Costa Rica: Gobernar en tiempos de cambio. J. Ordoñez

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

La columna de Jaime Ordóñez

GOBERNAR EN TIEMPOS DE CAMBIO

Nadie debería asustarse ni rasgarse las vestiduras en Costa Rica por el nuevo escenario que nació el pasado 2 de mayo de 2011 y el cual dividió el poder por el próximo año (y hasta nuevo aviso) en un Poder Ejecutivo que preside el PLN de la presidenta Chinchilla y un Parlamento dirigido por la Alianza de todos los partidos de oposición. Ante los que auguran ingobernabilidad y caos, desastres y diluvios, yo quiero exponer 4 argumentos que sostienen lo contrario. Que defienden que—en la vida de las democracias—cambios como éste son excelentes, que suponen una bocanada de aire fresco, un golpetazo en la mesa, un carpetazo a las modorras y a las peligrosas inercias que generan desgaste y entropía institucional. Aquí van los 4 argumentos:

1.- La co-habitación (y no co-gobierno, pues se trata de un fenómeno muy distinto), es decir, la repartición del Ejecutivo y el Legislativo ya sucedió en Costa Rica en 1958 y en 1966 y no se hundió el mundo. La única diferencia es que el PLN está ahora del otro lado de la acera, y le tocará negociar su agenda con la oposición en el Congreso.- Se trata de un ejercicio político que, subrepticiamente, se acerca mucho al parlamentarismo. Y eso está bien. Muy bien. Hacia el parlamentarismo debería dirigirse América Latina.-

2.- Las co-habitaciones ha sido comunes y han sucedido varios países del mundo, y en distintos lugares, como Francia, Italia, Noruega, y otras naciones. Son coyunturas complejas, sí, pero tienen una gran ventaja: las dos partes (gobierno y oposición) están obligadas a dar lo mejor de sí. Están expuestas al escrutinio público, y tiene que demostrarle a la sociedad y al electorado su capacidad para generar reformas, política pública y resultados. No tienen donde esconderse. No pueden echarle la culpa al otro.


3.- Este nuevo escenario le ofrece la gran posibilidad al Poder Ejecutivo de replantear totalmente su ejercicio político del último año, y proponer una agenda de temas de Estado. Costa Rica no necesita planes de gobierno, sino grandes planes de Estado. Desarrollar políticas no de 3 o 4 años, sino reformas a estratégicas a 15 o 20 años plazo. Imaginar y diseñar como debe ser la Costa Rica del año 2030. Para eso, el Ejecutivo no debe imponer ideas, ni tratar de doblar brazos (como se hizo en el pasado, y como lo intentaron los diputados del PLN burdamente el 2 de mayo) sino discutir y diseñar con la mayoría del sistema político una agenda nacional que genere entusiasmo y apoyo de la mayoría de la sociedad. Para ello, el diálogo es esencial. La presidenta Chinchilla deberá dialogar mucho, probablemente reestructurar su gabinete, convertirse en una presidenta de todos los sectores, y escapar de las trampas, celadas y turbios manejos de su partido, el PLN, convertido desde hace mucho tiempo en un territorio de canibalismo político, cleptocracia y prebendarismo. Tiene que desprenderse de la herencia de sus mentores. Es una persona de buenas intenciones y tiene tres años por delante para hacerlo.


4.- Este nuevo escenario le ofrece a la Alianza por Costa Rica la gran posibilidad de constituir una verdadera agenda temática que transforme—lo que hoy es ciertamente un grupo heterogéneo—en un nuevo sector político, con una agenda común de Estado. Lo que unió a sectores tan disímiles como el PAC, el ML o el PUSC o el FA fue la recuperación de valores republicanos como la separación de poderes; la transparencia; el control de la corrupción y la función pública. Muy bien. Ya eso es mucho y vale la pena. La transparencia y el control son esenciales a la democracia. Sin embargo, la Alianza tiene un reto más importante. En un momento donde la mayoría de los partidos de Costa Rica carecen de agenda, será esencial construir acuerdos sobre los grandes temas de Estado: seguridad ciudadana, reforma fiscal, reestructuración de la inversión en salud pública y educación; saneamiento y corrección de figuras como la concesión privada de obra pública (hoy la principal forma de corrupción del país); propuestas en materia de infraestructura urbana, protección ambiental, competitividad comercial, etc. Si la Alianza logra eso, desmentirá a los agoreros y ofrecerá una nueva opción política para el futuro. Si no, en doce meses volveremos a la entropía y a la incertidumbre.-

