COSTA RICA: "El Suprasistema de la Corrupción Planificada" por José Luis Vega Carballo

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

El Suprasistema de la Corrupción Planificada

José Luis Vega Carballo

Fuente: elpais.cr  | 07/09/2011

Columna "Pensamiento Crítico"


premio-nobel-de-corrupcion.jpgPara entender cómo funciona en Costa Rica lo que llamamos el "Supra-Sistema de la Corrupción Planificada" (SSCP) desde su acelerado despegue hace unas tres décadas con el "Estado Paralelo" fundado por los hermanos Arias en su primera administración (1986-90), conviene quitarse varias ideas erróneas de la cabeza.

La primera es que, no obstante referirse la corrupción a conductas impropias o desviadas por parte funcionarios públicos que usan sus cargos para fines y negocios privados, no toda conducta corrupta es ilegal; ya que algunas hasta pueden aparecer como "limpias" y darse en perfecta concordancia con la ley. Muchas son fomentadas por portillos y otros artilugios en leyes mal confeccionadas y "cocinadas" sin transparencia por la Asamblea Legislativa. Aunque cumplen con los trámites formales rigor, en el fondo son leyes ilegítimas que alientan el SSCP. También tenemos casos de abuso de poder y fraudes de ley en los que no hay reprobación ni sanción legal para los funcionarios que quedan protegidos por el manto de la impunidad. Aquí más bien la ley es utilizada como mampara de fechorías y gestiones de mal gobierno, todo lo cual vemos en nuestro país a diario. Más aún, hay circunstancias en que actos evidentemente irregulares, abusivos y fraudulentos incluso llegan a considerarse en ciertos entornos estatales como "normales" o legítimos, compatibles con criterios de conveniencia, eficacia y eficiencia gubernamental. Algunos los miran como complementarios de la formalidad político-administrativa, no antagónicos ni subversivos de la misma. Por lo cual decimos que en esos entornos campea la "norma de la ilegitimidad, muy bien conocida por cierto en nuestras sociedades y culturas ibero-latinoamericanas.

La segunda idea a desterrar es que los actos de corrupción dentro del Estado son siempre individuales, además de casuales, esporádicos e incoherentes, y cuando ocurren es en los bajos niveles de la administración y la política; mucho menos que no llegan a conformar un sistema social y político intencional y endémico dentro del Estado que mantiene estrechos nexos con el sector privado empresarial y la sociedad civil. Nada más equivocado. En el caso del SSCP estamos ante una red que es ingeniada y se extiende desde arriba de la gran pirámide del poder hacia abajo, que se centra y es dirigida desde los más altos niveles del mando político presidencial y de los más allegados a él. Ubicados sus protagonistas mayores en las cúpulas de los demás poderes públicos, la red corrupta intencional se extiende hacia el sector económico privado y otros ámbitos de la sociedad civil. Su gestión está en manos de "peces mayores" y no de escuálidas "sardinas" burocráticas. No debe confundirse, por tanto, el SSCP con el clientelismo, el simple intercambio de favores o el enriquecimiento ilícito de menor cuantía; pues en aquel hay grandes negocios siempre de por medio y no minucias, lo cual presupone una etapa avanzada de crecimiento del sector público, de sus funciones, estructuras y recursos, por tanto de una modernización como base de sustento, en este caso de corte capitalista, aunque el fenómeno no es exclusivo de ésta, como lo demuestra el caso del comunismo soviético y su Nomenklatura. Mucha tela hay que cortar sobre este fenómeno mediante análisis comparativos por países y regiones. Pero aquí nos interesa caer en la problemática de nuestro momento en Costa Rica.

En efecto, una vez que el Estado costarricense se afianzó como Estado-Nación con mayores poderes regulatorios y a la vez impulsor del desarrollo económico-social después de los años de 1940, en Costa Rica y muchos otros países, éste amplio estructuras y multiplicó sus funciones interventoras en la economía abriendo las puertas a la transformación de la corrupción tradicional de pequeña escala o micro, en un sistema macro de tipo moderno y vinculado a grandes negocios e inversiones.

