Grecia: De la desesperación a la resistencia

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

14/02/2012

Panagiotis Sotiris

El 12 de febrero de 2012, manifestándose y luchando en la calle en todas las ciudades del país, el pueblo griego expresó de una forma masiva y colectiva y heroica su cólera contra los términos del acuerdo impuesto por la Troika (UE, BCE y FMI) para conceder el nuevo préstamo. Ese día, los trabajadores y trabajadoras, los jóvenes y los estudiantes llenaron las calles con su rabia, desafiaron la enorme represión policial y dieron un nuevo ejemplo de lucha y solidaridad.

Grecia se está convirtiendo en una verdadero banco de pruebas de las políticas neoliberales más extremas. Los términos del nuevo paquete de rescate de la Troika suponen bombardear lo que resta de derechos sociales y representan un tentativa brutal de hacer retroceder los salarios y las condiciones de trabajo a los años 60.

Los drásticos cambios que se van a someter a voto para alcanzar el nuevo acuerdo son los siguientes:

• El salario mínimo, que hasta ahora se definía a través de la Negociación Colectiva Nacional entre las Confederaciones Sindicales y la Asociación de Empresarios, será recortado en un 22%. Recorte que para los nuevos trabajadores menores de 25 años alcanzará hasta el 32%. Esta medida afecta de inmediato a alrededor del 25% del total de los trabajadores y trabajadoras griegos. Además, la antigüedad (que se incrementa en función de los años trabajados) va a ser congelada.

• La reducción también va a afectar a las plantillas del sector privado que cuentan con convenios colectivos y acuerdos propios. A medida que estos convenios vayan venciendo, se establecerá un nuevo sistema de negociación colectiva y mediación que favorece abiertamente a los empresarios. Los términos del nuevo acuerdos exigen, también, que los contratos individuales de trabajo puedan ser modificados, lo que en algunos sectores se puede traducir en una reducción salarial del 50%. (hasta ahora cuando expiraban los convenios colectivos, los contratos individuales firmados bajo su cobertura no podían ser modificados). Estas reducciones salariales van a ser devastadoras; sobre todo, si tenemos en cuenta las drásticas reducciones salariales ya impuestas en el sector público y que los costos laborales en Grecia han caído en un 25% y que el desempleo que se sitúa a niveles nunca antes conocidos (en noviembre, la tasa oficial de desempleo excedía el 20%).

• Se van a reducir las pensiones en un 15%, una reducción que se añade a las impuestas no hace mucho. Además, el acuerdo exige la actualización del sistema de pensiones, lo que abre el camino a nuevas reducciones y al incremento de la edad de jubilación. Estas modificaciones no sólo afectan a las condiciones de vida de la gente más vieja sino que también van a limitar la solidaridad inter-generacional, un elemento básico de la cohesión social en Grecia.

• Se van a reducir drásticamente los gastos públicos, los fondos para hospitales, la cobertura social y las ayudas sociales. Si los hospitales ya están en una situación crítica por los recortes precedentes, esta nueva ola de reducciones va a traer un dramático deterioro de los servicios de salud en un país que ya se enfrente al deterioro de los índices de salud.

• Se exigen nuevas privatizaciones de empresas de servicios públicos; incluso la de infraestructuras cruciales como los aeropuertos y puertos.

• Se va a dar una nueva ola de despidos en el sector público, con cierre de instituciones públicas como escuelas primarias y secundarias y la supresión de determinados departamentos universitarios y agencias como la responsable de la vivienda pública. Además se va a modificar el contrato de trabajo en las empresas públicas (parcialmente dependientes del Estado) y de los bancos, eliminando la garantía del empleo, lo que conducirá a despidos masivos.

El costo social de estas medidas va a ser inmenso. Por primera vez desde hace tiempo, amplios sectores de la sociedad griega se van a ver confrontados al riesgo de una pauperización extrema. Los primeros signos ya están presentes: incremento de los sin techo, comedores de beneficencia e incremento de la emigración en búsqueda de empleo. Y la situación va a ir a peor porque elementos tradicionales de solidaridad como las relaciones familiares, ya no pueden contrarrestar esta situación.

