Divergencias en la socialdemocracia española sobre el viaje de cacería del Rey

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

La número dos del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) apela a la “responsabilidad institucional” después de que el lider de los socialdemócratas madrileños emplazara al Rey Juan Carlos a abdicar por su viaje de cacería a África. 

Elena Valenciano

Elena Valenciano

El viaje del Rey de España a Botsuana para cazar elefantes, que ha trascendido a la opinión pública únicamente después de que este sufriera un accidente y se rompiera la cadera, ha aflorado las diferencias existentes entre los diferentes miembros del PSOE sobre la posición y el tratamiento que debe dar el partido a la monarquía.

La mecha la encendía esta misma misma mañana el líder de los socialdemócratas madrileños, Tomás Gómez, al mostrar su rechazo al viaje que hizo el Rey al país africano la pasada semana. “Ha llegado el momento de que el jefe del Estado se plantee que tiene que elegir entre las obligaciones y las servidumbres de las responsabilidades públicas o una abdicación que le permita disfrutar de una vida diferente”, ha asegurado en rueda de prensa.

En opinión del líder del Partido Socialista de Madrid (PSM), lo sucedido con el viaje del Rey a Botsuana es “poco edificante” y no es lo que esperaban “los españoles de la Casa Real en momentos de crisis”. La suya era la primera valoración que se hacía desde las filas socialistas al percance que provocó la precipitada vuelta del monarca a España para someterse a una operación de cadera urgente.

Desde la Ejecutiva federal se han apresurado a dejar claro que la de Gómez no es la postura oficial que defiende la dirección del PSOE sobre la institución monárquica. La vicesecretaria general del PSOE, Elena Valenciano, ha querido dejar claro en declaraciones a varias agencias de noticias, que su partido nunca ha comentado la agenda privada del Rey. “Ni cuando nos gusta ni cuando no nos gusta”, ha asegurado la mano derecha de Alfredo Pérez Rubalcaba.

No se harán valoraciones al respecto

En clara alusión a las palabras de Gómez, Valenciano ha precisado que “por responsabilidad institucional” el PSOE tampoco va a hacer ahora ningún tipo de valoración al respecto.

Ante las palabras de la número dos del partido, fuentes del PSM se han remitido a las declaraciones efectuadas este domingo por el propio Tomás Gómez durante una rueda de prensa que ha tenido lugar en la sede de su partido.

Iñigo Aduriz / Público/LibreRed.Net

 

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Elefantes, microrrelatos 15 de abril

 

 

Quiso el negro azar que 1 euro de mis impuestos resultara ser, como una versión siniestra del soldadito de plomo, el euro concreto con el que se pagó la bala concreta que mató al elefante concreto.

Fernando Marías

Cuando se despertó, el elefante seguía estando allí.
A los pies de la cama de hospital madrileño, como un gato verdoso, extrañamente cómodo en un cuarto tan pequeño. El fantasma de elefante entreabrió un ojo de grabado de Durero y le espetó, antes de dormirse de nuevo, con una voz perfectamente humana: cada vez que te cruja la cadera de pvc que van a ponerte, acuérdate de mí y de todos los que pensamos en ti, allá abajo, en nuestro cementerio de Botswana

 Patricia Esteban Erlés

Entre nómadas

El blog de Marta Navarro


 

¿Abdicación? No: ¡Referéndum!

Hace algunos años me impresionó bastante una anécdota que contó en una conferencia Javier Ortiz ocurrida cuando él era subdirector y jefe de la sección de opinión de El Mundo. Entonces el diario publicó un editorial muy crítico con Juan Carlos de Borbón, sus viajes de placer y la falta de responsabilidad que demostraba. Javier Ortiz aclaraba el origen del artículo: “La dirección de ‘El Mundo’ se limitó a atender una petición expresa formulada por gente muy prominente de la Casa Real” puesto que necesitaban localizar al rey, de viaje por Suiza con alguna corinna del momento, mientras en España se había muerto el ministro de exteriores, Fernández Ordóñez, y el rey tenía que presentarse en Zarzuela para investir a Javier Solana en su lugar (aquella anécdota está extensamente contada en este viejo apunte, que fue matizado en los comentarios por el propio Javier Ortiz). Es decir, la crítica de determinados medios hacia el comportamiento de Juan Carlos de Borbón no sólo no era una crítica republicana sino todo lo contrario: un toque de atención para intentar reconducir un comportamiento y permitir la permanencia de la institución.

