“El genocidio en Guatemala no fue por casualidad ni por enojo ”

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Entrevista con Ricardo Falla. El periódico (Guatemala)

09 de septiembre de 2011 -

 

(Ricardo Falla recupera la historia de San Francisco, Nentón Huehuetenango; de cómo fue la masacre pero sobre todo de lo que ocurrió antes y después. Entrevista por Asier Andrés).


Cerca de un mes antes de la masacre, el Ejército llegó a la finca San Francisco, y le hizo a los vecinos 2 advertencias: “No se vayan a las montañas y coloquen la bandera nacional en la comunidad”.

Cuando los militares volvieron, el 17 de julio de 1982, ya no se interesaron por comprobar si se habían cumplido sus órdenes. Simplemente, asesinaron a todos los habitantes de aquella aldea remota situada junto a la frontera mexicana, al menos unas 320 personas de etnia chuj. En su último libro, “Negreaba de Zopilotes”, el antropólogo Ricardo Falla [1] recupera la historia de San Francisco; desde el nacimiento de la finca a finales del siglo XIX, hasta el exilio en México y el retorno a Guatemala.

El hilo conductor son los sobrevivientes, la historia de los que escaparon de milagro del cerco militar o del vecino que aquel día estaba comprando una bandera en Nentón.

La pregunta que recorre el libro es si se acabó San Francisco. ¿Por qué? – Lo que me interesaba contestar es si las fuerzas de la muerte pudieron contra la vida. El genocidio es la muerte en toda su intensidad aplicado en punto. Pero ni siquiera en ese punto, la muerte es total, no porque no hubiera la intención de erradicar toda la vida, sino porque la vida y la inteligencia siempre escapan. Eso me parece muy interesante, la lucha por la sobrevivencia prevalece a pesar de la masacre, el exilio y el actual estado de abandono total en que viven los supervivientes, eso que yo llamo el genocidio de baja intensidad.

Pero la aldea fue arrasada – Fue borrada del mapa, ahora es una finca privada por la que pasará la Franja Transversal, a la que ni siquiera dejan entrar a los supervivientes. Por el momento, no ha surgido entre los supervivientes y sus descendientes la idea de unirse y recuperar el lugar. Contra eso también juegan las fuerzas de la muerte, que dividen a la gente.

¿En la zona y entre los descendientes se habla de la masacre? – Está vivísima. Muchos jóvenes te cuentan la historia con una cantidad de detalles enorme. Otros no tanto, y los viejos se quejan de ello. Pero parte del olvido en que viven es que su memoria no ha tenido una visibilización y ellos siguen viendo la masacre como algo que ocurrió, pero de lo que la gente de fuera no sabe nada.

Los sobrevivientes están divididos en dos comunidades y son vecinos de aldeas de expatrulleros. ¿Cómo es la convivencia? – Es complicado. Por ejemplo, la última vez que fui los llamé por teléfono y les dije que invitasen a las otras comunidades para celebrar misa. Y no se pudieron juntar ni siquiera las dos comunidades de sobrevivientes, menos con los ex-PAC. Un problema fundamental son los pleitos de tierras, hay escasez, indefinición de límites, y la masacre lo complicó todo aún más. Las comunidades en las que se formaron PAC han tenido más tiempo para desarrollarse porque no se fueron a México, y contaron con el apoyo del Ejército, y hoy les están comprando las tierras a los retornados.

En su libro escribe: subir, quiere decir, tener más ganado, más ganado requiere más potreros y eso implica quitarle la tierra a otros . ¿El progreso económico es siempre a costa de los demás? – Con la acumulación de ganado se va dando la estratificación social. Estas comunidades no están al margen del capitalismo y cada vez estas dinámicas son más fuertes. La competencia por la tierra es probablemente uno de los factores que más tensan las relaciones entre las comunidades.

Casi 30 años después, no solo no hay consenso sobre si fue o no genocidio – Yo no soy jurista y quizás no sé interpretar lo qué es genocidio, pero no podemos permitir que un debate sobre sutilezas jurídicas tape la dimensión del cataclismo que vivimos. La idea de que todo genocidio si no es como el de los nazis no lo es, favorece a los genocidas, les permite hacer otras cosas que son genocidio, pero argumentar que como se reúnen ciertos requisitos, aquí no pasa nada. Se aprovechan de un aparente contradicción: el Ejército nunca quiso acabar con todo, los indígenas o con ciertas etnia, y eso contradice la definición de genocidio, que habla de la exterminación de un pueblo por el hecho de ser ese pueblo. Pero aquí hubo un genocidio de aldeas, se ejecutaron masacres totales como la de San Francisco, en las que quedaba claro que se quería acabar con la aldea como tal y se asesinaban hasta los fetos. Parece contradictorio, se eliminaron aldeas por ser aldeas, pero no se quisieron eliminar todas la aldeas . Pero es que este genocidio no fue como el de los nazis, el objetivo no era el exterminio total, si no un exterminio parcial que permitiese la dominación política.

