En 2010 Alcoholes del Uruguay tuvo pérdidas por U$S 8 millones

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

Apremiada por lograr superávit, Alur apunta a la mecanización de la cosecha de caña,

lo que preocupa e inquieta a los “PELUDOS"

 

escribe José Peralta  en Búsqueda 23/6/11


18-ALUR.jpgNo importa desde dónde se entre a Bella Unión.

Ya sea viniendo de Brasil, desde la Ruta 3 de Montevideo o atravesando la 30 que llega desde la capital del departamento de Artigas.

Por cualquier vía el cartel es el mismo: “Bienvenido a Bella Unión, capital nacional de la caña de azúcar”. Y es precisamente esa materia prima la que se transformó en el derrotero de esta ciudad para lograr su subsistencia y su razón de ser y que implicó procesos históricos y sociales que afectan la política nacional.

Hace más de medio siglo, durante la década de los 50, el ingeniero agrónomo Alfredo Mones Quintela fue el gran impulsor de la introducción de la caña de azúcar en Uruguay. Apostó a la formación de cooperativas y el 27 de octubre de 1965 fue uno de los fundadores de la Cooperativa Agraria Limitada Norte Uruguayo, mejor conocida como CALNU, con uno de los ingenios azucareros más grandes de la región para la época. 

En los años 90, la zona alcanzó su máximo de producción con unas 10.000 hectáreas de cultivo. Pero tras la firma del tratado del Mercosur se tendió a diversificar la producción de la caña y el área de cultivo cayó más de la mitad.

La situación no mejoró y con la crisis del 2002 el panorama al norte de Artigas se hizo desolador. Para el 2005, el gobierno del Frente Amplio (FA) resolvió estatizar CALNU por el “fin social” que implicaba para la zona ese emprendimiento.

En enero del 2006 se firmó un Acuerdo Marco de Contrato de Arrendamiento y Convenio Laboral, el cual da cuenta de la absorción de CALNU por Alcoholes del Uruguay (Alur), una sociedad integrada en un 90% por la petrolera estatal ANCAP y un 10% por la Corporación Nacional para el Desarrollo, participación que luego fue vendida a la petrolera venezolana PDVSA.

Tras cinco años y dos administraciones del FA colmadas de inversiones y capitalizaciones que suman casi U$S 100 millones y que provocaron fuertes encontronazos entre el oficialismo y la oposición, Alur —y con ella Bella Unión— se enfrenta hoy al dilema de optar por mantener su cultura artesanal del corte de caña a mano a cargo de los históricos “peludos” o cortadores de caña, o alcanzar un progreso industrial en base a lo que “se hace en todo el mundo”: mecanizar la cosecha.

Diversificación

Según los jerarcas y técnicos de Alur, para mejorar la rentabilidad de la empresa —que en 2010 tuvo U$S 8 millones de pérdida— uno de los objetivos fundamentales es aumentar el área de cultivo de la caña, pasando de las 6.000 hectáreas actuales a 10.000, además de tener 2.000 hectáreas adicionales de “reserva”.

Pero para poder cosechar esa área, no alcanza con la mano de obra, unos 1.200 cortadores, y se requiere de máquinas que procesen, corten y lleven la caña hasta el ingenio. 

Las autoridades afirman que las máquinas complementan y no sustituyen, pero cortadores y dirigentes sindicales ven el tema con inquietud, alerta y preocupación.

En busca de esa rentabilidad, Alur inició un proceso de “diversificación” que incluye la producción de biocombustibles, alimento animal y generación de energía eléctrica propia mediante biomasa, porque reconoció que sólo con la producción de azúcar el proyecto era inviable.  

Pero además de mejorar los números, Alur busca, especialmente con los biocombustibles, darle un enfoque nacional a la empresa que la despegue de Bella Unión y que ese proyecto “se diluya” entre un abanico de plantas y emprendimientos en todo el país.

Los primeros pasos para producir biocombustibles se dieron en 2009 y 2010 y las autoridades esperan que este sea el primer año en el que la empresa pueda funcionar al 100% de su capacidad refinadora.

