En Brasil: Salir de la esclavitud para empezar a “vivir la vida”. / A história de Valdeni: Saiu da escravidão para “viver a vida”

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Valdeni Medeiros da Silva es un trabajador que hoy ocupa la hacienda en donde antes fue esclavizado. En la lucha por la tierra, renació.  Aprendió a vivir. 

Testimonio recogido en San Antonio do Bom Sossego, Tocantins, Brasil, por Carolina Motoki

Traducción: César Ortega
Fotos: Carolina Motoki

Valdeni reparte el pan en mistica

Valdeni reparte el pan en mistica

 

En esta nueva vida, sufre amenazas de muerte, pero si considera el modo de existir que tenía antes de llegar al asentamiento de San Antonio do Bom Sossego en Palmeirante, al norte de Tocantins, ¿cómo pensar en renunciar a las conquistas realizadas? Así que resiste.

Mi nombre es Valdeni, nací en Colinas, al norte del estado de Tocantins. Sólo tuve madre, no conocí a mi padre. Tengo ocho hermanos. Viví en la tierra de un padrastro durante un tiempo, hasta llegar a una edad de 18 a 20 años. Entonces sucedió que mi madre tuvo que separarse. No teníamos a dónde ir y tuvimos que ir a un barrio de la ciudad, construir una choza de paja y vivir allí. No tenía estudios, por lo que comencé a trabajar en la limpieza de pasto para poder mantener los gastos de la ciudad pues no tenía dónde plantar. Los “gatos” (reclutadores de trabajadores) venían, nos contrataban, abonaban y nos llevaban a trabajar e íbamos a hacer el corte o el servicio que hubiera sido acordado. Quedé impedido de tener algún conocimiento, ni de derecho ni de autoridad.

Trabajé mucho en la juquira (limpieza de pasto), me desgasté, sentí que no aguantaba más para hacer el servicio adecuado que los hacendados exigían. Los patrones eran muy duros. Si no aguantaba trabajar en la forma en que ellos exigían entonces era despedido y terminaba trabajando sin aguantar o tenía que pasar hambre, necesidad.  Cierta vez me fui a trabajar para un hacendado. Después de haber hecho todo el trabajo, me pagó menos de la mitad de lo prometido, cobrando incluso los pasajes de ida y vuelta. Él dijo que no tenía que pagar más porque yo ya había ganado mucho, y que no ganaría nada con recurrir a la justicia o ir a buscar un abogado porque no iba a defender gente pobre. Yo no era consciente de mis derechos, recibí lo poco que quiso pagar y me quedé quieto. Mi esposa tuvo un aborto, así que fui a hablar con él. Le dije que quería tiempo para cuidar de ella. Se volvió hacia mí y dijo que las vacas viejas con fiebre aftosa no podían tener crías.

Yo simplemente me quedaba callado. Sentí un poco de rabia, pero no podía hacer nada. También tenía miedo de hablar con él más en serio. Algunas veces le decía que el peón nos trataba como él quería. Entonces, debido a que no tenía conocimiento, terminaba humillándome y quedándome quieto. Así fue no sólo con uno, sino con varios hacendados. Fui muy, muy esclavizado en aquélla época. Pero yo no lo sabía. Para mí vivir de aquélla forma era la manera en que tenía que vivir, no tenía ni idea del trabajo esclavo. Para mí era normal vivir aquello.

En aquél tiempo yo bebía mucho. Siempre que iba a hacer cuentas iba tomado. Yo siempre debía, nunca tenía un saldo a favor. Debido a que fui criado en el régimen de los padres, me decían “¡Oh, hijo mío, tienes que ser hombre, tienes que pagar lo que debes, no puedes ensuciar el nombre”. Pensaba que el alcohol podía ser para mí una derrota, pero no tanto como ensuciar mi nombre. Mi preocupación era pagar las cuentas e ir de una hacienda a otra. En aquélla época era lo normal para mí. Ellos me debían un montón de dinero ¿no es así? Si juntara todito lo que me quitaron…Tenía entonces 32 años, me casé. Mi esposa tuvo tres abortos, en la última hubo que operarla. Fue en aquélla época que sucedió ese hecho con aquel hacendado, que se refirió a ella como a una vaca. Y desde entonces decidí que no trabajaría más para ningún hacendado.

