Estela de Carlotto: “Nuestros nietos están todavía cautivos”

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

Estela de Carlotto en la presentación de "Verdades Verdaderas". Foto: Kaloian

Estela de Carlotto en la presentación de "Verdades Verdaderas". Foto: Kaloian

Texto y Video: David Vázquez Abella
Fotos: Kaloian

Reconozco que llegué al Yara conociendo apenas el nombre de la película: “Verdades verdaderas: La vida de Estela“. A medida que avanzaba la proyección descubrí una historia tan real como la protagonista, la Presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Estela Barnes de Carlotto abrió la función y nos contó, primero desde el escenario, y luego en el celuloide, que ella no era más que una señora de clase media argentina que repartía su tiempo entre su familia y la docencia, antes de ser golpeada por la desaparición y muerte de su hija, y la apropiación de su nieto.

La historia narra el drama de la madre que lo último que supo de su hija, tras desaparecer a fines de noviembre de 1977, le llegó por una amiga que logró salir del infierno del centro de detención de La Cacha, en la ciudad de La Plata: “Laura nos mandaba a decir que le daban de comer un poquito mejor y que el bebé iba a nacer en junio de ese año, y que si era varón lo iba a llamar Guido, como su papá. Y que yo lo buscara en la Casa Cuna”.

El filme del joven de 28 años Nicolás Gil Lavedra, con Susú Pecoraro en el papel de Estela, llena la pantalla con una intensidad dramática tan potente que, por momentos, uno llega a olvidarse de que está un cine. Varias veces, durante la proyección, el público se levantó de los asientos para aplaudir emocionado la valentía de esta mujer, aferrada a la esperanza de encontrar a Guido, lo único que le queda de su hija asesinada.

Y es esa vida dedicada a la lucha por la restitución de los nietos apropiados durante la dictadura argentina la que provoca empatía con una mujer que trabajó sin descanso, aprendiendo lo que desconocía, en busca de memoria, verdad y justicia, como la propia Estela nos confiesa a la salida del Yara, en este 33 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

-Hay muchachos secuestrados sin encontrar . ¿Significa que hay 400 familias que saben que esos hijos no son de ellos y no lo han dicho?

-Exactamente, y a lo mejor son más todavía. Pero como eso fue un plan sistemático para robarnos los niños en el momento de nacer, a nuestras hijas que estaban en los campos de concentración, las familias que los tienen son apropiadoras, que hacen de padres y fueron los que asesinaron a sus verdaderos padres. Hay un silencio corporativo en esos depredadores  que no confiesan. Al contrario, los oprimen aún siendo ellos adultos. Nuestros nietos ya son adultos, tienen 30 y pico de años y los tienen atrapados, exigiéndoles fidelidad, como que si ellos los denuncian, ellos serían los culpables de los que pase: la víctima seria ahora victimaria. La verdad verdadera es que nuestros nietos están todavía cautivos. Por eso no confiesan los que los robaron, y los chicos tienen miedo todavía. Hay que seguir trabajando mucho en esta historia en la Argentina.

-¿Hay alguna reacción ante esta tragedia en las nuevas generaciones?

-Los jóvenes están muy comprometidos en Argentina. La juventud ha renacido a través de la gestión del Dr Kirchner y ahora de Cristina, que son generacionales a nuestros hijos y levantaron la bandera de los Derechos Humanos, para la reparación, la verdad y la justicia. Los más nuevos, los que están en la edad preadolescente de los 13 y los 14 años son los que más preguntan. Quieren saber qué pasó en esa época, por que existimos.  Se genera un diálogo intrafamiliar que refuerza el conocimiento de la verdadera Historia, que se ha querido ocultar por muchos años.

-¿Cómo se siente aquí, entre nosotros, en Cuba?

