Costa Rica: 15 de Febrero: la clase trabajadora en la calle contra el gobierno.

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

marcha15Este 15 de febrero la clase trabajadora sale nuevamente a la calle, en otro episodio de lucha frente a los ataques del gobierno al sector público. La huelga surgió como iniciativa de la Coordinadora Nacional de Lucha y ha tenido la adhesión de la gran mayoría de organizaciones sindicales del país.

¿Por qué la huelga?

El Plan A del gobierno es pasar factura al sector público por la crisis fiscal que vive el país. Recortes al presupuesto público, congelamiento salarial y de plazas, eliminación de derechos son parte del plan de ataques de la administración Chinchilla.

Apenas iniciando el año el gobierno lanzo una nueva afrenta a los y las trabajadoras del sector público. Se impuso un ajuste salarial en términos absolutos de 5 000 colones, lo cual está muy por debajo del 1,9 % de inflación acumulada, parámetro utilizado tradicionalmente para la fijación salarial y que ya de por si era insuficiente. Se creó la Rectoría del Empleo Público con la clara intención de avanzar en acciones y políticas orientadas a la reducción de la planilla estatal (salario único, eliminación de derechos, congelamiento y reducción salarial, tercerización de servicios y contrataciones).

En los últimos meses se han impuesto recortes en aéreas de servicio público como la salud, las cuales tienen una grave afectación sobre el pueblo trabajador. Anuncios de restricción de servicios en la Caja del Seguro Social, el cierre de clínicas y hospitales son parte de la contrarreforma social para “ahorrarle” plata al Estado.

Se cierne una gran espada sobre la cabeza del sector público y de la clase trabajadora en general, ante lo cual la respuesta correcta es el llamado a huelga de un día para el 15 de febrero y la preparación de un plan de lucha escalonado que lleve a la huelga general.

¿Cuáles son nuestras banderas y nuestros métodos de lucha?

Frente a un gobierno de guerra social como éste hay que organizar la lucha consecuente. Gran parte de la burocracia sindical se opone a darle un contenido clasista a esta lucha, es decir, asumir un programa que trascienda la reivindicación puramente salarial y enfrente el programa anticrisis del gobierno. Las organizaciones clasistas agrupadas en torno a la Coordinadora Nacional de Lucha sostienen que es necesario asumir un programa de lucha que se oponga de conjunto a la consigna del Ejecutivo de hacer pagar a los trabajadores por la crisis fiscal.

Muchos de los aparatos sindicales están opuestos a que sean los trabajadores  y las trabajadoras quienes en las calles, con unidad y movilización, enfrenten al gobierno. Su método privilegiado es la concertación, la entrega de derechos en la mesa y la desmovilización de las iniciativas de lucha escalonadas hacia la huelga general,  no obstante, el gobierno hasta el momento tiene poco que ofrecerles por lo que no les ha quedado más que adherirse a la huelga del 15.

Debilitadas y maltrechas, sin la posibilidad de abrir una negación con el gobierno, se suman a un día huelga tratando de bajar el calor de la olla de presión popular, pero siempre con la perspectiva de concertar algo, cualquier cosa, para evitar que la huelga pueda desarrollarse de forma tal que le imponga golpes contundentes al gobierno.

Hay otra salida a la crisis fiscal

Desde el MAS creemos en la necesidad de que los trabajadores y las trabajadoras levanten sus propias banderas frente a la crisis fiscal.

Impuestos a los banqueros, a las transnacionales de zonas francas, a los agroexportadores y a los empresarios turísticos, los que han ganado con el modelo deben pagar con su riqueza el déficit  fiscal que vive el país producto de la crisis de los ricos.

El camino para que los trabajadores y el pueblo salgan de esta situación de crisis necesita ser el opuesto de aquel que ha sido seguido el gobierno.  El camino tiene que ser el de parar el pago de una deuda-interna y externa- que no es del pueblo, tiene que ser el de crear empleo y no despidos, tiene que ser el de reforzar los servicios públicos de salud, educación, y no destruirlos, tiene que ser el de la nacionalización de todos los sectores estratégicos de la economía, que deben ser públicos (banca, producción de energía, combustibles, transportes y telecomunicaciones, entre otros) y no el de privatizarlos y aumentar los costos por su utilización, como el gobierno está haciendo con el aumento de los pagos en la electricidad, las telecomunicaciones, en los peajes, etc.

El recorte de los salarios en el sector público, el recorte en horas extras y pago de incapacidades y demás derechos para todos los trabajadores, el aumento general de precios y de impuestos generaran indignación popular, que aumenta cada vez que se conocen los escándalos de los privilegios, corrupción y el no pago de los impuestos practicados por la élite gobernante y por los patrones de las grandes empresas. Esta indignación necesita definir los objetivos responsables y avanzar a una acción coherente para hacer pagar a los ricos por su crisis.

En respuesta a la austeridad presupuestaria y a los recortes en nuestros salarios y derechos, tenemos que ser los trabajadores y las trabajadoras quienes enfrentemos al gobierno en la calle con nuestro propio plan de lucha.

 

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