Chile: “Este estallido social hay que cuidarlo y ayudarlo”

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Macarena Gallo.*

En diciembre de 2010 Gabriel Salazar, Premio Nacional de Historia 2006, sorprendió a moros y cristianos con la publicación de una larga serie de charlas con el último Secretario General del Partido Socialista de Chile antes del golpe de Estado de 1973. Fue la primera vez que la "bestia negra" de la política contemporánea de su país —en especial para sus ex "camaradas" expuso a la ciudadanía —sin presiones, seudo "trampas" dialécticas ni malentendidos— su actuación en más de 20 años de vida pública. Sin relación directa con ese trabajo, el historiador expone lo que piensa del "momento chileno".

El Premio Nacional de Historia 2006 Gabriel Salazar, quien hace poco publicó un libro de conversaciones con Carlos Altamirano, le da como bombo a la pusilanimidad social de la izquierda (Concertación y PC), pero sobre todo, naturalmente, le da duro a Piñera y su discurso payaso.

—¿Vio el discurso del 21 de mayo?

—No lo escuché porque no me interesa. Es muy aburrido y sólo verlo me repele. Pero leí algunos de los párrafos que destacó El Mercurio y vi imágenes en la tele.

—¿Qué le llamó la atención?

—La defensa que hizo Piñera de la política energética: un espaldarazo a HidroAysén. Su discurso es el de un hombre que está tratando de marcar con fuerza sus convicciones políticas de una manera más dura y fuerte que la usual. Estaba enrabiado.

—Por otro lado, no planteó nada nuevo.

—Ni nada significativo, e ignoró también la cuestión de Kodama. No entró a fondo tampoco en el problema educacional, salvo para señalar cuestiones que ya son conocidas… Dedicó mayor tiempo de su discurso a anunciar la creación de nuevas instancias burocráticas del Estado, sea para el deporte o la educación superior. Pero eso no es política.

—¿Si no qué?

—Eso es crear aparato burocrático. Será recordado como el presidente que más estamentos burocráticos ha creado. Nada más. No fue un discurso para abrirle una nueva proyección a su gobierno. Sólo trató de destacar lo que ya se conoce. La verdad es que no rescato nada de su discurso.

—Queda la impresión de que al gobierno se le acabó la agenda.

—No me extraña, porque el hombre no tiene más política que aplicar. Mi hipótesis, incluso antes que comenzara a gobernar Piñera, es que el modelo neoliberal, tal como se lo acomodó la Concertación, está ya suficientemente realizado, casi perfecto, por lo que este hombre no puede añadir nada. Sólo le queda practicar un populismo guerrillero.

—Un populismo en cosas menores…

—Un populismo barato. En ese plano se inscribe el posnatal de seis meses, que por lo demás la Concertación se lo mejoró en un buen porcentaje, el 7% de los jubilados o el bono a los viejitos que llevan casados 50 años. Todo es relleno. Es similar a la política de Bachelet de dar bonos cada cierto tiempo a los pobres. Eso es caridad, no política. Las únicas políticas de fondo de Piñera están favoreciendo a las grandes empresas, que se están llevando los beneficios, como es el caso de HidroAysén, donde está metida sin ir más lejos su mujer.

—Este discurso se vio enrarecido por las marchas ciudadanas convocadas por redes sociales que reunieron a miles de personas sin un partido político detrás…

—Eso es lo más importante, porque es un movimiento que no tiene cabeza ni líder. Es la ciudadanía. Piñera y su discurso en el contexto de esto parece un chiste, porque no está prestando oído al "marepoto" como dice él…

—¿Al marepoto humano?

—Claro. Lo único que se atreve a decirle a ese marepoto es que es violentista y que no tendrá la última palabra.

—Una actitud paternalista.

—Pero no le da ni para eso. Quiere pero no puede. Si es un payaso. Es lo que es. Paternalista no puede, porque este hombre no tiene pasta para serlo. Él no se da cuenta de la importancia de este movimiento ciudadano.

—¿Con qué compararía este movimiento?

—Estamos en la etapa inicial de un movimiento ciudadano de grandes proporciones, similar al ocurrido entre 1918 y 1925 encabezado por trabajadores, estudiantes y profesores, que logró dictar leyes y cambiar la Constitución de esa época. Al gobierno de entonces no le quedó otra que aceptar. En esta línea hay que inscribir también el mochilazo que los estudiantes secundarios le propinaron al gobierno de Lagos, la "revolución de los pingüinos", la rebelión de la comunidad de Magallanes por el gas y las marchas ciudadanas contra HidroAysén.

—¿Qué gatilló este estallido social?

—Este es un movimiento larvado hace muchos años. Viene de la resistencia ciudadana que hubo contra Pinochet. Pero también viene de los tiempos de la Concertación, cuando ésta traicionó sus principios socialistas y democráticos, provocando la confusión en el movimiento ciudadano, que se adormeció. Hasta el 2004, cuando reaparece con una enorme efervescencia de grupos por todos lados que se juntan para atentar aquí o hacer autogestión allá. La gente está aburrida de las promesas de los políticos, nos les cree nada. Y quiere cambios radicales y profundos. Yo creo que este movimiento va a continuar y ni siquiera la represión lo va a detener. Es una coyuntura en que los políticos pueden montarse encima para empoderarse de nuevo.

—Pero de una manera oportunista, como lo ha hecho la Concertación en estos días.

—Siempre ha sido así. Los viejos políticos están "al agüaite" de estas cosas para montarse encima. Es incontrolable. Eso hay que evitar. Por otro lado, la Concertación de ninguna manera ha promovido este proceso ciudadano, sino al contrario: los ha estado frenando y paralizando. Sólo lo ha utilizado para agarrar votos populares.

—¿Por qué el PC se ha mantenido alejado de este movimiento ciudadano?

—Porque ha trabajado para sí mismo excluyendo al resto. No promueve los movimientos ciudadanos y se ha empecinado últimamente en presentarse a las elecciones para llegar al Congreso y trabajar como furgón de cola de la Concertación. Y está constituido por una memoria política basada en que toda acción se hace desde el Congreso o el Estado. Son políticos convencionales que parten aceptando una Constitución que todos sabemos que es ilegítima. Eso los anula como izquierda. Lo interesante es que estamos en los inicios de un estallido social de gran envergadura que hay que entender para dónde va, protegerlo y ayudarlo a que se desarrolle y autoeduque. Porque la tarea que les espera es muy grande y eso hará más interesante la política.

—¿Usted ha ido a las marchas?

—Fui a la del 12 de mayo. Y después me quedé en la casa. ¿Sigo marchando como lo hice en los 70 u 80 o trabajo en lo que tengo que hacer? He optado por lo último.

* Fuente: Comisión Ética Contra la Tortura - CECT
www.contralatortura.cl

[La entrevista se publicó el seis de junio].

Tomado de

sur y sur

Comentar este post