Valdeni y Silvano Medeiros (CPT) en actividad con poseros y acampados de Palmeirante

Valdeni y Silvano Medeiros (CPT) en actividad con poseros y acampados de Palmeirante

Empecé a buscar otra manera de vivir, a hacer bocadillos salados, vender palomitas de maíz, y luego a vender helados… A finales de 2007, entré en una construcción civil allá en Colinas, trabajando de sirviente. Mi interés era aprender a ser pedrero para ejercer una profesión mejor. Trabajé seis meses en esta construcción, el patrón no quiso firmar mi carnet de trabajo.  Cierto día, cargando unas vigas de cemento, me lastimé mucho. Fue el sábado, no podía soportar el dolor, no podía soportar ir a trabajar, se lesionó el hombro, estaba débil. Fui en el turno de la tarde para recibir mi paga. El patrón estaba enojado, le expliqué por qué no había podido ir. Fue cuando dijo ciertas cosas, que yo era un tipo debilucho y que, si yo no podía aguantar el trabajo, tenía que ir a otro lado. Y me pagó. Lo recibí y de ahí volví a casa, con la mente pensando en buscar otro rumbo.

En 2008, descubrimos el asentamiento de San Antonio del Buen Sosiego, tierra pública de la Unión. Fue creado en 2003, tenía la orden de regularización del Incra (Instituto Nacional para la Colonización y Reforma Agraria) para 19 familias. Pero el Incra hizo una extraña negociación retirando a diez familias para dividir esos lotes entre tres grileiros (acaparadores de tierras). Éstos alegan que pagaron regularizando las tierras a su nombre.

Yo había sido informado de este asentamiento por los vecinos, sólo que era peligroso. Pero había oportunidad, y lotes vacíos. Le dije a mi esposa: “mira, yo no voy a trabajar más para nadie a partir de ahora. Voy a observar esas tierras, para conseguir un terreno para que podamos trabajar, no puedo soportar trabajar para otros. Voy a encontrar la manera de que vivamos por nuestra cuenta, más libres, para tratar de vivir de la manera en que me criaron.

Valdeni escucha compañera del asentamiento

Valdeni escucha compañera del asentamiento

Fui con un vecino, observamos el asentamiento, los recursos de la tierra, donde estoy hoy. Me di cuenta de que había sido un lugar donde trabajé siendo víctima del trabajo esclavo. Yo vine a trabajar para ese hacendado, ese acaparador. En ese mismo lugar. Lo reconocí por la entrada, por la antigua carretera, el lugar que habíamos trabajado. Incluso nunca nos pagaron el trabajo que allí hicimos. El pago lo recibo ahora que recibí la tierra. Allí fue limpiar el pasto y botar veneno (agrotóxico). Reconocí y dije: “¡Ya estuve en este local, señor, ya he trabajado aquí! ¿Estos bienes están aquí? ¡Así que vamos a enfrentarnos de verdad! Si es necesario en cierta hora corremos todos, si es necesario enfrentarnos lo vamos a hacer. Ya trabajé allí, ya he derramado mi sudor, voy a enfrentar esto”.

A partir de entonces comenzaron las amenazas, yo continué allá con los compañeros. De repente se dieron cuenta de que nosotros también íbamos conversando, que no nos rendiríamos y nos fuimos fortaleciendo en aquel local. E individualmente cada quien fue haciendo su siembra: la yuca, el maíz, cultivo de subsistencia. Fuimos plantando pasto y con ello fueron creciendo las agresiones.

Dentro de este período anterior, tuvimos conocimiento del acompañamiento de la CPT (Comisión Pastoral de la Tierra), en la persona de Silvano (Lima Rezende). Él tenía más conocimiento de la lucha por la tierra, entonces eso nos fue fortaleciendo para luchar por nuestro derecho, porque estábamos seguros de que teníamos ese derecho. Era nuestro derecho luchar. No estaba mal luchar por aquello porque era una tierra pública, considerada tierra del gobierno y la tierra del gobierno es para ser destinada para la reforma agraria, para las personas que no tienen condiciones mínimas, para los trabajadores. Fuimos tomando conciencia de nuestros derechos.

