Historia de vida: Leonora Carrington o la desposada del viento - Por Graciela Azcárate

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Historia de vida


Por Graciela Azcárate


Leonora Carrington o  la desposada del viento

 

 

“Es cierto, el cuento  es un breve sueño, una corta alucinación”
Jorge Luis Borges.


“¿El mundo que pinto? No sé si lo invento, yo creo que más bien es ese mundo el que me inventó a mí.”
Leonora Carrington

 

Carrington-3.jpgCon esa frase de Jorge Luis Borges se inicia la monografía  que  Ana Rosa Domenella  escribió sobre la vida  y la obra de Leonora Carrington. Lectura indispensable  después  que Elena Poniatovska escribiera esa crónica tan viva y sentida de su amistad de cincuenta  años con esa “inglesa loca” que alucinaba sueños y cuentos, en el papel, en las telas, en las esculturas, en sus escritos, en los muros, en las obras de teatro  que escribía con fino humor corrosivo y hasta  en las muñecas de trapo que cosió  hasta que se murió el miércoles 26 de mayo en el hospital ingles  de la ciudad de Méjico.
Porque la frase de Borges, establece ese hilo conductor entre la anciana inglesa muerta a los 94 años, en el Méjico surrealista que dio albergue   a Bretón, que la acogió para contar sus sueños desde 1943;  y ese relato magistral donde la abuela inglesa del escritor en “Historia del guerrero y de la cautiva”  se reencuentra con una cautiva y donde las dos mujeres reflexionan en el confín del mundo cómo se hace para vivir una vida de mujer entra la alucinación y el sueño; entre la psicosis y el arte.
“Quizá mi abuela, entonces pudo percibir en la otra mujer, también arrebatada y transformada por este continente implacable, un espejo monstruoso de su destino…” (…)” No apareció desde la conversación con mi abuela. (…) Como en un sueño, pasó la india rubia a caballo. Se tiró al suelo, bebió la sangre caliente de  la oveja degollada.  No sé si lo hizo porque ya no podía obrar de otro modo, o como un desafío y un signo. (…) Sin embargo a los dos  los arrebató un ímpetu secreto, un ímpetu más hondo que la razón, y los dos acataron ese ímpetu que no hubieran sabido justificar. Acaso las historias que he referido son una sola historia. El anverso y el reverso de esta moneda son para Dios, iguales.”
Acaso las historias de tantas inglesas en el continente sean las caras de una misma moneda ¿Quién es  esa inglesa de nombre Leonora, que encierra  en  guacamole verde al arzobispo  de Canterbury o dibuja e intercambia hienas y caballos de madera en un baile de palacio con la mucama de la casa para escapar al cerco implacable de los padres asesinos?  Acaso sean esas historias, esos cuentos alucinados, un desafío y un signo que tracen la cartografía de vida de Leonora Carrington.


