El León del Desierto

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

El-leon-del-desierto.jpgUn recuerdo de infancia resucita imágenes difusas y remotas de una película tan impactante como desconocida cuya historia se recreaba en Libia: El León del Desierto. Fue un filme pagado por el coronel Gadafi en los lejanos 70 reivindicando la imagen del líder nacionalista libio Omar Mukhtar, quien encabezó la resistencia contra la opresión colonial Italiana en el Norte de África; cómo herramienta de propaganda y como parte de su propio ideal nacionalista y antiimperialista, El León del Desierto se convertía en una especie de Sandino o Ché Guevara Africano, ícono de la resistencia.

El jardín de mi memoria, que ha empezado a marchitarse prematuramente, sólo guarda una imagen, un cuadro descarnado, impresionante, del filme: las tropas invasoras llegan a una aldea, reúnen la gente y ejecutan frente a niños y mujeres un combatiente rebelde.

La terrible impresión que causan las imágenes de Libia hoy, parecen, con el prisma deforme y turbio de la prensa occidental, con el bombardeo de mentiras y falacias que abruman los televisores, y aun en contra de todas las mentiras y las falacias, sacadas de la mítica película. Llueven los misiles sobre trípoli. Cunden los cadáveres y las ejecuciones. Se consuma una vez más un baño de sangre orquestado desde pulcras oficinas en las metrópolis civilizadas y poderosas. Libia está sometida, gracias a maniobras cochinas de la OTAN y el imperialismo europeo, desde hace medio año a una campaña neocolonial destinada a decapitar la resistencia de un pueblo por la vía del caos.

Poco o nada dice la prensa sobre que Libia haya sido el segundo país africano con mayores índices de desarrollo humano, con uno de los ingresos de PIB per cápita más altos en un continente de miserables y quizá con la mayor cobertura educativa de la región. Libia era una notable excepción próspera en la siempre subyugada áfrica y eso explica también por qué ante la oleada de sublevaciones y rebeliones que azotaron Oriente Medio y el Magreb, sólo allí los amos imperiales hayan considerado necesario lanzar sus bombas humanitarias: Gadafi era el único que no pertenecía al redil; era un tirano, pero no “su” tirano.

Gadafi.JPGEl coronel no es precisamente un ejemplo de democracia y trasparencia, como buen nacionalista, su régimen está rodeado de corrupción, excesos y autoritarismos, pero algo resulta incontestable: durante décadas se preocupó por su pueblo y ejerció una resistencia decidida contra el imperialismo. Sin embargo hace años que Gadafi, doblegado por el FMI, el Banco Mundial y el aislamiento de las potencias, viene negociando y pactando con el imperialismo reformas que abonan en Libia cada vez más el dominio del capital trasnacional. La invasión militar es el último eslabón de una cadena que no empezó precisamente en enero, eslabón en el que Gadafi ya no es necesario y se torna incómodo.

¿Cómo predecir la terrible situación Libia? Todo aparece muy ambiguo, pero una vez más igual que en Afganistán e Irak, la estrategia imperial supone plantar el caos, la división y la violencia generalizada. Mientras aseguran el botín y la infraestructura petrolera, sumergen el país en una escalada de violencia incontrolable cuyo final no se avizora en décadas. Afganistán e Irak son sendos lodazales para los ejércitos invasores, que se prolongan ya por casi diez años, sin que haya habido todavía una victoria definitiva.

libia-manifestacones.jpgLibia, aunque ha seguido el patrón exacto de las invasiones anteriores, posee una diferencia fundamental con los dos pantaneros del imperio en Oriente Medio; contrario a los Talibanes profundamente odiados por el pueblo, al desacreditado y represivo Saddam Husein en Irak, contrario también a lo que quiere hacernos creer la prensa occidental, Gadafi sigue siendo un líder querido por amplias capas de la población. Aunque hay diferencias tribales y una oposición “rebelde” que ha sido armada y sostenida por la CIA en la frontera egipcia, el coronel asumirá una radicalización que había perdido al amparo del neoliberalismo y que agruparía a amplios sectores del pueblo Libio brutalmente golpeados por la intervención militar. No es un secreto que la invasión es siempre el preludio a la feroz resistencia popular, la diferencia radica en que tanto en Irak como en Afganistán esa resistencia nunca ha contado con un liderato capaz de unificar a la nación contra el imperialismo. Nadie duda, ni siquiera los siempre triunfalistas y domesticados comentaristas Yankees, que vienen momentos amargos para los invasores.

La encrucijada necesita así la imagen, la figura de Gadafi. Si Gadafi sobrevive a los bombardeos y logra emboscarse entre la población, a los invasores les espera un desagradable Vietnam Árabe, una guerra de guerrillas que haría arder la nación bajo sus pies. Pues no han despertado cualquier cosa: se trata del León del Desierto, capaz de hacer estallar en estos tiempos de crisis, de caos e incertidumbres, todo el norte de África.

No seamos ilusos: la guerra apenas empieza, y esta vez tiene dimensiones continentales.

 

Camilo de los Milagros

Etiquetado en Zona de conflictos.

Comentar este post