Guatemala: Justicia llega para víctimas de masacre

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Louisa Reynolds
23/03/2012

 

 


Pozo simbólico en homenaje a víctimas de masacre de Dos Erres. (Foto: Louisa Reynolds)


Tribunal condena a otro militar que participó en matanza de Dos Erres.

María Ofelia Gómez Hernández nunca olvidará el 6 de diciembre de 1982. Ella se encontraba preparando el desayuno para sus dos pequeños hijos en su casa de la localidad de Dos Erres, cuando cinco soldados fuertemente armados mal disfrazados como guerrilleros irrumpieron por la puerta principal. Dos Erres estaba ubicada en el municipio de La Libertad, en el departamento de Petén, en el extremo norte de Guatemala.

Los soldados tiraron la comida al piso y los apuntaron con sus fusiles exigiéndoles que les dijeran dónde tenían escondidas las armas. Luego de buscar dentro de la casa y no encontrar nada, salieron y les dijeron que regresarían más tarde para “ocuparse de ellos”.

Algunos miembros de la familia Gómez Hernández pudieron fugar rápidamente de Dos Erres, pero no todos los pobladores tuvieron tanta suerte. Los soldados pertenecientes a la Brigada de Fuerzas Especiales Kaibil, descrita durante el juicio como “máquina de matar” debido a su feroz brutalidad, rodearon Dos Erres, encerraron a los hombres en la escuela y a las mujeres y sus hijos en la iglesia. Luego de violar a las mujeres, vendaron a los aterrados pobladores, los golpearon con mazos y los lanzaron a un pozo.


Relato del horror
Según dos soldados kaibiles, que rindieron su testimonio como testigos protegidos, un efectivo disparó dentro del pozo y lanzó una granada a pesar de que se escuchaban quejidos y gritos entre el montón de cuerpos destrozados. En 1994, antropólogos forenses encontraron 201 cuerpos dentro del pozo, incluyendo 67 niños.

Aunque esta horrorosa masacre ocurrió hace 30 años, Gómez Hernández recuerda claramente los rostros de los cinco soldados que destruyeron su casa y masacraron a 18 miembros de su familia.

Ella describe a uno en particular que tenía un lunar en la mejilla izquierda y llevaba un pañuelo rojo atado en el cuello. El pasado 13 de marzo, ese mismo hombre, Pedro Pimentel Ríos, se sentó a dos metros de ella en un tribunal guatemalteco donde fue sentenciado a 6,060 años de cárcel, 30 años por cada una de las 201 víctimas y 30 años más por crímenes de lesa humanidad.


Este es un fallo de enorme significado histórico ya que los jueces invocaron el principio de Nuremberg, según el cual un soldado no está obligado a obedecer órdenes que impliquen cometer violaciones contra los derechos humanos.

En el 2010, otros cuatro soldados que participaron en la masacre de Dos Erres recibieron la misma sentencia: 6,060 años de cárcel.

Pimentel Ríos, de 54 años, fue descrito por los ex soldados también kaibiles Favio Pinzón y César Franco como un hombre particularmente despiadado. Luego de la masacre, dos mujeres y dos niños de 5 y 3 años fueron sacados de la localidad. Las dos mujeres fueron violadas por toda la tropa y una de ellas fue supuestamente ejecutada por Pimentel Ríos para demostrar a sus subordinados “cómo matar”.

Hace dos décadas Pimentel Ríos abandonó Guatemala al temer ser llevado a juicio por crímenes de guerra. Llegó ilegalmente a EEUU y trabajó en una fábrica textil en Santa Ana, California, hasta que fue arrestado en el 2010 por autoridades de inmigración estadunidenses.

Otros dos soldados kaibiles, Jorge Vinicio Orantes Sosa y Gilberto Jordán, se encuentran detenidos en EEUU y ya se han iniciado los procedimientos para su extradición. También se han emitido órdenes de captura contra otros ocho soldados que todavía se encuentran prófugos.

Algunos sobrevivientes y sus familiares, aunque no todos, han recibido compensaciones luego que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenara al Estado de Guatemala pagar reparaciones por la masacre.


Recuperar la tierra prometida
El tribunal ordenó, igualmente, que el Fondo de Tierras (FONTIERRAS) compre la tierra donde Dos Erres estaba ubicada y que posteriormente fue adquirida al parecer por hacendados narcotraficantes, y devolverlas a sus propietarios originales.

Los agricultores que fundaron Dos Erres encontraron una terrible muerte en el mismo lugar al que habían llegado en busca de la tierra prometida.

Petén fue, y continúa siendo hasta ahora, un remanso tropical. En 1978, la agencia gubernamental Fomento y Desarrollo del Petén (FYDEP) lanzó una política para “colonizar” la región vendiendo a agricultores empobrecidos del oriente del país un terreno en la nueva localidad de Dos Erres, que tomó el nombre de sus fundadores, cuyos apellidos eran Ruano y Reyes.

Para comienzos de los 80, Dos Erres había crecido y sus 700 habitantes criaban cerdos y cultivaban maíz, frijoles, piñas y otros productos, aunque carecían de servicios básicos como electricidad y agua potable. La única fuente de agua para la comunidad era un pozo.

Muchas familias establecieron sus hogares en la localidad vecina de Las Cruces, que era menos aislada, y trabajaban durante toda la semana en la nueva tierra que habían comprado en Dos Erres, donde construyeron su propia escuela rural y trataron infructuosamente de extraer agua de un segundo pozo, donde los cuerpos fueron lanzados durante la masacre.

Al igual que muchas otras partes del país, todos los varones adultos en Dos Erres fueron obligados bajo amenazas a formar parte de una unidad paramilitar denominada Patrullas de Autodefensa Civil, para combatir a los grupos guerrilleros que, sin embargo, parecían tener poca presencia en la zona hasta que 21 soldados fueron ejecutados en octubre de 1982 en una emboscada perpetrada por las insurgentes Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR).

La contraofensiva del Ejército fue rápida y brutal. El 6 de diciembre de 1982, se ordenó a la unidad kaibil arrasar Dos Erres, aunque no se encontraron armas ni propaganda izquierdista.

El entonces dictador Efraín Ríos Montt (1982-83), que actualmente enfrenta cargos por genocidio, había lanzado la política de “tierra arrasada” que buscaba eliminar cualquier posible base de apoyo a la guerrilla, aunque esto significara masacrar localidades enteras.

En la sala adyacente a aquella donde Pimentel Ríos estaba siendo juzgado, se estaba llevando a cabo simultáneamente la audiencia de Ríos Montt, donde el tribunal negó al ex dictador el derecho a la amnistía.

Las víctimas todavía sueñan con retornar a Dos Erres, porque sienten que marcharse equivale a abandonar a sus seres queridos, y fundar una comunidad de sobrevivientes.

 

—Noticias Aliadas.

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