Colombia: El otro 71

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.



La historia se repite.

Acuérdense que en 1971 los estudiantes colombianos hicieron el país ingobernable sentando uno de los precedentes más grandes e importantes de la izquierda colombiana. No tenían ni una organización definida, ni un programa común y aceptado por todos los sectores del estudiantado, ni una dirección centralizada, ni mucho menos el apoyo de todos los estamentos universitarios. Tampoco el apoyo de todos los estudiantes. Pero lo hicieron, y nadie con la cabeza sobre los hombros negaría que su legado fuera de una importancia capital para la historia reciente de nuestro país.

7-de-abril-UTP.jpgPor eso el argumento anticuado con el cuál algunos sectores del Movimiento Estudiantil han hecho hasta lo imposible para aplazar el Paro Universitario durante varios años es un argumento falso: nunca, ni siquiera en los momentos de más aceptación y popularidad de la izquierda en las Universidades, toda la base estudiantil ha estado dispuesta a sumarse a los paros y movilizaciones. El estudiantado colombiano es bastante heterogéneo y en él se expresan palpablemente las contradicciones y brechas que agobian la nación colombiana.

nacho.jpgSi no lo fueron entonces, esperar que ahora las condiciones para la lucha sean óptimas es una pura ilusión, tras dos décadas de machetazos neoliberales a la educación pública, tras años de discursos derechistas e ideologías que proclamaron el fin de la izquierda y las luchas sociales, tras dos gobiernos de represión generalizada contra el Movimiento Estudiantil. Esa ilusión tiene mucho de intencionalidad cuando comprendemos que algunos sectores del Movimiento no quieren o no están interesados en confrontar directamente al Estado porque, sencillamente, hacen parte de él: están secundados por partidos políticos o dirigentes que hacen parte de la institucionalidad como Samuel Moreno (hoy preso por desfalcar vergonzosamente el erario público) o Clara López que salió a saludar la marcha Universitaria desde el Palacio de San Carlos pero anunció “mano dura” contra los revoltosos.

Nunca las condiciones habían sido tan difíciles y nunca la lucha había sido tan necesaria, porque la transformación, no lo olviden, nace de la dificultad.

Una vez más sucedió algo típico en la Colombia de la rebeldía centenaria: las masas superaron a sus dirigentes, como dijo Gaitán, lanzándose a las calles y forzando las condiciones para que se repita cuarenta años después una revuelta generalizada como la de 1971. Y al parecer, las masas harán el paro en contra de la policía y también de las organizaciones que dicen representarlas. Ni los revolucionarios “puros” enceguecidos en sus discursos abstractos y escolásticos, ni los sectores más pasivos y conciliadores del Movimiento atados en miles de pequeñas reivindicaciones “concretas” que no les permitían ver la causa directa del problema, entendieron lo crucial, lo decisivo: la crisis del sistema era inminente desde hace varios años y la situación estallaría con o sin ellos. Y estalló.

protestas-universidad-nacional.jpgSeis Universidades en paro, varias cancelaciones de semestre, toques de queda, militarizaciones, incontables disturbios y enfrentamientos con la policía, cientos de detenidos durante todo el año y las movilizaciones más grandes que haya visto el Movimiento Universitario en tiempos recientes son prueba de ello. Se anuncia el 12 de Octubre como fecha límite para que las otras Universidades se paralicen y la situación se torna ya arrolladora; ha comenzado el Paro Nacional Universitario.

La Universidad Tecnológica de Pereira, igual que hace cuarenta años, fue la chispa que prendió el polvorín declarando una huelga indefinida hace casi dos meses que aun se prolonga. En la última reunión estudiantil de coordinación nacional los roces han llegado a puntos reprochables y el resentimiento contra los sectores que insisten, pese a las evidencias, en seguir aplazando la pelea crece paulatinamente.

Unos y otros deben comprender que la batalla final ha empezado y reconocer los errores previos, pero ante todo es absurdo seguir tirando piedras contra el propio tejado mientras Santos se muere de risa en el Palacio de Nariño, aplastándonos con su locomotora, clavando una reforma a punta de tanquetas y lacrimógenos. Quién espere condiciones para tumbar la ley después de que sea aprobada sólo puede ser tachado de cómplice del régimen, de cobarde o de idiota.camilo torres

Entre las marchas, las consultas y las cartas cordiales al presidente vale la pena recordar la vieja frase “reforma o revolución”, porque ahora es sumamente claro que no nos sirve una reforma de la ley 30, como han reconocido incluso los más abanderados defensores de las reformas, empezando por los rectores. Hay que descarrilar a la brava esa locomotora para sentarnos a pensar que el modelo educativo colombiano es órgano vital del modelo de sociedad brutal y desigual que nos agobia.

Ya lo dijo Lenin: ayer era demasiado pronto, mañana será demasiado tarde. La lucha es hoy compañeros, se hace haciendo, en las calles y sin permiso. Porque, que se sepa, nunca ha habido una revolución legal y me parece que de eso es de lo que estamos hablando, de Revolución ¿O no?

Camilo de los Milagros.

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