Colombia: El Fin del Fin

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Santos y UribeUtilizo sin compasión esa frase, ese juego idiota de palabras con que la prensa colombiana y sus postrados bufoncillos han caracterizado lo que consideran un ocaso del conflicto armado en nuestro país. Ocaso, aclaremos, que según ellos se debe a la victoria imponente y valiente de la ultraderecha, experta en sembrar la paz silenciosa de los cementerios, la pujante prosperidad de las multinacionales y la libertad de los mercados.

¡Pero no vamos a llorar! Vamos a hablar del fin de Uribe Vélez, que como mafioso advenedizo, cosechó una prolongación exponencial y sucesiva de éxitos hipotecados a un final terrible, irremediable.

En política Uribe puede definirse como un espécimen esquizofrénico. Un psicópata que actúa de acuerdo a sus delirios y alucinaciones fanáticas, tapando errores nefastos con movimientos desesperados que son a la larga la incubación de errores más grandes y ruidosos. Uribe es un estafador y su esquema consiste en aplicar el esquema Ponti del fraude a la maraña política. Cuando alardeó ante el mundo la rendición de un grupo guerrillero inexistente, la falsa desmovilización de sus paramilitares o el ficticio rescate de Ingrid Betancur lo que hacía era especular con victorias irreales que luego se amplificarían al tamaño de la derrota. Lo sabía, pero no conoce otro camino: es la encarnación absoluta del espíritu dominante de nuestros tiempos, que hipoteca el futuro completo por la inmediatez fútil de una gloria rápida y efímera.

Eso recuerda bastante otro espécimen de la misma bajeza pero de otras épocas cuya única supervivencia en la batalla por el poder dependía de la acumulación sucesiva de victorias: Hitler y su Blitzkrieg (guerra relámpago) que comenzó a fracasar cuando tropezó con la feroz resistencia de los soviéticos.

La principal virtud de nuestro antiguo soberano es, de este modo, la audacia. Pero es la única que tiene y además la derrocha. Subyace todavía en él ese sentimiento de los antiguos capos de Medellín que preferían vivir como magnates una década y no cómo pobres toda la vida aunque en el empeño les fuera la vida misma. Uribe es un esquizofrénico del todo o nada: en el momento en que algo dentro de su engranaje comenzó a fallar implicaba que todo el palacio de naipes que levantó con más de dos décadas de sangre, despojos y trampas se vendría abajo aparatosamente, en desbandada, y eso es lo que ha estado ocurriendo todas estas semanas. ¿Cuándo empezó a fallar la cadena de éxitos que inició con su popularidad espumosa y exorbitante en los comicios del 2002, saliendo de último en las encuestas y llegando a Presidente de Colombia? Es difícil situar el momento, pero parece que su desequilibrio más grave sucedió en el momento que la rama judicial no le aprobó la posibilidad de un tercer período. Desde entonces estaba perdido, aunque hizo hasta lo imposible por evitarlo y en el empeño se le fue, como a los buenos capos de Medellín, la vida.

En la situación que lo fue acorralando lentamente la rama judicial y buena parte de la derecha tradicional -la derecha de los buenos apellidos, la de siempre- no tenía otra salida que cuidarle las nalgas a los criminales que lo acompañan desde que fue senador en los 90. Afirmaciones tales como que el asesino de sindicalistas Noguera es “un buen muchacho”, o que las investigaciones contra su archi-corrompido ministro Andrés F. Arias le causan “profundo dolor” son sólo pequeñas muestras de que retirar el respaldo a sus sicarios sería nefasto porque empezarían a soltar todo lo que saben, aunque protegerlos hasta las últimas consecuencias sea peor pues cuando se hundan lo arrastrarán inevitablemente hasta el fondo.

Casi completamente convencidos que a Uribe le tienen destinada o una celda -probablemente al otro lado del mar- o una dudosa muerte no haremos ilusiones sobre los alcances de la “justicia”. Es significativo que toda la trama haya sido fabulada desde los mismos poderosos y que se investigue a Uribe por espiar políticos pero no por inventarse los paramilitares que siguen matando campesinos. Los hechos se repiten detalladamente como desde hace un siglo con todos los hombres de paja y los sátrapas del imperialismo:

Primero se les prestan todas las ventajas y ayudas para que su éxito sea meteórico, o en su defecto se les “deja actuar” (Mussolini, el enano Franco, el mismísimo Hitler) se les arma y entrena (los talibanes, la contra centroamericana, Bin Laden, Pinochet) se les aísla o abandona cuando son un problema o están altamente desacreditados ante su pueblo (Saddam Hussein, Noriega, Mubarak) finalmente se les sacrifica para lavar con chivos expiatorios los crímenes de todo el sistema (Fujimori, Montesinos, Videla, Milosevic…)

La prueba reina de que llegó el fin del fin consiste en que el Washington Post, una de las voces oficiales del imperialismo americano, ha hecho un “guiño” publicando noticias que “confirman” lo que todos sabemos hace años: que Uribe espió ilegalmente a sus opositores, como acostumbran todos los gobernantes. Tal “guiño” es una señal que en otras palabras significa vía libre para proceder: Uribe perdió definitivamente el apoyo de sus aliados del norte, su poder de marioneta se desmorona.

La prueba reina de que no habrá justicia sacrificando al genocida Uribe radica en que no se ha movido un pelo del sistema de barbarie que éste ayudó a sostener y consolidar. Para eso, y disculpen la sinceridad, tendrían que ponerlos a todos tras las rejas, empezando por el que fuera su ministro de defensa, hoy honorable Presidente de la República.

 

Camilo de los Milagros.

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