Es obvio que la mayoría de estas medidas tiene poco o nada que ver con hacer frente al incremento de la deuda. Más aún, las reducciones salariales y la reducción de las prestaciones al fondo de pensiones en el sector privado van a lleva a un aumento del déficit.

En realidad, lo que está en juego es el intento de la Troika y de algunas fracciones dirigentes de la burguesía griega de imponer un "cambio social" traumático en Grecia.

De acuerdo con el discurso dominante, el problema de Grecia reside la crónica ausencia de competitividad de sus exportaciones, que exige un nuevo enfoque basado en el abaratamiento de la mano de obra y acabar con las restricciones medioambientales, las regulaciones urbanísticas o la protección arquitectural que desanima a los posibles inversores. Su objetivo es hacer de Grecia un Área Económica Privilegiada para los inversores. Lo que no se menciona en este discurso no son sólo los tremendos costes sociales, sino que la reducción competitiva de los costes laborales conduce a una espiral descendente sin límites. Siempre existirán países, incluso próximos como Bulgaria, cuyos salarios sean más bajos. Más aún, todo el mundo sabe que la competitividad no está ligada sólo a los costes salariales sino que también tiene que ver con la calidad de las infraestructuras, el conocimiento, capacidad, experiencia colectiva, etc.; justo lo que está siendo dramáticamente erosionado por la actual situación económica y social de Grecia.

Sin embargo, lo que está ausente en este discurso es la crisis de la eurozona y del proyecto de integración europeo como tal. Es evidente que el problema es el euro como moneda común en una región con enormes divergencias en productividad y competitividad. El euro funcionó en los años anteriores como un elemento de presión para la reestructuración capitalista a través de la presión competitiva, pero al mismo tiempo incrementó los desequilibrios a favor, sobre todo, de los países más fuertes, como Alemania. En un período de crisis capitalista, el euro no hace sino agravar la situación incrementando los desequilibrios y agravando la crisis de la deuda soberana. Es por ello que la eurozona constituye un aspecto crucial de la actual crisis capitalista y uno de los mayores fracasos del neoliberalismo.

Al mismo tiempo, en la Unión Europea se está produciendo una involución reaccionaria y autoritaria. Es la lógica de la Gobernanza Económica Europa inscrita en la propuesta por un nuevo euro tratado fiscal. Según el mismo, los estados miembros incluirán en sus constituciones las políticas de austeridad y los equilibrios presupuestarios y la UE dispondrá de mecanismos para intervenir e imponer fuertes sanciones y recorte de ayudas cuando considere que un estado miembro no actúa de forma responsable. Para ello se contará con los expertos del FMI en imponer políticas de austeridad y privatizaciones. La lógica que prevalece es de una soberanía limitada y en este camino, Grecia constituye un campo de pruebas. Ahora mismo, el paquete de privatizaciones de la Troika establece mecanismos de supervisión en todos los ministerios del gobierno griego, lo que supone dictar políticas de forma casi neo-coloniales. Y esta va a ser la norma en Europa si se impone el nuevo tratado. Es la razón por la que a pesar del servilismo que muestra el gobierno griego en relación a la UE no deja de seguir recibiendo bofetadas humillantes.

La UE se está convirtiendo, a pasos agigantados, en la institución más reaccionaria y antidemocrática desde la época del nazismo. No es suficiente hablar de "deficit democrático". Estamos enfrentados a un agresivo intento de imponer condiciones pos-democráticas que restringen la soberanía y el control democrático. Y dejan poco o ningún espacio para el debate y la confrontación sobre las opciones políticas, ya que estas son dictadas por los mercados a través de los mecanismos supervisores de la UE. El que ex directivos del Banco Central Europeo como Monti y Papademos lleguen a ser nombrados primeros ministros es más que simbólico.

