El Vaticano descubre sus secretos

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Una exposición deja al descubierto documentos centenarios del Archivo Secreto de la Santa Sede

PÚBLICO.ES / EFE Madrid / Ciudad del Vaticano 29/02/2012

De los cerca de 85 kilómetros de estanterías que custodian el Archivo Secreto del Vaticano, una pequeña parte (apenas 100 documentos) será abierta al público a partir de hoy y hasta el próximo 9 de septimbre. Misterios, secretos, condenas y actos en la sombra ejecutados por la Iglesia durante 1.200 largos años que van desde las actas del proceso a Galileo Galilei o el sumario al pensador y filosofo Giordano Bruno, a a la causa matrimonial abierta por la Santa Sede de Enrique VIII. 

Los documentos del mayor y más internacioinal archivo del mundo, que van desde el siglo VIII al siglo XX, se exhiben por primera vez en público en la exposición "Lux in arcana. El Archivo Secreto Vaticano se descubre", que se inaugura en los Museos Capitolinos de Roma con motivo del 400 aniversario de la fundación de ese archivo.

Entre los documentos destacan las actas del proceso a Galileo Galilei (1616-1633), que contienen todos los papeles de ese juicio recogidos por la Congregación del Santo Oficio, así como la carta de los miembros del Parlamento inglés al papa Clemente VII sobre la causa matrimonial de Enrique VIII (1530). Este último se trata de un pergamino firmado por 83 parlamentarios, entre lores y miembros de la cámara de los Comunes, en el que le pide que anule lo más pronto posible el matrimonio con Catalina de Aragón.

El sumario del juicio al pensador y fraile dominico Giordano Bruno, al que la Inquisición condenó a muerte y fue quemado en Roma en 1600, será otro de los cien valiosos documentos custodiados en el Vaticano que se exponen en Roma. Al descubierto queda también la bula de la destitución de Federico II (1245), el primer documento sobre destitución de un emperador por parte de un papa (Inocencio IV), así como algunos documentos referentes a la Segunda Guerra Mundial.

Destaca también una carta hecha con corteza de abedul enviada por el Pierre Pilsemont, jefe de la tribu de indios americanos de Ojibwe, conocidos también como Chippewa, al papa León XIII, en el que le llama "Gran maestro de las plegarias, que hace las funciones de Jesús" y le agradece haber enviado a su tribu unas plegarias.

 

Público

 
 


Luz sobre el misterio de los papas

 

El Vaticano ‘desclasifica’ un centenar de documentos de su Archivo Secreto

 

Vista de los Archivos Secretos del Vaticano, que cuentan con 85 kilómetros de estanterías.

Un pergamino de 60 metros, escrito entre el 17 y el 20 de agosto de 1308, con la confesión de los templarios ante los tres cardenales enviados por el papa Clemente V al castillo de Chinon. La carta que le escribieron 83 lores ingleses en 1530 al séptimo de los papas llamados Clemente pidiéndole que anulase el matrimonio de Enrique VIII y Catalina de Aragón. La excomunión de Lutero (1520), el dogma de la Inmaculada Concepción (1854) o la llamada “bula de partición” con la que el papa Alejandro VI concedía a los Reyes Católicos en 1493 todas las tierras “descubiertas y por descubrir” al oeste de una línea entre el Polo Norte y el Polo Sur (el resto, para los portugueses). Incluso una carta fabricada con corteza de abedul en 1887 y enviada por el jefe de la tribu Ojibwe —también conocida por Chippewa— al papa León XIII, en la que le llaman “gran maestro de las plegarias, que hace las veces de Jesús”. Los 100 documentos del Archivo Secreto Vaticano que, a partir de hoy y hasta el 9 de septiembre, dejarán de ser secretos y se mostrarán en el Museo Capitolino de Roma son un tesoro jamás abierto al público, una auténtica maravilla. Y eso que apenas constituyen una parte minúscula de los 85 kilómetros de estanterías del archivo creado en 1612 —hace tan solo cuatro siglos— por el papa Pablo V Borghese.

Ahora que el diablo parece estar haciendo de las suyas entre la curia vaticana, que anda levantisca y enfrentada ante la debilidad física y estratégica de Benedicto XVI, una visita al Archivo Secreto del Vaticano ayuda a poner las cosas en su justa medida. Desde hace 20 siglos para acá, prácticamente no ha habido asunto del cielo o de la tierra en el que el Romano Pontífice de turno no haya tenido algo que ver. Lógico parece que en el dogma de la Inmaculada —a través de la bula Ineffabilis Deus— fuese un Papa, en este caso Pío IX, quien tuviera la última palabra (había cardenales que no lo tenían tan claro y el Papa hizo valer su infalibilidad). E incluso que estuviese entre las competencias de León X considerar herejías 41 de las 95 propuestas de Lutero y, por consiguiente, redactar la correspondiente bula de excomunión. O, ya puestos, mandar a la hoguera del Campo dei Fiori, por hereje y por apóstata, al dominico Giordano Bruno en 1600. Sin embargo, la muestra viene a llamar la atención —sobre todo desde la perspectiva actual—sobre el papel determinante que la Iglesia ha jugado en la historia.

Quienes visiten la exposición —que se llama Lux in arcana (Luz sobre el misterio)— tendrán la oportunidad de sobrecogerse al ver la firma de Galileo Galilei (1564-1642) al final de un grueso volumen en el que se recoge el proceso seguido contra él por la Congregación del Santo Oficio —la Inquisición— entre 1616 y 1633. El resultado, una frase, de su puño y de su letra temblorosa, las palabras con las que reniega finalmente de que la tierra gire alrededor del sol: “Yo, Galileo Galilei he renegado…”. Como compendio del poder del cielo en la tierra, los que visiten la exposición podrán detenerse en un documento —el Dictatus Papae de Gregorio VII— en el que deja claro que el Sumo Pontífice puede reformar cualquier sentencia dictada por otros, sean reyes o emperadores.

También se podrán ver algunos documentos relativos a la Segunda Guerra Mundial, si bien —como explicaron los promotores de la exposición—hasta ahora solo se pueden consultar los documentos del archivo comprendidos hasta la muerte, en 1939, de Pío XI. Desde entonces hasta ahora, de Pío XII a Benedicto XVI—, todos los papeles del Vaticano están sin desclasificar, fuertemente custodiados.

La exposición —organizada a medias entre el Archivo Secreto y la ciudad de Roma y patrocinada por la empresa EMC— pretende destacar además la estrecha relación entre el Estado vaticano y la capital de Italia. Los organizadores presumen de que el periodo más difícil para el archivo fue precisamente cuando no estuvo en Roma. En 1810, Napoleón ordenó el traslado a París del archivo y se perdieron documentos valiosísimos. Desde su regreso a Roma, en 1815, el Archivo Secreto ha sido cuidado con mimo.

Los documentos que verán la luz por primera vez, y que están comprendidos entre el siglo VIII y la primera parte del siglo XX, gozan de un buen estado de conservación. La selección (no debe ser fácil escoger 100 documentos entre 85 kilómetros de estanterías y tantos siglos de historia) se ha realizado pensando en interesar al mayor público posible. Por eso, además de las peripecias de Galileo Galilei y de Giordano Bruno, de la confesión bajo torturas de los templarios o de las angustias financieras de Miguel Ángel, también se ha incluido un guiño a los amantes de lo rosa. Hay hasta una carta de María Antonieta desde la cárcel: “Los sentimientos de quienes participan en mi dolor…”.


 

Comentar este post