Costa Rica: ¿Salvar al pueblo o salvar al gobierno?

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 José Merino del Río

 

 

http://www.frenteamplio.org/wp-content/uploads/puebloOctubre_Digital-1.gifSin rumbo. Una encuesta nacional  señala hoy que el 93 por ciento de los costarricenses piensa que el país navega sin brújula y sin rumbo. La mayoría es pesimista sobre su futuro económico. Sondeos anteriores también indican que una mayoría ciudadana opina que se gobierna para los ricos y en contra de los intereses de las capas medias, de los y las trabajadores, de los pobres. Sólo hay una minoría satisfecha, la que se ha beneficiado directamente con el crecimiento de la desigualdad social. En este contexto me parece que les puede interesar la lectura del editorial que el periódico PUEBLO, del Frente Amplio, publica en su última edición que salió a la calle el pasado 6 de octubre, sobre el pacto fiscal a cuatro años del referéndum sobre el TLC.

 

¿ SALVAR AL PUEBLO O SALVAR AL GOBIERNO?

 

Cuando se están cumpliendo cuatro años del referéndum antidemocrático que permitió al Gobierno de Arias y sus aliados de entonces, imponer el TLC al pueblo de Costa Rica mediante la campaña de miedo y de chantaje más perversa de nuestra historia republicana, el pacto firmado entre Laura Chinchilla y Ottón Solís sacude a la opinión pública y desata la controversia entre las diversas fuerzas políticas y sociales del país.

 

PAC y PLN justifican y defienden el pacto como un acto valiente y patriótico, que mediante una reforma tributaria progresiva y justa, contribuirá a salvar al pueblo de la crisis que nos amenaza.

 

Ese loable fin, a juicio de los protagonistas, justificaría también el sigilo y el secretismo que presidieron las negociaciones, así como el golpe propinado a la llamada Alianza por Costa Rica, con cuyos votos el PAC alcanzó la presidencia de la Asamblea Legislativa.

 

En esa misma línea de argumentación, se defiende un trámite ultrarrápido del pacto de marras en el parlamento, pues las virtudes de lo negociado no necesitaría mayor análisis y debate, y lo bueno sería su pronta aprobación, a golpe de tambor si es necesario,como se dice popularmente. Prácticamente en un mes todo debe estar bien cocinado para la votación.

 

Todo lo contrario de lo que la Alianza por Costa Rica, de la que el PAC forma parte, prometió al pueblo el pasado primero de mayo.

 

La verdad es que cuatro años después del referéndum el país está  peor y las promesas anunciadas con el TLC no se ven por ninguna parte. El déficit de la balanza comercial con los Estados Unidos crece, también crece el desempleo, así como la pobreza y la desigualdad. El futuro es incierto y la crisis de la economía estadounidense augura mucha tempestad y poca calma.

 

Mientras tanto, el gobierno de Chinchilla sigue la misma línea de Arias, sin que las broncas internas por cuotas de poder, alteren el rumbo de la ortodoxia neoliberal que tiene en la sala de cuidados intensivos a la Seguridad Social, al ICE y a lo poco que va quedando del Estado de bienestar. La corrupción sigue galopando a lomos de esas políticas antipopulares, y el déficit fiscal heredado, sigue aumentando. El gobierno se burla de las políticas de austeridad, que sólo quiere aplicar a las clases trabajadoras y a los más necesitados, y es incapaz de abordar con soluciones concretas y constructivas los grandes y pequeños problemas nacionales.

 

La sensación que hay cada vez entre más gente, es que vivimos una mezcla de parálisis, inutilidad y relajo. Incluso en el tema predilecto del gobierno y de la presidenta: la seguridad, el fracaso es evidente, así lo siente y lo padece una buena parte de la sociedad.

 

En este contexto emerge el tema fiscal, no como novedad pues es un asunto viejo y recurrente en la agenda política nacional, sino como urgencia del gobierno ante el creciente deterioro de las finanzas públicas.