Ese cambio cualitativo de escala que presenciamos entre 1940-60 acercó más de la cuenta a la burocracia al campo de la empresa y los negocios privados que prosperaron favorecidos por el intervencionismo estatal, despertando los apetitos por el uso de los recursos públicos en beneficio privado. El primer gran combate contra la nueva corrupción fue supuestamente una de las justificaciones de la guerra civil de 1948. Pero ella no cesó allí, sino que se proyectó engrosada por el modelo de Estado-Empresario impulsado por el PLN entre 1960-80 hasta llegar a la época actual de imposición neoliberal, bajo el signo arista del "Estado Paralelo" o en la sombra. Fue entonces cuando mayor desarrollo adquirió el SSCP, pues llegan a fusionarse con el mayor desparpajo intereses públicos y privados de jerarcas y empresarios.

Avanzó así - sobre todo desde la primera administración de los Arias (1986-90)-, la privatización del Estado alentada por políticas de liberalización, apertura comercial y desregulación, hasta al punto donde nos hallamos hoy, cuando el sector público ha sido prácticamente desmantelado, recortados sobremanera sus rasgos de Estado de Bienestar, y transformado lo que queda difícilmente en pie en un instrumento clave de la acumulación de capital privado y en un apéndice del sector empresarial y transnacional; cuando no es que terminan muchos de sus sectores siendo del todo siendo privatizados, es decir, entregados a turbios intereses privados que los absorben y dirigen sea de manera legal o por medios espurios y ocultos a la luz pública, por tanto, inconstitucionales y antidemocráticos, aunque sean encubiertos torcidamente por una aureola de supuesta legalidad. Lo vemos acontecer a diario bajo el modelo imperante de la "tiranía en democracia", made in Rohrmoser, cuyos objetivos serían irrealizables sin el concurso del SSCP y la red de corrupción que se forjó con el "Estado Paralelo".

Sorprende a muchos lo anterior, porque los Arias y sus aliados en otras tiendas políticas de la derecha neoliberal - como el PUSC y los emergentes Libertarios-, justificaron la liberalización económica como una cruzada moral contra el inflado y corrupto aparato del Estado Benefactor creado por la "troika" del PLN (Figueres, Monge y Oduber), cuyas funciones interventoras se habían excedido y bloqueado el empuje de las fuerzas del mercado y la sociedad civil. Los famosos programas de ajuste estructural que llevaron adelante (PAEs) los neoliberales, supuestamente tendrían una función quirúrgica y terapéutica: acabar con la corrupción entronizada por un modelo hipertrofiado de Estado Social de Derecho el cual debía ser sustituido por un Estado Neoliberal de Mercado si queríamos extirpar los males que corroían la República. Nada más alejado de la realidad. La liberalización más bien vino a disparar la corrupción de alto vuelo y espectro como nunca antes en la historia del país.

Puesto lo anterior en claro, el sistema de alto vuelo antes aludido - el SSCP- es una compleja construcción sociopolítica y colectiva, una verdadera trama organizada de "intereses creados", público-privados, que se ubica detrás de las fachadas del poder estatal, coordinada desde las alturas del poder político-económico (unificado), y se conecta por puertas traseras con las estructuras del poder privado o fáctico mediante redes sumergidas, poco o nada visibles de intercambio de influencias, reparto de esferas de influencia y de vastos recursos financieros para el fomento de muy cuestionables negocios, los cuales se extienden hacia afuera del país donde se enlazan con los intereses de variadas mafias internacionales que hacen su agosto con la globalización económica neoliberal.

El gran objetivo del SSCP es, ni más ni menos, en estos momentos, el mismo de la proclamada tiranía arista: aprovechar los portillos y oportunidades que ofrece la vasta burocracia pública para fines privados, con énfasis en negocios de mayor escala y rentabilidad, que van desde concesiones de obras y servicios, hasta la venta de activos y servicios, pasando por la compra de bonos del tesoro que es quizás el mayor de todos ellos. Este gran negocio de la deuda pública tiene ya un monto que alcanza un 43% del PIB y sobrepasa los ₵7,1 billones. Solo es superado por el del narcotráfico y los demás negocios ilícitos internacionales que llegan a los US$ 4.000 millones al año. Tomemos pues este negocio de la deuda pública, de gran actualidad, la próxima semana para ilustrar cómo opera el gran suprasistema de la corrupción planificada.

El pais de Costa Rica

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