En la perspectiva de las mayorías el orden actual es un desorden ventajista / Teólogo Leonardo Boff

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

From the point of view of the great majority of humanity, the present order is in disarray, created and maintained by the forces and countries that benefit from it, thus increasing their power and profits.

                            

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Pérdida de confianza en el orden actual
2011-07-08

 

 

  En la perspectiva de las grandes mayorías de la humanidad el orden actual es un orden en desorden, producido y mantenido por las fuerzas y países que se benefician de él, aumentando su poder y sus ganancias. Este desorden se deriva del hecho de que la globalización económica no ha dado origen a una globalización política. No hay ninguna instancia o fuerza que controle la voracidad de la globalización económica. Joseph Stiglitz y Paul Krugman, dos premios Nobel de economía, critican al presidente Obama por no haber puesto freno a los ladrones de Wall Street en vez de rendirse a ellos. Después de haber provocado la crisis, todavía fueron beneficiados con inversiones mil millonarias de dinero público. Y volvieron, airosos, al sistema de especulación financiera.
Esos excepcionales economistas son óptimos haciendo análisis pero mudos presentando salidas a la crisis actual. Tal vez, como insinúan, por estar convencidos de que la solución a la economía no está en la economía sino en rehacer las relaciones sociales destruidas por la economía de mercado, especialmente la especulativa. Esta no tiene compasión y está desprovista de cualquier proyecto de mundo, de sociedad y de política. Su propósito es acumular al máximo y para eso tiene que someter estados, quebrar legislaciones, flexibilizar leyes de trabajo, y fundar economías nacionales, obligando a los países en crisis a privatizar todo lo que es vendible, lanzando al pueblo a pobreza y la desesperación.
Para los especuladores, también en Brasil, el dinero sirve para producir más dinero y no para producir más bienes para quien los necesita. Aquí, el gobierno tiene que pagar más de cien mil millones dólares anuales por los préstamos adquiridos, mientras solamente dedica cerca sesenta mil millones a los proyectos sociales. Esta disparidad resulta éticamente perversa, consecuencia del tipo de sociedad que está obligada a mantener, que coloca como eje estructurador central a la economía y have una mercancía de todo, hasta de los bienes comunes necesarios para la vida, como el agua, las semillas, el aire y los suelos.
No son pocos quienes sostienen la tesis de que estamos en un momento dramático de descomposición de los lazos sociales. Alain Touraine habla incluso de fase pos-social en lugar de pos-industrial.
Esta descomposición social se revela por polarizaciones o por lógicas en oposición radical: la lógica del capital productivo, cerca de 60 billones dólares/año, y la del capital especulativo, cerca de 600 billones de dólares bajo la égida del greed is good (la codicia es buena). La lógica de los que defienden el mayor lucro posible y la de los que luchan por los derechos de la vida, de la humanidad y de la Tierra. La lógica del individualismo que destruye la «casa común», aumentando el número de los que ya no quieren convivir más, y la lógica de la solidaridad social a partir de los más vulnerables. La lógica de las élites que hacen los cambios intrasistema y se apropian de los beneficios, y la lógica de los asalariados, amenazados de desempleo y sin capacidad de intervención. La lógica de la aceleración del crecimiento material (Brasil) y la de los límites de cada ecosistema y de la propia Tierra.
Existe una desconfianza generalizada de que del sistema imperante pueda venir algo bueno para la humanidad. Vamos de mal en peor en todo lo que se refiere a la vida y a la naturaleza. El futuro depende del caudal de confianza que los pueblos tienen en sus capacidades y en las auténticas posibilidades de la realidad. Y esta confianza está menguando día a día.
Nos estamos enfrentando a este dilema: o dejamos que las cosas sigan así como están y entonces nos hundiremos en una crisis terminal o nos empeñamos en la gestación de una nueva vida social que sostendrá otro tipo de civilización. Los vínculos sociales nuevos no se derivarán de la técnica ni de la política actuales, despegadas de la naturaleza y de una relación de sinergia con la Tierra. Nacerán de un consenso mínimo entre los humanos, que debe ser construido en torno al reconocimiento y respeto de los derechos de la vida, de cada sujeto social, de la humanidad y de la Tierra, considerada como Gaia y nuestra Madre común. A esta nueva vida social deben servir la técnica, la política, las instituciones y los valores del pasado. Vengo pensando y escribiendo sobre estas cosas desde hace por lo menos veinte años. Pero ¿quién escucha? Es voz perdida en el desierto. «Clamé y salvé mi alma» (clamavi et salvavi animam meam, diría desolado Marx).
 