En agosto del año pasado, fuimos sorprendidos por un acaparador. Llegó armado, con escopeta en la espalda, revólver en la cintura, solo y montado a caballo. Yo le dije lo siguiente: sabes que estamos esperando aquel fallo judicial, que el Incra o la justicia resuelva el problema. Él me dijo que incluso si el Incra otorgaba ese derecho para nosotros, yo no podría vivir en esa parcela, porque en cualquier momento mi boca podría amanecer llena de hormigas. Estoy tranquilo, le dije, yo nací sólo una vez y voy a morir con seguridad, pero hay una cosa: no voy a renunciar a un derecho del que soy consciente, tenga en cuenta que no voy a desistir.

Así son ellos de justicieros, quieren estar por encima de todo, porque no son castigados por sus actos. Por eso continúan actuando de esa manera. Porque las autoridades no han tomado las medidas para investigar estas situaciones dando su derecho al trabajador, a la trabajadora, es decir, al ciudadano. Vemos que las autoridades son muy lentas y terminan dando oportunidad para que se produzcan actos como muchos asesinatos de las familias de los trabajadores. Porque los ricos, los hacendados, los que dicen hacer justicia por sus propias manos no tienen castigo.

La zona se encuentra hoy en un conflicto difícil. Las familias tienen miedo porque hay varios pistoleros dentro del área. Hubo varios disparos de arma de fuego, quemas de casas, varios perjuicios a los cultivos, persecuciones. Todos los niños sufren de terror, están atemorizadas, porque constantemente son asustados con disparo de armas. Y pues nos quedamos allá protegidos sólo por Dios, y ellos van bien armados.

Vivimos allí sabiendo que tenemos derecho de vivir, pero arriesgando nuestras vidas. Tenemos mucho miedo, tememos por la vida de la familia. A veces, dependiendo del caso, pensamos en desistir y volver a la ciudad, porque no tenemos a dónde ir. Lo pensamos dos veces porque volver a la ciudad es volver a la limpieza de pasto, volver a caer en las manos de los hacendados de nuevo. Es volver a las manos de la esclavitud, del trabajo esclavo. Lo que pensamos entonces en no darnos por vencidos, y volvemos aquí, porque es aquí es donde podemos criar, cultivar y cosechar y sobrevivir.

La lucha por la tierra para mí hoy es un derecho del trabajador. Derecho a la dignidad, derecho a vivir, a trabajar y también a la liberación, a ser liberado del trabajo esclavo, a vivir una vida digna, poder cultivar, cosechar, sobrevivir, sin necesidad de estar siendo obligado, siendo mandado, escuchando gritos, trabajando sin poder.

Hoy tengo mi cultivo de arroz, de frijol, mi criadero de gallinas. Hoy vivimos 90 por ciento independientes de la ciudad. Hoy en día sólo dependo del azúcar, café, aceite y otras especias, otras cosas mínimas. Sin embargo, en lenguaje sertanero, la mayor parte de lo requerimos está en nuestros cultivos. Eso sin ningún apoyo del gobierno, simplemente con nuestro esfuerzo sólo para nosotros, esfuerzo de la gente que trabaja de veras. Incluso con todas las amenazas

A pesar de ser la víctima de amenazas de muerte, considero que mi vida es mejor debido a que trabajo a mi antojo. Conforme a mi necesidad, tengo qué comer en casa, tengo de sobra, con hartura. El día que no pueda trabajar porque me estoy sintiendo con un dolor de cabeza, porque mi espalda está resentida, puedo quedarme en casa. Tengo que comer en casa, tengo que beber en casa. No necesito preocuparme de que tengo que pagar al almacén, o si en el almacén no me quieren vender, o si el arroz se está acabando tener que ir de compras. No me preocupo con esto. Así que me he encontrado un gran cambio en mi vida. A pesar de todos los conflictos, he encontrado una gran mejoría.

Valdeni Medeiros da Silva

Valdeni Medeiros da Silva

Valdeni realmente fue un personaje que alguna vez fue una figura o un dibujo, y hoy se ha convertido en realidad. Porque antes pasaba por la vida, y hoy Valdeni vive la vida. Hoy tengo un conocimiento más amplio, ya tengo conocimiento de lo que es vivir la vida, que la vida no sólo es pasar por ella. La vida fue hecha para vivir con libertad, con derechos. La vida fue hecha para vivirla con disponibilidad, con su derecho a vivir tranquilo. La vida no fue hecha para vivir esclavizado. Porque de acuerdo a las Escrituras la vida es un don de Dios, la vida ha sido dada por Dios y Dios le dio la gracia a la vida. Aquello que fue dado con gracia es para vivirse en libertad.