 

Ayer recordé bastante esta anécdota porque daba claramente la impresión de que nos encontrábamos ante una reedición de aquello: con mucha mayor crudeza puesto que la situación de la Monarquía (que es, se quiera o no, vértice de nuestro régimen político-económico) es infinitamente más precaria que entonces. Además de nuevos editoriales en El Mundo, lo más sonado ayer fue la Historia de cómo la Corona ha entrado en barrena de José Antonio Zarzalejos (ex-director del monárquico ABC) que daba detalles de líos, chanchullos y hasta el nombre de la actual amante del monarca. Todo ello silenciado por el firmante del artículo (entre otros muchos) hasta el momento. El artículo tenía (en negrita) una frase que se atribuye a Zarzuela y a PP y PSOE:

Según fuentes del entorno de la Zarzuela y de los dos principales partidos, “ha de elegir entre las obligaciones y servidumbre de la Jefatura del Estado y una abdicación que le permita disfrutar de una vida diferente

La idea parece clara: el desprestigio de la Corona (que no viene sólo de la cacería de elefantes en Botsuana) pone en peligro el actual tinglado político. No debe de ser casual que ese desprestigio coincida con el mayor deterioro del bipartidismo de la Transición (en la encuesta de ayer de El País PSOE y PP sumaban menos porcentaje de voto que el peor resultado de la suma de los dos partidos del régimen en estos 35 años). Se atribuyen a la Corona muchas funciones de las cuales apenas una sí que cumple de hecho: la de ser símbolo de continuidad. Si se abre el debate de la forma de Estado lo que se está abriendo es, sin duda, mucho más amplio que la forma de elección de la jefatura del Estado: estaríamos abriendo el debate constituyente, es decir, apuntando a los cimientos políticos pero también económicos y éticos en los que vivimos.

Por ello son precisamente los ámbitos más conservadores los que ayer se apresuraron a hablar de abdicación, es decir, de la retirada de Juan Carlos de Borbón y la coronación de su hijo Felipe: un cambio lampedusiano que saben complicado (todavía no se han inventado las leyendas heroicas del heredero y tienen difícil convencernos ahora de que seamos no monárquicos sino felipistas) pero que modificaría el rumbo hacia el seguro declive de la monarquía a la que lleva un rey cuyos escándalos ya no pueden ser ocultados más.

El abuelo de Juan Carlos I, Alfonso XIII, cuando salía de España hace 81 años dejó escrito que esperaba que pronto los españoles volvieran a ser monárquicos y que lo expresaran en una consulta democrática para legitimar su vuelta. El padre de Juan Carlos I, Juan de Borbón, cuando albergaba esperanzas de ser el elegido por Franco y no su hijo, también dio por hecho en alguna entrevista que la instauración de la monarquía tendría que ir acompañada de un referéndum específico sobre si los españoles querían Monarquía o República. Juan Carlos I no lo vio tan claro y en la Transición ató férreamente el tema: a las elecciones (constituyentes de hecho) de 1977 no permitió presentarse a ningún partido que se siguiera reclamando republicano (Izquierda Republicana seguía siendo legal, Esquerra Republicana de Catalunya tuvo que presentarse con otro nombre y el PCE aceptó la Monarquía y su simbología para ser legalizado) y por supuesto se negó al pueblo español la posibilidad de expresarse específicamente sobre el asunto: se metió en la Constitución del 78 para que formara parte del pack y se votara esta forma de democracia o nada. Habrá quien piense que en aquel momento había condiciones que demandaban no abrir ese tema. Hoy no se trata de saber si en 1977 y 1978 se hizo bien, sino si las condiciones de 2012 aconsejan seguir sin abrir el debate sobre un cambio profundo en la política española, abrir un proceso constituyente.

De hecho estamos ya en un proceso constituyente (o más bien destituyente dado que no es un proceso democrático sino que viene de poderes económicos sin legitimidad política), pero ocurre que no son hacia mayor democracia sino continuos recortes en derechos y libertades tanto de hecho como en derecho. Lo que se trata de debatir no es si cambiamos nuestro modelo político, que en eso ya estamos, sino cómo lo hacemos y hacia dónde lo dirigimos: si lo hacemos siguiendo instrucciones del poder financiero hacia restricciones democráticas y sociales o lo hacemos mediante un poder constituyente que establezca democráticamente un nuevo camino basado en la soberanía popular y en la dignidad.

Estos días arreciarán los rumores sobre la abdicación de Juan Carlos. Si se tratara de un presidente de gobierno estaríamos pidiéndole, como hemos hecho con otros, que dimitiera y convocara elecciones. De eso se trata ahora.

La única legitimidad que podría tener Felipe de Borbón para heredar la jefatura del Estado es que de una vez se permita hablar al pueblo español sobre cómo quiere regirse. Quienes quieran continuidad saben que sin encontrar una legitimidad que vaya más allá de la votación de hace 35 años sobre una Constitución en la que la monarquía era sólo uno de los apartados el recambio mantendrá o incluso avivará el declive del régimen personalizado en la jefatura del Estado y en el bipartidismo. Lo que planteamos otros no es sólo que queramos la llegada de una república sino que consideramos urgente un conjunto de profundos cambios sociales, políticos y éticos y a eso le llamamos III República.

Que decida el pueblo.

 

Hugo Martínez Abarca

Quien mucho abarca


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