Esclavos en el siglo XXI

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

La Relatora Especial Erica Canqui es la autora del informe sobre Trabajo Forzoso y Pueblos Indígenas que la ONU ha presentado en el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas que se desarrolla en estos días en Nueva York.

 

En el mundo aún hay, al menos, 12,3 millones de personas víctimas del trabajo forzoso, seres humanos que mantienen condiciones de esclavitud en pleno siglo XXI. Una situación especialmente sangrante cuando gran número de esas víctimas son indígenas y el problema se vuelve invisible. América Latina y El Caribe es la segunda región del mundo con más ‘esclavos modernos’.

Los peones reciben como pago apenas lo suficiente para que no mueran de hambre; viven hacinados en galeras que, comparadas con establos y porquerizas, estas últimas son lujosas”. “Muchos llaman ‘papi’ o ‘mami’ a sus patrones, otros tienen el mismo apellido de estos y no es inusual que reciban palizas de los hacendados”. “Son enganchados o endeudados cada año antes de la zafra de azúcar. Para pagar la deuda se los traslada a las plantaciones de azúcar donde tienen que trabajar en la zafra con toda su familia. Una vez que llegan a las plantaciones se ven obligados a adquirir más bienes en los almacenes administrados por los enganchadores o sub enganchadores a precios muy alzados. Ello conduce a un círculo vicioso de endeudamiento”.

Son frases extraídas del informe que sobre ‘Trabajo Forzoso y Pueblos Indígenas’ que ha presentado Naciones Unidas en el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas que se celebra en estos días en Nueva York. Descripciones que no difieren en nada de las que Rafael Barret recogía en sus crónicas de principios del siglo XX sobre los trabajadores yerbateros en Paraguay (‘Hacia el porvernir’), o más allá, de la historia que narra Jose Eustasio Rivera, en ‘La Vorágine’, de los caucheros a caballo entre el XIX y el XX. Esclavismo.

En el mundo existen al menos 12,3 millones de personas víctimas del trabajo forzoso, cerca de 10 millones de estas personas son explotadas por la práctica del trabajo forzoso en la economía privada, y el restante por los estados, ya sea con fines políticos o económicos, así lo expresa la relatora especial Elisa Canqui en el informe presentado en el Foro. El trabajo forzoso está presente de una u otra forma en todos los continentes, en casi todos los países, y en todo tipo de economía.

AMÉRICA LATINA, SEGUNDA REGIÓN ESCLAVISTA

El número más alto de trabajadores forzosos se registra en Asia, con 9,5 millones, 1,3 millones en América Latina y el Caribe, 660 mil en África al Sur del Sahara, 260 mil en Medio Oriente y África del Norte, 360 mil en los países industrializados, y 210 mil en los países en transición.

El informe señala que en América Latina, al igual que hace siglos, las principales víctimas del trabajo forzoso son los pueblos indígenas, unas veces se trata de pueblos indígenas que viven en regiones aisladas, donde la ausencia del Estado es tal, que el patronazgo, la servidumbre por deuda, no es considerada como delito, sino una relación cordial entre los hacendados, patrones y los pueblos indígenas.

Los pueblos indígenas son especialmente vulnerables a las distintas formas de trabajo forzoso donde los factores determinantes -como las barreras de ciudadanía, la pobreza, y las constantes violaciones a sus derechos particulares, a la tierra y al territorio- han hecho que muchas generaciones de pueblos indígenas sean sujetos a servidumbre por parte de grandes empresas privadas y públicas tanto a nivel rural como urbano. El proceso de discriminación está tan enraizado, que en algunos países el trabajo forzoso a los pueblos indígenas es comprendido como una forma natural de relación entre indígenas y la población no indígena.

El informe de Naciones Unidas insiste en que las poblaciones indígenas son altamente vulnerables por varios factores: Son víctimas propicias, por la falta de información de sus derechos, el analfabetismo, la falta de un documento de identidad, monolingüismo, su hábitat tradicional en regiones aisladas, entre otros; la presencia de infractores motivados, representada por una sociedad que tradicionalmente ha excluido y discriminado a estos pueblos, cuyas acciones, como el trabajo forzoso, no es considerada delito en cuanto se trate de indígenas. A ello se une la falta de un guardián capaz, dada la ausencia tradicional de los Estados.

Elisa Canqui relata en su estudios casos concretos en México, como el ‘Ingenio azucarero ‘Emiliano Zapata’, donde se muestra que también el Estado comete este delito en nombre de un bien mayor, la población “No indígena”. Habla de la cría de ganado por los ayoreo y guaraníes en el Chaco Paraguayo; la explotación forestal ilegal en el Perú, donde la situación de la minería también es intolerable, o algunos de los casos más sangrantes, denunciados por la OIT, en el Chaco boliviano, donde el trabajo forzoso se da en la producción de azúcar y en la producción de nueces castañas. En todos se crea una espiral de deudas de las víctimas hacia sus ‘patronos’ que las mantiene eternamente atrapadas en esa situación de esclavitud.

