Chile: Los intereses de la Transgenia: El poder de los Von Baer

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

La aprobación del Convenio Internacional de Obtentores Vegetales Upov 91 por parte del congreso ha hecho surgir un debate largamente callado en Chile: la del cultivo de alimentos transgénicos y, particularmente lo que nos interesa en este artículo, el derecho de patentar especies genéticas.


El sistema agrícola mundial industrial e intensivo, está controlado por grandes compañías semilleras (Monsanto, Syngenta, etc.) que crean especies transgénicas que después son cultivadas en todo el mundo, cobrando millonarias ganancias por la venta de semillas patentadas. Pero esas semillas salieron de alguna parte, estas grandes empresas han robado el material genético que durante generaciones y generaciones los pueblos indígenas y campesinos han cultivado y mejorado. Las empresas las toman, modifican (puede ser o no genéticamente), y luego las reproducen vendiéndolas a los mismos campesinos a quienes se las robaron.

El convenio aprobado recientemente establece el pago de patentes por el uso de estas semillas, aún si un cultivo transgénico fecundó naturalmente a uno no transgénico. Por lo tanto si un cultivo transgénico fecunda a uno campesino, el campesino no podrá volver a sembrar esas semillas a menos de que pague una patente por hacerlo.

En Chile, una de las empresas más importantes de la venta de semillas mejoradas es “Semillas Baer”, de la propiedad de la familia Von Baer de la cual la ministra [ahora senadora] Ena Von Baer hace parte. Un grupo de parlamentarios de la Concertación (y otros, como Navarro) han solicitado a la Contraloría que investigue por el conflicto de intereses que tiene la ministra con la aprobación del Convenio Upov 91, por tener el 15% de las acciones en Semillas Baer. Posiblemente lo que esos parlamentarios no dijeron que la iniciativa de este convenio surgió en la época del gobierno de Bachelet. Ena Von Baer respondió que estas acusaciones eran una “bajeza”… sin referirse a los intereses económicos de toda su familia -y de ella misma- y la forma cómo Semillas Baer ha actuado en los medios rurales (y eso sí que es bajeza!).

En este artículo, se muestra cómo la familia Von Baer representa la concentración de los poderes políticos, económicos, y empresariales. Y cómo se han enriquecido -con el total apoyo legal y técnico del Estado- en base al robo del patrimonio genético de las comunidades indígenas y campesinas locales.

Porque la ministra Von Baer no sólo tiene un 15% de una empresa de semillas. Ella es parte de una de las familias más poderosas de la IX Región, dedicada desde hace por lo menos tres generaciones a la mejora, venta, y producción de semillas.

La familia Von Baer llegó de Alemania en la década de 1940. El padre, genetista dedicado a la mejora de plantas, fue cabo del ejército nazi en la segunda guerra mundial. Terminada la guerra, encontró trabajo en la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), y se instaló con su familia en el valle central de Chile. Sí, que miedo, un genetista nazi en la derechista SNA.

Uno de sus hijos es Erik Von Baer, dueño de “Semillas Baer” y padre de Ena, Karina e Ingrid, de quienes hablaremos en este artículo.

Otro hijo es Heinrich Von Baer, rector de la Universidad de La Frontera durante 15 años, entre los años 1987 y 2002, y presidente del “Consejo Nacional para la Regionalización y Descentralización” (Conarede), y dueño del criadero de camélidos “Llamas del sur” en el sector de Huichahue, Región de la Araucanía.


ERIK VON BAER: EL REY DEL TRIGO

En 1956 se funda la empresa “Semillas Baer”, dedicada a la creación de semillas como trigo, lupino, avena, raps, etc. Esta empresa tiene un crecimiento muy rápido, llegando a controlar cuotas importantes del mercado de semilla de cereales. En manos de don Erik (padre de Ena)  la empresa se va expandiendo hasta tener un porcentaje importante de las ventas de semillas para trigos en el sur de Chile. En el 2005 Semillas Baer vendía anualmente 1,3 mil millones de pesos y controlaba el 44% de las semillas certificadas de trigo, el cultivo con más superficie de Chile, el 80% del lupino, además de cuotas importantes en el mercado de la cebada y el raps.

A través de la empresa Avelup gestiona contratos de lupino entre las plantas procesadoras y los agricultores por cerca de 8.000 hectáreas [1]. Avelup produce alimentos para el consumo humano, como quinoa pelada, lupino dulce, avena y trigo laminados, harina tostada, y harinas integrales de centeno y trigo [2].

