El secreto mejor guardado de Ñuble: ¿dónde están los transgénicos?

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Las instancias públicas hasta ahora han escondido la ubicación exacta de cultivos transgénicos en el país. En Ñuble habría cultivos de este tipo en El Carmen, San Ignacio, Yungay, Bulnes, San Carlos y Chillán. Hace más de una década las chilenos estamos consumiendo derivados de estos cultivos genéticamente modificados a través de los aceites vegetales, margarinas, alimentos para lactantes y niños, cereales, fideos, masas y harinas como panes y galletas, salsas de tomates, bebidas, hamburguesas, salchichas, chorizos y jugos.

Informar sobre dónde están y quienes son los productores transgénicos de la zona tal vez sería un problema legal, y quizás sería comprensible que las autoridades lo negaran, pero para muchos, incluido políticos, es absurdo que se guarden, como si fuera un secreto de Estado, datos generales como la superficie de este tipo de cultivos que existen en la provincia y en las comunas de Ñuble.

El secretismo llega a tal punto que el senador Víctor Pérez, quien también opina que la superficie de transgénicos, sin individualizar predios ni productores, es un dato que debe ser de dominio público, no ha podido conseguir este dato, que ofreció hace un par de semanas. Hasta ayer, según su secretaria, la respuesta a su solicitud oficial no había llegado.

Hasta aquí, el Servicio Agrícola y Ganadero, que es el organismo que debería manejar esta información, o no la tiene (lo que sería de extrema gravedad) o simplemente haciendo una interpretación del “espíritu” de la ley, no la entrega.

El argumento que se esgrime para negar este dato es que se trata de proteger los predios de posibles atentados de fundamentalistas ecológicos, o a los empresarios de robo de material con patente intelectual o de información privada comercial, que les podría acarrear perjuicios.

No obstante, ninguno de estos aspectos se podría vulnerar con decir que hay tantas hectáreas de transgénicos y que se distribuyen en tales comunas, sin especificar su ubicación exacta.

Es más, para muchos no tiene sentido mantener una reserva tan extrema cuando se ha montado una ofensiva informativa que se ha caracterizado por señalar que los transgénicos no hacen ningún daño a la salud, ni al medio ambiente.

También porque estamos en un país que por más de una década está consumiendo productos transgénicos en casi todos los aceites vegetales, en las margarinas, en los alimentos para lactantes, y los niños, especialmente, en cereales, en los fideos, masas y harinas, además de las levaduras, maicenas, leche y subproductos de ésta, incluso algunos dietéticos, panes y galletas, salsas de tomates, bebidas, hamburguesas, salchichas, chorizos y en bebidas y jugos.

Y también en una nación donde el consumo de estos productos, se estima, es tan seguro para la salud y el medio ambiente, que ni siquiera hasta el momento se considera necesario rotularlos como transgénicos, ya que la autoridad ha determinado que es irrelevante. Ello a pesar que en este punto, recién este invierno, el Parlamento ha determinado legislar, sobre la rotulación de los transgénicos.

¿SÓLO SEMILLAS?

En Chile sólo se pueden cultivar semillas de este origen para efectos de multiplicación. Está prohibido producir vegetales transgénicos para el consumo interno (sin embargo si se pueden importar), y la semilla sólo se puede destinar a la exportación.

Las principales empresas que están detrás de esto son Monsanto, Agrosearch, Limagrain, Pioneer y Ventroscience, Anasac, Massay, Compañía Industrial de Semillas, Agrotuniche, Novartis, Cargil, KWS, Semameris, Green Seed y otras, que han participado como exportadoras de semillas transgénicas. En Ñuble, hay presencia de al menos 5 empresas de este rubro.

El negocio ha sido de tal magnitud y las condiciones tan ventajosas respecto a seguridad y protección a las empresas que ofrece la política chilena a la reproducción de semillas transgénicas, que es una plaza única en el mundo.

El ministro de Agricultura, José Antonio Galilea, anunció esta semana que el país se encuentra entre las cinco potencias mundiales de la exportación de semillas, y que es la primera del Hemisferio Sur. “La propuesta programática del Presidente Piñera para el agro apuesta por el desarrollo de la biotecnología y de un marco regulatorio y de protección para el desarrollo de la genética vegetal”, señaló Galilea en el reciente encuentro internacional de productores de semillas.

