Cómo separar la Iglesia del Estado

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

UNA RECONOCIDA SOCIOLOGA CANADIENSE EXPLICA EL LAICISMO Y LA DIVERSIDAD CULTURAL EN SU PAIS

Cómo separar la Iglesia del Estado

De paso por Buenos Aires, Micheline Milot contó cómo la Corte Suprema de Canadá viene marcando límites a los intentos de grupos religiosos de imponer sus ideas. El aborto, el matrimonio igualitario, el velo de las musulmanas, el multiculturalismo.

La socióloga canadiense Micheline Milot, al hablar sobre “Estado laico, religión y diversidad cultural”.
Imagen: Arnaldo Pampillon

 Por Mariana Carbajal

“Cada vez que existió un intento de la Iglesia Católica de ejercer un poder indebido sobre los individuos en Canadá, las sentencias de la Corte Suprema siempre hicieron recordar que en nombre de la igualdad el Estado debía ser neutro”, destacó la socióloga canadiense Micheline Milot, durante una conferencia que brindó en Buenos Aires sobre “Estado laico, religión y diversidad cultural”, en su país. Profesora en el Departamento de Sociología de la Universidad de Québec, en Montreal, Milot es miembro del grupo Sociedades, Religión y el Laicismo en el Centre National de la Recherche Scientifique de París, y experta en el tema en el Consejo de Europa. Con tono didáctico, dio ejemplos de los límites que viene marcando el tribunal supremo a los intentos de grupos religiosos de imponer sus valores o preceptos morales en políticas públicas. Y despertó en el auditorio un sentimiento, tal vez inesperado para ella: envidia. Además, Milot explicó las razones del éxito del multiculturalismo en Canadá, donde –a diferencia de Francia– a las mujeres musulmanas se les permite llevar el velo islámico en espacios públicos como escuelas y hospitales.

“En Francia la prohibición de llevar símbolos religiosos en espacios públicos se impuso con el argumento de la laicidad y en nombre de la autonomía de la mujer y de su dignidad. En Canadá, en nombre de la autonomía y dignidad, la mujer musulmana tiene derecho a llevar velo. El único lugar donde genera problemas es en Quebec, donde una parte de la población le gustaría importar el modelo francés”, dijo Milot.

¿Por qué ir con el rostro cubierto implica dignidad para una mujer musulmana? –le preguntó Página/12.

En Canadá no hay mujeres que usen la burka como en Afganistán. La mayoría de las inmigrantes musulmanas en Canadá son marroquíes, libanesas. Usan nikad, el velo islámico. Para poder utilizar servicios en una institución pública como hospitales o escuelas tienen que poder ser identificadas, tienen que corrérselo de la cara, pero pueden mostrar su rostro a otra mujer y no necesariamente a un hombre. Pero un médico no tiene derecho a negar la atención a una mujer que no quiere sacarse el velo. Hay también inmigrantes de Arabia Saudita y de Siria, suelen ser muy instruidas, trabajan en bancos, pero no están en contacto con el público, con los clientes. La pregunta que hay que hacer es si el Estado puede tener injerencia en cómo las personas se visten explicó.

En Canadá la respuesta es un rotundo “no”.

Especializada en sociología de la religión, laicismo y multiculturalismo, la investigadora canadiense estuvo en Buenos Aires, y entre otras actividades, dio una conferencia sobre la experiencia canadiense de laicidad y diversidad cultural en el marco de los 40 años del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL) del Conicet.

En Canadá, contó, están autorizados los matrimonios entre personas del mismo sexo. “Se planteó un problema interesante: los manuales escolares incluían ilustraciones de familias de una mamá y un papá, de dos mamás y de dos papás. Un grupo de padres católicos y protestantes se opusieron a que sus hijos fueran expuestos a tipos de familias contrarias a sus valores religiosos y llegaron a la Corte: sostuvieron que eran demasiado jóvenes para estar expuestos a modelos de familias tan diversos. Pero la Corte rechazó todas las críticas y dijo que no se puede impedir educar en la tolerancia, dado que debemos enseñar a vivir en una sociedad que incluya la diversidad.”