Ahora bien, no basta cargar la responsabilidad sobre la agresividad neoliberal y la configuración cuasi neocolonial de la UE. Los sectores más agresivos del capital griego (Banca, construcción, turismo, navieras, industria, energía) apoyan abiertamente esta estrategia. Aunque algunos sectores capitalistas son víctimas de esta recesión prolongada y a pesar de que esta crisis ha menguado sus perspectivas para liderar los Balcanes, las fracciones dominantes apuestan por la austeridad, el despotismo en las empresas y quieren acabar con el menor resquicio de los derechos laborales como vía para recuperar los beneficios. Sin embargo, el problema de esta estrategia es que, posiblemente, el incremento de las exportaciones no logrará compensar el hundimiento de la demanda interna, que afectará incluso a fracciones del capital dominante.

El gobierno de Papademos está intentando hacer pasar los términos de este devastador paquete de austeridad a través de un chantaje ideológico a la sociedad griega: la amenaza de la quiebra y la salida de Eurozona. Pero la cuestión no es que Grecia quiebre, sino cómo va a quebrar. Las medidas adoptadas sólo están dirigidas a pagar la deuda de los acreedores -que por su parte ya han decido reestructurar y "reducir" la deuda previa- a costa de la mayoría de la sociedad.

Es precisamente porque Grecia incumple sus obligaciones soberanas por lo que la opción de cesar inmediatamente el pago y anular la deuda es la única forma viable para evitar una quiebra social. Al mismo tiempo es preciso salir de la eurozona. El cese del pago de la deuda y la recuperación de la soberanía monetaria permitirá orientar el gasto público a las necesidades sociales y ayudará a detener la erosión de la base productiva de las importaciones. No es una opción nacionalista, como algunas tendencias de la izquierda griega y europea dicen, sino la única manera de combatir la violencia sistémica de las actuales políticas de la UE. Es más, es una opción realmente internacionalista, en el sentido de que constituye el primer paso hacia el desmantelamiento de la agresiva configuración política y monetaria neoliberal de la UE, algo que interesa a todas las clases subalternas de todo Europa.

El cese del pago de la deuda y la salida del euro no son simples opciones técnicas. Han de formar parte de un conjunto de medidas radicales que incluyan la nacionalización de los bancos y de las infraestructuras básicas, el control de capitales y la redistribución de las rentas. Pero incluso estas medidas no son suficientes. Lo que se necesita es una alternativa radical al capitalismo, basada en la propiedad pública, nuevas formas de planificación democráticas con control de los trabajadores y trabajadoras, redes de distribución alternativa y no comercial, y un esfuerzo colectivo hacia la recuperación del control social de la producción.

Repensar las posibilidades de tal alternativa no es sólo un ejercicio intelectual; es una exigencia política urgente. Contra la actual corriente chantajista y los intentos del gobiernos, de las clases dominantes y de la UE de presentar la austeridad extrema como la única solución, lo que necesitamos no es sólo decir no a la austeridad, sino recuperar la confianza sobre la posibilidad de las alternativas. En última instancia, la hegemonía se da en torno a quién tiene la capacidad para articular un discurso coherente sobre cómo ha de producir el país y la sociedad, cómo se han de atender las necesidades sociales, organizarse y gobernar. La crisis de la hegemonía neoliberal abre la posibilidad para la emergencia de un espacio ideológico y político contra-hegemónico alternativo, pero no por mucho tiempo. Además, en ausencia de una visión positiva, las clases dominantes están llevando a la gente a la desesperación individual y a un sentimiento de derrota para mantener su dominación. Reconstruir la confianza de la gente en la posibilidad de otras alternativas requiere un trabajo colectivo en favor de un programa radical basado en la experiencia que emerge de las luchas. Este es uno de los mayores retos que tiene enfrente la izquierda griega.

Pese a que el gobierno de coalición de "unidad nacional" de Papademos fue prácticamente impuesto en noviembre, la crisis política no se ha resuelto. El PASOK sufre una enorme crisis; la conservadora Nueva Democracia se ve presionada por sus bases para no aceptar las medidas impuestas por la troika y la extrema-derecha ha abandonado el gobierno de coalición. 22 parlamentarios del PASOK y 21 de la Nueva Democracia han votado contra el acuerdo y en consecuencia han sido expulsados de sus respectivos partidos, marcando una nueva fase en la crisis política.