Pero el impulso definitivo de su empresa fue en los 90 con la producción de insumos agrícolas para la industria salmonera, principalmente lupino dulce. La rápida expansión del lupino y granos para la producción de alimentos para salmones ha sido una tendencia que se ha expandido en la última década, a pesar de la crisis de la industria salmonera.


KARINA VON BAER, DIRECTORA DE LA SOCIEDAD NACIONAL DE AGRICULTURA

Karina Von Baer, hermana de Ena, estudió -siguiendo la huella de su padre y abuelo- agronomía en la PUC, y saltó a la fama de los negocios agrícolas como socia y promotora del holding Saprosem conformado por las empresas GranoTop (producción de trigo), AvenaTop (producción de avena), OleoTop (producción de aceita de canola o raps), y Tree Top (producción de madera nativa). Este holding se dedica a la producción, y exportación de granos y madera, según un modelo de negocios que une las diferentes partes de la comercialización, integradas por diferentes empresas dedicadas a temas específicos [3]. Para hacernos una imagen del crecimiento de estas empresas consideremos que OleoTop aumentará en un 50% su producción de aceite -de 20 mil a 30 mil toneladas anuales- orientado al consumo animal (salmones) y humano. Mientras que Avena top pretende en su segundo año duplicar la producción de 20 mil toneladas anuales.

El año 2008 Karina Von Baer es premiada por Ernst & Young y “El Mercurio” con el reconocimiento del “World Entrepreneur of the year 2008” por su labor a la cabeza de Saprosem. Desde este año 2010 es la directora de la Sociedad Nacional de Agricultura. Recordemos que la SNA es la asociación que reúne a los principales y más poderosos productores agrícolas de Chile, defendiendo sus intereses con un marcado sesgo derechista y conservador, el cual expresa mediante la presión política directa y el uso de sus medios de comunicación como es Radio Agricultura.

Una de las prioridades fijadas por Von Baer como directora de la SNA es impulsar la producción de transgénicos. Afirma que si en Chile se están importando productos transgénicos (como 200 mil toneladas de soja al año), lo consecuente es que acá se puedan producir también. Otro de los ejes que considera más relevantes impulsar desde la SNA es la incorporación del bosque nativo a la producción y explotación forestal [4].


INGRID VON BAER, LA QUINOA MAPUCHE Y SEMILLAS BAER

Ingrid Von Baer también es ingeniera agrónoma  y trabaja en la empresa familiar Semillas Baer como encargada del área de fitomejoramiento. Uno de los temas que ha estado trabajando con persistencia en los últimos años es el mejoramiento de la semilla de la quinoa, para su producción industrial. Semillas Baer tiene un Banco de Germoplasma de Quinoa desde 1970, donde tiene guardados más de 60 ecotipos. Producto de estas investigaciones “Semillas Baer” inscribió bajo la propiedad de Erik Von Baer -representante de la empresa- la semilla de quinoa “Regalona Baer” [5].

Un hecho que me parece especialmente grave es que a partir del año 2001 existe un convenio de colaboración entre Semillas Baer, Inia Carillanca, y la Asociación de Municipalidades de la Precordillera de la Región de la Araucanía llamado “Recuperación, Revalorización y Difusión del Cultivo y uso de la Quinoa” en las comunas de Melipeuco, Vilcún, Padre las Casas y Cunco. Este contrato tiene una validez de dos años y es renovable automáticamente.  La coordinadora de este convenio por parte de empresas Baer es Ingrid Von Baer.

En este contrato la Asociación de Municipalidades se compromete “entregar semillas de quinoa en cantidad y calidad suficientes al Inia, información de origen de las semillas y caracterización del germoplasma” [6]. Semillas Baer quien afirma realizar colección y fitomejoramiento de la quinoa desde 1968 se compromete a seguir haciendo este trabajo y proporcionar a Inia muestras de las nuevas variedades de quinoa obtenidas.  Por su parte, Inia Carillanca se compromete a conservar en su banco de germoplasma las muestras entregadas por las partes. El convenio estipula que tanto Semillas Baer como la Asociación de Municipalidades tienen derecho a solicitar la propiedad del material conservado en Inia, “reservándose el derecho de solicitar a Inia Carillanca germoplasma conservado para los requerimientos de semilla de los proyectos en ejecución y futuras propuestas donde ellos participen”[7]. Lo claro es que sólo “Semillas Baer” ha patentado la Quinoa, mientras que la Asociación de Municipalidades sólo se ha limitado a entregarles las semillas.

