Estado español: ¿Qué ha dicho hoy Mariano Rajoy en el Congreso?

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

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Y qué más da lo que haya dicho, si parte de la premisa de someternos a una vieja Europa que ya ha recuperado a esos inferiores que tanto anhelaba.

Por no dejar de lado el discurso de aquel que figura como administrador (casi caudillo) por obra y gracia de un 30% de los españoles (no debemos culpar a un modelo electoral que está vigente: el desconocimiento voluntario nunca ha sido una eximente), haremos una síntesis.

El mensaje del discurso se podría resumir con la exclamación típica en los pasajeros histéricos de un avión que ha perdido los motores y un trozo de ala: ¡vamos a morir todos!

Se ha dedicado a pintar un paisaje de terror que justifique todos los recortes que “sin que le tiemble el pulso” acometerá, tras los muchos que ya hemos sufrido.

Es un pésimo actor, pero el aforo tampoco es muy exigente, así que a más de uno le habrá parecido convincente. Si nos engañaron convenciéndonos de que en un planeta mutuo hay quienes merecen más que otros, cómo no nos van a engañar con algo tan sencillo. La situación lo requiere.

Pobre y moribunda sociedad de egoístas. Han jugado con nuestra mayor debilidad y van camino de vencer. Nunca ha existido una política del bien común ni un contrato social. Sigue existiendo un rebaño y sus pastores.

Hablando claro: mientras la gran mayoría no entienda que la “propiedad privada” (no hablamos de poseer una vivienda digna o un vehículo) es una estafa en la que solo salen beneficiados los más aptos (los más despiadados e insensibles), que estos llevan siendo los mismos desde hace más de un milenio (con una mínima cantidad de agregados), y que la verdadera igualdad debe tener como base eliminar el lucro y la posesión desmedida (y no otras historias para marear a una sociedad infantilizada), seguiremos a remolque de esta antigua “nueva religión”, que nunca ha dejado de ser lo que siempre ha sido: un montaje para mantener los privilegios de unos racistas para los que no somos más que animales.

Sin nombrar países del tercer mundo, porque entonces mejor me callo. Aquí, en el que se suponía el “primer mundo”, hay niños que pasan frío en el colegio, y otros a una hora de vuelo que pasan hambre en esos mismos colegios. Hay familias que hacen cola en comedores sociales, o que tienen que dar patadas a una puerta para poder dormir bajo techo. Hay quien vive de las pensiones de sus mayores, y hay quienes aguantan unas condiciones laborales absurdas por miedo al desempleo. Hay más de cinco millones de personas que no saben hacia dónde ir ni qué hacer.

Entretanto este señor que acaba de escupir el discurso del miedo, se lleva casi 100.000 euros al año solo de su cargo (tiene otros ingresos) ¿qué le hace valer más que los demás, especialmente, si como él dice la situación es tan dura? ¿Por qué no establece durante este periodo adaptar el salario de todos los políticos al SMI para dar ejemplo? ¿O es que él “y ellos” tienen cinco brazos o tres piernas? ¿No son voluntarios? Nos están diciendo que son mejores que nosotros, que son superiores y que merecen más.

Esto también vale para el ámbito privado. Nadie tiene derecho a crecer sin límites valiéndose de la falta de regulación, o peor, de los instrumentos de los que se les ha dotado para no aportar nada por usar los bienes de todos o por imposibilitar eso que ellos con tanta vehemencia protegen: la “libre competencia”.

No se trata de ir contra nadie, sino de exigir justicia y cordura a toda la sociedad. Sí se puede vivir en un mundo mejor, pero nos han convencido de que este es el único mundo posible: su mundo; el de los psicópatas ávidos de superioridad, en el que la solidaridad es un concepto de pobres trasnochados idealistas. En el que prima la diferencia. En el que hay negros y blancos, hombres y mujeres, altos y bajos, listos y tontos, guapos y feos, triunfadores y fracasados. En el que lo importante no es vivir y hacernos mejores, sino sobrevivir y ser los mejores. En el que no hay personas.

Necesitamos imperiosamente empezar a creer en nosotros y dejar de creer en ellos. Es imprescindible recuperar los valores humanos, y denostar su repugnante credo, o sufriremos mucho más de lo que lo estamos haciendo.

No solo no debemos aceptar ni un recorte más, sino que debemos exigir una política absolutamente opuesta a la actual, en la que si hay que hacer sacrificios, se le exijan firmemente a quienes pueden hacerlos, y el primer ejemplo debe partir de los que tienen capacidad vinculante para exigirlos.

Mariano… si crees que con el miedo vamos a aceptar tus crímenes, te estás equivocando. Hay quienes no nos vamos a callar, y puede que si un día nos cansamos de hacerlo, el drama deje de ser el nuestro.

Paco Bello.

 

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