España tiene la peor calidad de aire de Europa

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

España, y en general el sur de Europa, tiene una mala calidad de aire, ha afirmado Pedro Jiménez Guerrero, doctor en Ingeniería Ambiental formado en Estados Unidos y Alemania, que ha recibido en Madrid el premio Joven Investigador 2011 concedido por la Real Academia de Ingeniería (RAI).

Con 33 años cumplidos la semana pasada, el currículum de Pedro Jiménez deja boquiabierto: después de estudiar Ingeniería Química en la Universidad de Murcia consigue el doctorado en Ingeniería Ambiental en la de Barcelona. De ahí salta a Estados Unidos, donde investiga en un laboratorio de la Nasa, y a Alemania, donde lo hace en el reconocido instituto Max Planck.

Fichado por el Centro Nacional de Supercomputación, de Barcelona, dirige, como investigador principal, el grupo de Ciencias de la Tierra, en el que aborda sistemas sobre calidad de aire y contaminación atmosférica y, entre ellos, el CALIOPE.

En 2009 decide regresar a la Universidad de Murcia, con el sentido romántico de “devolverle” lo que un día le dio, y entra en el Grupo de Modelización Atmosférica Regional del área de Física de la Tierra.

Además dirige, con un contrato del proyecto Ramón y Cajal, por el que el ministerio de Ciencia busca retornar a la universidad española a grandes talentos, un proyecto de investigación que aborda la interrelación de los diferentes componentes del sistema climático (océanos, atmósfera, calidad del aire) utilizando sistemas de modelos acoplados.

Calidad del aire

En una entrevista con Efeverde el joven experto asegura que España tiene una de las peores calidades de aire de toda Europa.

Las causas de que España y en general los países de la cuenca mediterránea son fundamentalmente el “buen tiempo”, las situaciones anticiclónicas que permiten suaves inviernos, y las escasas lluvias, a lo que se une el polvo del desierto del Sáhara que llega con los vientos.

Estos condicionantes dificultan que España cumpla las directrices europeas de calidad del aire y, por eso, ahora dirige, desde la Universidad de Murcia, un grupo de investigación para desarrollar modelos regionales de pronóstico de la contaminación atmosférica, a través del proyecto Sinqlair, con doctores y becarios de entre 23 y 29 años.

El objetivo es suministrar información sobre los índices de contaminación atmosférica, a través de mapas similares a los de predicción meteorológica, tanto a la población como a las autoridades, de forma que se conozcan posibles efectos nocivos para la salud como para la toma de decisiones sobre cierres de empresas contaminantes.

Formación en el extranjero

Para este joven talento, que valora tener un reconocimiento de su trabajo en España, y más viniendo de una disciplina como la Ingeniería Ambiental, es fundamental que los estudiantes españoles salgan a formarse al extranjero.

Pedro Jiménez contradice la tradicional idea de despreciar la formación académica española. A los españoles nos reconocen en el exterior nuestra formación académica, nuestra capacidad de integración en equipos y de presentar iniciativas.

Es fundamental irse fuera, conocer nuevas ideas, otras culturas y otras formas de investigar, para regresar con los conocimientos adquiridos para desarrollarlos aquí. Gran parte del éxito de mi buena posición académica y personal, reconoce, se ha debido a saber aprovechar las oportunidades que se presentan (becas, estancias en laboratorios) y no tener miedo.

Tras reconocer que la vuelta a Murcia no ha sido fácil, a pesar de contar con un brillante currículum, por la falta de recursos y de plazas en la universidad, no lo considera un paso atrás en su carrera. Desde su posición como investigador senior “Ramón y Cajal”, ha tenido libertad para elegir el proyecto a desarrollar.

Cambio climático:interacciones

Su actual reto, trabajando con gente muy joven, es desarrollar un programa que aúne todas las interacciones que influyen en el cambio climático, como atmósfera, suelo, hielos, biosfera y océanos.

Ahora se analizan de forma aislada y hay que estudiarlo en conjunto, interrelacionarlos para conocer cómo afectan como un todo al cambio climático. Es complejísimo por la cantidad de factores que interviene, reconoce.

Según el doctor Jiménez Guerrero, en la actualidad el estudio del cambio climático se encuentra en una etapa preliminar, pero eso, recalca, no significa que la información obtenida sea de mala calidad, no significa que se puedan utilizar esos modelos con un grado de seguridad.

Existe un consenso en la comunidad científica en que se está produciendo un cambio climático, que la temperatura se incrementa en las últimas década a un ritmo sin precedentes, pero se pone en duda la responsabilidad de este cambio.

Este aumento no es sólo achacable a las variaciones en la actividad del sol. Desde su punto de vista hay una contribución humana muy importante que ayuda a acelerar ese proceso.

Difusión de la ciencia

Es muy fácil echar la culpa al humo que sale por la chimenea de una industria sin tener en cuenta la cantidad de electrodomésticos que funcionan a la vez en una casa o poner a 15 grados el aire acondicionado en verano.

En este sentido considera fundamental la educación de la población. Los investigadores tenemos que saber transmitir, dar la información de forma clara, porque el consumo doméstico eléctrico es brutal y produce además de contaminantes emisiones de efecto invernadero, y por ellos se muestra partidario de políticas de auto restricción.

Niega que el calor del mes de octubre tenga que ver con el calentamiento. Pedro Jiménez afirma que depende de la variabilidad del sistema meteorológico “que es caótico”, y apunta al estudio de las series estadísticas históricas para tener una explicación.

Muchas veces para saber lo que va a pasar en el futuro tenemos que estudiar el pasado, dice el científico que tras recoger el premio de la RAI viajará a Denver (EEUU) donde va a participar en una reunión de trabajo del Programa de Investigación en Clima de la Organización Meteorológica Mundial (WCRP), que le ha premiado con una bolsa de viaje junto con otros nueve jóvenes científicos de todo el mundo.


Vía: elEconomista.es

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