¿Quién es Leonora Carrington?
Nació en  Lancashire, Inglaterra el 6 de abril de 1917  y murió en la ciudad de México el  25 de mayo de 2011 . Wikipedia  dice que fue una pintora surrealista y escritora mexicana de origen inglés. Nació  en el pueblo de Chorley, hija de una aristocrática y acaudalada  familia. Decidió  ser artista y contra los deseos de la familia  ingresó  en la academia Ozenfant  de arte, en 1936,  en la ciudad de Londres.  Allí en 1937, conoció  a al  pintor alemán Max Ernst. Enamorada del alemán  se escapó  y  fue en su busca reencontrándose  en un viaje a Paris. Durante los  años  siguientes vivieron una relación  sentimental  inmersos en el Paris,  de la guerra civil española, en los aprestos  del nazismo y el fascismo, en esa Europa de  preguerra con el movimiento surrealista de trasfondo donde  convivió   con personajes notables del movimiento como Joan Miró y André Bretón, Pablo Picasso  o Salvador Dalí.
2.L.jpgEn 1938 , escribió  una colección  de cuentos titulada “La casa del miedo”   que no es otra que la casa de sus padres y el  particular enfrentamiento con el padre  y la madre, presos en las convenciones victorianas.  Participó  junto con Max Ernst en la Exposición Internacional de Surrealismo en París y Ámsterdam y se convirtió  en una militante activa en el frente antifascista.
Antes que se produjera   la ocupación nazi de Francia, varios de los pintores del movimiento surrealista, incluida ella, se convierten en   colaboradores activos del Kunstler Bund, un movimiento subterráneo de intelectuales antifascistas.
Leonora Carrington tenía solo 20 años cuando conoció a Max Ernst en Londres. El tenía  47 años y mucha fama como surrealista. La gran diferencia de edad, el hecho de estar casado, así como sus posiciones surrealistas radicales hicieron  que esta relación no contara con la aprobación  del padre de Leonora. A pesar de la oposición, la pareja se reencontró en París y se fueron a vivir al poblado de Saint-Martin-d'Ardèche, en una casa de campo que compraron en 1938. Hasta hoy  día se conserva en la fachada de la casa un relieve que representa a la pareja y su juego de roles: «Loplop», el alter ego de Max Ernst, un animal alado fabuloso,  entre pájaro y estrella de mar y su «Desposada del Viento» que no es otra que  Leonora Carrington.
La desposada del viento
La vida tranquila y feliz de la pareja en este sitio duró tan solo un año. En septiembre de 1939 Max Ernst fue declarado enemigo del régimen de Vichy. Tras su detención y prisión en el campo de Les Milles, Leonora sufrió un ataque psicótico. Ante la inexorable invasión nazi, se vio  obligada a huir a España. Por gestión de su padre es internada en un hospital psiquiátrico de Santander. De ese período la pintora guardará una marca indeleble, que marcó de manera  decisiva su obra posterior. Leonora describió  en su obra autobiográfica los pormenores de esta dramática historia.
En “Memorias de abajo” cuenta la travesía simbólica  y física que tuvo que emprender a raíz del internamiento,  en un campo de concentración para alemanes  en mayo de 1940, por segunda vez de Max Ernest. Viaje  a la vez de supervivencia e iniciático. El mismo se iniciara bajo la marca de la iniciación y de la tierra, tema recurrente en la interpretación de tantas figuras femeninas de la vanguardia. Acabó  internada en un sanatorio psiquiátrico de Santander, obligada por su padre y sometida a tratamiento con inyecciones de cardiazol.
“Mi estómago era el asiento de aquella sociedad brutal, pero era también, el lugar en que los elementos  de la tierra se unían conmigo. Era el espejo de la tierra, cuyo reflejo contiene la misma realidad que lo reflejado. Aquel espejo- mi estomago- tenía que quedar limpio de las espesas capas de la mugre- las formulas admitidas- a fin de reflejar bien la tierra (…) cuando digo tierra quiero decir, naturalmente, tierras, astros, soles, en el cielo y sobre la tierra, lo mismo que los  astros, soles y tierras del sistema solar de los microbios.”
Esas memorias son la descripción de un viaje  al fondo de la locura, un periplo por la España desangrada por la guerra civil, por una Europa al borde del cataclismo, la muerte, el horror y el holocausto.
“Comprendí que el cardiazol era una simple inyección y no un efecto hipnótico; que don Luis no era un brujo sino un sinvergüenza. (…) Debía marcharme de allí cuanto antes. Echevarría (otro interno que la protege), “desmitificó” el misterio que me había envuelto y que todos  parecían  complacerse en espesar a mi alrededor”.
