Catamarca: el conflicto social que no se quiere ver

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Nuestro viaje comenzó el miércoles pasado. Fueron más de mil kilómetros hasta llegar a San Fernando del Valle de Catamarca. Grandes extensiones de rutas desérticas, adornadas por cardones y montes nativos, acosados por un pesado sol que marcaba la piel. El paisaje poco a poco iba cambiando a medida que nos acercábamos a destino. Las vacas que se ven al costado de las rutas en el Litoral, fueron reemplazadas por pequeños rebaños de chivos, los caballos ya no eran comunes y en cambio, se podían ver a habitantes de la región montados en burros.


Domingo 18 de diciembre de 2011

Por Sergio Giachino y Juan María Machao

Urbano Cardozo y Sergio Giachino

Catamarca es una provincia bella, rica en paisajes montañosos. La gente es amable, de mirada baja y conversar pausado. Los pobladores de la región poseen una idiosincrasia diferente a la que se ve en nuestros alrededores. Devotos de la Virgen del valle, se los veía caminar en grupos de doscientas o trescientas personas al lado de la ruta. Nuestro primer destino fue la capital de la provincia. Allí participamos de una marcha organizada por todas las asambleas de la región (Andalgalá, Belen y Tinogasta, entre otras localidades) en contra de la minería a cielo abierto. La movilización comenzó en la Legislatura de la provincia y se dirigió hasta la plaza que se encuentra frente a la Municipalidad. Cerca de trescientos ciudadanos marcharon por las calles del centro de la capital, cantando y repartiendo volantes a los vecinos que se asomaban para ver tan atípico espectáculo. Los planteos de los asambleístas eran bien recibidos por los lugareños, que se quedaban conversando por unos minutos con quienes participaban de la marcha. Grupos de jóvenes entonaban batucadas con tambores africanos, mientras el resto de los participantes los seguían entonando cánticos en contra de la mega minería. Al llegar a la Secretaría de Minería de la provincia, los aguardaban un grupo de escuadrones de infantería. Portando armas de grueso calibre y ocultos tras escudos de metal, los policías cuyos rostros se escondían con pasamontañas, miraban fijamente a los ciudadanos que a cara descubierta y a plano luz del día reclamaban a la nueva gobernadora, Lucía Corpacci, un cambio radical en las políticas medioambientales. Mas tarde, los asambleístas se reunieron en la plaza principal para deliberar sobre cuáles serían las políticas a seguir hacia la nueva gestión de la gobernadora entrante. En las radios locales, en su mayoría alineadas al poder político de turno, y financiadas por las mineras, mal informaban que los vecinos habían provocado desmanes. Pero nada de eso sucedía: en estas manifestaciones en defesa de la vida, las personas marchan pacíficamente con alegría y esperanza.

Andalgalá: El núcleo del conflicto

Después de participar de la movilización en la capital de Catamarca, invitados por el asambleísta Urbano Cardozo, nos dirigimos a Andalgalá, el pueblo donde se encendió la chispa que terminó en un movimiento vecinal con gran incidencia política y social. Urbano es un hombre de unos setenta años. Luchador incansable de la Asamblea “Agua clara”, conocido por todo el pueblo, es difícil que pasen diez minutos sin ver a alguien que con el brazo en alto lo saluda y le grita afectuosamente “¡hey viejo!”, saludo al que Cardozo responde con una sonrisa. Tuvo el privilegio de casarse con el amor de su adolescencia; y el honor de ser uno de los primeros en involucrarse en la lucha contra la minería, testigo del proceso de vejación que acompañó la llegada de Minera “La Alumbrera”, famosa por su accionar depredador hacia la soberanía, el territorio y el Medio Ambiente. En su modesta camioneta, nos llevó a conocer el paraje al que ellos denominan “El aguante”, una construcción de madera que se encuentra al costado del camino por el que transitan los camiones de la empresa minera que funciona desde el año 1996. “Miren, a ese lo traje de Gualeguaychú” y señala un barrilete con la frase “Si a la vida”, que hace de estandarte de bienvenida en el refugio de los asambleístas andalgalenses. El paraje es una versión catamarqueña del refugio de Arroyo Verde en Gualeguaychú, que sirvió de trinchera en la lucha contra la pastera BOTNIA-UPM. Mientras preparaba tres tazas de mate cocido y cortaba un pan casero, nos comentaba anécdotas del lugar donde nos encontrábamos. Cubierto por un cerco montañoso, el lugar es paso obligado para acceder a la mina Agua Rica, “Cueste lo que cueste estamos dispuestos a impedir que funcione”, asegura. En febrero de 2010, lo vecinos que se oponen a la Mega-minería fueron víctimas de una brutal represión por parte de las fuerzas de seguridad de la provincia. Después de charlar un largo rato y recolectar unas ciruelas para el camino nos despedimos de Urbano. El hablar humilde de este ciudadano contrasta con su fortaleza interna. Nos pidió que diéramos los mejores saludos a la gente de Gualeguaychú, a quienes admira por su ejemplar lucha. Urbano nos invitó a volver y destacó la labor periodístico de Ipogagua. Inmediatamente pensamos que, gracias a la lucha de él y de sus pares, como jóvenes mantenemos la esperanza de construir un país más justo, donde se respete la voluntad del pueblo. Nos volvimos un sábado a media mañana bajo un sol intenso, con una importante cantidad de información y un compromiso enorme por difundir esta experiencia. Y lo más importante quizá, con la certeza de saber que todavía hay mucha gente que alberga en su espíritu un cálido viento de esperanza.

Urbano y Juan María Machao

Ipodagua

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