A partir de mi curación, de mi liberación, puedo decir que volví a nacer. Dios me puso en libertad. Tuve un nuevo nacimiento, y tomé conciencia de mis derechos. Fui conociendo que tenía derecho a vivir tranquilo, a trabajar para vivir, a vivir igualmente, como cualquier otro ciudadano. Yo tenía ese derecho. No era normal vivir de esa manera.

 

 

A história de Valdeni

Saiu da escravidão para “viver a vida”

Valdeni da Silva Medeiros é um trabalhador que hoje, aos 38 anos, ocupa uma fazenda onde já foi escravizado. Na luta pela terra, renasceu. Aprendeu a viver. Na nova vida, sofre ameaças de morte. Mas, se nem considerava vida seu modo de existir antes do assentamento Santo Antonio do Bom Sossego, em Palmeirante, norte do Tocantins, como pensar em abrir mão das conquistas? Assim, resiste. A seguir, ele conta sua história.

Depoimento recolhido no Projeto de Assentamento de Santo Antônio do Bom Sossego, Brasil, por Carolina Motoki
Fotos: Carolina Motoki

Meu nome é Valdeni, nasci em Colinas, norte do estado do Tocantins. Só tive mãe, não conheci meu pai. Tenho oito irmãos. Morei na terra de um padrasto durante um bom tempo, até chegar uma idade de 18 a 20 anos. Então aconteceu que minha mãe teve que separar. A gente não tinha pra onde ir e teve que ir pra um bairro da cidade, construir barracão de palha e morar lá. Não tinha estudo, então comecei a trabalhar na juquira [limpeza de pasto] pra poder manter a despesa da cidade pois não tinha mais onde plantar. Os gatos [aliciadores de trabalhadores] vinham, contratavam a gente, abonavam, levavam pra trabalhar e a gente ia fazer roçado ou serviço que fosse combinado. Fiquei impossibilitado de ter algum conhecimento, nem de direito, nem de autoridade.

Rocei muita juquira, me desgastei, senti que não aguentava mais fazer o serviço adequado que os fazendeiros exigiam. Os patrões eram muito durões. Se não aguentasse trabalhar da forma que eles exigiam então era dispensado e terminava ou trabalhando sujeito sem aguentar ou tinha que passar fome, necessidade. Eu fui trabalhar uma certa vez para um fazendeiro. Depois que eu tinha feito todo o serviço, me pagou menos da metade do prometido, ainda cobrando as passagens de ida e volta. E disse que não pagava mais porque eu já tinha ganhado muito, e que não adiantaria eu ir procurar Justiça ou advogado porque advogado não ia advogar pra gente pobre. Não tinha conhecimento dos meus direitos, recebi o pouco que ele quis pagar e fiquei quieto. Minha esposa teve uma perca [aborto], então eu fui conversar com ele que queria um tempo pra cuidar dela. Ele virou pra mim e disse que vaca velha com aftosa não segurava cria.

Eu simplesmente ficava calado. Sentia um pouco de raiva, mas não poderia fazer nada. Também tinha medo de falar mais sério pra ele. Falava algumas vezes pra gente que peão era do jeito dele. Então, devido não ter conhecimento, terminava me humilhando e ficando quieto. Assim não foi só pra um, mas pra vários fazendeiros. Fui muito, muito escravizado na época. Mas eu não sabia. Pra mim viver naquele tipo era a maneira que tinha que viver mesmo, não tinha noção do trabalho escravo. Pra mim era normal viver aquilo.

Naquele tempo eu bebia muito. Sempre que ia receber as prestações de conta eu ia bêbado. Eu sempre devia, eu nunca tinha saldo. Devido eu ter sido criado naquele regimento dos pais – ó, meu filho, a gente tem que ser homem, tem que pagar o que deve, não pode sujar o nome –, achava que a pinga pra mim poderia ser uma derrota, mas nem tanto como meu nome sujo. Minha preocupação era pagar as contas e partir de uma fazenda pra outra. Na época pra mim era o normal. Eles estão me devendo um bom dinheiro, não é? Se for juntar tudinho que eles tiraram de mim…

Eu estava com 32 anos, eu casei. Minha esposa teve três percas, na última teve que operar. Foi na época que aconteceu esse fato com aquele fazendeiro, ele tratou ela como vaca. E daí por diante eu decidi não trabalhar mais pra fazendeiro.