Los municipios mediante sus Prodesal [8] (dependientes de Indap y los Municipios) recolectaron semillas entre las comunidades de la precordillera, las que fueron entregadas a Inia Carillanca. Allí, y mediante convenios como éste quedan disponibles para que empresas como Semillas Baer  los saqueen, investiguen, y patenten a su nombre.

Resulta sorprendente el rol de Inia Carillanca. Si bien se entiende que quiera hacer el inventario y resguardo de las especies y ecotipos (para fines científicos), no se entiende que no resguarde de ninguna forma el patrimonio genético de las comunidades campesinas e indígenas. Es más, está directamente operando en alianza con empresas privadas con intereses en el tema, como Semillas Baer. Es otro de los ejemplos de cómo las instituciones estatales operan en función de los intereses de las grandes compañías, por sobre la de los ciudadanos a quienes dicen representar.

Mediante instrumentos “legales” como este convenio, hoy empresas privadas -como “Semillas Baer”-  en conjunto con el Estado han recolectado, investigado, modificado e inscrito a nombre de particulares las semillas de quínoa pertenecientes al pueblo Mapuche. Esta es otra de las formas en que se sigue violentando los derechos económicos, sociales y culturales de los pueblos indígenas. El Convenio 169 de la OIT, ratificados por Chile, establece que los pueblos indígenas debieran ser consultados cada vez que se tomen medidas que afecten su desarrollo, cosa que -evidentemente- no ha sucedido en esta materia (como en tantas otras).

De esta forma se enajena  de sus derechos a los campesinos e indígenas, que han traspasado, cultivado y cosechado de generación en generación sus semillas, y que hoy ven su patrimonio genético patentadas a nombres de privados. Lo paradójico es que serán estas mismas empresas que les venderán, a precios muchísimo más caros, las semillas que de ellos sacaron.

El “conflicto de intereses” de la ministra transluce de forma clara las estrechas relaciones del actual Gobierno con las grandes empresas -en este caso de las semillas- de las cuales son dueños. La familia Von Baer controla gran parte del mercado de semillas en Chile, además de tener una de sus miembros como ministra de Gobierno, y a otra como directora de un holding de derivados de granos y en el directorio de la SNA. En este baile invitado por la familia Von Baer participó el Estado, a través de Inia e Indap, los municipios, la ministra, la directora de la SNA, y una de las empresas productoras de semillas más grande de Chile.

Los poderes económicos, ejecutivos, y políticos están representados en esta familia del sur de Chile, otros de los ejemplos de la concentración de intereses en manos de los pocos de siempre.

Chile, atendido por sus propios dueños.

 

 

Por Paz Neira

Antropóloga Social

Habitante de la comuna de Melipeuco.

Bibliografía

Textos:

  • Manzur,  Maria Isabel. 2004. Fundación Sociedades Sustentables. Experiencias en chile de acceso a recursos genéticos, protección del conocimiento tradicional y derechos de propiedad intelectual.
  • SAG- MinagriI. 2010. Resolución inscripción Nº 13/01. Registro de variedades protegidas.

Diarios electrónicos:

Páginas web:

 


[1] Revista del Campo. Eduardo Moraga Vásquez. Lunes 18 de Julio de 2005. Erik von Baer, el rey del trigo.

[2] En: www.avelup.cl

[3] El año 2009  Saprosem facturó US$50 millones al año.

[4] El Mercurio. Revista del Campo. 24 de Mayo del 2010, Año XXXIV Nº 1767.

[5] Resolución inscripción Nº 13/01. Registro de variedades protegidas. SAG-Minagri. 2010.

[6] “Experiencias en Chile de acceso a recursos genéticos, protección del conocimiento tradicional y derechos de propiedad intelectual”. Maria Isabel Manzur . Fundación Sociedades Sustentables. Junio 2004: P 28

[7] Ibid, P 96.

[8] El Prodesal (Programa de Desarrollo Local), depende de forma conjunta de los Municipios y de Indap (Instituto de Desarrollo Agropecuario). Es el programa que opera en sectores rurales como Melipeuco, encargado de prestar asistencia técnica a los campesinos. Lamentablemente, la acción de Prodesal se ha traducido en el aumento de la dependencia de los campesinos a las semillas y fertilizantes que ellos les entregan o venden. Por otro lado, las semillas que entregan son las mismas producidas por las grandes compañías semilleras, por lo tanto,  el curso “natural” de la historia sería que los Prodesal les vendieran a los campesinos y al estado las mismas Semillas Baer que a ellos les robaron. Se cierra así el círculo del “progreso”.

 

Tomado de

El Ciudadano

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