DE UNA CHILENA CON AMOR Y LUCIDEZ

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Leyendo esto que recibí, me di cuenta que tranquilamente lo pude escribir yo desde Argentina o cualquier Latinoamericano desde su país. Sólo debemos cambiar el nombre del país y de los gobernantes de turno de cada lugar y se asemeja a la realidad cotidiana en que todos vivimos.

Está muy bueno.

Saludos

Facundo


De:
Asunto: DE UNA CHILENA CON AMOR Y LUCIDEZ
Para:
Fecha: jueves, 12 de mayo de 2011, 22:32

 

2209055800_ec21bf414e.jpgChile se ha convertido en un estado bananero vendido al mejor postor, dónde lo que la gente piensa y desea no le importa al que está de turno en el sillón de La Moneda. Con promesas electorales el señor Piñera llegó a la presidencia y hoy se limpia el...trasero con sus palabras. El bienestar común, la herencia ecológica para nuestros hijos y nietos, el medio ambiente y la salud son moneda de cambio en la bolsa de valores. Atemorizarnos con un futuro sin electricidad o asustarnos con las plagas del infierno -sino aceptamos la “modernidad energética” que nos pintan- es un cuento que ya millones de compatriotas dejaron de creer. En todas las ciudades del país se ha escuchado el grito de un pueblo que no está dispuesto a hipotecar su vida, para que inescrupulosos empresarios se sigan llenando los bolsillos a costa de nuestra valiosa y hermosa geografía. Destruir la naturaleza o regar de transgénicos nuestros platos es algo que no estamos dispuestos a tolerar. La represión es el alimento de cada día en las calles del país. Al que protesta lo tapan a bombas lacrimógenas, lo bañan con agua inmunda, lo golpean o lo encarcelan. Los que alzan la voz para exigir que sus derechos se respeten son tratados de “terroristas”, son objetos de montajes judiciales y testigos enmascarados. Los encierran en cárceles como criminales y deben poner sus vidas en peligro con extensas huelgas de hambre, para ser escuchados, para denunciar ante el mundo los atropellos a los que son sometidos. A ellos, nuestros jóvenes idealistas y nuestros comuneros Mapuche, les aplican la ley maldita de Pinochet que ningún gobierno de la Concertación quiso eliminar. Mientras tanto, los verdaderos asesinos gozan de impunidad o pasan sus días de reclusión en prisiones cinco estrellas. Incluso, pretenden escapar a sus condenas aduciendo enfermedades, amnesia o senilidad. Los chilenos que vivimos en el extranjero somos considerados ciudadanos de segunda categoría, sin derecho a voto ni opinión. Somos el mal alumno, al que quieren condicionar con cláusulas legales para dejarnos participar de la vida electoral. ¿Somos acaso tan peligrosos que con una “rayita” podemos cambiar el rumbo político de la nación? ¡Basta ya de discriminación!   Todos nacimos en el mismo suelo y tenemos los mismos derechos. La pacatería, el doble discurso y la corrupción son los valses que a diario inundan los portales noticiosos. Nos quieren dictar normas de cómo vestirnos, cómo hablar o qué deben comer nuestros niños. Entre tanto, los que se creen dueños del poder, pululan entre la lujuria, la mentira y la indolencia. La Iglesia Católica Chilena tampoco escapa a los titulares y luego que la verdad se cae de madura, hace un mea culpa por sus miembros involucrados en actos de pedofilia y establece un nuevo protocolo para tratar casos de abusos sexuales cometidos por religiosos. Sin embargo, la misma sacrosanta institución premia al Cardenal Errázuriz, quién en un principio no creyó en estas denuncias,  con una vivienda de lujo -indicando que es un regalo de un particular- y yo me pregunto entonces ¿será que por hacerse el desentendido le regalaron una casa? ¿Dónde queda el voto de pobreza?  Para los que conocemos a los “curas obreros” que están junto a sus feligreses en las poblaciones, dicho obsequio y aceptación resulta un insulto a moral. Chile empieza a despertar, se hartó de falsedades, de injusticias, de descaro. Su juventud toma la iniciativa y nos impulsa aires nuevos, renovados, nos interpela a no dejarlos solos y a retomar el ímpetu con que antaño desafiamos al Dictador.  

 

 Rossana Cárcamo

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