ordonez@epfcentroamerica.org

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Enviado por Claudia: MUY BUENO...Y estaba en la Nación! -8-5-2011-

COLUMNISTA '' Ojo Crítico ''

Este 1.º de mayo mostró que el actual PLN es una mera maquinaria electoral, resultado de la suma de múltiples feudos familiares y personalistas, caracterizados por desenfado ideológico, luchas intestinas y ahora por el “síndrome del PRI”, cuyo peligro principal es traspasar la tenue pero peligrosa frontera que divide el no querer entregar el poder, del no poder hacerlo.

Este 1.º de mayo mostró que el actual PLN es una mera maquinaria electoral, resultado de la suma de múltiples feudos familiares y personalistas, caracterizados por desenfado ideológico, luchas intestinas y ahora por el “síndrome del PRI”, cuyo peligro principal es traspasar la tenue pero peligrosa frontera que divide el no querer entregar el poder, del no poder hacerlo.

En esa ominosa sesión, el oficialismo –fracturado y con una jefatura bicéfala en el cargo, aunque descabezada en sus directrices– demostró, con bravuconadas, imposiciones y groserías, que se cree amo del Estado y único capaz de gobernar.

Cambiar el sistema de votación; la arbitraria apertura de la urna; romper las papeletas lanzándolas al aire; sesionar sin electores y sin quórum; tener por electo presidente al señor Villanueva, se condice con su cómplice aceptación inicial y las inoportunas y torpes felicitaciones de la Presidenta.

Con la posterior renuncia de Villanueva y el rumor que este niega, de que lo hizo a pedido de doña Laura, la supuesta defensa del voto secreto se cayó y salió a la luz la nueva identidad del PLN. Demostró que estos siete años de influencia y control sobre el Gobierno (los dos últimos de don Abel, en que los Arias fueron poder detrás del trono, más los cuatro de don Óscar, más el que lleva doña Laura), han generado en su continuismo una capa socialconfusa y electorera, que solo subsiste gracias a sus raíces presupuestarias y a su inamovilidad laboral. Su visión es estrechamente personalista, de tipo semifeudal y oportunista. Es prepotente y llega a lo brutal y lo grotesco, creando un clima que hubiese sido irrespirable para don Pepe, Rodrigo Facio, Carlos Monge o Chico Orlich.

Claro que también hay otro PLN, que entiende muy bien que la toma del directorio legislativo por la oposición no es ningún cambio de Gobierno y doña Laura seguirá gobernando, solo que sin controlar la Asamblea. Y que, como cree errónea y dañinamente don Ottón Solís, esto no significa ningún cogobierno, lo que supondría una alianza política y planes comunes entre oposición y gobierno, que no existen. El directorio no gobierna, solo dirige el parlamento. Por eso, los miembros de la Alianza por Costa Rica pueden votar diferente cada proyecto del Ejecutivo. En unos, este ganará y en otros, perderá; para eso existe el veto presidencial. A lo que sí están obligados es a luchar porque se aprueben los proyectos conjuntos acordados.

Oí que algunos amigos llamaban a Villanueva “El gato”. A mi me recuerda más bien a la zorra del cuento, que, después de usar todas sus tretas, no pudo alcanzar las uvas que anhelaba y, cuando se marchó, dijo despectivamente: “de por sí, ni las quería”.

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