La gran presión de la Troika, con funcionarios del FMI, como Pool Thomsen actuando como un gobernador colonial, no hacen sino empeorar las cosas. Incluso si el acuerdo es aprobado por el Parlamento (el PASOK y la Nueva Democracia tienen una mayoría holgada que compensa las disidencias parlamentarias), el sistema político está poniendo de relieve sus límites. Existen intentos para crear un nuevo partido político, incluso hay un intento de crear un partido "Papademos" que podría agrupar a todos que apoyan el actual proceso de reformas, pero están lejos de conseguirlo.

En semejante coyuntura, la izquierda gana apoyos pero, al mismo tiempo, muestra los límites de su estrategia y programa. Syriza (Coalición de la izquierda radical) continúa insistiendo en la ilusión de una Europa democrática y rechaza reivindicaciones como la salida del euro. KKE, el partido comunista, a pesar de su oposición radical a la UE y de su anticapitalismo, impulsa una política sectaria y subestima la necesidad de un programa transitorio inmediato. ANTARSYA, la izquierda anticapitalista, juega un importante papel en las luchas y articula objetivos políticos como la anulación de la deuda y la salida del euro, pero tiene una implantación débil en las capas populares. Lo que se precisa es una recomposición de la izquierda griega, tanto en lo que respecta a la elaboración de una alternativa radical como en lo que hace referencia a construir una contra-hegemonía y un frente radical que de expresión a la unidad que emerge de las luchas y las manifestaciones en forma de auto-organización, redes de solidaridad, experiencias colectivas de lucha, etc.

Grecia está entrando en una nueva fase de la prolongada "guerra popular" contra las política de la Troika. La enésima huelga general del 10-11 de febrero y las manifestaciones masivas y enfrentamientos del día 12 han marcado un nuevo punto de inflexión en la lucha. La "guerra popular" está lejos de haberse agotado. Ante el reto de un enorme retroceso histórico, nos negamos a la desesperación. Insistimos sobre las "ventanas de oportunidad" que la situación actual abre para un cambio social. Lucharemos hasta el final

12/02/2012

Panagiotis Sotiris es sociólogo. Militante de Antarsya

Traducción: VIENTO SUR

página principal de VIENTO SUR 

Fuertes protestas en Grecia contra los recortes 

13.02.2012 ·

(AP Photo/Thanassis Stavrakis)

rtve.es La policía griega ha lanzado gases lacrimógenos contra los manifestantes que protestan frente al parlamento del país, dónde los políticos han aprobado poco antes de esta medianoce un paquete de recortes adicionales para lograr un acuerdo con la troika(UE,FMI y BCE) y evitar la quiebra.

Antes de la votación parlamentaria, graves actos de violencia han estallado en las calles de Atenas extendiéndose a otras ciudades del país, especialmente en las islas turísticas de Corfú y Creta. En Atenas, la policía antidisturbios ha disparado granadas de aturdimiento, lo que ha llevado a los manifestantes a la plaza Sintagma, frente a la asamblea.

Grupos de manifestantes han prendido fuego a una docena de edificios en las avenidas Stadiu y Aeolu, incluidos dos cines, además de a sedes bancarias y varias cafeterías de grandes marcas, sin que los bomberos diesen abasto para apagarlos.

Por el momento, hay más de un centenar de heridos, la mayoría son policías, informaron los medios griegos. Un portavoz policial informó a Efe de que, por el momento, se han producido 50 arrestos.

Multitudinaria manifestación

Decenas de miles de personas han salido a la calle en el país para protestar por los continuos recortes.Una vez concluida la manifestación, la mayoría empezó a dispersarse, pero un grupo ha continuado la protesta y se enfrenta a la policía cerca del edificio del parlamento. En las imágenes puede verse la plaza llena del humo por los enfrentamientos. Más info en rtve.es

(AP Photo/Thanassis Stavrakis)

(AP Photo:Petros Giannakouris)

(Petros Giannakouris : AP)

(AP Photo)

 

Periodismo humano

 

¿Euro o dracma?

