Desde el Bio Bio para Aysén

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Estoy a 1.362 kilómetros de distancia de la región de Aysén, a esta inmensa distancia pareciera que estamos tan ajenos a los quehaceres y devenires patagones que parece iluso pensar que desde este rincón de la región del Bio Bio podríamos estar interesados en lo que sucede en una región tan austral y más aún pensar que podemos hacer algo para revertir una decisión tan injustamente zanjada desde los intereses comerciales y personales del Gobierno, el cual ha sido juez y parte. Por ahora la represa en Aysén es un hecho, por ahora.

Es probable que a lo mejor muchos penquistas jamás tengan la oportunidad de conocer la bella ribera del rio Baker o siquiera la Región de Aysén, entonces: ¿En que nos podría afectar una represa en el fin del mundo?, la respuesta es SÍ, nos afecta, esto va más allá del daño ecológico que significara el mega proyecto de Hidroaysén. Si bien es sabido por todos que los efectos de este proyecto serán nefastos: destrucción de ecosistemas, inundación de parte de parques nacionales y humedales, además de arruinar una de las postales más bellas de nuestro país, el imponente rio Baker. Casi tan nefasto es el daño a nuestra ciudadanía y al derecho que tenemos como chilenos a expresarnos y ser escuchados y considerados las decisiones que se toman con nuestro territorio.

Si se analiza este proceso de aprobación Hidroaysén desde el punto de vista ciudadano podemos sentir el atropello de décadas de malas prácticas de política ciudadana chilena, pareciera que volvemos a ser niños y que papá gobierno y tíos empresarios tienen el deber de decidir qué es lo mejor para nosotros, obviamente sin consultarnos ni tomarnos en cuenta, recuerden que para ellos solo somos niños. Pero ¿qué pasa con todos los gritos de atención del 80% de los chilenos que no tienen el poder ni económico ni político y que además pagamos los impuestos que sostienen a este país?, ¿qué se hace con el sentir ciudadano?, ¿cómo vamos a valer tan poco?, a lo mejor son resabios de la dictadura militar, que denigró al ciudadano a la calidad de una masa de ignorantes caprichosos que no tienen idea de nada y deben ser guiados y reprimidos para que no caigan en el cáncer de la opinión y la acción social. A lo mejor esta es la forma de gobernar que se ha impuesto en Chile desde el retorno a la democracia, con breves oasis de inclusión que solo han sido eso, ya que no han gatillado en ninguna política de estado que tome en cuenta a la ciudadanía en temas ambientales y políticos. Solo la presión incesante de las masas a veces ha provocado que se logren revertir decisiones que parecen irrevocables, pero solo la calle nos ha otorgado eso, ningún constructo articulado y consensuado ha incluido al ciudadano común y para nada corriente en las decisiones de Estado o siquiera se nos ha considerado como parte de la discusión. Quieren participación de los ciudadanos, pero ¿en qué?, lo único que les interesa es que votemos, cada año de elecciones nos llaman a ejercer nuestro deber/derecho ciudadano de sufragar y que votemos por ellos: una clase política/económica hedionda y viciada, que se hace la ciega, sorda y muda cuando el sentir ciudadano se mete en sus bolsillos, ¿que opciones tenemos en un sistema eleccionario excluyente?

El día en el que se aprobó el estudio de impacto ambiental del mega proyecto de Hidroaysén se vio lo que pocas veces ha pasado en Chile, manifestaciones simultáneas de ciudadanos que quieren ser escuchados, aunque las mega represas sean solo una imagen lejana desde Santiago, Concepción y Puerto Montt, demostramos que también es nuestro país y nuestro problema, son nuestros recursos y es nuestra voz la que se alza, la misma que a veces parece enajenada de por vida a las decisiones de las cúpulas centrales. La estructura social se nos viene encima, somos solo la base de un aparataje de poder que funciona con o sin ciudadanos pero no puede prescindir de nuestro único bien, nuestra capacidad de trabajo. Sí, somos todos los que a punta de esfuerzo, impuestos y sueldos miserables sacamos adelante a nuestro país, pero no somos hormigas, somos seres humanos pensantes y parlantes, enajenamos nuestra capacidad coercitiva al Estado, pero no le entregamos nuestra opinión ni nuestra necesidad de manifestarnos cuando no somos escuchados.

Más que hablar de un atropello ecológico, esto es un atropello social, pero no solo con los ciudadanos que no queremos una represa en Aysén, el atropello más grande lo reciben las comunidades que viven en la zona de inundación del Baker y el rio Pascua, claro muchos pueden decir: “”Ellos van a recibir dinero, al igual que pasó en Ralco”, en el que se aprovechó la desprotección económica de las comunidades Pehuenches de Alto Bio Bio y usaron el sentimiento de inminencia de la represa para poder dar el vamos a su proyecto. Espero sinceramente que unas migajas, porque aunque sean decenas de millones de pesos las que se les paguen por sus terrenos, son migajas en comparación con los exorbitantes beneficios económicos que traerá para Hidroaysén afectar parte de seis parques nacionales, 16 humedales y 11 reservas nacionales, 26 sitios prioritarios de conservación y otras 32 aéreas protegidas. Pero es más que esto, ¿dónde quedan los derechos de las comunidades que históricamente han vivido en las riveras del rio Baker y Pascua?, en todo esto hay un tema de respeto ¿Por qué nuestro crecimiento depende de destruir siglos de historia tehuelche? Y si el desarrollo de ellos dependiera de inundar el cementerio general, la catedral de Concepción y el santuario de San Sebastián ¿los dejaríamos?, la pregunta hasta provoca risa y la respuesta es obvia, pero ¿por qué cuando se trata de nosotros (los chilenos) lo es y cuando se trata de ellos (nación mapuche) no lo es?

Los invito a apagar la televisión y darnos un tiempo para reflexionar en sus comunidades y en sus familia, llegó la hora de los ciudadanos, somos más, sabemos lo que queremos y a dónde queremos ir, salgamos a las calles movilicemos a nuestras comunidades, acá estamos presentes y atentos. Acabemos son décadas de atropellos ciudadanos. La tierra es nuestra y de las generaciones futuras, debemos luchar por ella. Aysén no está solo, la Patagonia es de todos los chilenos.

Por Tania Rubio Oyarzun

¡¡El fútbol y la tele es el nuevo opio de los pueblos!!


Texto de origen externo, incorporado a este medio por (no es el autor):

Cristián Andrés Sotomayor Demuth

El Ciudadano

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