Exposición para la historia El archivo secreto del vaticano expondrá la bula que dividió el Nuevo Mundo entre España y Portugal

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

La muestra Lux Arcana comprenderá también el documento original que fundó el Estado Pontificio

Los documentos se añaden al centenar de textos secretos de los Papas que serán expuestos a partir de febrero en Roma

Miércoles, 12 de octubre del 2011 -

 

ROSSEND DOMÈNECH / Roma

Los funcionarios del papa Alejandro VI, el Borja, escribieron dos bulas sobre quien debía ser el propietario del Nuevo Mundo descubierto por Cristóbal Colón en 1492. En la primera lo asignaron por entero a la corona española y la segunda comportó, de hecho, un reparto territorial entre Portugal y España. La segunda bula fue redactada después de la primera, pero le pusieron una fecha anterior, porque en la primera no se detallaban bien las coordenadas a partir de las que había fijado la propiedad de España.

  Privilegium Ottonianum, escritura por la que el emperador germano Otón (s. X) concedió al papa Juan XII lo que se conoce como el estado pontificio.

Privilegium Ottonianum, escritura por la que el emperador germano Otón (s. X) concedió al papa Juan XII lo que se conoce como el estado pontificio. ROSSEND DOMÈNECH

  Los funcionarios del papa Alejandro VI escribieron dos bulas sobre quien debía ser el propietario del Nuevo Mundo.

Los funcionarios del papa Alejandro VI escribieron dos bulas sobre quien debía ser el propietario del Nuevo Mundo. ROSSEND DOMÈNECH

  Los documentos serán expuestos a partir de febrero en Roma.

Los documentos serán expuestos a partir de febrero en Roma. ROSSEND DOMÈNECH

 

 

El texto definitivo se conoce como la bula Inter Cetera y se añadirá a los cien documentos del Archivo Secreto del Vaticano que a partir de febrero 2012 y hasta septiembre del mismo año saldrán del estado pontificio para ser expuestos al público en los museos Capitolinos de Roma. "Una muestra irrepetible", han dicho los organizadores de la exposición que se conoce como Lux Arcana (luz sobre los misterios).

Otro documento, que también fue decisivo para la historia del mundo, será añadido a la exposición, el Privilegium Ottonianum, escritura por la que el emperador germano Otón (s. X) concedió al papa Juan XII lo que desde entonces se conoce como el estado o los estados pontificios. El documento rectificó una mentira histórica, descubierta y probada en el siglo XV, por la que se hacía remontar al emperador Constantino (s. IV) el primer núcleo de territorio papal, el poder temporal de los papas que sigue ejerciéndose actualmente sobre el pequeño Vaticano, según las fronteras rediseñadas en 1921. La falsa "donación" de Constantino había sido redactada entre el siglo VIII y el IX.

Los herederos de los emperadores

Ambos documentos están idealmente relacionados, ya que para sus disputas territoriales España y Portugal solicitaron la mediación de Alejandro VI, porque los papas eran considerados como los herederos de los emperadores romanos y, por lo tanto, de las “tierras occidentales” (respecto a Roma). Por esto el documento es conocido también como “bula de partición”.

La bula Inter Cetera concede al rey de España "la posesión de todas las islas y tierras descubiertas y de las que habrían sido descubiertas en el futuro en el oeste de una línea de frontera ideal Polo Norte/Polo Sur, teóricamente trazada a unas aproximadamente cien leguas desde las islas Azores y las de Cabo Verde". En la bula corregida, la segunda, se ensalzan las cualidades de Cristóbal Colón, a petición de los monarcas de España. El documento original enviado a Madrid se encuentra en el Archivo de Indias de Sevilla y la copia auténtica, con valor oficial y equivalente, en el Archivo Secreto del Vaticano.

El documento que funda históricamente el estado pontificio (962 d. C.) no está escrito en tinta, sino en oro, encima de un pergamino de color púrpura. Concede al Papa casi todo el actual territorio italiano y compromete a los sucesivos emperadores a defender a los pontífices de cualquier agresión. En el documento el emperador reserva para sí y para los sucesivos el derecho de ratificar a los papas elegidos, que a su vez habrían tenido que jurar fidelidad a los emperadores. Pero Juan XII traicionó el pacto, aunque se quedó con el Estado recibido.


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