: "Manifiesto Periodismo y Derechos Humanos" La Declaración Universal de los Derechos Humanos debe ser el marco ético del periodismo. El derecho a la información es una condición fundamental para el desarrollo pleno de la democracia, así como para que los ciudadanos puedan opinar y actuar libremente. Los periodistas y las empresas periodísticas deben contribuir a que se respeten los derechos humanos, y su labor debe poner de manifiesto todas sus violaciones. Las nuevas tecnologías amplían las posibilidades de acceso a nuevos medios de comunicación: democratizan el derecho a informar y a ser informado, y favorecen el desarrollo del periodismo desde el enfoque de los derechos humanos. La independencia de los periodistas es vital para la sociedad y el periodismo es un servicio público a los ciudadanos que no puede estar sometido a intereses políticos o económicos particulares. La defensa de los Derechos Humanos es una de las tareas primordiales del periodismo y los periodistas no podrán ejercer su labor si sus propios derechos humanos son vulnerados”.

Frente a las diversas profesiones; ¿cuál debería ser el papel, como aporte a la sociedad, cuando en este caso se está tipificando la opinión como delito, en calidad del ejercicio profesional como periodista? Esto nos permitiría abrir el siguiente debate: ¿Qué pasaría si un médico, por su condición profesional, tiene que curar a un individuo fuera de la ley? ¿Lo deja morir porque el gobierno asegura que está auxiliando a un presunto delincuente, o le salva la vida? ¿O en el ejercicio del derecho, como abogado, que pasaría con aquellos profesionales en esta rama, quienes han asumido la defensa sin distinción alguna de narcotraficantes y políticos corruptos?

Para terminar, queremos rendir un homenaje a uno de los principales precursores de la denuncia política en Colombia: José María Vargas Vila, el cual a finales del Siglo XIX y mediados del XX, a través de sus escritos políticos, periodísticos y panfletarios, llegó a denunciar los desmanes de la “didactocracia” en Colombia (liberal y conservadora), dejando uno de sus fragmentos que hacían presagiar la constante dinámica a la violación al derecho de opinión:

“En Colombia sólo tienen cabida el bufón y el canto adulador de los juglares al servicio de los tiranos de turno. Si por azar del destino lleva hacia aquellas geografías a un hombre capaz de desvelar tanta ignominia, todos le vuelven la espalda; los periodistas, pagados por los poderosos, impiden que su verbo candente llegue hasta la multitud. Sin embargo no hay nadie que no declare vivir esperando una revolución (...)"

Debemos también llamar la atención que en pleno Siglo XXI, como diría María Dolores Masana, presidenta de “Reporteros Sin Fronteras”:

“De un tiempo a esta parte, leemos repetidamente en diversos medios, una palabra todavía no incluida en el Diccionario de la Real Academia Española: ciberdisidente. Este vocablo, de cuño actual, lo usamos cuando nos referimos a una persona que utiliza la gran ventana al mundo que es Internet para expresar ideas u opiniones contrarias a las establecidas como políticamente correctas por gobiernos autócratas del signo que sean, o para dar noticia de agresiones, abusos, hasta crímenes que los poderes hurtan a la opinión pública. Cabe destacar que en la mayoría de los casos, el precio a pagar por tales desafíos, es la libertad personal.

En este momento, 119 ciberdisidentes se hallan encarcelados en todo el mundo, llevándose la palma China con cerca de 77 “presos digitales de opinión”, seguida de Vietnam e Irán. También Corea del Norte, Siria, Birmania y tantos otros países en los cuales la libertad de expresión y por ende, también la libertad de prensa, están sometidas a sistemáticas agresiones”.

La esperanza, la vida y el sueño de construir una mejor sociedad, es entendernos en la fraternidad y solidaridad con quienes, por desgracia, son víctimas de la intolerancia política de aquellos que no quieren entender que propugnamos por un mejor bienestar de sociedad…

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