Chile: El movimiento estudiantil rompió la barrera sectorial y programática

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

  Entrevista realizada por Manuel Martínez, de la Revista Herramienta, a Ignacio Kostzer, presidente de la Federación Universitaria de Buenos Aires, militante de la Corriente Julio Antonio Mella (Juventud Rebelde 20 de Diciembre).
 
 
 
“Lo que me genera mucho interés es que el movimiento estudiantil chileno nos dio una lección: pudo romper la barrera sectorial logrando una amplia base social de apoyo, pero también rompió una barrera programática. Fue la punta de lanza, pero hoy está en un bloque popular más amplio, defendiendo y aplicando un programa más profundo, más radical que el que tenía hace pocos meses. Al calor de la lucha se fue radicalizando y se fue construyendo un sujeto y un programa para la transformación en Chile. Esto es lo que llama la atención. Veremos hasta dónde le da la correlación de fuerzas para seguir. Al mismo tiempo, esto ayudó a construir una conciencia latinoamericana: que la lucha estudiantil chilena se referencie en Argentina o en América Latina es novedoso. La perspectiva latinoamericana –superando la derrota cultural que significó el neoliberalismo aquí y allá– se empieza a constituir en una realidad”.
Estas fueron las reflexiones finales de Ignacio Kostzer al ser entrevistado por Herramienta a su regreso de Chile. Él viajó al país trasandino para llevar la solidaridad de los estudiantes argentinos a la inmensa lucha por la educación pública que están librando sus pares chilenos. Lo hizo durante la segunda quincena de agosto, justamente cuando se realizó el paro nacional de 48 horas (24 y 25 de agosto) convocado por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) de ese país. Entregamos a continuación una versión editada de esa entrevista.
Herramienta: ¿Cuál es tu valoración del actual proceso de la juventud chilena?
Ignacio Kostzer: Tuve la oportunidad de estar en Chile el 24 y 25 de agosto, durante el paro convocado por la CUT. Particularmente en este paro se vio un pico, un punto muy alto todo el proceso chileno con el cual quedé absolutamente impactado, por su dimensión, por su envergadura, por su nivel de radicalidad, por el nivel de apoyo que pude percibir de sectores mayoritarios de la ciudadanía. En la movilización del 25 se estima que participaron unas 400.000 personas en Santiago, un mar de gente. Fue convocada por la CUT y los estudiantes universitarios y secundarios. Eran cuatro movilizaciones en simultáneo que debían confluir lo más cerca posible de La Moneda (la sede del gobierno). Había columnas obreras y estudiantiles con un componente muy fuerte de gente común no organizada, trabajadores no organizados, no representados de alguna manera por la CUT. Caminando la movilización uno veía que había gente de las veredas que se sumaba por su propia cuenta, también desde los balcones golpeando cacerolas y apoyando. En este sentido es un proceso que yo entiendo es genuinamente de masas, que desbordó por completo –me parece– la representación gremial de los trabajadores en la CUT y también las representaciones estudiantiles, tanto de la federación o los centros de estudiantes. Esto se puede percibir en el hecho de que los dirigentes estudiantiles de alguna manera están jugando un rol de vocería política, es decir son voceros del movimiento y no tanto dirigentes. Es tan grande el movimiento que es muy difícil de dirigir. Se trata de verdad de un proceso enorme. Para recordar algo así uno tendría que volver a la Argentina de 2001.
 
H: O sea no hay una dirección centralizada del proceso. Es una emergencia desde abajo que se combina con el rol de las organizaciones.
 
I.K.: Exacto. Particularmente en el sector estudiantil. Pude recorrer varios colegios tomados y varias universidades tomadas y escuché muchas veces la mención de la revolución pingüina de 2006, es decir del antecedente más cercano y más fuerte al actual proceso. En esta oportunidad, según me parece, se trata del estallido de un proceso que se viene acumulando desde hace muchos años. Las reivindicaciones de este movimiento estudiantil son prácticamente idénticas a las de 2006: la gratuidad de la enseñanza, la defensa del sistema educativo público, el fin del lucro, la derogación de las leyes pinochetistas de la educación. Por otra parte, muchos de los dirigentes de la revolución pingüina de 2006 son hoy dirigentes universitarios. Hay una continuidad generacional en el movimiento estudiantil. Y también muchísimos otros que participaron en la revolución pingüina son hoy jóvenes trabajadores ocupados y desocupados, a quienes uno puede ver en las barricadas, en las movilizaciones, en los cortes de calle. Si hay algo que representó como quiebre el paro general es que se rompió definitivamente el umbral de lo sectorial y que este proceso adopta hoy características de un movimiento estudiantil-obrero-popular. Esto es genuino. Cuando los medios de prensa y el gobierno vieron esto tuvieron un cambio en su línea y jugaron muy fuerte a dividir la unidad de la CUT con el movimiento estudiantil. Se jugaron a vender el fantasma de que los estudiantes podrían perder la “pureza” de sus reclamos, señalando que la CUT se había colgado del movimiento y que de esta manera la lucha estudiantil podía perder su legitimidad.
 
