Diario salvadoreño: La región, sin los EEUU, se vitaliza y comienza apropiarse de su futuro

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

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Hasta  hoy había sido casi obligatoria la presencia de los  Estados Unidos en todos los ámbitos de la vida de los países   latinoamericanos, por ello Latinoamérica se conocía hasta hace poco como el patio trasero de la potencia norteña, en especial desde el siglo XIX, cuando lanza la Doctrina Monroe, conocida como «América para los Americanos», es decir, que no permitiría a las potencias de la época interferencia o intromisión en la región. A esta doctrina se le agregó la del «Big Stick» o del «Gran Garrote».


Esa tutela no significó prosperidad para Latinoamérica, al menos para la mayoría, sino que se tradujo en gobiernos militares, represores de toda idea que contradijera la política e ideología de los Estados Unidos, así como en la explotación de sus recursos naturales para alimentar la maquinaria industrial y de guerra norteamericana. 
Con el nacimiento de la Organización de Estados Americanos en 1948, a invitación de los Estados Unidos, este dicta el marco legal para justificar sus intervenciones en la política local latinoamericana.
Una muestra reciente que resume la intervención de los Estados Unidos en la política latinoamericana, utilizando a sus agentes políticos locales y a la OEA, fue el golpe de Estado en Honduras, en julio de 2009.
Pero los vientos de la política mundial conspiraron para que Latinoamérica comenzase a sacudirse la tutela de los Estados Unidos: la atención que prestó a los conflictos en el Medio Oriente, azuzados por los atentados del 11 de septiembre de 2001, posibilitó que los Estados Unidos «descuidara» sus intereses en la región.
El resultado fue una primavera democrática, en que los países latinoamericanos toman las riendas de sus destinos, con resultados que asombran al mundo, especialmente cuando Europa y los Estados Unidos, no salen de la crisis económica.
Latinoamérica está fortalecida económicamente con grandes perspectivas para el futuro. Bajo el liderato inicial de Cuba, Brasil, Venezuela, Chile y Argentina, seguidos por Bolivia y Ecuador, mas recientemente por Nicaragua, Perú, El Salvador, entre otros países. La región, sin los Estados Unidos, se vitaliza y comienza apropiarse de su futuro.
El corolario de esta que será la segunda independencia es la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños  (CELAC ), sin la presencia de los Estados Unidos y Canadá, y de la que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, anticipa como sustituta, algún día, de la OEA.
Antes de la CELAC se creó la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), como punto central para dirigir todas las políticas regionales del sur del continente. Tras ellas vino MERCOSUR, ALBA, como muestra de un polo autónomo.
En su último informe, dado a conocer ayer martes, la CEPAL afirma que la pobreza y la indigencia en Latinoamérica está en su nivel más bajo en 20 años, cifra que no se logró bajo la tutela de los Estados Unidos. Y hay más datos de la reciente prosperidad latinoamericana que no alcanzaría este Editorial para mencionarlos.
Allí están los resultados de Latinoamérica sin los Estados Unidos.
Con la CELAC ya no se buscará el famoso «consenso de Washington», sino el consenso de los intereses latinoamericanos, ahora le toca a los Estados Unidos buscar el consenso, como dice una famosa frase: sin odio, sin armas, sin violencia, si es que quiere que se le respete como socio.

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