-Feliz de estar acá. La primera vez que pisé esta Isla fue en 1984 -mirá si hace tiempo-, y siempre encontré amor, solidaridad, comprensión. Me he encontrado con Fidel no sé cuántas veces, y estoy ahora abrazándome con gente amiga. Asi que me siento como si estuviera en mi propia patria.

Lo que narra la película

En abril de 1978, Estela de Carlotto comenzó a participar en las actividades de las Abuelas de Plaza de Mayo. El 25 de agosto de 1978 fue convocada por los militares y le fue entregado el cadáver de su hija:

Fueron muy pocos los desaparecidos muertos entregados a las familias… - Sí. Casi un “privilegio”. La enterramos el 27 de agosto en La Plata. Y el 30 de agosto me jubilé, con una hija asesinada y un nieto que no sabía si existía o no. Me enojé con Dios, me enojé con Jesucristo… Yo había rezado tanto, había hecho promesas… Pero me duró poco el enojo… porque me dije no es Dios, son los hombres los que hacen estas cosas, no Dios… A pesar de todo mi fe está enterita. Será porque no tengo rencor, no tengo sentimientos que me envenenan.

…buscando información sobre otros chiquitos en el año 80 me encuentro con gente en San Pablo, Brasil, cuando venía el Papa, y ahí una chica me empezó a hablar de una chica liberada llamada Rita que había tenido un nene varón, a quien habían liberado el 24 de agosto en las últimas horas de la noche para que se encontrase con su familia y su hijito. Cuando me contaba que esa chica Rita tenía un papá con negocio de pinturas me di cuenta de que estaba hablando de Laura. “Mirá, vos estás hablando de Laura, mi hija, pero mi hija no fue liberada; mi hija fue asesinada”, le dije. “No, a Rita la liberaron”, contestó. “Si la hicieron bañar, cambiar… Yo le ofrecí un corpiño de encaje negro para que se llevara de recuerdo… A esa chica la liberaron. La sacaron con Carlitos, un compañero”. Y yo dije: “Sí, justamente hubo dos muertos. Me la entregaron muerta”.

Estela de Carlotto comenzó entonces a buscar y exigir la aparición de su nieto y de los demás niños secuestrados-desaparecidos por las fuerzas militares durante la dictadura militar. Con esa preocupación fue una de las fundadoras de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo y su presidenta histórica.

En 1985, ya en democracia, hice exhumar el cuerpo y el equipo de antropología forense lo examinó a fondo para determinar con exactitud todo lo que los militares habían negado. El deterioro de su dentadura probaba su largo secuestro; por la pelvis supimos que había tenido un bebé y por las balas que tenía alojadas en el cráneo, que había sido ejecutada por una Itaka disparada a 30 cm, por la espalda… Así reuní elementos de prueba para la justicia y para demostrar al exterior, donde teníamos causas abiertas, qué era lo que había pasado. Esta vez sí quise verla… Vi sus huesitos, su pelo, la vi a ella, la vi. Y cerré el duelo y nunca más necesité ir al cementerio. Voy sólo de vez en cuando.

Laura en el cautiverio dijo: “Mi mamá no les va a perdonar a los milicos lo que me están haciendo. Y los va a perseguir mientras tenga vida”. Lo cual significaba que me conocía más que yo misma porque yo no era mujer heroica. Nunca había participado en nada. Era una mujer de un origen de clase media baja, criada en épocas dulces si se quiere; nunca me iba a imaginar que iba a seguir toda mi vida a esto. (Tomado de Wikipedia)

Estela y Nicolás, el director de la película. Foto: Kaloian

Estela y Nicolás, el director de la película, que este martes cumplía 28 años. Foto: Kaloian

Estela Barnes de Carlotto y Susú Pecoraro. Foto: Kaloian

Estela Barnes de Carlotto y su hija. Foto: Kaloian

Estela Barnes de Carlotto. Foto: Kaloian

Estela Barnes de Carlotto. Foto: Kaloian

En el Yara. Foto: Kaloian

En el Yara. Foto: Kaloian

 

 

 

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