 

El sistema fiscal de Costa Rica es altamente regresivo e insuficiente. La mayor parte de los impuestos, entre un 75 y un 80 por ciento son indirectos, es decir, los  pagamos todos y todas, independientemente de nuestros distintos ingresos. Los impuestos directos que gravan las rentas, cubren apenas una pequeña parte de los ingresos fiscales del gobierno.

 

Históricamente los más ricos y los sectores más florecientes y lucrativos de la economía, en estas décadas de neoliberalismo, por ejemplo, el sector financiero, los grandes exportadores, los grandes desarrolladores turísticos, entre otros, prácticamente se declararon en rebelión para no pagar más impuestos, con la complicidad de los gobiernos de turno.

 

Desde el Frente Amplio, siempre defendimos la necesidad de una reforma tributaria justa, exigiendo al mismo tiempo control y recorte del gasto superfluo, rendición de cuentas, control democrático del destino de los impuestos. Nuestra propuesta, presentada ante el parlamento, es la más avanzada, rigurosa y seria en ese sentido. Estamos dispuestos a explicarla y a defenderla en cualquier debate y ante cualquiera. También hemos estado siempre abiertos al diálogo, y nunca hemos rechazado la negociación con otras fuerzas, también con el Gobierno, entendiendo que la negociación es una forma de lucha y no necesariamente una claudicación o una traición.

 

No criticamos, entonces, que el PAC y el Gobierno se sienten a dialogar y que negocien si les parece conveniente.

 

Hemos criticado concretamente un pacto que se inscribe en una concepción antidemocrática de la política, por ese secretismo que señalamos, además de desleal con aliados que si son buenos para recibir sus votos y ocupar cargos, también deberían ser buenos para la información transparente y sincera.

 

Pero eso podrían ser bagatelas, de acuerdo a la apreciación de algunos voceros del PAC que defienden contra viento y marea la actuación de Solís, si al final el parto fiscal es progresivo y se traduce en mayor bienestar para el pueblo.

 

Lo grave es que un primer análisis de ese pacto nos demuestra que, a pesar de impuestos progresivos como el de zonas francas y otros importantes en principio, la reforma sigue siendo globalmente regresiva. La recaudación por la vía del aumento del impuesto  de ventas, le dará al gobierno la mayor parte de los futuros ingresos fiscales. Es decir. el peso de los impuestos indirectos seguirá fortaleciéndose en un sistema estructuralmente regresivo.

 

La impresión que poco a poco se va extendiendo, a pesar de la propaganda de La Nación y de otros agentes políticos, es que es un pacto pensado y estructurado para salvar al gobierno y no para salvar al pueblo. Y esto es independiente, incluso, de los buenos propósitos de alguna de las partes, ya se sabe que el camino del infierno suele está plagado de buenas intenciones. ¿Acaso el gobierno se ha comprometido a hacer algún cambio significativo en la orientación de sus políticas económicas, financieras, sociales o ambientales? El gobierno seguirá el mismo rumbo antipopular, pero con más dinero. Incluso por los ruidos que se oyen, no sería extraño un acuerdo de última hora para recortar las uñas a los escasos rubros progresivos del plan. Se habla de una renta mundial y una renta global, eso está bien, pero hasta ahora ni el mismo gobierno sabe cuánto puede recaudar por esa vía, ni exhibe ninguna voluntad real de hacer el cobro efectivo de ambas rentas. Tampoco se contempla ningún cambio en la administración y en las normas tributarias, enfocado en la dirección de garantizar finalmente la recaudación.

 

En los próximos días todo estará más claro. De momento Solís y la dirigencia del PAC, parecen haber apostado de hecho, pero equivocadamente, por echarle un cable al gobierno de Chinchilla, en detrimento de la construcción de lazos de cooperación y de confianza de una alternativa en defensa de los intereses del pueblo, que pasa necesariamente por otro tipo de gobierno y por otro tipo de política. Se privilegió la alianza con el PLN, y no con otras fuerzas del arco progresista social y político.



*Editorial del periódico PUEBLO, octubre 2011. Si quiere obtener un ejemplar comuníquese con el FA por medio de los teléfonos 22585641/22432689 o por el correo info@frenteamplio.org .

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