El legado del Tigre Celta todavía puede transformar Irlanda /Thomas Molloy desde Dublín

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Celtic Tiger legacy may yet transform our nation says Thomas Molloy.

 

 

El capitalismo ha sufrido un terremoto tan destructivo como los que destruyeron Lisboa en 1755 y Fukushima en 2011. A raíz de este tsunami financiero causado por los banqueros incompetentes desde Detroit a Dublín y Dusseldorf, hemos visto que el capitalismo real es tan elusivo y difícil de practicar como el comunismo. Los ricos y poderosos aquí y en otros lugares han distorsionado los principios básicos para garantizar que sacarán el cuerpo casi ilesos, mientras que los individuos, comunidades y países enteros son consumidos por las llamas.Cuando países tan diversos como Irlanda, Portugal y Grecia, todos fallan por razones diferentes, entonces debe haber algo mal con el sistema. 

 
Portugal e Irlanda comparten una accidentada costa azotada por las mismas olas del Atlántico, una cocina indiferente y algo de la música folk más triste del mundo, pero son países muy distintos y los orígenes de la crisis financiera de Portugal no podían ser más diferentes de las razones detrás de nuestros propios problemas, acá en Irlanda.

 

 

En pocas palabras, la economía de Portugal apenas ha crecido en toda la última década, mientras que la población lusitana se ha mantenido entre la peor educada en la OCDE (la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos que agrupa a 34 países miembros comprometidos con la democracia). Los visitantes del Algarbe,  la región más meridional de Portugal continental, probablemente no se dan cuenta de esto, pero es evidente en las grandes ciudades como Lisboa, Oporto y Braga, donde se puede ver todavía a veces las mujeres vestidas de negro compras cargando pesados ​​fardos en la cabeza saliendo de los tranvías y funiculares del siglo 19.

 

Portugal es lo que Irlanda podría haber sido si De Valera hubiera vivido otros 20 años y Sean Lemass nunca hubiera llegado a ser Primer Ministro: un país tosco, autosuficiente y dirigido hacia dentro, con una baja esperanza de vida.

 

Portugal no ha perseguido el crecimiento como lo hicimos los irlandeses y tiene pocos de los efectos secundarios del triste tigre celta: no hay fincas fantasmas, no hay desempleo astronómico a raíz de una caída de la construcción, y no tiene el sector bancario completamente e irreparablemente bombardeado

 

Esa es la razón por la que 10,6 millones de portugueses está pidiendo un rescate que es aproximadamente la mitad del tamaño de nuestro rescate cuando se mide per cápita de la población. Estuvimos de farra a todo dar, mientras que los lusitanos disfrutaron de una siesta de diez años. No hay gran diferencia moral entre quedarse despierto toda la noche e ir a la cama a las 10, pero tiene efectos a largo plazo muy diferente y será interesante ver cómo los dos países hacen frente a los remedios del Dr. Chopra.

 

Es una queja común en Irlanda que no tenemos nada que mostrar por gastar en exceso, aunque esto no es una verdad demostrable. El país cuenta ahora con una excelente red de carreteras, una gran cantidad de espacio de oficinas, casas de refugio suficiente para todo el mundo y varios nuevos hospitales. Parte de ella se construyó mal, algunos se construyeron en el lugar equivocado, pero no todo ha sido un error – y quizás incluso la Terminal 2 del aeropuerto de Dublín se terminará algún día.

 

Para bien o para mal, Irlanda ha sido transformada físicamente por el derroche y el endeudamiento, pero creo que también hemos sido psicológicamente transformados en formas que aún tienen que esclarecerse.

 

Hay un cierto nivel de ambición aquí, una percepción de que ser rico es divertido, que será difícil de olvidar y que sólo puede inspirarnos a repetir el proceso de una manera más sostenible.

 

Los portugueses pueden consolarse con la idea reconfortante de que al menos no son irlandeses y no están sentados en medio de lo que bien puede ser la peor crisis bancaria de la historia. No hubo una carrera por el crecimiento y el centro de la hermosa ciudad de Lisboa no ha sido profanado por los desarrolladores, los concejales los gobiernos locales.

 

 
 

Todo esto es cierto, pero hay otra verdad, no hay manera de salir de los problemas obvios de Portugal. El crecimiento en estos tiempos difíciles no es realmente una opción si fue eludido por los portugueses en la época de dinero fácil. La austeridad ya ha picado la economía, sin dejar herramienta financieras a la mano para conseguir que la UE y el FMI respalden el país en los próximos años.

 

Japón fue golpeado por un terremoto de gran magnitud cuando Portugal empezó a llegar a un acuerdo para un segundo plan de rescate del FMI en una generación, es imposible no pensar en el terremoto de 1755 que destruyó completamente Lisboa y fue tan poderoso que se sintió en Cork (Irlanda).

 

Muchos murieron, incluyendo monjas y frailes, los filósofos llegaron a dudar por primera vez públicamente que pudiera existir un dios. Fue un momento en que las ortodoxias fueron barridas y la Ilustración fue la corriente principal de pensamiento.

 

Hoy en día, puede estar viendose algo similar. El capitalismo ha sufrido un terremoto tan destructivo como los que destruyeron Lisboa y Fukushima. A raíz de este tsunami financiero causado por los banqueros incompetentes desde Detroit a Dublín y Dusseldorf, hemos visto que el capitalismo real es tan elusivo y difícil de practicar como el comunismo. Los ricos y poderosos aquí y en otros lugares han distorsionado los principios básicos para garantizar que sacaran el cuerpo casi ilesos, mientras que los individuos, comunidades y países enteros son consumidos por las llamas.