H: Se podría decir que desde 2006 hasta ahora hubo un crecimiento de la lucha popular, pero al mismo tiempo hubo un cambio de gobierno. En 2006 estaba el gobierno de Bachelet, el último de la Concertación, y ahora está el gobierno de Piñera, de derecha, que rápidamente ha sufrido un gran desprestigio.
 
I.K.: Me parece que el cambio de gobierno es un elemento fundamental para entender el proceso. La CUT está muy vinculada a la Concertación, al sector más reformista en el buen sentido. En la Concertación hay un sector reformista y otro derechista. La CUT está vinculada a los sectores más progresistas. Con el cambio de gobierno la CUT y los sectores más progresistas salieron a pelear como no lo hacían cuando la Concertación estaba en el gobierno. De todas maneras hay que tener mucho cuidado cuando uno plantea estas cosas, porque la Concertación en 2006 tuvo una actitud absolutamente reaccionaria frente a la revolución pingüina: la reprimió y luego sentaron a los estudiantes en una “mesa de negociación”, pero todos los acuerdos que se sacaron en esa famosa mesa no fueron respetados, fueron traicionados por el gobierno de Bachelet. Ahora bien, esto no quita que haya algunos sectores de la Concertación que hoy ven que tienen que salir a pelear contra el gobierno de Piñera en las calles o tratando de pegarse al movimiento estudiantil. En este sentido es parcialmente cierto lo que dicen los medios de comunicación cuando señalan que un sector de la Concertación quiere sacar un rédito político de la lucha estudiantil. Sin embargo, me parece que en el movimiento estudiantil hay una conciencia muy clara de que hay que construir una fuerza social que trascienda. Y que para que este movimiento triunfe –a diferencia de 2006– necesita del apoyo de los trabajadores, de la clase media, de otros sectores populares organizados. Asistí a una conferencia de prensa que fue un momento simbólicamente muy importante: más allá de la representatividad de los dirigentes y de su filiación partidaria, ver a los dirigentes de la CUT y del movimiento estudiantil de cara a todo el país hablando ante los medios de cambiar la Constitución pinochetista, sobre la renta de la explotación del cobre, etc., fue algo trascendental para la política de Chile.
 
H: De alguna manera se está expresando el fin de la dictadura recién ahora…
 
I.K.: Bueno, se hizo mucha referencia a eso. Se dice que este proceso tiene que abrir un nuevo paso hacia la transición democrática. Muchos jóvenes estudiantes plantean que todavía están en la transición democrática. Dicen: bueno, todavía tenemos la Constitución, las leyes y el sistema económico-político de Pinochet; tenemos que dejar atrás todo eso para poder decir que Chile disfruta plenamente de la democracia. En este sentido fue muy impactante percibir que el programa que originalmente era específicamente estudiantil, y estaba encarnado por ese sujeto, de repente la base social que lo representa es más amplia y que ese programa se ha transformado: se habla de las leyes educativas, pero también de la ecología, los bienes comunes, los recursos naturales, se habla de una Asamblea Constituyente, de cambiar el sistema político-económico, etc. Es un proceso que de verdad está poniendo en cuestión los cimientos, los fundamentos de ese llamado modelo chileno.
 
H: La figura de Camila Vallejo ha cobrado trascendencia internacional en esta lucha. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
 
I.K.: Camila Vallejo juega un papel importante fundamentalmente como vocera del movimiento. De alguna manera expresa la opinión de la base, pero no por una definición ideológica. Camila forma parte de la Juventud Comunista, del Partido Comunista chileno, que no es un partido especialmente afín a la idea de la democracia de base. Ahora, por las características de este movimiento, es imposible dirigirlo, es imposible ordenarlo de alguna manera; entonces la realidad le impone esta dinámica de ser una representante fundamentalmente de cara a los medios. Por supuesto que el Partido Comunista tiene una incidencia en el movimiento estudiantil, como también la tienen otros grupos, pero mi percepción, hablando en las tomas con distintos dirigentes, es que no hay ningún partido o ninguna organización que esté dirigiendo este proceso. Ella es una referente y una vocera: plantea los problemas que tiene la educación pública chilena con mucha claridad, respetando con mucha fidelidad los sentimientos de la mayoría de los estudiantes. El movimiento estudiantil, por naturaleza, es muy difícil de organizar, es rebelde, muchas veces desborda a sus direcciones, a las propias herramientas que construye en momentos de reflujo; cuando llegan los momentos de mayor calor en la lucha estudiantil y popular, en un segundo las tira por el aire en un segundo. Esto es algo histórico en el movimiento estudiantil y es algo que hoy está pasando en Chile… Incluso la propia Confederación de Estudiantes de Chile está hoy desbordada. Por eso es que mi sensación que Camila, al igual que otros dirigentes estudiantiles, es hoy vocera de este movimiento. Cuando baje la lucha seguramente se traducirá en resultados y se modificarán los roles. Hoy su tarea fundamental es contarle al pueblo chileno lo que están viviendo los estudiantes.

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