La laicidad es un pilar fundamental de la sociedad en Canadá. Pero el Estado nunca tuvo que conquistar su autonomía de los poderes religiosos, como en México y Uruguay. “Ninguna Constitución en Canadá habló de la relación de las iglesias y el Estado. El Estado nunca tuvo que conquistar su autonomía con respecto a las iglesias porque ninguna Iglesia estaba ligada al Estado”, detalló durante la conferencia. “Québec es la única sociedad francófona y de tradición católica en América del Norte”, apuntó. La primera Constitución de Québec, de 1774, reconoce la libertad de cultos a los británicos. “Fue el primer reconocimiento de este tipo en el Imperio Británico. En esa Constitución no se impone ninguna exigencia religiosa para el acceso a cargos públicos”, indicó. ¿Cómo se instrumenta la laicidad en un país que nunca mencionó en sus instrumentos jurídicos aspectos sobre el concepto de laicidad? “La neutralidad del Estado se logra a partir de la separación del Estado y los grupos religiosos. La neutralidad no es una abstención del Estado sino una intervención que permite que se pueda garantizar los derechos de la laicidad”, señaló la especialista. “No hay una laicidad perfecta o ideal hacia la cual tender como sociedad”, agregó y advirtió que: “El régimen de laicidad tiene que estar constantemente ajustándose frente a nuevas situaciones que surgen en las sociedades”.

Las presiones de los grupos religiosos mayoritarios existen. Pero “la diversidad de grupos religiosos es lo que debilita el poder de cada uno de ellos”, explicó. Los tribunales, contó Milot, funcionan como foros democráticos: de otra forma “las voces de la minoría no podrían ser escuchadas en el foro político. Se trata de una justicia independiente y autónoma que se vuelve un foro donde pueden ser debatidos temas controvertidos para proteger a aquello que Tocqueville llamaba tiranía de las mayorías”, señaló durante la charla.

“Cada vez que existía un intento de la Iglesia Católica de ejercer un poder indebido sobre los individuos, las sentencias de la Corte siempre hicieron recordar que en nombre de la igualdad el Estado debía ser neutro”, subrayó. Canadá se rige por el Derecho de Costumbres, la jurisprudencia tiene casi el poder de las leyes. “En el siglo XVIII y XIX los curas decían en las iglesias por qué partido votar y amenazaban a los fieles con quitarles los documentos y verificaban en el confesionario por quién votaban. Durante el siglo XIX se dictan leyes que penalizan a las personas que quieran influenciar a otras para votar”.

El aborto fue despenalizado en 1988. “Es una cuestión muy importante en Canadá –destacó la experta–. Durante mucho tiempo las mujeres lucharon por ese derecho. Cuando no era legal muchas mujeres morían por abortos clandestinos. Fue determinante la acción de un médico, Morgan Taylor, quien llevó el debate a la Corte Suprema. Durante 30 años trabajó en la apertura de clínicas que hacían abortos en condiciones sanitarias. Fue perseguido por la Justicia. Los cristianos ponían bombas en sus clínicas. Este médico decía que el problema real era que las mujeres morían por las condiciones ilegales del aborto. Planteó que el aborto no era una cuestión ideológica sino de salud pública y la Corte invalidó la penalización del aborto. Pero despenalizar el aborto no es suficiente: es necesario que el Estado otorgue los medios para que todas las mujeres puedan acceder a clínicas de calidad. A partir de esta sentencia todas las mujeres tienen derecho a realizarse un aborto en clínicas de calidad”, explicó. Como consecuencia de despenalización y la legalzación, la mortalidad por abortos se eliminó en Canadá.

–En Argentina grupos religiosos, fundamentalmente católicos, buscan obstruir el acceso a los derechos sexuales y reproductivos y, entre otras acciones, han iniciado demandas en la Justicia para impedir la distribución de anticonceptivos, y presionan para que no se realicen abortos no punibles. ¿Hay acciones similares en Canadá? –le preguntó este diario, al término de la conferencia.

–Los grupos religiosos en todos lados en el mundo, en Canadá como en Argentina, se oponen a la legalización del aborto. Pero lo que hace la diferencia –y he analizado la situación en siete países– es la posición oficial que el primer ministro (o presidente) adopta. La Corte Suprema y el presidente tienen un deber pedagógico con respecto a su país, que no siempre cumplen. El primer ministro en Canadá dijo en TV en el momento que se aprobó el matrimonio homosexual (en 2005) que aunque él había sido criado en la tradición católica y que esa ley no tenía que ver con sus valores, la celebraba porque Canadá no tenía que gobernarse con los valores del primer ministro sino con los valores de la igualdad –ejemplificó Milot.

 

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