Antonis Davanellos
La Breche/A l'encontre
http://alencontre.org/
Traducción de Viento Sur
http://www.vientosur.info/



En un estudio publicado el 5 de enero de 2012, el Instituto Oficial de Estadística del Estado griego (Elstat) indica que, en 2010, 597.000 hogares -es decir, 2,2 millones de personas- vivían bajo del umbral de la pobreza o estaban considerados como "socialmente excluidos". El límite de la renta anual para considerar que una familia con dos adultos y dos hijos menores de 14 años no "cae en la pobreza" esta situado en 15.073 €. Sin embargo, el proceso de pauperización se acentúa de semana en semana, en el sentido literal del término. Por otra parte, el Elstat subraya que la precariedad en el empleo -en el sentido de los meses en los que se obtiene algún ingreso- no ha hecho más que incrementarse desde 2010. Ese año ya había 3,03 millones las personas al borde de engrosar las cifras de la "exclusión social", lo que equivale al 27,7% de la población. Estas cifras son mucho más sombrías actualmente.

En el último trimestre de 2011, el Instituto de Investigación del Empleo (Ine) del sindicato mayoritario del sector privado griego (GSEE) estimaba que la tasa real de paro era del 23% de la población activa, frente del 18,4% que ofrecía el gobierno en agosto de 2011. Semejante tasa de paro, que entre los jóvenes de 15 a 25 años supera el 40%, está traduciéndose en un factor de emigración, al igual que en Portugal y España. A pesar de ello continúa la cascada de planes de austeridad que acentúa la recesión e incrementa la deuda en relación al PIB.

El Estado griego debe reembolsar para marzo de 2012 la suma de 14,5 millardos de euros de obligaciones y no tiene posibilidades de hacerlo. Las condiciones impuestas por las instituciones internacionales (FMI, BCE, UE) para una nuevo paso en el pretendido "plan de rescate" (de los bancos) se resumen en que el gobierno acepte las condiciones de descuento de la deuda griega que exigen los bancos, las aseguradoras y los fondos de inversión, representados todos ellos por el Instituto Internacional de Finanzas (IIF) en tanto que negociador central.

En la trastienda de las negociaciones entre el gobierno griego y el IIF -que tropiezan con dificultades como deja traslucir la interrupción momentánea de las negociaciones el 13 de enero de 2012- lo que se da son las operaciones de especulación clásicas en esta circunstancias. En efecto, los fondos de inversión de capital riesgo (hedge funds) recompran a precio bajo la deuda griega de la que se quieren desprender los bancos. Estos hedge funds especulan actuando sobre dos escenarios. Uno, que el gobierno se encuentre incapacitado para hacer frente al pago el mes de marzo, lo que conllevaría a la activación de los CDS (Credit Default Swap)y el reembolso de la pérdida de los hedge funds por parte de los CDS. El otro, que los hedge funds esperan ser reembolsados por el gobierno griego al valor nominal de las obligaciones. En efecto, en el caso en el que los bancos y otras instituciones acepten un descuento en torno al 60% o 70% (o más) y pasen a un acuerdo, los hedge funds pueden rechazar este descuento sobre la parte que han adquirido, lo que les aseguraría un beneficio sustancial. Hay que saber que el acuerdo que podría darse entre el gobierno y el IIF no obliga a todos los que hayan comprado las obligaciones a aceptar una decisión tomada por una mayoría cualificada. Segun el Wall Streel Journal del 13 de enero de 2012, estos hedge funds detentan más de 70 millardos de euros de la deuda griega. Las negociaciones no se darán sólo sobre el porcentaje de descuento sino sobre quiénes van a firmar tal acuerdo y la cantidad de deuda que poseen. La prensa podría informar mejor de todo esto, a fin de sacar a la luz los verdaderos negocios que se hacen utilizando la deuda ilegítima