Estas formas de trabajo forzoso no respetan edad ni género, pues familias completas de indígenas en las diferentes regiones se encuentran insertas en estas formas peores de trabajo”, advierte Elisa Canqui. Así, cada componente de la familia cumple con un rol, los niños ayudando en los campos agrícolas y ganaderos junto a los hombres, y las mujeres destinadas a los servicios domésticos, sin embargo, el “pago” solo lo recibe el hombre y no así las mujeres y los niños.

TRABAJO FORZOSO Y TRATA DE PERSONAS

En junio del 2010, el Departamento de Estado de Estados Unidos en el informe anual sobre Trata de Personas afirma que la mayoría de los casos de trata de personas en el mundo se dan en la modalidad de trabajo forzoso y reporta la existencia de trabajo forzoso que afecta directamente a los Pueblos Indígenas en el Ecuador, Colombia, República de Congo, Canadá, Bolivia, Guatemala, México y Paraguay. En este marco, los pueblos indígenas son altamente vulnerables a la trata en redes comerciales sexuales, y donde la trata de personas y pueblos indígenas es raramente estudiada y una forma de trabajo forzoso invisible.

El informe presentado en el Foro de Pueblos Indígenas señala que la quinta parte de los trabajos forzados está relacionada con el tráfico de personas; menos del 20% en el caso de Asia, América Latina y el África Subsahariana, mientras que en los países industrializados, en transición, Oriente Medio y Asia, el porcentaje de las víctimas de trabajos forzados que lo son del tráfico de personas, asciende al 75%.

LOS NIÑOS Y MUJERES INDÍGENAS

Los niños (un 40/50% de las víctimas del trabajo forzado en el mundo, 4,9 millones) y mujeres indígenas son la población más vulnerable al trabajo forzoso. El proceso de migración rural/urbano ha incrementado las condiciones favorables que aumentan este delito.

En el área urbana muchos niños y niñas se desempeñan en actividades domésticas, en construcción y como vendedores ambulantes. Estos niños, niñas y adolescentes se ven expuestos a una serie de peligros relacionados con la trata de personas para actividades agrícolas; trata para la explotación sexual; trata para trabajo forzoso (servicio doméstico, talleres informales o clandestinos); trata para la venta de órganos (la desaparición de niños y niñas indígenas); el reclutamiento forzado por grupos armados ilegales, guerrilla o el propio ejército; y la trata con fines de mendicidad organizada o trabajos similares”, indica Canquí, quien afirma en sus conclusiones que los abusos de cualquier tipo que sufren los trabajadores domésticos indígenas (sean hombres o mujeres) ‘constituyen un modo de trabajo forzoso muchas veces invisible”.

Las niñas y adolescentes son especialmente vulnerables. Son enganchadas al trabajo doméstico con promesas de acceso a la escuela, promesas que se incumplen y las niñas y adolescentes indígenas quedan en condiciones de servidumbre y analfabetismo.

Muchas víctimas indígenas de trabajo forzoso, son parte de los cuatro millones de personas que son vendidas en contra de su voluntad con la finalidad de trabajar como servidumbre, y en el caso de las mujeres a la explotación sexual”.

CÓMO COMBATIRLO

El informe de Naciones Unidas apunta algunas de las vías de acción para acabar con el trabajo forzado en el mundo. Unas vías que en el caso de los indígenas pasa, no solo por la prohibición de este sistema en los instrumentos legales, sino por disminución de los factores determinantes de la esclavitud: La pobreza, la discriminación y la ausencia de un compromiso serio de parte de los Estados hacia este delito.

Se recomienda que cada país no solo sancione el trabajo forzoso a través de sus códigos penales, sino que contemple medidas eficaces para garantizar la reinserción de sus víctimas de trabajo forzoso, procurando en lo posible restituir los territorios indígenas donde tradicionalmente los pueblos indígenas vivían. El informe también apuesta por la participación de las organizaciones indígenas en esta tarea para visibilizar y erradicar el problema, una participación que también exige para las víctimas.

Se pide un análisis riguroso, con censos e investigaciones, de la situación de los trabajadoras y trabajadores domésticos indígenas; y que se inste a las organizaciones indígenas a informar acerca de los casos de trabajo forzoso. Junto a ello, los Estados deberían prohibir las formas de trata de personas y fijar castigos acordes con delitos tan graves.


Por Pilar Chato

Cortesía de Otramérica

El Ciudadano

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