Comecei a procurar outra maneira de viver, fazer salgado, vender pipoca, depois vender picolé… Em final de 2007, ingressei numa construção civil lá em Colinas, trabalhando de servente. O meu interesse era aprender a ser um pedreiro pra exercer uma profissão melhor. Trabalhei seis meses nessa construção, o patrão não quis assinar minha carteira. Num certo dia, carregando umas vigas de cimento, me baqueei muito. Foi no sábado, não aguentei de dor, não aguentei ir trabalhar, feriu meu ombro, eu fiquei debilitado. Fui na parte da tarde pra receber. O patrão ficou bravo um pouco, expliquei pra ele porque num pude ir. Foi quando ele falou umas coisas, como se eu fosse um cabra mole: se eu não aguentava trabalhar, eu tinha que procurar outro rumo. E fez o pagamento pra mim. Eu recebi e dali eu voltei pra casa assim com uma mente já virada pra procurar outro rumo.

Aí por último agora, em 2008, a gente descobriu o assentamento Santo Antonio do Bom Sossego, terra pública da União. Foi criado em 2003, teve a portaria do Incra, pra 19 famílias. O Incra fez uma negociação estranha tirando dez famílias para dividir esses lotes entre três dos grileiros. Os grileiros alegam que pagaram pra eles regularizando no nome deles.

Eu já tinha sido informado desse assentamento pelos vizinhos, só que era perigoso. Mas tinha oportunidade, lotes vagos. Falei pra minha esposa: olha, não vou trabalhar mais pra ninguém daqui a diante. Vou observar essas posses, porque se a gente conseguir um chão pra gente trabalhar, eu não aguento mais trabalhar pros outros. Vou procurar uma maneira da gente viver por conta, mais livre, procurar viver aquela maneira que eu fui criado.

Eu fui com um vizinho, observamos o assentamento, agradei da terra, onde estou hoje. Eu reconheci que já tinha sido um local onde trabalhei sendo vítima do trabalho escravo. Cheguei a trabalhar lá pra esse fazendeiro, esse grileiro. Naquele mesmo local. Conheci pela cancela, conheci pela estrada velha, pelo local que a gente tinha trabalhado. Inclusive até hoje aquele trabalho ele nunca pagou pra gente. Estou recebendo agora que vou receber a terra. Lá foi roço de juquira e bater veneno. Eu conheci e disse: já tive nesse local aqui, moço, já trabalhei aqui! Essas posses são aqui? Então nós vamos enfrentar de verdade! Se precisar correr uma hora a gente corre, se precisar enfrentar nós vamos ter que enfrentar. Já trabalhei lá mesmo, já tem suor meu derramado, eu vou enfrentar isso.

Daí por diante começaram as ameaças, eu continuei lá com os companheiros. De repente eles perceberam que a gente também ia conversando, que a gente não queria abrir mão, e fomos nos fortalecendo no local. E individualmente cada quem foi fazendo plantio: uma mandioca, milho, subsistência. A gente foi plantando roça e isso foi crescendo com agressões.

Dentro desse período mais pra trás a gente teve conhecimento de acompanhamento da CPT [Comissão Pastoral da Terra], na pessoa do Silvano [Lima Rezende]. Teve mais o conhecimento da luta pela terra, então isso foi nos fortalecendo a lutar pelo nosso direito, porque a gente tinha certeza de que tinha esse direito. Era nosso direito lutar. Que não era errado lutar por aquilo porque era uma terra pública, considerada terra do governo e terra do governo é pra ser destinada pra reforma agrária, pra pessoas que não têm condições, trabalhadores. A gente foi tomando conhecimento dos direitos da gente.

Quando foi agosto do ano passado, a gente foi surpreendido por esse grileiro. Chegou armado, espingarda nas costas, revólver na cintura, sozinho, montado a cavalo. Falei pra ele o seguinte: você sabe que a gente está esperando essa decisão judicial, que o Incra ou a Justiça resolva o problema. Ele referiu pra mim que mesmo que o Incra desse direito pra nós, eu não ia morar naquela parcela, porque a qualquer momento minha boca poderia amanhecer cheia de formiga. Tranquilo, eu só nasci uma vez e com certeza eu vou morrer, mas tem uma coisa: desistir do meu direito que eu já tenho conhecimento eu não vou desistir.

