Estado español: Estado aconfesional y libertad religiosa: una deuda pendiente con la democracia

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Madrid, 6 de junio de 2011. Yolanda Palomo, redacción opiniondigital.es, yolanda.palomo@opiniondigital.es

 


Garantizar la libertad religiosa implica que el Estado no deba decantarse por ninguna confesión y, en este sentido, tiene la responsabilidad de cumplir y hacer cumplir la Constitución. Entonces… ¿Por qué ningún gobierno ha sido capaz de dar un paso adelante?

Hace unos años, bajando las escaleras de un edificio administrativo en el que trabajaba, me paré a mirar el protocolo que se estaba montando en ese momento para formalizar la toma de posesión de un cargo público.

Al lado del atril se había colocado una Biblia con un crucifijo que, junto con el resto de símbolos, daban al acto la formalidad y rigurosidad a la que estamos acostumbrados en este tipo de eventos.

Reconozco que, hasta ese momento, mis reflexiones sobre el particular no habían ido más allá de la mera crítica teórica sobre la necesidad de establecer políticas que condujesen a la ciudadanía a un Estado aconfesional, como consecuencia lógica de los preceptos de nuestra Carta Magna.

Parada ante el atril, la Biblia y el crucifijo, saqué de mi bolso mi catecismo particular, que no es otro que un ejemplar de la Constitución Española y que siempre deseo tener cerca porque es mi contrato básico con el Estado, como ciudadana.

Y, en ese escenario, volví a releer su bellísimo artículo 14… “los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión…” En mi afán de lectura y mientras las personas del entorno se me quedaban mirando por mi obstinación de permanecer al lado del atril, Biblia y crucifijo, continué leyendo mi catecismo constitucional… artículo 16.1 “se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos….” Artículo 16.3 “ninguna confesión tendrá carácter estatal….”

En un arranque lleno de vehemencia y convicción, fui a pedir explicaciones del motivo por el cual, los símbolos religiosos estaban presentes en un acto público, teniendo en cuenta los mandatos de nuestra Constitución Española a la que debemos respeto y, desde luego, acatamiento, considerando que así lo quiso la sociedad cuando comenzó su apasionante andadura democrática.

“Es el protocolo, Yolanda… Son las normas…. Siempre se ha hecho así….” Esos fueron los argumentos que se me esgrimieron… He de reconocer que, finalmente, y como consecuencia de algún espíritu sensible y democrático que se hizo eco de mi inquietud personal y constitucional, fueron retirados los símbolos religiosos y la toma de posesión se realizó sin ellos.

Quizá lo que he expresado no es determinante… Ni siquiera trascendente… Pero pone de manifiesto muchas cosas que, a mi juicio, si pudieran afectar a la libertad de las personas.  Y, fundamentalmente, pone de manifiesto el escaso interés que los sucesivos gobiernos han tenido, de cara a garantizar a los ciudadanos su libertad religiosa, firmemente declarada en la Constitución Española.

En este contexto, y a modo de ejemplo, me pregunto….¿es lícito utilizar el dinero del contribuyente para fomentar una religión? ¿es adecuado escenificar desde los cargos públicos la connivencia con la religión dominante, a pesar del mandato de la Carta Magna? ¿Es razonable asistir a actos religiosos como representantes del pueblo? ¿Es correcto establecer formas de financiación singulares para la Iglesia Católica? ¿Perpetuar el Concordato? ¿Es admisible permitir las declaraciones de algunos de sus representantes, aunque éstas pudieran resultar controvertidas con nuestro ordenamiento constitucional y jurídico?

Respeto profundamente, como no podía ser de otra manera, la religión que cada persona pueda y quiera profesar… Pero como demócrata no asumo que el Estado mantenga e impulse una identidad que sólo debería quedarse en el ámbito personal de cada uno de nosotros.

Garantizar la libertad religiosa implica que el Estado no deba decantarse por ninguna confesión. Porque el Estado tiene la responsabilidad de cumplir y hacer cumplir la Constitución. Porque esa es nuestra norma básica de convivencia. Porque la democracia lo merece. Entonces… ¿Por qué ningún gobierno ha sido capaz de dar un paso adelante?

A mi entender, no solamente no se ha caminado hacia el establecimiento de mecanismos que nos garanticen nuestro derecho a profesar la religión que nos dé la gana sin intromisiones, sino que los gestos grotescos en este sentido, se repiten de forma reiterada y constante en el tiempo.

Porque, en esta laxitud donde hay un consentimiento tácito por parte del Estado, crecen y se alimentan las posturas, tanto de representantes políticos como eclesiásticos, que desembocan en desafortunadas manifestaciones o actuaciones.

En este sentido, y sin ánimo de exhaustividad, todavía nos suenan las palabras del Sr. D. Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid, hablando del problema del alma de los indignados ( ya me hubiese gustado que hablase del alma de los especuladores) que ocupan las plazas de toda España… y más recientemente, apenas transcurrida una semana del duro desalojo policial llevado a cabo por los Mossos en la Plaza de Cataluña, las palabras del arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach expresando que “los miembros de los Mossos habéis querido celebrar este día en la vertiente de la fe".

Según cita el Diario público en su edición del 5 de junio, así empezó el citado arzobispo la misa institucional con motivo del Día de les Esquadres, la fiesta de los Mossos, a la que acudieron una 200 personas y que el consejero de Interior, Felip Puig, ha recuperado, tras haberla eliminado su antecesor en el cargo, Joan Saura (ICV). "el señor está presente en vuestras actuaciones", dijo el arzobispo en la misa, donde Puig fue el primero en comulgar….

Esto es lo que hay, por el momento. Pero prefiero y necesito seguir pensando que todo puede cambiar porque nos merecemos una mejor sociedad y democracia. Y esa es nuestra responsabilidad… por eso, quiero seguir acompañada de mi particular catecismo: la Constitución Española. Siempre en metida en mi bolso, en mi razón y en mi corazón.


Mª Yolanda Palomo del Castillo


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