En una entrevista concedida en 1992, en New York  ella le contó  a la periodista  cómo sus padres pagaron el viaje a Madrid y  a Lisboa con la secreta decisión de  encerrarla en un sanatorio psiquiátrico de Sudáfrica, cómo se escapó de su guardiana  y refugió  en la embajada de Méjico, en Lisboa, en busca de su amigo Renato  Leduc que se casó con ella y la ayudó a emigrar a Nueva York.
En el año 2008, la experta en psicoananálisis lacaniano, Anna Lía Barandiarán, preparó una monografía sobre arte y psicosis publicada en el blog La bella carnicera, donde escribe: “En Memorias de Abajo, un escrito autobiográfico que empieza en agosto de 1943 nos cuenta cómo fueron sus tres años de estadía en un sanatorio en España, luego de ser declarada oficialmente loca. Los escritos de Leonora revelan la necesidad de reconstruir y organizar el mundo, de crear un nuevo orden para el universo.
En este libro, donde Leonora da cuenta de su propio delirio, encontramos algunos fragmentos que dejan entrever aquello que Lacan llama el Empuje a la Mujer en la psicosis, el empuje de un sujeto por situarse como eso indispensable para la constitución del Todo. Leonora tiene la certeza de ser ese objeto de Paz que le falta al mundo para liberarlo de la guerra:
“Si miraba a los ojos, conocía a los amos, a los esclavos y a los pocos hombres libres. En esos momentos me adoraba a mí misma. Me adoraba a mi misma porque me veía completa: yo era todas las cosas y todas las cosas eran en mí. (…) Dos canciones me obsesionaban: El barco velero que iba a llevarme a lo Desconocido, y Bei mir bist du schon, que se cantaba en todos los idiomas y que creía yo, me estaba diciendo que pusiera paz en la tierra”
En 1942 , emigró a México y en 1943 se divorció  de Renato Leduc. En México, la pintora restableció  sus lazos con varios de sus colegas y amigos surrealistas en el exilio como André Bretón, Benjamín Péret, Alice Rahon, Wolfgang Paalen y la pintora Remedios Varo, con quien mantuvo  una amistad particularmente duradera hasta la muerte imprevista de la pintora española .
Elena Poniatovska publicó una crónica sobre la vida de  su amiga en periódico El País del 28 de mayo de una enorme sensibilidad y justicia. Entre las muchas cosas bellas que escribió dijo:
(…) Vivir en la misma ciudad que ella fue una bendición, un honor, un privilegio.
(…) Jamás le importaron las apariencias, no guardó la fachada, solo vivió para pintar Llegó a México a la vez que el exilio español y fue gran amiga de Buñuel
En 1942, Leonora llegó a México y 10 años después comencé a entrevistarla aunque odiaba contestar preguntas y detestaba a los reporteros. A cada visita en su casa en la calle de Chihuahua, mientras tomábamos té, me daba alguna información y así, de año en año, fui recogiendo el material de la novela “Leonora” . Siempre la quise. En una ocasión, el año pasado, al bajar la gran escalera del Palacio de Minería en el que le habían hecho un homenaje, me regaló una sonrisa tan bella que iluminó varios días, o será que ahora soy más sensible a las sonrisas.
Leonora llegó a México casi en los mismos años que el gran exilio español que tanto ha honrado a México y tanto ha significado en nuestra vida cultural y social. Si el exilio español nos enriqueció como lo hizo, si Luis Buñuel y Remedios Varo fueron sus amigos, también el destierro de la fabulosa pintora inglesa ha sido para nosotros una aportación invaluable. Saberla viviendo en la misma ciudad en la que nos recogemos todas las noches era una bendición, una prueba de confianza, un honor, un privilegio.
(…) En México sus cuentos publicados son “El séptimo caballo”, “La dama Oval”, “La trompetilla acústica”, “La casa del miedo”, “Memorias de abajo” y críticos y especialistas en el surrealismo han analizado su obra extraordinaria y su vida fuera de serie. De Leonora quisiera destacar dos temas que poco se han tocado. Se conoce poco su actitud ante el nazismo y cómo desde los primeros días de la Segunda Guerra Mundial, a partir del momento en que los nazis entraron en Francia el 24 de junio de 1940, denunció en las calles de Madrid a Hitler, a Franco y a Mussolini. Si la tacharon de loca era porque fue una clarividente y se dio cuenta del peligro antes que nadie.
