Comparte el artículo Estado español: Contra la crisis, sacerdocio: EL ACENTO Contra la crisis, sacerdocio ...
El blog de los documentales esta de mudanza!!
Los documentales nuevos se van a publicar en este sitio:
http://videosdeatea.co.cc
Los videos estarán todos online y sin limitación de tiempo en la visualización.
Cuando termine con el traslado de todo el material, voy a eliminar el antiguo blog.
Un abrazo y gracias.
Ivonne Leites.
ateaysublevada.over-blog.es
MARCOS BALFAGÓN
Quién quiere ser millonario?”, se preguntaba a la audiencia desde un famoso concurso de televisión. La idea ha dado título a una película, bastante menos risueña, basada en una novela. Pero las vacas gordas se han terminado, estamos en plena crisis y hete aquí que la Iglesia católica española lanza un vídeo para preguntar al personal quién quiere hacerse cura. Los sueldos no son buenos y cabe contar con ciertos condicionamientos —el celibato, no tener descendencia—, que económicamente se truecan en ventajas: el cura mileurista no tiene que gastarse el dinero en esposa ni hijos. Además, “tu riqueza será eterna”. Pero garantiza trabajo fijo —ahí es nada, en tiempos de tanta precariedad— y amplias perspectivas: “una vida apasionante”, “te prometo que nunca te arrepentirás”.
Cierto que el ofrecimiento eclesial excluye a la mitad de la población. El sacerdocio es cosa de hombres y, por tanto, el vídeo de la Iglesia no concierne a las mujeres. Pero descubre un nuevo yacimiento de empleo para los varones, un salvavidas en el naufragio de la construcción y otros sectores...
Lo mejor es lo que no se explica: se trata de una profesión muy segura, porque está subvencionada. Este año corresponden 248 millones de euros a la Iglesia en concepto de recaudación por la casilla del IRPF de 2011, una suma que en su mayor parte va al sostenimiento del clero. Las arcas públicas están semivacías —la oferta pública de empleo se ha reducido de forma drástica—, pero la mayoría del arco parlamentario estaba y está de acuerdo en detraer de la recaudación del impuesto lo bastante como para que la Iglesia, gracias a los contribuyentes, pueda presentar su oferta de empleo. Además, el Estado paga a los profesores de religión.
Para poner fin a la crisis crónica de vocaciones sacerdotales, a la Iglesia se le ha ocurrido jugar con la crisis económica. De ocurrencias también se vive. Si 1.278 seminaristas ya están en ello, quién sabe cuantos más tras la campaña. Así que vale de excusas y quejumbres: varón, ¿dice usted que no encuentra trabajo, que no hay nada? Pues ¡hale!, al seminario.
Ay señor, ¿y la fe?
Hay quien se ha sorprendido y hasta indignado por la oferta de empleo seguro que la Iglesia de Roma acaba de ofrecer a la mitad de la población española, dado que las mujeres no cuentan en el desempeño de la labor sacerdotal. Si había crisis de vocaciones y los seminarios estaban despoblados, ¿alguien puede extrañarse de que la jerarquía eclesiástica -sirviéndose de la desesperación de tantísimos jóvenes desempleados- promueva esa llamada para ingresar en una de las profesiones más duraderas y estables que han existido y existen en nuestro país?
Se trata, en efecto, de un trabajo subvencionado, puesto que cuenta anualmente con esos 250 millones de euros que la Iglesia recibe gracias al celo recaudatorio del Estado a cuenta de la casilla del IRPF. Con esa cantidad está asegurado el empleo de los curas, si bien nuestros impuestos también sirven para retribuir, además, a los profesores de Religión, cuya misión no es otra que la de hacer perdurables los privilegios de que goza la institución católica, apostólica y romana en España.
Muy posiblemente, a la mayoría de los 1.278 seminaristas que ahora mismo se preparan para el sacerdocio en los centros pertinentes, esa oferta de empleo -de la que ahora hace publicidad muy terrenal la empresa a la que pertenecen- no les haya extrañado. Es probable que la razón de su vocación en muchos de ellos se haya basado precisamente en la seguridad de su horizonte profesional, ajeno a los vaivenes de todas las crisis económicas que pueda padecer el resto de sus conciudadanos, pues estos seguirán en todo caso pagándoles sus sueldos.
Ante tan halagüeño porvenir, ¿a quién importa la fe en el mensaje de Cristo, razón explícita antaño de la vocación que decían profesar los jóvenes seminaristas, si hace mucho que ese principio ha dejado de inspirar a la institución vaticana, por más que se siga rezando a Dios, en la liturgia de la misa, aquello de no mires nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia? ¿De qué carácter puede ser esa fe que se sustenta en la expectativa de un sueldo seguro, religiosamente retribuido por el Estado a costa de las estrecheces de la mayoría de la población?
Los seminarios siguen vacíos o más vacíos que nunca y ahora la Iglesia lanza una campaña para llenarlos de nuevo. Ofrecen un “trabajo apasionante” y, sobre todo fijo. Pues, qué les voy a decir, seguro que se llenan. Ahora es que ofreces trabajo y la gente se mata, normal. En el ejército tuvieron la misma idea y la cosa parece que dio resultado. Pues más tiene que darlo aquí donde, además, no hay que matar a nadie ni dejar que nadie te mate.
Lástima que la oferta es sólo para hombres porque si no fuera así yo misma me lo pensaría. Hay momentos en mi vida en los que estaría dispuesta a arrepentirme de todo a cambio de un trabajo fijo y decente. Lástima, ya digo. No se sabe si es que hay muchísimas monjas y ya sobran o es que a ellas no tienen nada que ofrecerles que quede bien en un video. Desde luego “trabajo apasionante” no parece ser lo que la iglesia ofrece a las monjas. Las funciones que en el vídeo se aparecen como las propias de este trabajo de cura funcionario son las conocidas: casar, confesar, confirmar, organizar la parroquia etc. esas cosillas que hacen los sacerdotes y que no pueden hacer las mujeres.
Es posible que la iglesia haya contratado a una buena agencia publicitaria que esté preparando una campaña en la que los trabajos propios de las monjas resulten incluso apetecibles, ya se sabe: cocinar, lavar, planchar, servir, contemplar, rezar…Tarea difícil, pero no imposible que, al fin y al cabo, con el paro y la precariedad femenina ser funcionaria monja y cocinar puede ser mejor que ser cocinera precaria o en paro.
Lo que ya me resulta más extraño es que eso del trabajo fijo lo ofrezca la iglesia pocas semanas después de que un obispo, no recuerdo cual porque ya todos se me confunden, se pronunciara a favor de los recortes y la (contra)reforma laboral afirmando que la gente tiene que olvidarse ya de esta cultura del trabajo seguro y para toda la vida. ¡Qué listo, el obispo, lo que quiere es que ahora los aspirantes a funcionarios se metan en la iglesia! Peor pagados y sin derecho a huelga, eso sí, pero en la Iglesia.
Beatriz Gimeno es escritora y expresidenta de la FELGT (Federación Española de Lesbianas, Gays y Transexuales)
http://beatrizgimeno.es
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Ivonne Leites.
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