 

Cuando países tan diversos como Irlanda, Portugal y Grecia, todos fallan por razones diferentes, entonces debe haber algo mal con el sistema.

 

Por supuesto, el euro ha desempeñado un papel, pero algo más también esta en juego. Tomó a Voltaire y Goethe años resolver el rompecabezas del sentido último del terrible terremoto de 1755 y nos costará mucho tiempo entender la destrucción lenta de tantos países ya que los mercados de crédito se congelaron primero en el verano de 2007, y entender por qué algunos se destruyeron y algunos se salvaron.

 

El mundo no es tan diferente a los días después del cataclismo de Lisboa cuando Voltaire escribió:

 

Puede Ud. entonces imputar un acto pecaminoso?

 

Las chicas sangran los pechos de sus madres?

 

La opulenta Lisboa calló

 

El París, donde abundan las alegrías voluptuosa?

 

Hubo menos libertinaje que en Londres,

 

Donde la opulencia y el lujo ocupan el trono?

 

Todo cambia y todo sigue igual.

 

 

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Thomas Molloy: Celtic Tiger legacy may yet transform our nation

 08/04/2011

By Thomas Molloy | Irish Independent

 

PORTUGAL and Ireland share a rugged coast lashed by the same Atlantic waves, an indifferent cuisine and some of the most mournful folk music in the world, but they are very different countries and the origins of Portugal’s financial crisis could not be more unlike the reasons behind our own problems.

In a nutshell, Portugal’s economy has hardly grown at all over the past decade, while the country’s population has remained among the worst educated in the OECD. Visitors to the Algarve probably don’t notice this, but it is evident in the large cities such as Lisbon, Oporto and Braga, where one can still sometimes see women dressed in black carrying heavy shopping on their heads from the 19th century trams and funiculars.

Portugal is what Ireland might have been had de Valera lived another 20 years and Sean Lemass never become Taoiseach: a tough, self-sufficient and inward-looking country with a low life expectancy.

Portugal has not chased growth like we did and there are few of the mournful side effects of the Celtic Tiger: no ghost estates, no astronomical unemployment following a construction bust, and no bombed-out banking sector utterly beyond repair.

 

That it is why Portugal’s 10.6 million people are asking for a bailout that is about half the size of our bailout when measured per head of population. We partied too hard while the Portuguese enjoyed a decade-long siesta. There is no great moral difference between staying up all night and going to bed at 10, but it does have very different long-term effects and it will be interesting to watch how the two countries now cope with Dr Chopra’s remedies.

It is a common complaint here in Ireland that we have nothing to show for our spending binge, although this is demonstrably not true. The country now has an excellent road network, a large amount of office space, enough houses to shelter everybody and several new hospitals. Some of it was built badly, some of it was built in the wrong place, but not everything has been a mistake — and perhaps even Terminal 2 at Dublin Airport will one day be full.

For better, or for worse, Ireland has physically been transformed by the borrowing splurge, but I believe it has also been psychologically transformed in ways we have yet to appreciate.

There is a level of ambition here, an understanding that being wealthy was fun, which will be hard to forget and which may just inspire us to repeat the process in a more sustainable way.

The Portuguese can console themselves this week with the comforting thought that at least they are not Irish and they are not sitting in the middle of what may well be the worst banking crisis in history. There was no rush to the head and Lisbon’s beautiful city centre has not been defiled by bent developers and county councillors.

This is all true but it misses another truth, which is that there is no obvious way out of Portugal’s problems. Growth in these difficult times is not really an option if it eluded the Portuguese in the days of easy money. Austerity has already crushed the economy, leaving no obvious financial tool to get the EU and IMF off the country’s back in the years to come.

On a day when Japan was struck by a second major earthquake and Portugal began to come to terms with the possibility of a second IMF bailout in a generation, it was impossible not to think of the 1755 earthquake which completely destroyed Lisbon and was so powerful that it was felt in Cork.

 

So many died, including nuns and friars, that philosophers doubted for the first time publicly that a god could exist. It was a moment when old orthodoxies were swept away and the Enlightenment went mainstream.

Today, we may just be seeing something similar. Capitalism has endured an earthquake every bit as destructive as those that destroyed Lisbon and Fukushima. In the aftermath of this financial tsunami caused by incompetent bankers from Detroit to Dublin and Dusseldorf, we have seen that real capitalism is as elusive and difficult to practice as Communism. The rich and powerful here and elsewhere have distorted the basic tenets to ensure that they walk away almost unscathed, while individuals, communities and entire countries go down in flames.

When countries as varied as Ireland, Portugal and Greece all fail for different reasons, then there must be something wrong with the system.

 

Of course, the euro has played a role but something else is also at play. It took Voltaire and Goethe years to puzzle through the meaning of the 1755 earthquake and it will take us just as long to understand the slow-motion destruction of so many countries since the credit markets first froze in the summer of 2007 and understand why some were destroyed and some were saved. The world is not so different to the days after the Lisbon cataclysm when Voltaire wrote:

And can you then impute a sinful deed

To babes who on their mothers’ bosoms bleed?

Was then more vice in fallen Lisbon found,

Than Paris, where voluptuous joys abound?

Was less debauchery to London known,

Where opulence luxurious holds the throne?

Everything changes and everything stays the same.

- Thomas Molloy

Irish Independent

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El legado del Tigre Celta todavía puede transformar Irlanda.

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