A gente vê porque eles são tão justiceiros, querem ser acima de tudo, porque eles não são punidos pelos seus atos. Por isso que eles continuam dessa maneira. Porque as autoridades não têm tomado suas providências para averiguar essas situações dando direito ao trabalhador, à trabalhadora, ou seja, ao cidadão. A gente vê que as autoridades são muito lentas e terminam dando oportunidade para que aconteçam atos como muitos assassinatos de famílias de trabalhadores. Porque os ricos, os fazendeiros, os que dizem fazer justiça com as próprias mãos não têm punição.

A área hoje encontra-se num conflito feio. As famílias encontram-se amedrontadas porque tem vários pistoleiros dentro da área. São vários disparos de arma, várias queimas de barraco, vários prejuízos, várias perseguições. As crianças todas sofrem terrores, são atemorizadas, porque constantemente são assustadas com disparo de armas. E então a gente fica lá protegido somente por deus, e eles andam bem armados.

A gente vive lá sabendo que tem o direito de viver, mas correndo risco de vida. A gente tem muito medo, a gente teme pela vida da família. Algumas vezes, dependendo do acontecido, a gente pensa em desistir e voltar pra cidade, porque não tem aonde ir. A gente pensa duas vezes porque voltar pra cidade é voltar pra juquira, voltar pras mãos dos fazendeiros novamente. É voltar pras mãos da escravidão, do trabalho escravo. Então a gente pensa em não desistir, a gente volta atrás, porque lá é onde a gente consegue criar, plantar e colher e sobreviver.

A luta pela terra pra mim hoje é um direito do trabalhador. Direito de dignidade, direito de viver, de trabalhar e também da libertação, ser liberto do trabalho escravo, viver uma vida digna, poder plantar, colher, sobreviver, sem precisar de estar sendo obrigado, sendo mandado, sendo gritado, trabalhando sem poder.

Hoje eu tenho meu paiol de arroz, tenho meu paiol de feijão, tenho minha criação de galinha. Hoje a gente já vive 90 por cento independente da cidade. Hoje só depende do açúcar, do café, do óleo e outros temperos, outras coisas mínimas. Mas, numa linguagem sertaneja, o grosso da roça a gente já tem no paiol. Isso sem nenhum apoio do governo, simplesmente com o esforço da gente, esforço que a gente mesmo trabalha. Mesmo com todas as ameaças.

Apesar de ser vítima de um alvo perigoso de morte, eu considero minha vida melhor porque eu trabalho à vontade. Conforme a minha necessidade, eu tenho pra comer à vontade, tenho com sobra, com fartura. O dia que não posso trabalhar porque estou sentindo uma dor de cabeça, hoje minha coluna está zangada, eu posso ficar em casa. Tenho o que comer em casa, tenho o que beber em casa. Não preciso me preocupar que tenho que pagar o armazém, o armazém não quer mais me vender, ou o arroz está acabando tem que ir comprar. Não me preocupo com esta parte. Então eu tenho achado grande mudança na minha vida. Apesar de todo conflito, tenho achado grande melhoria.

O Valdeni realmente foi um personagem que antes era uma figura, ou seja, um desenho, e hoje se tornou realidade. Porque antes ele passava pela vida, hoje o Valdeni vive a vida. Hoje tem um conhecimento mais amplo, hoje já tem o conhecimento do que é viver a vida, que a vida não é só passar por ela. A vida foi feita pra viver, com liberdade, com direitos. A vida foi feita pra viver ela disponivelmente, ter seu direito de viver tranquilo. A vida não foi feita pra viver escravizado. Porque segundo as escrituras a vida é uma dádiva de deus, a vida foi dada por deus e deus deu a vida de graça. Então se ela foi dada de graça é pra viver em liberdade.

Eu posso contar como um novo nascimento a partir primeiro da minha cura, da minha libertação: deus me libertou. Tive esse novo nascimento, acompanhado depois que tive conhecimento dos meus direitos. Eu fui conhecedor que tinha direito de viver tranquilo, meu direito de trabalhar pra viver, viver igualmente qualquer outro cidadão. Eu tinha esse direito. A vida não era normal viver daquela maneira. É um pouco assim.

 

 

 

Desinformemonos

Que festeja su segundo aniversario!



