El derecho de los homosexuales. Por Lázaro Fariñas*

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

Miami, 21 de Septiembre de 2011

Lázaro Fariñas foto© Virgilio PONCE

Por Lázaro Fariñas* / Foto Virgilio Ponce - Martianos - Hermes - Cubainformación.- 

 La orientación sexual de cualquier persona es algo estrictamente personal. Nadie es más bueno o más malo por tener cualquier tipo de preferencia sexual. Nadie es mejor o peor,  ciudadano, patriota, profesional, obrero, soldado,  campesino o ser humano en general, porque le guste tener sus relaciones sexuales con una persona de su mismo sexo, con personas de ambos sexos o solamente con personas del sexo opuesto. A nadie le debe importar lo que suceda en una habitación entre dos seres humanos adultos. Es así como debería ser, pero evidentemente, no es así como ha sido hasta este momento.

A través de los años, la sociedad ha dictado normas de comportamiento sexual  y ha discriminado a todo aquel que se ha atrevido a desafiarlas. Aunque en las últimas décadas ha habido cambios significativos en esas reglas, aún quedan bolsones discriminatorios para los que abiertamente se proclaman homosexuales o bisexuales.

 En las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, hasta mediados de los noventa, era considerado un crimen mayor el ser homosexual.  Muchos de los soldados eran vigilados e interrogados como si fueran criminales, solamente por sospechas de que tuvieran tendencias homosexuales secretas. No fue hasta los noventa que el presidente Bill Clinton empezó a aplicar la política conocida como "No preguntes, no digas" con la cual se prohibía preguntarle al soldado si era o no homosexual  y el soldado no tenía que decirlo voluntariamente. A pesar de esa política, miles y miles de soldados fueron dados de baja por sus tendencias sexuales.

El problema de la discriminación hacia los homosexuales en las Fuerzas Armadas era tan dramático, que en 2003 y para llamar la atención de las autoridades, un almirante y dos generales retirados salieron a la luz pública afirmando que ellos eran homosexuales, pero que para poder servir en lo militar tuvieron que vivir una vida llena de mentiras y funcionando como cualquier heterosexual.

Toda política de discriminación de los soldados por sus preferencias sexuales está, desde hace unos días, prohibida por la Secretaría de la Defensa.  El alto mando militar de este país le ha advertido a las tropas  no molestar a cualquier soldado por decir abierta y públicamente que es homosexual. Por lo menos una inmensa injusticia ha sido reparada, no es lógico ni tan poco humano que  una persona  que tenga preferencias sexuales hacia otra del mismo sexo, sea discriminado o licenciado por una institución militar en la cual se inscribe para, en caso necesario,  dar la vida por la misma.

Con esta medida, la administración del presidente Barack Obama ha dado un paso correcto hacia lo positivo. De un plumazo el presidente ha ido, de cero tolerancia a la incorporación de homosexuales a los cuerpos militares, a cero tolerancia contra a la discriminación.

Hay que declararle la guerra o todo tipo de discriminación, ya sea racial, religiosa o sexual.  El color de la piel no puede ser motivo para separar a una persona de la sociedad. Gracias al presidente Johnson se firmó, allá en los sesenta, la Ley de Derechos Civiles en este país que le dio plenos derechos a los ciudadanos negros y aunque aún sean discriminados en algunas regiones del país, legalmente existe una ley que los respalda.  Poco a poco, se han ido abriendo camino en esta sociedad las personas que tienen tendencias sexuales diferentes a nosotros lo heterosexuales. Poco a poco han ido avanzando, y ya en muchos Estados de la Unión se les permite unirse en matrimonio. Hay muchos que no quieren admitir esto último, ya que clasifican el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer. El matrimonio no es más que un contrato social y legal que firman dos personas.   ¿Qué diferencia existe si esas dos personas son del mismo sexo? ¿A quién le debe importar eso? ¿Quién es quién para inmiscuirse en la vida de los demás? Si una mujer o un hombre quiere firmar ese tipo de  contrato con alguien de su mismo sexo, es  problema de ellos y de nadie más. Los gobiernos deben de abolir todo tipo de restricciones al respecto.  Que los ciudadanos se casen con quien les dé la gana de casarse.  El día que todos los gobiernos del mundo acepten lo anterior, los seres humanos seremos más libres y más respetuosos de los derechos humanos de los humanos.

  

 *Lázaro Fariñas periodista cubano residente en EE.UU.

Fuente original: enviado por el autor a MARTIANOS-HERMES-CUBAINFORMACIÓN

 

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