"Elena, ¡Viva la República!"

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Cada día ondea con mayor fuerza la bandera tricolor, y la corona española no representa más que un contraste económico y social demasiado ambiguo.
Raúl López Baelo | Para Kaos en la Red | Hoy

 

¡Saludos a los súbditos!

Sorprendida y molesta se debió sentir la Infanta Elena cuando tuvo que escuchar, y sufrir, las palabras que dan título a este artículo. Parece cada día más generalizado el pensamiento de reproche y desacreditación hacia la familia real española, a la que pocas excusas para perpetuar una institución tan arcaica y desusada deben quedar.

Tan flamante representante de la Fundación Mapfre como es Dña. Elena, cumpliendo con sus obligaciones contractuales con dicha empresa, tuvo que dejar la Zarzuela para acudir al tajo, como todo hijo de vecino. Maravillados con su presencia, la muchedumbre alborotaba el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Paterna, excepto un numeroso grupo de resignados reales que quisieron hacer saber a la Infanta qué opinión les merecía su persona.

Apretándose el cinturón, seguramente de excelente marca, la residente de la Casa Real estaba acompañada por su inseparable, y por una numerosa legión de protectores reales, pudiendo observarse incluso algún helicóptero. Tal vez anonadado ante tanto despilfarro y lujo, el portavoz de EU, único grupo que no recibió a la Infanta ni acudió a dicho acto, decidió entonar tan angelicales palabras.

Y detrás de tan valientes insinuaciones de Javier Parra, la Infanta fue abucheada y recriminada a su salida de dicho acto. Aunque gran parte de la presencia policial intentó ocultar muchos gritos, por no herir la sensibilidad de tan campechana personalidad. Su presencia incita al clamor popular, y su despedida en ocasiones ocupa portadas de magníficas revistas, ¡qué gran personaje público, espero que no la privaticen!

Ante la complicidad de PSOE y PP, la Casa Real prosigue su travesía dinástica por lares hispanos. Es anticonstitucional todo lo que no se establezca en tan corrompido documento, supervisado detenidamente ante la necesidad de impulsar y lavar la cara de nuestras alabadas personalidades de sangre azul.

Parece, tal vez fruto de tan crispado clima político y social, que la plebe comienza a despertar de su mancillada pesadilla. No entra en cabeza alguna, y menos en medio de una de tantas crisis cíclicas del capitalismo, que la familia que menos trabaja y más cobra de nuestro país continúe siendo la más venerada. Mientras desahucian a miles de personas, la Corona aumenta sus ingresos día a día, así como la fortuna personal del monarca. Lo extraño no debería ser la actuación de un portavoz de EU, sino el silencio por parte de algunos núcleos de la llamada izquierda.

Queremos ser como Alemania, Francia o Estados Unidos, pero ni tan siquiera ellos continúan sometidos ante ese dominio decimonónico que simboliza cualquier rey. Tanto borbónicos como juancarlistas deberían dejar su avinagrado patriotismo y volver al mundo real, pues la inoperancia y vagueza mental de numerosos acomodados títeres reales comienza a ser preocupante. No debería ser un proceso más que natural la desaparición de la realeza en el Estado Español, como lo fue la eliminación de la Inquisición o la censura (véase la ironía en este último).

Es primordial recortar gastos, y debemos comenzar por los más prescindibles e inútiles. Para los asistentes a la marcha sucedida el pasado 15 de octubre en la Plaza de María Pita, vislumbrar en la ciudad coruñesa la estatua de tan simbólica heroína local ondeando la bandera tricolor no fue sino un preludio, tal vez una señal, de lo que debería depararnos el futuro.

¡Ni súbditos, ni reyes! No permitamos la complicidad de la clase política ante la agresión moral y evolutiva que supone la persistencia de la clase borbónica. Hoy más que ayer siento que España mañana será republicana. 

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