Compañeras y compañeros:

Les escribimos del equipo de Desinformémonos, para invitarlos a compartir con nosotros y nosotras una serie de actividades que se llevarán a cabo en el marco del segundo aniversario de nuestro modesto proyecto de comunicación independiente.

Los invitamos, más que nada, a tomar estos eventos como un pretexto para encontrarnos, para que la palabra fluya, para intercambiar y seguir reconociéndonos en nuestras luchas y en nuestra búsqueda por un mundo mejor y más justo.

A dos años de distancia, refrendamos nuestro compromiso con las luchas de abajo y a la izquierda. Nos comprometemos a seguir buscando respuestas en colectivo, reflexionar y abrirnos a nuevas experiencias, a tratar de entender la vorágine de acontecimientos e involucrarnos en los nuevos retos que tenemos los movimientos sociales y los medios de comunicación que luchamos junto y dentro de ellos.

Esta cartita-invitación también es un pretexto para agradecerles su apoyo, cercanía y acompañamiento durante este aún breve tiempo. Gracias a colectivos, organizaciones y personas como ustedes podemos hoy celebrar 24 números y, sobre todo, podemos soñar con los que siguen.

Y bueno, pues ahí va, sin más, la programación:

11 de octubre
Mesa redonda “Ética periodística”
Lugar: Auditorio Ricardo Flores Magón, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Hora: 18:00 a 20 horas.

Participan:

Luis Villoro - Profesor Investigador Emérito de la UNAM

Fernanda Navarro - Doctora en Filosofía

Miguel Ángel Granados Chapa - Periodista y Doctor Honoris Causa por la UAM. Por recientes problemas de salud, no se puede confirmar su presencia

José Gil Olmos - Periodista de la revista Proceso

Hermann Bellinghausen - Periodista de La Jornada

Representante del Taller de Periodismo con Trabajadoras Sexuales “Aquiles Baeza”

Gloria Muñoz Ramírez - Directora de Desinformémonos y periodista de La Jornada

Transmisión en vivo en audio y video por internet desde www.desinformemonos.org, a partir de las 18:00 horas.


22 de octubre de 2011

Fandango de Los Nadies

Olla comunitaria: Llevar comida para compartir y encontrarnos. ¡Todo se vale!

Lugar: Escuelita Emiliano Zapata, ubicada en Canacuate 12 esquina con Cicalco, Pedregal de Santo Domingo, Coyoacán.
Hora: 12:00 a 22 horas.

Participan:

Hip Hop: Lengua Alerta, Jaki Kukulcan, Mexican Sound System
Tambora Peruana y Bachata: Ron Café, Palo de Ron, César y sus Esclavos
Rock y Son: Semillas Variadas, Jijos del Maíz
Sonidero: Santocho Antifa
Y los que se siguen sumando…(la tocada improvisada, el fandandgo pues, es a partir de las 17:00 horas).
1 de noviembre

Número especial de Aniversario. Jóvenes en el mundo: luchas, sueños, retos, frustraciones, experiencias colectivas, educación, migración, empleo y desempleo, prisión y represión y, sobre todo, mucha indignación, resistencia y creatividad desde: México, Canadá, Estados Unidos, Honduras, Guatemala, Bolivia, Chile, Brasil, Argentina, Colombia, Cuba, Haití, Ecuador, Perú, Italia, Francia, Austria, Alemania, País Vasco, Estado Español, Turquía, Georgia, Ucrania, Siberia, India, Sahara, Palestina, Hawai y Nigeria. El número estará dividido en dos partes. 


11 de noviembre 

 

Tocada “A Desalambrar y a Desinformar

Lugar: Foro Multicultural El Alicia, avenida Cuauhtémoc 91 A, colonia Roma, delegación Cuauhtémoc.
Grupos por confirmar.

25 de diciembre

Rifa de obra plástica: “Una apuesta, un camino
Con el sorteo de la Lotería Nacional de Navidad.

Compañeros

La voluntad de lucha de todos y todas ustedes nos siguen haciendo posibles. Muchas gracias.
Con cariño y admiración.

El equipo de Desinformémonos.


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skype: desinformemonosrevista 
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"...desinformémonos hermanos
hasta que el cuerpo aguante
y cuando ya no aguante
entonces decidámonos
carajo decidámonos
y revolucionémonos."
Mario Benedetti

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