¿Y el factor racial? – Cada masacre debía irradiar un terror tal que sirviera para controlar al conjunto del pueblo indígena, y ahí entran las consideraciones racistas. El pueblo indígena era considerado peligroso y difícil de controlar, y por otro lado, se pensaba que era un pueblo inocente, niño, y por eso la guerrilla lo tenía controlado. El racismo es lo que le permitió al Ejército alcanzar un nivel de crueldad nunca visto, y eso implicaba no ver a las víctimas como seres humanos.

Acabada la fase de la tierra arrasada, ¿siguió el genocidio? – Según la definición oficial, el sometimiento intencional de un grupo a condiciones de existencia que puedan acarrear su destrucción total o parcial, es también genocidio. Eso es lo que ocurrió en la segunda fase, cuando la gente andaba dispersa escondiéndose del Ejército, y lo que buscaron los militares fue sacarlos de sus escondites y llevarlos a las aldeas modelo. Para ello, les lanzaron bombas, se destruyeron sus cosechas, sus ropas, sus útiles de cocina, todo lo que sirviese para vivir. Los muertos no fueron solo por los fusiles.

Otto Pérez argumenta que las masacres ocurrieron porque, por la estrategia del EGP, era imposible diferenciar a la población civil de las unidades militares de la guerrilla. – Eso es insostenible. La semejanza del comportamiento del Ejército en las aldeas masacradas lo demuestra. Se puede estudiar el trayecto de las operaciones y ver cómo cada gran masacre de aldea está conectado con otras masacres menores. Esto no ocurrió por casualidad ni por enojo. En San Francisco, mataron primero a los ancianos, los niños, y las mujeres, descansaron y después mataron a los hombres. En Cuarto Pueblo, Ixcán, la masacre duró tres días.

¿Es cómodo culpar exclusivamente al Ejército de lo que ocurrió? – La culpabilidad radica en el Ejército y en la sociedad civil, sobre todo quienes se veían afectados en sus intereses económicos por el avance de la Revolución. Por ejemplo, habría que seguir la línea de investigación si sucesos como la huelga cañera de 1980 fue un factor desencadenante del genocidio.

¿Y qué parte debe asumir la guerrilla, con la que usted mantuvo relación? – La guerrilla no fue la causa de las masacres, aunque sí tienen la responsabilidad de haber puesto a la población en disposición de ser exterminada. La guerrilla, teniendo como líderes a personas con una gran capacidad de análisis político y militar, no supieron prever la reacción del Ejército. Si no, no creo que hubiesen adoptado esta estrategia. Hay quien dice que a la guerrilla no le importaba nada la gente, que incluso pensaban que la revolución iba a requerir muchos muertos. Pero yo no creo que esa visión fuera generalizada.

¿Le preocupa que un exmilitar [2] llegue a la Presidencia? – Ellos dicen que no miremos atrás, que miremos hacia delante, pero el peligro es que ellos nos hagan volver a atrás. El narcotráfico, por ejemplo, también se apoya sobre la población civil, los meros capos son gente tratable, que se preocupa por la canchas de fútbol, que tienen base social. Así se explican sucesos como el de los 27 trabajadores de una finca decapitados en Petén: ¿ese era un mensaje a un narcotraficante o al pueblo del que vinieron los trabajadores? Entonces, estamos de nuevo ante una situación en la que se ve involucrada la población civil. Podría ser que se utilice la misma estrategia del pasado, porque esa estrategia es un hábito mental de los militares del que no se arrepienten. Y lo que es peor, ¿y si el gobierno no luchase contra el narcotráfico y solo luchase contra un cartel en contra de otro cartel?

¿Cómo interpreta su candidatura? – Su candidatura es la expresión de la voluntad de los ciudadanos de dominar la delincuencia. Pero veo que sí hay una simpatía verdadera hacia él. Se ha creado con mucho dinero una imagen que crea simpatía. Y, ¿de dónde viene ese dinero?, ¿de quienes también financiaron el genocidio?

Pero él fue uno de los militares que sí impulsó la paz. ¿No es justo diferenciar entre militares? – Hay que valorar su papel en la paz, pero los militares están siempre amarrados a una institución mayor que ellos, aunque tengan buena voluntad. Y aunque dejen la institución siguen amarrados a una estructura de relaciones sociales. No quiero decir que alguien que haya sido militar no pueda ser Presidente, pero, ¿alguien que estuvo tan metido en la estrategia que se ejecutó en el área Ixil?

 

 

 

[1] El antrópologo Ricardo Falla ha documentado en varios libros la política contrainsurgente genocida practicada por el ejército de Guatemala. En esta entrevista se puede encontrar una panorámica de su obra: http://www.envio.org.ni/articulo/785 . Me parece una curiosa lectura la reseña que el servicio de orientación lectora del Opus Dei dedicó a uno de sus libros más significativos, ’Masacres en la selva’: http://www.opuslibros.org/Index_lib... . Para otra faceta de la obra de Falla: http://diariodelgallo.wordpress.com...

 

 

[2] Se refiere a Otto Pérez Molina, a quien se da por favorito para las elecciones guatemaltecas. Aquí un vídeo sobre el personaje:


 
 Aquí la web de su partido: http://www.partidopatriota.com/
Grupo Antimilitarista Tortuga

 

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