Sobre esta cuestión, la izquierda griega -es decir, la izquierda radical- plantea con justeza el rechazo del pago de la deuda, una posición que se expresa con matices diversos. Pero también existe otro debate entre las fuerzas de la izquierda radical; es el debate en torno a la salida o no del euro. El artículo de Antonis Davanellos -uno de los portavoces de DEA (Izquierda obrera internacionalista), que se sitúa en el ala izquierda de la coalición SYRIZA- nos presenta este debate. La redacción de La Breche/A l'encontre comparte su punto de vista. (Charles-André Udry)

Desde hace dos años, la experiencia griega, bajo la vigilancia suprema de la troika (Unión Europea, FMI y Banco Central Europeo) y los estrictos programas de austeridad que vienen de ella, ha llevado al colapso de las ilusiones relativas al "europeísmo" y a la "europeización".

Hace diez años, bajo la influencia de argumentos convergentes de la derecha y, sobre todo, de la socialdemocracia, en Grecia tomo cuerpo una amplia corriente de opinión basada en la falsa esperanza de que llegando a ser miembros de la UE y de la eurozona, la economía (capitalista) griega entraría en una fase de crecimiento duradero y que, en ese proceso, al incrementarse a "tarta" a repartir, también saldrían beneficiados los asalariados y asalariadas.

Ahora mismos estas ideas están hechas añico, carbonizadas. Y por ello, el debate sobre las perspectivas adquiere una relevancia de primer orden. Miles de trabajadores y trabajadoras se interesan en él y, por ello, adquiere una amplitud e importancia política sin precedentes.

En el futuro próximo vamos a asistir a cambios importantes. Los podemos enumerar aquí. En primer lugar, la modificación de la actitud de los países más importantes de la UE. De hecho, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Nicolas Sarkozy ya han adoptado una orientación a favor de una Europa a dos velocidades y de un euro que se adapte a esta situación. Países como Grecia, pero también España, Portugal e Italia, van a verse relegados del primer vagón del tren de la UE. Entre las decisiones adoptadas por la cumbre europea del 9 de diciembre de 2011, se afirma por primera vez la posibilidad de expulsar de la UE a un "Estado fallido". Por el momento, esta perspectiva concierne fundamentalmente a Grecia.

En segundo lugar, sectores de las clases dominantes en Grecia empiezan a cambiar de posición. Evidentemente, los banqueros, algunos grupos industriales y los armadores prefieren continuar como miembros del "club" del euro y declaran que están dispuestos a seguir atacando brutalmente a la gran mayoría del país para alcanzar este objetivo; pero, por primera vez en estos últimos años, determinados sectores -y algunos de ellos, entre los mencionados- comienzan a realizar cálculos para valorar si les resulta beneficioso seguir en la zona euro. La razón de este giro se encuentra en las características que está adquiriendo la crisis económica internacional y las decisiones que se adoptan para la gestión de la así llama crisis de la deuda soberana.

En la prensa de la clase dominante griega se están publicando artículos en el sentido de que el capitalismo griego existía y funcionaba antes de la existencia del euro y que, del mismo modo, podría seguir existiendo fuera de la eurozona. Los analistas más perspicaces detectan ya movimientos hacia la salida del euro en fracciones de la clase dominante con el fin de disponer de una capacidad de control de la situación en caso de grandes turbulencias económicas, sociales y políticas que conducirían a un "giro nacional", "soberanista" del capitalismo griego y a un vuelta obligada a la dracma. Los políticos más lúcidos -por ejemplo, el ministro de Finanzas, Evangelos Vanizelos- piensan que estas decisiones no se plantean a largo plazo sino que puede que sea necesario adoptarlas en los próximos meses.

Evidentemente, la crisis ha minado el poder de los capitalistas griegos y ha reducido su capacidad para actuar con "independencia" de las grandes potencias; pero la posibilidad de adoptar este tipo de decisiones "independientes" -ciertamente, dentro de unos límites- no ha desaparecido. Sobre todo si se tiene en cuenta que los capitalistas griegos y su Estado continúan siendo una fuerza con peso en los Balcanes y en el Este de la región mediterránea. Un papel reforzado por la alianza político-militar con el Estado de Israel que trata de asegurar su acceso a los recursos energéticos en esta región mediterránea (se está explorando yacimientos de gas y petróleo en el Mediterráneo oriental, lo que se ha convertido en un elemento de discordia entre Chipre, Grecia y Turquía) y conservar una estabilidad geopolítica en la zona tras los cambios producidos por las llamadas "revoluciones" del mundo árabe y el cambio de orientación de gobierno turco.