Leonardo Boff

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The Loss of Trust in the Present Order
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Leonardo Boff - Theologian - Earthcharter Commission

From the point of view of the great majority of humanity, the present order is in disarray, created and maintained by the forces and countries that benefit from it, thus increasing their power and profits. This disarray derives from the fact that economic globalization has not brought about a political globalization. Joseph Stiglitz and Paul Krugman, two Nobel laureates in economics, criticize president Obama for surrendering to the Wall Street thieves instead of putting the brakes on them. After having caused the crisis, they still benefited from thousands of millions in grants of public funds.  And then they returned happily to the system of financial speculation.
Those exceptional economists are very good at making analyses, but they are mute when it comes to offering solutions to the present crisis. Perhaps, as has been suggested, it is because they are convinced that the solution to the economy is not in economics, but in remaking the social relations destroyed by the market economy, especially by speculation.  The market economy has no compassion and lacks any world, social and political goal. Its purpose is to accumulate to the maximum and in the process, it must subjugate states, break down legislation, undermine labor laws, and create national economies, forcing countries in crisis to privatize everything that can be sold, throwing the people into poverty and desperation.
For the speculators, also in Brazil, money is used for producing more money, and not for producing more goods for those who need them. Here in Brazil, the government must pay more than one hundred thousand million dollars annually for past loans, while Brazil devotes only about sixty thousand million to social projects. This disparity causes the ethically perverse consequence of a type of society that is forced to maintain the economy as the principal structural axis, and turn everything into merchandise, even the common goods necessary for life, such as water, seeds, the air and the earth.
There are many who maintain the thesis that we are in a dramatic moment of decomposition of the social bonds. Alain Touraine even talks of the post-social, instead of the post-industrial, phase.
This social decomposition is seen in polarization, or radically opposing logics: the logic of productive capital, about 60 billion dollars per year, and the logic of speculative capital, about 600 billion dollars, under the aegis of «greed is good.» The logic of those who defend making the greatest profit possible and the logic of those who struggle for the right to life, humanity and the Earth. The logic of individualism that destroys the «common home,» increasing the numbers of those who no longer want to coexist, and the logic of social solidarity, starting with the most vulnerable. The logic of the elites that make the intra-systemic changes and appropriate the benefits, and the logic of the salaried people, threatened with unemployment and lacking the capacity to intervene. The logic of the acceleration of material growth (Brazil) and the logic of the limits of each eco-system and of the Earth herself.
There is a generalized disbelief that anything good can come to humanity from the dominant system. We are going from bad to worse in everything that relates to life and nature. The future depends on the degree of trust that peoples have in their capabilities and in the authentic possibilities of reality. And this trust is decreasing daily.
We are facing a dilemma: either we let things continue the way they are, and perish in a terminal crisis, or we engage in creating a new social life that will support a different type of civilization. The new social bonds will not come from present day technology or politics, divorced from nature and from a synergic relationship with the Earth. They will be born of a minimal consensus among humans, that must be built around the recognition of and respect for the rights of life, of each social subject, of humanity and of the Earth, considered as Gaia, and as our common Mother.  Technology, politics, institutions, and the values of the past must be in the service of this new social life.
I have been thinking and writing about these things for at least twenty years. But who is listening?  It is a voice lost in the desert. A desolate Marx would say: «I cried out, and saved my soul» (clamavi et salvavi animam meam).


Leonardo Boff
07-08-2011

 

Por malcolmallison

la mula malcolmallison

 

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