Con ese cambio, se pasó de facturar U$S 22 millones en 2009 a U$S 90 millones en 2010, pero aún parece lejano en el tiempo el día en que Alur sea una empresa autosuficiente en sus finanzas.

Agricultura y experimentos. A diferencia de otros países productores como Brasil o Cuba, Uruguay tiene una ventana “muy pequeña” para la cosecha de la caña de azúcar, debido a las condiciones climáticas.

“La producción de azúcar en el Uruguay está marginada. Hay un período de gran crecimiento de la caña que va de octubre a marzo; eso condiciona el período productivo, porque te da muy pocos plazos para la siembra”, explicó a Búsqueda el encargado del área agropecuaria de Alur, Héctor Rodríguez.

Por eso hay que buscar “los máximos niveles de eficiencia y coordinación” para lograr “una estabilidad financiera”. En el área agrícola, dijo Rodríguez, eso se logra aumentado el área de caña cultivada, llegando al objetivo de 10.000 hectáreas.

“Hay que ir hacia la mecanización de la cosecha, que complemente al corte tradicional; pero el futuro es la mecanización”, sostuvo.

Rodríguez también cuestionó la quema de la caña, algo tradicional en Uruguay pero que “en el mundo ya no se hace más” porque se deja gran parte del producto que luego podría ser destinado a la producción de biomasa.

Fernando Hackenbruch lleva la caña de azúcar como algo propio: actual encargado del área experimental de Alur donde se prueban las posibles cepas a ser cultivadas (ver nota aparte) su padre y su abuelo también estuvieron vinculados a la caña. 

El técnico dijo a Búsqueda que entre los estudios que viene realizando en el área se empezó a evaluar los tipos de caña de azúcar que “funcionen mejor en el escenario de una mecanización”.

Para ello se busca una caña que crezca lo más recta posible y se evalúa la posibilidad de juntar los surcos del plantado para ensanchar los caminos y permitirle a la máquina transitar con más comodidad.

Desplazados

“Para la inauguración de esta parte nos tomamos sólo un valium”, bromeó el gerente industrial de ALUR, Walter Bisio, mientras bajaba del cuarto de control de la destilería, en la que se producen 10 millones de litros de etanol y para cuyo manejo se precisan sólo tres técnicos.

Bisio es optimista de que este “será un buen año” porque va a ser el primero en que los proyectos industriales “están todos terminados”. Es que tras las inversiones para la clarificación de los jugos y la refinería en 2008, la instalación de la caldera y la destilería en 2009 y la inauguración del generador de 10 megavatios en 2010, Alur “está pronta para nuevos desafíos”, como ir hacia la mecanización de la cosecha.

Bisio es consciente de que estos emprendimientos implican trabajo para poca gente dado el alto nivel de automatización que tienen.

“Es un proceso de desplazamiento, no se echa a la gente sino que se la reubica. Por ejemplo el patio de caña, donde se recibe la materia prima, ahora lo dividimos para recibir caña en los vagones de las máquinas. Antes trabajaban 70 personas, ahora hay 30; los otros 40 fueron reubicados en tareas de seguridad perimetral, en el hotel del ingenio”, agregó.

Según los datos de Alur, en todo el proyecto hay 1.500 trabajadores en el área agrícola, 600 en la parte industrial, 400 productores y 140 transportistas.

Debate político. El proceso de Alur llevó a que gobierno y oposición se enfrentaran en varias ocasiones por lo que los primeros argumentan como inversión y los segundos denuncian como subsidios y pérdidas.

El presidente de la petrolera estatal y de Alur, Raúl Sendic, dijo a Búsqueda que en 2010 Alur tuvo una “ganancia operativa de U$S 1 millón” pero que el balance de la empresa tuvo pérdidas por U$S 8 millones.

El último encontronazo político se dio en abril en una sesión del Directorio de ANCAP, cuando los directores oficialistas resolvieron aumentar el precio que se paga a Alur por los biocombustibles, algo que los directores de la oposición vieron como un subsidio “encubierto”. 

