El poder (vox populi) está en la calle

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Octavio Quintero
(…) “La globalización es universal… es total. Cuando estalle la revolución ya no será sólo en La Bastilla, sino en la Aldea Global”… La mentira organizada (edición 2001), pág. 267. Octavio Quintero.

El Movimiento de los Indignados (15M) ya tiene cinco meses, desde la gran manifestación de Madrid, y este sábado 15 de octubre, los Indignados se manifiestan en más de 80 países bajo el lema “unidos por un cambio global”.

En los albores del nuevo milenio, el tema de la globalización dominaba las conversaciones más cultas en lo económico, considerándola como el vehículo natural de la llamada apertura económica y el libre mercado que se imponía en el mundo, bajo un título acuñado en los años ’80: Neoliberalismo, o el retorno del capitalismo salvaje sin enemigo al frente, pues, ya se vislumbraba el agotamiento de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), que Reagan y Thatcher se encargarían de echar al suelo en la simbólica caída del Muro de Berlín, en noviembre de 1989.

(…) “No hay ningún furibundo marxista-leninista que haya logrado congregar más aversión al capitalismo que el neoliberalismo en los últimos 10 años. Oleadas de masas se agitan inquietas en todo el mundo. Destacados escritores empresariales dan agudas voces de alarma: Peter Drucker, Alvin y Heide Tofler, Huntington, Léster Thurow, Jeremy Rifkin y el mismo Papa, entre otros muchos. ¡La Bastilla se está globalizando en el rechazo a la injusticia y la desesperanza que abruma al mundo!”: La mentira organizada, pág. 152.

Los indignados de España cruzan las fronteras, inspirando a grupos similares, desde Israel a Estados Unidos. Pero el capitalismo todavía no parece tomarlos en serio. Los sigue considerando como ese grupito de “locos” que en diciembre de 1999, hicieron abortar la promocionada Conferencia de la OMC (Organización Mundial de Comercio) en Seattle, pidiendo a gritos, puertas afuera “una globalización con rostro humano”.

El término indignado es hoy por hoy el más utilizado en todos los idiomas. Ya la gente no está molesta, brava, llena de ira o verraca y puta, como se diría en términos más vulgares. Indignado es hoy el término corriente. Nos indignamos porque la cola para retirar del cajero el salario mínimo no se mueve; o le da la vuelta a la esquina, la de los pensionados. Nos ponemos indignados porque se nos cae la señal de Internet o porque en el transporte público se nos empaca como a sardinas, y en las avenidas los particulares se mueven como tortugas rencas.

La Internet está llena de proclamas: “Estamos luchando por una revolución global”, es una de tantas que apunta a esa premonición de la Mentira organizada que denunciaba también la ladina información de entonces de los ilustrados en la que se nos decía que la globalización era irreversible. “No creemos que el mundo deba ser de esta manera y queremos un cambio”, es otra arenga globalizada en la Internet, que nos gusta.

Vimos un título por ahí suelto en las tantas informaciones que se dieron en torno a la caída de Gadafi que decía… “El poder está en la calle”.

Sí, está en la calle, pero esta vez no va tras la cabeza de un gobernante determinado, sino tras la cabeza del capitalismo salvaje, aunque los exegetas, como la famosa orquesta del Titanic, sigan con su melodía como si no estuviera pasando nada.

 

 

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