En ese contexto, la "izquierda europea" piensa que la mayoría de las corrientes de la izquierda anticapitalista griega son favorables a una salida de la eurozona y a una vuelta al dracma. No es del todo exacto.

El Partido Comunista Griego, la fuerza política más importante a la izquierda, ha estado tradicionalmente a favor de una salida de la eurozona y de la Unión Europea. Actualmente, el PC dice que estos objetivos sólo pueden alcanzarse a través de un régimen político que ellos califican de este modo: "Un poder popular y una economía popular". Su dirigente, Aleka Papariga, afirma que si la vuelta al dracma se realiza en el contexto actual de relación de fuerzas, traerá un ataque especulativo sin precedentes y una pauperización de los asalariados y campesinos, también sin precedentes. Estoy parcialmente de acuerdo con esta posición. Digo parcialmente, porque no sé, ni de forma aproximativa, qué es lo que significa la fórmula "poder popular y economía popular" que el Partico Comunista sitúa entre el capitalismo y el socialismo.

No obstante, estoy de acuerdo en que la vuelta a la dracma bajo la batuta de los capitalistas y de su Estado tendría unos efectos devastadores sobre la población. La vuelta a la dracma -que, de entrada, se encontraría devaluada - conduciría a una nueva devaluación, lo que implicaría una depreciación de las rentas y haberes salariales (salarios, pensiones, vivienda, etc.) y, también, de los "activos" campesinos: una devaluación de las tierras cultivables. Por contra, los capitalistas griegos que detentan riquezas evaluadas en 600 millardos de euros -es decir, más del doble de toda la deuda griega- podrían comprar a precio de ganga las empresas públicas, los hospitales, las tierras cultivables…

Es decir, se daría una transferencia colosal de riqueza de lo público a lo privado, transferencia que se puede comparar a la que se produjo en los países del Este tras la caída del muro en 1989.

Desgraciadamente, un sector de la izquierda anticapitalista no ha comprendido esta trampa que ha puesto al descubierto el Partido Comunista. ANTARSYA, por ejemplo, ha adoptado el siguiente lema en su último congreso: "Por una salida anticapitalista del euro". Un eslogan sin rigor alguno. Si se plantea como perspectiva estratégica de derrocamiento del capitalismo, situar la cuestión de la moneda como punto de partida, no es la mejor opción. Desde ese punto de vista sería mejor un eslogan tradicional: "Todo el poder a los consejos obreros, campesinos y populares" o, dicho de otro modo, a las estructuras de autoorganización democrática. Pero un eslogan semejante no haría sino evidenciar la distancia enorme que existe entre este objetivos y las tareas presentes, así como las responsabilidades actuales de la izquierda anticapitalista.

Para los camaradas (la mayoría) de ANTARSYA, la forma de resolver esta contradicción en su actividad política cotidiana se traduce en obviar el adjetivo anticapitalista (del eslogan "por una salida anticapitalista del euro") y plantear lisa y llanamente la salida del euro para, de ese modo, poder gestionar la política monetaria y la devaluación de la moneda como medio para recuperar competitividad y, de paso, la reconstrucción productiva del país.