Según informó “El Observador”, el acuerdo entre ambas empresas era que ANCAP pagaría a ALUR por los biocombustibles un valor equivalente a los costos más un 5% de utilidad durante tres años, pero en abril el Directorio “resolvió subir el margen a 35% sobre el valor de los costos, así como estableció márgenes de 15% y 10% para 2011 y 2012, respectivamente”.

Sendic dijo que ese cambio se debió a que “la paramétrica no estaba cerrada” y que “la idea es ir bajando el precio hasta llegar a una utilidad del 5% a medida que se cumplan los objetivos que le darán estabilidad a la empresa”.

Estos objetivos son “alcanzar el área de caña, concretar las inversiones en riego y mejorar la logística de la cosecha”.

Con respecto al último punto, Sendic reconoció que eso significa ir hacia la mecanización de la cosecha de la caña de azúcar como “complemento” del corte tradicional.

“Levantar la mira”. El director de Alur Leonardo de León sostuvo que el objetivo es “aumentar la entrada de caña diaria”, que hoy está en 2.500 toneladas, para llevarla a 3.200.

“Eso es lo que las máquinas van a cortar, porque supera la capacidad de corte de la zona. Eso ayuda porque permite que la actividad sea pareja en todo el año porque si no, tendríamos que estar parando por falta de caña, y logra que la eficiencia sea mayor”, agregó.

Sostuvo que “la idea es que esto no desplace gente” y que es “lógico” que los cortadores y trabajadores de Alur “vean con preocupación” el tema.

“Hoy a nivel mundial la mecanización de la caña es un hecho. Obviamente genera alguna incertidumbre y preocupación, pero este tema lo hemos estado planificando con los trabajadores del campo y demostrando cómo se va a ir haciendo progresivamente”, añadió.

Para el jerarca el gran desafío es mejorar “la ineficiencia que aún persiste en el área agrícola del emprendimiento en Bella Unión” pero dijo que “en los demás proyectos se han hecho muy bien” y que la empresa ahora “tiene perspectiva nacional” que es “necesaria para levantar la mira”. 

ALUR seguirá teniendo un “fuerte impacto social” en Bella Unión, dijo De León, “pero sin lugar a dudas los otros tendrán un impacto mucho más importante a nivel social y también nacional”, agregó. 

Máquinas “inquietan

La plantación de caña se divide en sectores denominados “tablones” los que a su vez se subdividen en surcos de tierra donde se planta la caña de azúcar.

Cada surco mide aproximadamente 100 metros y tiene entre 800 y 1.000 quilos de caña. El cañero, cortador o “peludo” recibe un salario por tonelada de caña cortada, que ahora se ubica en los $200, mientras que el jornalero que también trabaja en el campo gana unos $50 la hora.

En promedio, un cañero saca unas dos toneladas y media de caña por día, aproximadamente dos surcos y medio, aunque algunos peludos veteranos rememoran historias de compañeros que cortaban hasta cinco toneladas diarias. Una cosechadora, en cambio, corta un surco en tres minutos.

Cuando hace esa comparación, el dirigente de la histórica Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA), Jorge Roda, enarca las cejas y se preocupa porque “los peludos sigan siendo desplazados y mal pagos”. 

“Seguimos siendo el último orejón del tarro. Con el tema de los biocombustibles se entran a mecanizar áreas potenciales en un proyecto que lo peleó todo Bella Unión”, agregó.

Por su parte, el presidente del Sindicato de Obreros de la Caña de Azúcar (SOCA), Gilberto Moraes, dijo a Búsqueda que el gremio ve el proceso “con mucha inquietud” porque “no tiene dudas que la mecanización va en contra del trabajador y la mano de obra”.

“No podemos dejar de hacer azúcar, que es lo que da trabajo —sostuvo—. Hoy en Alur 30 personas se ocupan de la destilería para el etanol, que se lleva la mitad de la materia prima, mientras que las otras 500 están vinculadas a la producción de azúcar”.

 


búsqueda - postaporteñ@ nº 574 - 2011-06-24
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