Desde el instante en que dos gendarmes se llevaron por segunda vez a Max Ernst, el máximo pintor surrealista, a Les Milles, un campo de concentración en Francia, Leonora luchó contra la injusticia. La invasión de Polonia, la de Bélgica y de Francia la llenaron de rabia y en Madrid, ya desesperada, pidió una entrevista con Franco para decirle que no se aliara a Hitler y a Mussolini y repartió en la calle volantes pidiendo el cese al fuego. Antes que muchos se enfrentó a Hitler y al fascismo. Entonces la tildaron de loca, cuando en realidad se adelantaba a la inmensa locura que es la guerra. La encerraron en un manicomio en Santander. ¿Quiénes fueron normales? ¿Los que escondieron la cabeza como la avestruz o Leonora, la visionaria, que se alzó contra la guerra porque adivinó el peligro?”
Fue de una gran  solidaridad  para con los judíos. “El sufrimiento de Chiki, Emerico Imre Weisz, fotógrafo, su marido y el padre de sus dos hijos Gaby y Pablo, está ligado a la guerra civil de España. Chiki fue quien salvó la maleta de negativos de Robert Capa que hace más de un año apareció en México y que ahora es motivo de una película y un documental. Leonora Carrington, que no era judía, se indignó más que ningún otro artista por el trato que se les daba a hombres y mujeres, a aquellos ancianos y niños que fueron llevados, encerrados en furgones sin luz ni aire, directos a un campo de exterminio. Desde entonces jamás dejó de mostrar su rechazo a una de las grandes taras de la humanidad, el holocausto.”
“Leonora nunca sacrificó su ser verdadero a lo que la sociedad convencional esperaba de ella, nunca aceptó el molde en el que nos cuelan a todos, nunca dejó de ser ella, escogió vivir en un estado creativo que hoy nos exalta y nos llena de admiración, defendió su talento desde la madrugada hasta el anochecer, primero contra su padre y después contra una clase social que pretendía imponerle leyes estrictas, las mismas que han impedido el florecimiento y la creatividad de hombres y mujeres de talento que finalmente se rinden y regresan al conformismo. Leonora Carrington nunca cedió, jamás le importaron las apariencias, nunca guardó la fachada, vivió para pintar y para sus hijos -Gaby, filósofo y poeta, Pablo, pintor y médico con quienes tuvo una relación entrañable, la más cercana que pueda darse entre una madre y sus hijos-. El único fin de su vida fue defender su vocación de pintora y escribir textos que nadie más que ella podría escribir, como el relato de su encierro en el manicomio en Santander, que escribió primero en francés y tituló “En bas”, “Down below”,  “Memorias de abajo.”
indexCarrington 1(…) ¿Fue feliz Leonora? Quién sabe. ¿Somos felices nosotros? Ustedes dirán. Alguna vez, Leonora declaró que no tenía nombre para la felicidad pero si lo tuvo para la rebeldía y se levantó contra la iglesia, el estado, la familia. Su imaginación fue más allá de las leyes, de los cartabones, del qué dirán. Su único rito fue tomar el pincel o tomar la pluma o guisar. Alguna vez puso a hervir al arzobispo de Canterbury en mole verde.
Con su sentido del humor, destrozó cualquier imposición, hasta la de ser surrealista. Más que surrealista su mundo interior fue celta y su obra está muy cercana al mundo de su infancia, un mundo que nada tiene que ver con la lógica, un mundo inesperado de poesía que es el de los Sidhes, o los hombrecitos pequeños”.

Fuentes:
1- Universal -La desconocida cara literaria de Leonora- El Universal / MÉXICO, D.F., Sábado, 28 de Mayo de 2011
2-Carrington, Leonora. Memorias de Abajo. Editorial Siruela, Madrid, 1991, pág 17.
3-Pintura: http://lanaranjalacaniana.blogspot.com
4- Entrevista con Leonora Carrington. En: www.jornada.unam.mx/1996/12/15/sem-leonora.html
5- El texto original fue publicado el 2008 en:
 http://labellacarnicera-nellima.blogspot.com/2008/06/arte-y-psicosis-del-desencadenamiento.html
6- El país: Leonora Carrington o la rebeldía por Elena Poniatowska 28/05/2011
http://www.elpais.com/articulo/cultura/Leonora/Carrington/rebeldia/elpepicul/20110528elpepicu

7-Llorca, Vicente; Imágenes de la vanguardia: maruja Malla; Frida Kahlo y Leonora Carrington- Arte, individuo y Sociedad N*7- Servicio de publicaciones dela Universidad Complutense- Madrid 1995.
8-Domenella, Ana Rosa: Leonora Carrington, escritora surrealista-Escritos, revista del centro de ciencias del lenguaje. Numero 8, 1992-paginas 49-59.

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