UBICACIÓN EN ÑUBLE

Las semillas transgénicas se producen en las mejores tierras de la provincia del Ñuble, eso es una certeza. Se trata de cultivos de primavera y de riego y casi la totalidad de los cultivos corresponden a maíz, soja y raps canol, pese a que hay superficies muy menores donde se cultivan o se ha cultivado otros vegetales, entre estos remolacha, en forma experimental.

Los atributos que se buscan al agregar genes a las semillas es resistencia a insectos (BT) o herbicidas. En el ámbito experimental también habría trabajos con especies forestales como pinos y eucaliptus, aunque se desconoce en qué zona.

Consecuentemente, el mapa de Ñuble por donde transitan los transgénicos, está ligado el valle central regado en toda su extensión. Los productores, según fuentes que se dedican a la reproducción de semillas en la zona, no están instalados en lugares fijos, ya que se rotan terrenos, que arriendan quienes se dedican a estos cultivos. Entre las comunas identificadas como productoras de transgénicos, en círculos agrícolas locales, está San Carlos, San Ignacio, El Carmen, Yungay y Bulnes. Además predios rurales de Chillán.

Los mismos productores de semillas transgénicas están por la búsqueda de fórmulas para, ante la aparición de nuevos escenarios, enfrentar problemas como la contaminación de miel con polen que contiene trazas de transgénicos, que puede ser una traba a las exportaciones de los apicultores nacionales a Europa.

Un ejecutivo del sector confidenció a La Discusión que ellos están porque exista más transparencia y dispuestos a una fórmula que, sin dar información en forma pública, al menos quienes trabajan en el rubro y que puedan resultar afectados, tengan acceso a requerir información profesional sobre la ubicación de los cultivos transgénicos.

Otra alternativa que está en el debate es la zonificación, es decir, la instalación de zonas libres de transgénicos, aunque hay aquí un debate pendiente, sobre un tema de interpretación de la Constitución. La política de “zonas libres”, es la preferida de los productores antagónicos a los OGM o VGM (Vegetales Genéticamente Modificados) en el mundo, ya que muchos de estos no creen posible la consistencia con los transgénicos.

La cantidad de hectáreas en el país que corresponden a producción transgénica, según datos no refutados por SAG, serían del orden de las 25 mil, cifra que llama la atención si se compara con un documento de la revista universitaria Observatorio de la Economía Latinoamericana, que señala en 1998, ya habían 28.541 has., y de esas, 27.500 corresponden a maíz, haciendo mención a un informe del Gobierno de Chile.

NUEVA LEY SE ANALIZA EN EL CONGRESO

En marzo de este año el Gobierno, en cumplimiento de la promesa de campaña de legislar sobre transgénicos en Chile, reflotó a través de una indicación sustitutiva un proyecto de ley presentado el año 2006 por los senadores Alberto Espina, Juan Antonio Coloma, Eduardo Frei, Andrés Allamand y Fernando Flores, sobre el cultivo y la comercialización dentro del país de Vegetales Genéticamente Modificados (VGM). Dicho proyecto en su momento no prosperó y quedó prácticamente congelado.

El tema ha sido encabezado por el ministro de Agricultura, José Antonio Galilea, con el respaldo de los titulares de Salud, Economía, Medio Ambiente y el propio Presidente Sebastián Piñera. En su última visita a San Carlos, el ministro Galilea señaló al periódico La Discusión que lo mejor para todos los sectores, ya sea estén a favor o en contra de la producción transgénica, es legislar al respecto.

En todo caso el proyecto de ley no ha sido objeto de elogios por entendidos, como la experta chillaneja Sofía Valenzuela, quien señala que es una iniciativa que requiere de más trabajo. Tampoco el tratamiento que el Parlamento da la seguridad de que se pueda pensar en tener en una legislación en corto plazo. De hecho quien ejercía el cargo de director del SAG, Víctor Venegas, cuando fue presentado el proyecto, dijo que “podría tomar varios años en el Parlamento”.

Ahora el Gobierno espera que el tema sea visto antes de fin de año en el Congreso. Todos coinciden en que es necesario legislar, pero quizás es un buen punto previo transparentar la realidad existente.

Por José Luis Montes

La Discusión

El Ciudadano

Comentar este post