El show de marionetas de Putin

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.


28 de febrero 2012

Boris Kagarlitsky
Boris Kagarlitsky

El primer ministro Vladimir Putin y su equipo merecen algo de crédito por hacer todo lo posible para llevar a cabo una campaña electoral al estilo occidental. Incluso están tratando de transmitir un mensaje al público y para explicar las opiniones de los candidatos sobre diversos temas. Con la regularidad de una máquina bien afinada, su sede de campaña se agita con los textos en debate sobre economía y política social. Pero sus llamados a la discusión de estos temas permanecen sin ser escuchados.

Mientras tanto, los opositores de Putin son incapaces de dar una respuesta de fondo; y el público, acostumbrado a ser dirigido por las autoridades, p bien ya no puede reaccionar a las proclamas o simplemente no las toma en serio.

Rusia tiene ahora un gran sistema político que cuenta con la presencia de todos los elementos, pero en el que nada funciona. Hay tribunales de justicia, pero pocos creen que sean imparciales. Rusia tiene un parlamento, pero sus legisladores no son más que títeres del Kremlin. Incluso Rusia Unida, ostensiblemente el partido en el poder, no tiene realmente ninguna relevancia y ni siquiera es un verdadero partido político. Sus órganos de dirección no toman decisiones, sus líderes no determinan la política, sus legisladores no tienen ninguna función y su ideología está vacía de ideas. Para el que no tiene el poder, una organización así es más carga que ayuda. No es de extrañar que Putin se haya distanciado de ese partido y actuó como si no tuviese ninguna conexión con él.

Rusia tiene todos los elementos de una sociedad civil, pero la práctica de ellos no refleja en verdad los intereses y necesidades sociales del país sino la agenda de sus sponsors.

En la loca carrera de las autoridades hacia la democracia tras las protestas de diciembre en Moscú, Putin propuso la creación de instancias en los lugares de trabajo que representen a los empleados, como hay en Alemania. El modelo alemán ha sido siempre el sueño de los funcionarios rusos, y el Mitbestimmung, un sistema de cogestión en el que los trabajadores tienen una parte en la gestión de las grandes empresas, es sin duda la forma más progresiva de la colaboración social en la industria moderna.

El problema es que este sistema sólo funciona cuando los sindicatos son reales, y Putin se propone llenar este papel con la oficialista Federación de Sindicatos Independientes de Rusia, otra marioneta que no es independiente ni integrada por sindicatos reales. Son esencialmente departamentos de las administraciones responsables de la fábrica que buscan atender problemas sociales. En resumen, que representan los intereses de los propietarios y gerentes, no de los trabajadores.

El gobierno necesita el apoyo del público, pero en lugar de participar en un diálogo, las autoridades recurren a los títeres bajo su control. Es incapaz de adoptar cualquier otro enfoque, y lo más importante, ha desnudado el panorama político tan completamente que nada ni nadie se quiere dejar usar como un simple recurso eficaz para esas finalidades. Las autoridades, en pleno invierno, presionaron a los empleados estatales para que saliesen por miles a las calles para manifestar a favor del gobierno. Ahora, en Barnaul, la policía investiga la posible ilegalidad de una "protesta" que consiste en animalitos de peluche sosteniendo pancartas contra el gobierno que fueron colocados en la calle porque los manifestantes humanos no querían congelarse en el clima helado.

Viendo los intentos desesperados del primer ministro y presidente para hacer funcionar el teatro de títeres que ellos mismos crearon, casi se empieza a sentir lástima por ellos. Necesitan un descanso, y deberían escoger un lugar cálido y agradable, lo más lejano posible de nosotros.

Boris Kagarlitsky es director del Instituto de Estudios de la Globalización
Traducción de Fernando Moyano

Leer más: http://www.themoscowtimes.com/opinion/article/putins-puppet-show/453751.html
The Moscow Times

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