Escritor boliviano Edmundo Paz Soldán retrata inmigración latina en EEUU en su última novela

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

ROBERTO CAREAGA / LA TERCERA – Un asesino acechaba la frontera. Terminaban los 80 y Angel Maturino Reséndiz iniciaba una rutina que se extendería por una década: subía clandestino a un tren en México, se bajaba en EE.UU., irrumpía en alguna casa cercana a la línea ferroviaria y si tocaba la mala suerte de encontrarse con alguien, lo mataba.

Antes de que la policía pudiera seguir sus pasos, Angel estaba de vuelta en México. Asesinaría a más de una decena de personas y sería conocido como el Railroad Killer. Justo cuando su fama negra iba en ascenso, el escritor boliviano Edmundo Paz Soldán llegó a EE.UU. Tenía poco más de 20 años. Nunca olvidó una de las primeras cosas que vio en la televisión estadounidense: un reportaje de CNN sobre un asesino suelto que aterrorizaba a la frontera.

“Se me quedó en la cabeza. Era un personaje ideal para un novelista: condensa esa pesadilla que existe en el imaginario norteamericano en torno al inmigrante, que entra, viola a tus mujeres y te asesina en la noche”, cuenta Paz Soldán al teléfono desde Ithaca, EE.UU. 

Habla de Norte, su nueva novela: un asedio a las miserias de la inmigración latinoamericana en EEUU. Tres historias de amor, locura y muerte, dos de ellas reales, que cruzan 80 años y dan forman al más ambicioso libro del boliviano. Arte en estado puro, violencia brutal y vaivenes amorosos en el centro de la academia. No fue precisamente fácil.

Perdidos

El asesino era ideal, pero nada sencillo: durante años, el autor de Palacio quemado trabajó en una novela en la que el Railroad Killer era parte de un ramillete de personajes que retrataban la inmigración en Norteamérica. “Me interesaban los que se pierden en este país tan inmenso. Pero la idea no iba a ningún lado”, cuenta.

Desorientado, tiró a la basura el proyecto. Pero después de 20 años viviendo en suelo gringo, donde había escrito una decena de libros sobre Latinoamérica, Paz Soldán quería un giro: escribir de EE.UU. Lo logró en Los vivos y los muertos, una novela corta sobre una ola de muertes en un pueblo perdido en la frontera con Canadá. Entonces volvieron los inmigrantes perdidos. Volvió el Railroad Killer.

Pero faltaba algo. Paz Soldán se sienta en una cafetería, ve las páginas de un diario y ahí está: un reportaje sobre Martín Ramírez, un mexicano que pasó sus últimos 30 años encerrado en hospitales siquiátricos. Fue un esquizofrénico que sólo dibujaba: creaciones que hoy son consideradas obras de arte por la crítica. “Me acordé del asesino. Este era otro mexicano ilegal que cruzó la frontera y terminó olvidado en un siquiátrico. Eran como el anverso y reverso de la misma moneda”, cuenta.

Las historias de Martín Ramírez y el Railroad Killer, con el nombre de Jesús, terminan iluminando a Miche-lle, el personaje menos sombrío de Norte: ella, una chica boliviana que abandonó un posgrado de literatura en la Universidad de Berkeley, va desorientada, aporreada por una relación dañina con un profesor y ansiosa de producir una novela gráfica innovadora. La luz viene de un loco y un asesino. Qué más iba a ser: Norte es violenta y paranoica. Un eco de EE.UU., según Paz Soldán.

“La década pasada en EE. UU. fue muy sombría. Quería agarrar esa sensación de miedo, del ascenso del discurso nacionalista y xenófobo contra el inmigrante”, dice. “Mi próxima novela será de ciencia ficción, una novela de guerra para explorar la relación de EE.UU. con Irak y Afganistán”, concluye.

 

Tomado de

Contrainjerencia

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