Esto nos traslada de nuevo a las ideas de ciertos economistas radicales "realistas". Por ejemplo, Costas Lapavitsas, que propone un retorno inmediato a la dracma y una devaluación sistemática como la única posibilidad de reforzar la capacidad competitiva de las empresas griegas y de sus exportaciones. De ahí vendría la posibilidad de una reconstrucción productiva del conjunto del país. Es una "solución elegante" pero con los pies de barro. La dracma no sería la única moneda a realizar una devaluación competitiva. También lo haría el escudo (portugués), la peseta (española), la lira (turca), etc. ¿El resultado?: la carrera por la competitividad se transformaría en una guerra económica en las que la víctimas serían las gentes asalariadas y los capitalistas acapararían los beneficios. En cualquier caso, Lapavitsas tiene la decencia de admitir que a medio término el resultado de sus propuestas implicarían restricciones (penurias) importantes para la población en lo que respecta a la alimentación, los medicamentos, carburantes, etc. Algo que ninguna fuerza política de izquierdas se atreve a decir pero, ¿no deberían hacerlo?

En realidad, estamos asistiendo al renacimiento de las ideas, de carácter nacionalista más o menos afirmado y reformista, de las viejas corrientes de izquierda. A principios de los años 60, una fracción significativa de los economistas radicales (entre los que se encontraba Andreas Papandreu, fundador del Pasok) proponía una vía análoga para el desarrollo del capitalismo griego: la nacionalización de sectores "estratégicos" (energía, agua, telecomunicaciones, transporte, etc.), una política exterior independiente, un reforzamiento de la industria pesada, medidas proteccionistas para apoyar la producción griega, etc. En teoría, se trataba de una política que sólo podría ser puesta en práctica por un gobierno de izquierda, una política que conduciría "objetivamente" al socialismo. En la práctica, fue la orientación que aplicó ampliamente la Junta Militar entre 1967 y 1974. Y sobre todo, la que aplicó el primer gobierno de derechasque le sucedió, liderado por Constatin Caramanlis, que algunos políticos de derechas calificaban como un "maníaco socialista".

Este tipo de orientación está muy alejado del contexto al que hacen frente hoy en día los trabajadores y trabajadoras en Grecia. Nuestra tarea principal consiste en oponernos y hacer fracasar las políticas de austeridad. En esta confrontación, y a través de ella, tenemos que acumular fuerzas -tanto en el movimiento sindical como en la izquierda política- para dar contenido a la perspectiva del derrocamiento del capitalismo y la batalla por el socialismo. En este esfuerzo, es preciso excluir la posibilidad de que los asalariados, que ya han sufrido medidas muy duras de "devaluación interna" bajo el imperio del euro, se vean forzados a pagar el precio de una reconstrucción capitalista bajo la égida de un giro "nacional", esta vez bajo el reinado de la dracma.

Esta es la orientación que tratamos de desarrollar en SYRIZA a través, entre otros, del eslogan "Ningún sacrificio por el euro; ninguna ilusión en la dracma".

De ese modo, tratamos de plasmar una orientación de izquierda que haga frente al vulgar "europeísmo" que tiene por función legitimar las políticas de austeridad actual; y, también, el rechazo a la consigna de retorno inmediato a la dracma. Entre otras razones porque, como hemos explicados más arriba, el giro "nacional" no es la posibilidad más probable. Y si llega a darse -en el marco de la relación de fuerzas socio-políticas actuales- el resultado será amargo para nuestra población y desastroso para la izquierda; especialmente si se supedita a tal giro y no está preparada política e ideológicamente.

Muchos camaradas desarrollan el argumento de que el euro no es un símbolo neutro. Comparto esa opinión. El euro representa y simboliza las políticas neoliberales extremas que dominan la UE desde hace 25 años. Pero la dracma tampoco es un símbolo neutro. La dimensión simbólica de una moneda está sujeta al hecho de quién controla la economía y quién controla el poder político. Y en la historia de las revoluciones hasta el día de hoy, la cuestión de la moneda no ha sido nunca el punto de partida del proceso.

Otros camaradas, fundamentalmente de ascendencia trotskista, apoyan la salida del euro como elemento del llamado "programa de transición". Una manera un tanto "flexible" de interpretar los elementos constitutivos de ese programa. Dicho de otro modo, los camaradas tratan de cambiar el mundo comenzando por el techo, al tiempo que subestiman los peligros de compromiso con las orientaciones proteccionistas, propias de un "realismo económico" y del nacionalismo, incluso si este último es moderado y se expresa bajo una variante de "izquierda".

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